|
La doctrina de la Trinidad
como dogma firme de la fe no siempre fue tenida
como dogma ni tampoco era aceptada universalmente
por toda la Iglesia cristiana, en rigor existieron
varias corrientes de pensamiento y cada una de ellas
aportaba una idea y conceptos distintos sobre ésta
doctrina, hubo varios movimientos en el seno de la
Iglesia y ninguno se ponía de acuerdo ni siquiera
sobre los puntos esenciales de ésta, en teoría, “enseñanza
apostólica”. Un estudio minucioso de los hechos
que tuvieron lugar durante los siglos II al IV
demostrará que no fue realmente una doctrina
enseñada ni por los apóstoles ni por Jesús, muy al
contrario puesto que de haber sido una doctrina que
los apóstoles hubieran aprendido directamente Jesús,
ésta enseñanza hubiera quedado fielmente reflejada
en las escrituras y por supuesto que el peso de ésta
enseñanza hubiera impedido completamente la
aparición de ciertas corrientes heréticas y el
surgimiento de posiciones enfrentadas para
finalmente llegar al cisma dentro de la Iglesia.
En el siglo II, como en la actualidad, se sigue
afirmando que tal doctrina es efectivamente una
enseñanza clave en el nuevo testamento y refrendada
por los hechos que narra el antigüo testamento.
Tendremos tiempo de analizar lo inconsecuente de
ésta afirmación.
Ahora bien, tomemos por ejemplo los hechos
milagrosos atribuidos a Jesús; ni en el siglo I
porque hubo testigos oculares y testimonios
escritos, ni en el II puesto que perduraban los
documentos escritos, ni del III en adelante porque
ya existían copias de los manuscritos originales, se
puso en duda ni por un momento que aquellos
supuestos milagros tuvieron lugar, lo que es válido
para los milagros lo es efectivamente para la
persona Jesús, para sus actos y dichos, para los
protagonistas que vivieron aquellos hechos y para
las localizaciones geográficas citadas en las
escrituras cristianas, de esto nadie durante los
siglos posteriores se atrevió a dudar de su realidad
histórica, sin embargo con la doctrina de la
Trinidad no sucede lo mismo, por supuesto que con
otras doctrinas cristianas añadidas tampoco, pero el
asunto que nos ocupa es el discutir sobre la
veracidad de la existencia de un Dios dividido en
tres, o como se formula en Teología 1x1x1=1.
El hecho cierto es que la doctrina de la Trinidad no
tiene el fundamento escritural del que se parte para
formularla, el punto de fractura comienza en el
propio desarrollo del dogma, si efectivamente se
tratara de una enseñanza apostólica, todos los
enconados debates que se produjeron más tarde no se
hubieran producido, es decir sencillamente el asunto
hubiera estado tan claro, hubiera sido tan evidente
y sus pruebas hubieran sido tan concluyentes que ni
el Concilio de Nicea ni el de Constantinopla
hubieran sido necesarios.
Consideraciones
preliminares
El dogma de la trinidad no se fundamenta por las
escrituras, a pesar de que la teología se obstine en
afirmarlo, sino que fue el resultado de varios
siglos de disquisiciones filosóficas basadas en la
concepción que el platonismo y el aristoltelismo
tenían de la divinidad, del cosmos, del mundo y del
hombre, el peso e influencia de la filosofía griega
dentro de la nueva “Iglesia” condicionó
completamente los inicios de la religión cristiana
ya que no se quiso entonces abordar el asunto
partiendo de su marco original, es decir que
apartaron a un lado lo mucho que la sabiduría y el
conocimiento judío tenían sobre Di-s y el conjunto
de seres por el creados, a los cuales el pensamiento
griego acostumbrado a un panteón de divinidades no
dudo en calificarlos de dioses. Significa
sencillamente que los conceptos de “divinidad”, no
comparten las mismas fuentes de pensamiento. La
controversia surgió cuando se enfrentaron la idea de
un sólo y único Di-s, el Di-s que se reveló a
Israel, y la idea de un dios para cada asunto de la
vida que regía a toda nación pagana en la
antigüedad.
Durante el primer siglo y mientras el número de los
seguidores judíos de Jesús era mayor en proporción
al de los convertidos de origen gentil, la idea de
tres dioses en uno era absurda, en realidad, ni
existió, ya que de haber tenido su origen entonces,
el legado escriturario hubiera mostrado semejante
adopción intelectual.
Pero tenemos que no fue así, finalmente se
estableció como dogma en el año 325, doscientos
cincuenta y ocho años después de la aparición de
Jesús y luego de muchos agrios debates y de no pocas
discusiones acaloradas. De éste hecho se deduce
evidencialmente que la doctrina de la trinidad de
ningún modo fue una enseñanza conocida ni impartida
por los apóstoles.
Por otro lado cuando los cristianos comenzaron a
quebrar sus vínculos doctrinales con el judaísmo,
comenzó un desequilibrio espiritual, un
desequilibrio que tuvieron que “equilibrar” a base
de grandes dosis de filosofía.
En definitiva; Tal y como se desarrollo la doctrina
desde sus fundamentos básicos hasta su conformación
oficial como dogma, se observa que: La influencia de
la filosofía griega desbordó por completo el centro
del pensamiento judío, con lo cual podemos concluir
que semejante doctrina está equivocada desde sus
planteamientos iniciales asumidos desde una
concepción gentil, prefabricados para satisfacer los
intereses de unos convertidos al cristianismo que
arrastraban tras de sí una experiencia religiosa
pagana, en la que habían crecido y la única que
habían conocido, por ello y para desarrollar la
nueva fe que profesaban pero que no les era familiar
tuvieron que acudir a sus propias cosmologías para
poder explicarse así mismos aquello en lo que
comenzaban a creer.
Hechos históricos
Se presupone que la doctrina de la trinidad es una
doctrina inherente a la Biblia, por lo tanto el
punto de partida es asumir que esto es efectivamente
lo que la Biblia enseña, sin embargo, ¿quién es la
persona o grupo que asume ésta premisa “teológica”?,
el cristianismo, no obstante la Tríada, o
Trinidad, es una declaración filosófica del
pensamiento panteísta que aparece en todas las
religiones paganas de la antigüedad.
Es lamentable que se apele a filosofías paganas para
hacer más comprensible la doctrina de la trinidad.
No estamos autorizados a valorar la influencia de
otras religiones en sus respectivos creyentes para
desde ahí hacer comparaciones con las creencias
cristianas y ver que nexos podemos encontrar, no es
espiritualmente sano asumir filosofías trinitarias
de origen panteísta para explicar lo que nace de la
cultura revelada a Israel, ¿es que acaso Di-s no se
ha explicado bien, para que tengamos que modificar
sus palabras? :
OYE ISRAEL: EL SEÑOR NUESTRO DI-S, EL SEÑOR ES
UNO.
Junto a ésta recapitulación de la Torah tenemos la
reafirmación del propio Jesús; Marcos 12:28-29 que
dice: ¿cuál es el primer mandamiento?, Jesús le
respondió: El primer mandamiento de todos es: OYE,
ISRAEL; EL SEÑOR NUESTRO DI-S, EL SEÑOR ES UNO. Para
la doctrina de la trinidad se plantea aquí un
problema, puesto que si la trinidad es:
“Un Di-s en trinidad, y trinidad en unidad”
tenemos que Jesús perdió su gran oportunidad de
enseñar a Israel y al mundo que Di-s es una
substancia dividida o compuesta de tres
subsistencias. Para la teología cristiana que dice
tener perfectamente claro el concepto de trinidad,
resulta que si a ésta doctrina se le despoja de todo
su fundamento griego en cuanto a principios
teosóficos se refiere, tal doctrina se cae por su
propio peso.
Por supuesto que la trinidad no se basa en otras
tríadas del mundo antiguo, pero se le parece, por
supuesto que es una doctrina cristiana, pero
cambiando los nombres pasaría por cualquier trinidad
egipcia, hindú, china, o de cualquier pueblo
primitivo. Por supuesto que para dar cuerpo a ésta
doctrina no se utilizaron fórmulas paganas, pero sin
el conocimiento de ellas, ésta doctrina no habría
visto la luz, por supuesto que la trinidad no puede
explicarse análogamente con las diversas pero no tan
radicalmente distintas tríadas paganas, pero sólo
puede ser entendida desde una perspectiva común,
desde luego que las otras tríadas del paganismo no
pueden confirmarse, pero los términos en los que es
expuesta la trinidad adolecen del mismo problema. En
definitiva; Los fundamentos de la doctrina de la
trinidad parten de una cosmología pagana, de tal
manera que sólo con el conocimiento y el uso de esas
filosofías se puede comprender y explicar la
doctrina de la trinidad. Cómo veremos en adelante,
no es que Jesús no sea Di-s, sino que la quaestio
máxime parte de: ¿qué entiende un gentil por “Di-s?,
y ¿qué entiende un judío por Di-s?.
Desarrollo de la
doctrina
El platonismo ofreció al cristianismo las bases para
desarrollar la doctrina de la trinidad; La
simplicidad del ser, el “to on” que se manifiesta en
el logos. Desde allí, la iglesia cristiana
estableció todo un método dialéctico para darle
sentido a su idea preconcebida de la trinidad, y de
ésta forma poder asociar dos conceptos que por sus
principios teológicos eran y son incompatibles, la
idea de un sólo y único Di-s, y la idea de una
divinidad esencial conviviendo con tres
subsistencias.
Esta doctrina desde sus planteamientos iniciales se
presenta con un evidente sentido anti judío,
Tertuliano ya lo expresó claramente tratando de la
constitución de la Deidad: La trinidad subyace a
todo el plan de salvación y determina nuestra
religión (expresión absolutamente subjetiva).
Partiendo por supuesto de premisas filosóficas
griegas y otras conceptuales de origen
indudablemente pagano, se preconcibieron las bases
para desarrollar la doctrina en términos generales.
Observemos que la doctrina fue preconcebida y
preconcebida de tal manera, que en el concilio de
Nicea se desecharon aquellas “explicaciones” que
no cuadraban con lo que ya tenían en mente, es
decir; Se rechazaron todas aquellas explicaciones
que no eran satisfactorias ab modus.
Este detalle es de suma importancia histórica pues
determina concluyentemente que la doctrina de la
Trinidad había sido desconocida por los apóstoles, y
que durante 3000 años de historia de Israel, El
Señor no había mencionado ni enseñado tal cosa.
Fue una doctrina anti judía porque negaba en la
práctica la realidad exclusivista de un único Di-s
lo que al pueblo judío le retrajo aun más de
acercarse al “cristianismo” y se produjo el efecto
inverso, los alejó. Al igual que ocurriera con los
protestantes en Trento, la iglesia cristiana no
convocó a ningún judío o rabino para que ofrecieran
sus respectivas opiniones, lo que sin duda hubiera
evitado el nacimiento oficial de la doctrina, en
lugar de ello se presentaron apologistas cristianos,
filósofos, incluso posiciones heréticas.
La Iglesia vive convencida de que la Trinidad es una
doctrina ciertamente revolucionaria en el ámbito
religioso a pesar de estar definida desde el Antiguo
Testamento, por supuesto que ésta afirmación es la
premisa fundamental en la que, la teología cristiana
se apoya para dar crédito a sus aspiraciones
dogmáticas, sin embargo y aunque parezca reiterativo
“de haber sido así, los apóstoles habrían dejado de
forma concluyente su visión respecto de la
Trinidad”.
Y no que se hizo uso de las interpolaciones
escriturarias para darle confirmación apostólica,
una confirmación que no encontramos ni en el texto
vetero testamentario ni neo testamentario.
Viajando al pasado
El estudio de las religiones antiguas nos depara una verdadera sorpresa:
“cada país, cada sacerdote de un dios determinado,
cada devoto de un culto en particular; podía
alterar, modificar y cambiar todo a gusto del
creyente, la personalidad de un dios, su área de
influencia e incluso su dignidad, la cual podía
efectivamente ser elevada por encima de los demás
dioses o infravalorarla”. (Historia de las
religiones antiguas 190-Pt. 2).
Comencemos nuestro viaje adentrándonos en Egipto, la
religión egipcia sostenía que: El ka era la
sustancia primordial de donde todos los demás dioses
emanaban. Desde ahí toda una teología completa que
abarcaba el antropomorfismo y la zoolatría.
Los fieles siempre atribuían a todas las divinidades
los mismos apetitos, sentimientos, inteligencia y
las ideas del hombre; si no materialmente, al menos
espiritualmente, los moldeaban a su propia imagen.
Desde un principio, casi todas esas divinidades
fueron organizadas en familias siendo la más
recurrida la tríada o trinidad, compuesta
generalmente por un Padre, un Hijo y curiosamente un
Logos hacedor, otras veces el Logos era sustituido
por una Madre. (Aspectos religiosos egipcios pag.
105 Ed. Destin).
En la época tardía los teólogos egipcios “moldearon”
sus TRIADAS que en el Egipto primitivo no
habían existido.
Plutarco en el siglo II en su opúsculo sobre
Osiris ya narra el origen de este partiendo de un
dios tierra y de una diosa cielo, dentro del grupo
también estaba Seth hermano y asesino de Osiris.
En adicción a éste último, “Egipto le veneraba como
un dios tripartito, dios agrario, dios de la
inundación, dios de la nueva vida; diferentes
manifestaciones para un mismo dios”. (Historia de
las religiones antiguas pag. 110 Pt 1)
La teología egipcia enseñaba la doctrina
triteista en la IV y V dinastía, así encontramos al
dios Atum, el cual tenía un hijo Ra, el sol, y ambos
habían surgido de Ptah el verbo creador. Atum
creador de todas las cosas, incluso de sí mismo, por
su propia voluntad se había elevado sobre las aguas
primigenias. Pero la doctrina lo desdoblaba en dos:
Atum el Padre y Ra el Hijo, más tarde apareció Ptah,
el verbo hacedor, Atum y Ra fueron los
intermediarios del Gran dios Ptah, expresaban y
realizaban su voluntad inteligente. (Historia de las
religiones antiguas pag 112). Las similitudes
teológicas de ésta trinidad con la trinidad
cristiana son pura coincidencia, ¿o tal vez no?.
Ahora, si en la antigüedad hubo verdaderos
especialistas en la fabrica y moldeo de los dioses,
sin duda esos fueron los babilonios, auténticos
expertos en la materia. Supieron desarrollar el
método sistemático en aras de los intereses
políticos. “A causa de un nuevo episodio tal o cual
dios antes secundario, se instalaba al lado de otro
dios, hacían que lo suplantara o bien lo elevaban a
la categoría suprema dándole así una dignidad de la
que antes carecía”. (Historia de las religiones
antiguas pag. 255 Pt.8).
Por ejemplo: En Marduk se operó el cambio
transformándolo en Bel o Baal, señor. Este nombre
era reservado sólo a Enlil quien usurpó el papel de
creador a su padre Ea al cual, más tarde los Asirios
lo degradaron y le dieron el honor y el poder a
Assur. Todas éstas modificaciones reflejan la
influencia que ejercía el hombre mediante sus
cosmologías y cosmogonías particulares.
La doctrina cristiana de la Trinidad tiene
referencias históricas tan concluyentes que todo
intento de disociar una teología cristiana de
teologías paganas resulta inconsecuente.
Los argumentos esgrimidos en una y en las otras son
de una similitud evidente.
Vayamos directamente a los conceptos que los griegos
mantenían sobre la divinidad. Hemos podido ver
aunque en síntesis tal vez excesivamente escueta
pero confío que instructiva, periodos divididos
entre sí por una larga sucesión de siglos en los
cuales lo único cambiante hayan podido ser los
nombres de los dioses y hemos podido ver que en el
desarrollo de sus dogmas religiosos pesaban
demasiado los intereses políticos y que los dioses
eran manejados de acuerdo a criterios particulares
de teólogos y sacerdotes paganos, ésta
inclinación teológica a valorar lo que más interesa
en cada momento no fue ajena al cristianismo,
no fue el cristianismo una excepción sino más bien
la norma habitual de proceder que se ve confirmada
por los registros históricos que encontramos en el
estudio de las religiones antiguas.
Pensando en griego
Si tuviéramos que definir en dos palabras lo que es
la filosofía griega, diríamos que es: La
vitalidad variable, por la cual el pensamiento
griego se ve capaz de sobrepasar los límites de la
religión para formular explicaciones que nada tienen
que ver con ella.
En Grecia no había un culto propiamente dicho sino
“cultos”, algunas de las divinidades eran
yuxtapuestas sin fundirlas para que parecieran el
mismo dios. (H. de las religiones antiguas pag.
405).
El desarrollo religioso griego impregnado de su
filosofía helena hasta la médula observa exactamente
el mismo método sistemático usado antes por
mesopotámicos, egipcios, babilonios etc. Y que ahora
es utilizado por los filósofos de la Grecia clásica,
evidentemente actualizado, pero en cualquier caso el
mismo.
La importancia o dignidad de un dios no era
necesariamente incuestionable, como antaño, otra
vez se podía ensalzar o humillar al dios, incluso se
le podía asignar hijos, para ello era suficiente una
decisión dictada por el capricho de la moda o de la
popularidad y a veces por la política. El caso de
Zeus, Júpiter romano es una evidencia sólida,
Júpiter hijo de Saturno, personalidad independiente
del dios y dios mismo, invocado por griegos y
romanos unificando ambos nombres, una exclamación
habitual de la época; ¡Júpiter Saturno se nos
propicio!, quien haya leído a Homero o a los
clásicos romanos, reconocerá ésta exclamación, que
por cierto, los griegos de dos dioses hicieron uno.
En la Grecia de Platón ocurrió lo que más tarde
ocurriría en la Roma de Constantino, el gobierno de
Atenas había permitido cierta libertad religiosa a
marinos, comerciantes y extranjeros los cuales
introdujeron sus cultos bárbaros en Grecia desde el
puerto de El Pireo, Platón solicitó que se
proscribieran con severidad los cultos extranjeros.
Pero el estado ateniense cedió a la corriente
irresistible del pueblo que veía en esos dioses la
manera de satisfacer sus necesidades de emoción
intima.
Exactamente esto es lo que el cristianismo tuvo por
desgracia que asumir para elaborar
satisfactoriamente su dogma de la trinidad. El
pueblo estaba tan hastiado tan cansado de soportar
un dios para cada asunto de su vida que vieron en el
cristianismo una liberación, en principio asombrados
de que con un solo dios todas sus necesidades
espirituales podían ser cubiertas e igualmente en
principio, ese dios no les exigía demasiado, solo su
fe. Esta es una doctrina tan plástica que puede
explicarse de tal forma que no se le evidencie su
tradición pagana a la vez que quiere pasar como una
doctrina totalmente nueva, única en su formulación y
verdadera por encima de todas las demás anteriores a
ella.
Platón decía: “El Bien es la perfección misma,
mientras que las ideas son perfecciones, bienes, por
ésta razón el Bien no es una idea entre las demás
sino la causa de las ideas”. Aunque en ésta
descripción Platón no identificaba al Bien Supremo
con la divinidad, lo cierto es que sirve como forma
de refutar filosóficamente a la doctrina de la
trinidad, es decir; Si Di-s fuera el Bien Supremo
del que habla Platón y Cristo uno de sus bienes esto
no significaría que ese bien fuera necesariamente el
Bien pues era el EFECTO Y NO LA CAUSA.
Para Platón El ser es al mismo tiempo movimiento
y quietud pero no es ni lo uno ni lo otro, así
pues, ser, movimiento, y quietud son tres
determinaciones diversas y sin embargo conexas al
ser. Cada una de éstas tres formas es idéntica así
misma y diversa de la otra, lo idéntico y lo diverso
elevan a cinco las determinaciones del ser, ser,
quietud, movimiento, identidad y diversidad, cada
una de ellas no es la otra de modo que la diversidad
es un no-ser, y el no-ser, de alguna manera es.
Porque la diversidad es una de las formas
fundamentales del ser.
Este es el principio platónico por el cual la
doctrina cristiana de la trinidad encuentra su
explicación filosófica.
Bien es cierto que cuando Platón formuló éste
axioma, no estaba pensando precisamente en la
esencia de la divinidad, pero los teólogos
cristianos supieron asociar viejas tradiciones
paganas con las doctrinas filosóficas que primaban
en las escuelas donde se formaron, es decir, dentro
de los cánones más estrictos del pensamiento griego.
Para desarrollar perfectamente éste argumento se
necesitaba un método especulativo eficaz, el mejor
aliado de los filósofos lo encontraron en la
dialéctica, la cual es un método de investigación
racional.
La dialéctica como técnica de invención no de
demostración como la silogística de Aristóteles
resultó ser un método muy útil para hacer pasar como
blanco lo que era totalmente de color verde, sus
principios fundamentales se basan en la unificación
y en la división; Reducir una idea única a las cosas
dispersas y en definir esa idea de tal forma que
resulte fácilmente comunicable y comprensible para
todos, eso es unificación.
División es poder dividir de nuevo la idea en sus
especies. En éste segundo principio, la dialéctica
divide según géneros sin diferenciar las formas, con
lo cual obtenemos que una idea única se extiende y
abarca a otras muchas ideas que sin embargo
permanecen separadas de ella y ajenas la una a la
otra, y/o que una idea única reduzca a unidad a
otras muchas ideas en su totalidad o bien que muchas
ideas permanezcan distintas entre sí. En éstos casos
se presentan alternativas extremas, a) el de unidad
de muchas ideas en una, b) heterogeneidad radical de
ideas y c) que una idea abarque a otras pero sin
fundirlas en unidad. Cualquiera de éstas es decidida
sólo por mecanismos subjetivos.
¡Esto es la teología de la Trinidad!.
¿Qué significa esto?, sencillamente que como no se
puede alcanzar a conocer la esencia real de Di-s, se
reduce a Di-s al plano de las ideas, con lo cual es
mucho más fácil de manejar. Platón decía que: “Todo
lo que absolutamente es, es absolutamente
cognoscible, todo lo que no es de ninguna manera, de
ninguna manera es cognoscible”, esto significa en
términos claros que: “sólo creo lo que veo, y lo que
no veo no me lo creo, y la mejor manera de creerme
lo que no veo es imaginarme como sería para poder
creerlo”. Cuando se desarrolló la doctrina de la
trinidad tenían la mente puesta en aquello que mejor
conocían, las divinidades y tríadas paganas.
“La religión cristiana surgió de la filosofía
cristiana que a su vez se forjó dentro de las
doctrinas de la especulación helénica, y para tal
fin, la filosofía griega fue ampliamente recurrida.
Los cristianos filósofos se inspiraron y se ayudaron
de las doctrinas de las grandes escuelas filosóficas
paganas, sobre todo de los Estoicos. Para el
cristianismo su filosofía es la culminación y la
plenitud de la filosofía griega”. (La Escolástica de
la Iglesia, Historia de la filosofía, 133. Historia
de la Iglesia ED.Codex 90).
Dejando a un lado los métodos y sistemas filosóficos
empleados por los llamados “primeros padres de la
Iglesia”, el periodo donde se gestó el cristianismo
comienza precisamente en ellos, ese periodo se
considera cerrado hacia el 754 con la muerte de Juan
Damasceno por parte de la Iglesia Oriental, y el 735
con la muerte de Beda “El venerable” por parte de la
Iglesia Latina. Del 200 al 450 se formulan todas las
creencias cristianas, del 450 al 735 se reelaboran y
se sistematizan las doctrinas añadiendo nuevos
dogmas al cristianismo, cuanto más se alejaban de la
fe original judía, tanto más peregrinos eran dichos
dogmas.
Hasta el fin del siglo I ningún escritor apostólico
abordó para nada lo aprendido Jesús mediante métodos
filosóficos gentiles, es a partir del siglo II que
se empleó la filosofía como forma de explicar el
sentido de”la verdadera religión”, cuando comienza
el triste nacimiento del cristianismo. El error está
en considerar que el cristianismo es una filosofía
más, y como tal se desarrolla.
Justino en su Apología 6 dice: “Al lado de Di-s y
por debajo de ÉL hay otro Di-s, el Logos”...
El historiador Flavio Josefo refería que tres
cosas asombraron a los romanos cuando llegaron a
Israel, la primera la grandiosidad del Templo, la
segunda el Shabbat y la tercera, que sólo tenían un
único Di-s y además que no hubiera por ninguna parte
representaciones esculturales de él. Y sin embargo
cuando penetraron en el sancta sanctorum esperando
encontrar la imagen de su Di-s se quedaron sin
aliento, allí no había nada.
De ésta manera podemos reconocer los pasos que los
cristianos gentiles de origen pagano dieron para dar
más verosimilitud a su fe, por medio de la
asociación de ideas presentaron una imagen que les
fuera familiar, de hecho y como hemos comprobado en
el repaso de la historia de las religiones antiguas,
las tríadas eran sobradamente familiares, así que
¿por qué no edificar la nueva fe con una base
atractiva y fácilmente asumible para los paganos?.
Por motivos obvios, el cristianismo niega ésta
realidad, realidad que por otro lado se demuestra
así misma mediante las pruebas rigurosas de la
historia.
Anselmo de Aosta (1033-1109) expresó: “No puedo
comparar mi entendimiento a tu Altísima Dignidad”.
Con marcada influencia agustiniana hace una
valoración filosófica de la trinidad en su De fide
Trinitatis, explicándola de la siguiente forma: “Una
fuente, el río que nace de ella, y el lago en el
cual se recogen sus aguas: damos al conjunto de
éstas tres cosas el nombre de Nilo. Se trata de tres
cosas distintas una de la otra; no obstante nosotros
llamamos Nilo a la fuente, Nilo al río, Nilo al lago
y en fin, Nilo a todo el conjunto. No hablamos de
tres Nilo aunque sean tres cosas distintas entre sí.
Son tres, la fuente, el río, y el lago; pero siempre
el único y mismo Nilo, un solo fluir, una sola agua,
una sola naturaleza. Hay aquí una trinidad en uno y
una unidad en tres que es la imagen de la trinidad
divina”.
Este es un método minucioso y muy elaborado,
dialéctico por definición, pero conceptualmente
inconcluso, ya que el Nilo no sólo son esos tres
elementos los que únicamente lo constituyen, fuente,
río, lago, y aunque la pretensión es darle un
razonamiento filosófico y comprensible, en realidad
no deja de ser un intento de poder explicar una
doctrina no revelada que el cristianismo no puede
dominar, ya que no llamamos fuente al río, ni río al
lago, ni lago a la fuente, y la doctrina de la
trinidad precisa explicarse en ese sentido, de
acuerdo a esta doctrina Di-s es uno y es tres y esos
tres son Di-s, el mismo Di-s.
La filosofía griega alcanzó una mayor interacción
cuando surgió el escolasticismo eclesiástico, “la
retórica”, la Iglesia se vio impregnada de ella y
nada podía ser entendido fuera del escolasticismo.
“Todo aquello que es difícil de entender, se explica
mediante argumentos difíciles de elaborar”.
Mediante componendas retóricas, con o sin el apoyo
de la dialéctica u otro método de la filosofía se
llega a conclusiones que pasan a formar parte de la
cuestión pero no la resuelven.
El pensamiento hebreo sabe que el hombre conoce a
Di-s sólo cuando hay revelación directa, el
pensamiento cristiano aparece por el lado opuesto
diciendo que: se puede conocer a Di-s racionalmente.
Mi experiencia personal me sugiere sin embargo que
si Di-s cierra la puerta, en vano se esfuerzan
quienes intentan atisbar por la ventana.
En función de esto vemos que dentro del
cristianismo, el sentido común es el menos común de
los sentidos.
Israel basa su fe en los hechos que ha visto de
Di-s, en la experiencia del Sinaí mientras que el
cristianismo busca apoyar su fe en la especulación
de lo que no ve y en el intento de comprender
racionalmente aquello que le gustaría ver.
Atenágoras de Atenas en el 177 escribió
“súplica para los cristianos”, dirigida a Marco
Aurelio, en ella por primera vez se recurre a una
prueba racional de la unicidad de Di-s, (el sólo y
único Di-s), según Atenágoras; “Si hubiese
más divinidades, no podrían existir en el mismo
lugar... no podrían caer bajo un tipo y modelo
común”, “deberían existir en lugares diferentes.
Pero no pueden estar en lugares distintos, porque el
espacio es la sede del único Di-s, y ahí no hay
espacio para otra divinidad”.
Para Atenágoras el Logos era un modelo de Di-s pero
no Di-s.
Sin embargo fue Teófilo de Alejandría en el 181 o en
el 182 quien utilizó por primera vez el término
trinidad, Tpias, para indicar la distinción entre
las personas divinas, hasta ese preciso momento
nadie se había atrevido a usarlo porque mantenía una
fuerte connotación pagana. No deja de ser curioso
que a lo largo del siglo II se vean enfrentadas
todas las posiciones de los grupos y discípulos de
todas las escuelas griegas. Unos postulaban la
realidad de un único Di-s tal y como lo habían
aprendido de sus hermanos judíos del siglo I, el
número de defensores de ésta posición fue
decreciendo tan rápidamente como aumentaba el número
de cristianos conversos del paganismo, otros
mantenían la convicción de la corriente más popular
en la época, el diteismo, en el cual los gnósticos
platónicos como Carpócrates, Valentino o
Basilíades, enseñaban la existencia de un Eón,
aiwn, eterno y único Di-s al margen de sus
emanaciones Abismo y Silencio. El que la doctrina de
la trinidad sea realmente una doctrina elaborada
para satisfacer los intereses de la corriente de la
época, lo demuestra el hecho de que al “espíritu
santo” no se le consideraba Di-s aunque se le viera
como parte de la divinidad.
Este pensamiento gnóstico postulaba que Di-s era
incomprensible y no podía ser pensado, todos
nuestros conceptos le son inadecuados, para un
gnóstico era mejor no saber nada sobre Di-s pero
creer en él y permanecer en su amor que perderlo en
sutiles entelequias (Adversus Haereses II- 28,3).
Contra ésta doctrina gnóstica de que el Logos y el
espíritu santo son eternidades subordinadas, Ireneo
afirmó la igualdad de esencia y dignidad de éstos
dos elementos a Di-s.
Sin embargo Hipólito reprendió al papa Calixto por
no establecer una distinción suficiente entre Di-s y
el hijo. A pesar de que Hipólito consideraba al hijo
como una sola potencia con el Padre, no creía que el
hijo fuera Di-s.
Quinto Septimio Florencio Tertuliano,
considerado como la pluma más prolífica del siglo II,
la mayor parte de sus escritos son del periodo
193-197, pagano de nacimiento se convirtió al
cristianismo para pasarse finalmente a la secta de
los Montanistas, desde donde arremetió contra la
Iglesia Católica y sus doctrinas heréticas, la
actividad literaria de Tertuliano es amplia y con un
contenido tremendamente polemista. Tertuliano
condenaba la filosofía como método para justificar
la tradición eclesiástica, para él: “De la filosofía
sólo nacen herejías, no había nada en común entre el
filósofo y Cristo, la raíz de todas las herejías
está en los filósofos griegos”. No le faltaba razón
a la luz de lo que el cristianismo edificó encima de
las presumiblemente enseñanzas del judío Jesús.
Valentino el gnóstico era discípulo de Platón,
Marción de los estoicos, para negar la inmortalidad
del alma se apela a los epicúreos, para negar la
resurrección de la carne todos los filósofos se
ponen de acuerdo, se acude a Heráclito para hablar
del dios fuego... y la cosa más inútil de todas
según Tertuliano es; la dialéctica del “desgraciado
Aristóteles” que sirve igualmente para edificar como
para destruir y que se adapta a todas las opiniones.
(De praescriptione haereticorum 7)
En su doctrina del Logos, Tertuliano se relaciona
con los estoicos: “Zenón le llama autor del orden
que dispuso todas las cosas; Cleontes lo reduce a un
espíritu. Y nosotros a la palabra, a la sabiduría y
a la potencia”. No obstante admite la subordinación
del hijo al Padre.
Si continuáramos en ésta línea, no acabaríamos
nunca, y sería incidir en más de lo mismo. El mapa
que hemos trazado presenta una evidencia concluyente
de que la filosofía griega, sus principios, sus
métodos y formas en definitiva, sus ideas, tuvieron
un peso decisivo en la elaboración del cristianismo,
de tal manera impregnó el pensamiento de los
primeros cristianos de los siglos II en adelante,
que moldearon una religión a su medida al margen
completamente del judaísmo del que había surgido,
hasta el punto de que esa religión nueva perdió
todos sus vínculos espirituales y doctrinales con su
matriz original.
El cristianismo reconoce ser el heredero de ese
estilo de pensamiento, pero se excusa a si mismo
afirmando que las teorías filosóficas griegas se ven
incapaces de explicar la doctrina de la trinidad,
sin embargo el estudio minucioso de esa doctrina
demuestra que no dicen la verdad.
Roma ha hablado, la
cuestión está definida
Roma ha hablado, la cuestión está definida. Esta
solemne sentencia de Agustín de Hipona nada
tiene que ver con el tema que nos ocupa, fue
declarada en circunstancias distintas y por motivos
distintos, pero dejemos que nos sirva de apertura
para adentrarnos en lo posible en el argumento
teológico de la doctrina de la trinidad.
Cabe cuestionarse si en las escrituras encontramos
evidencias que apoyen la doctrina de la trinidad,
¿sobre qué base o principio se funda el contenido de
las escrituras?, sobre la base de un único Di-s
verdadero, todas las formas de politeísmo son
repudiadas por el Señor, todas las formas de
paganismo son condenadas por el Señor, ¿por donde
podemos introducir pues la idea de una divinidad
divisible en tres individualidades dignas de los
cultos de latría y de hiperdulia?, la Tanak enseña:
“... HASHEM ES UNO” Deut. 6:4, “FUERA DE
MI NO HAY D-S” Is 44:6, “D-S ES D-S Y NO HAY
OTRO D-S” Deut. 4:35, “YO HASHEM, ESTE ES MI
NOMBRE Y A OTRO NO DARE MI GLORIA” Is.42: 8 etc.
A partir de aquí todo son entelequias y
disquisiciones incompatibles con las escrituras y
con lo enseñado presuntamente por el propio Jesús y
aprendido por sus discípulos.
En función de esto, ya no se trata de partir desde
una doctrina claramente enseñada sino de partir de
presupuestos preconcebidos, es decir, el que la
trinidad sea hoy asumida por el cristianismo
responde al hecho de que es una doctrina cristiana
pero no es necesariamente bíblica. No es una
enseñanza que conociera el pueblo de Israel quien en
rigor merece el derecho de aportar todo su caudal de
sabiduría, todo lo que tiene que ver con la teología
cristiana esta cubierto literalmente de filosofía.
Un número nada despreciable de cristianos es de la
opinión de que lo que la Biblia dice puede ser
modificado y de hecho es la Iglesia quien tiene
capacidad para modificarla de acuerdo a su criterio
particular. Ahora bien, desde ese punto de vista nos
enfrentamos a dos posturas espiritualmente insanas,
ya que podemos deducir que: Di-s no sabía lo que
decía, o que Di-s no quiso decir lo que dijo y si es
así ¿por qué lo dijo?, puesto que si lo que dijo lo
dijo mal o no tenía ni idea de lo que decía, o
intención de decirlo, entonces; ¿en que clase de
Di-s he puesto mi confianza?.
En rigor éste es un método muy útil que todo buen
filósofo debe de saber dominar, uno mismo se plantea
todas las hipótesis posibles y uno mismo elabora
argumentalmente aquellas respuestas que más se
aproximen a sus propios planteamientos, es decir, el
sistema de Tomas de Aquino, argumento, contra
argumento y conclusión. Ciertamente que es un método
que a la Iglesia le ha servido para modificar la
palabra del Di-s de Israel dada al pueblo de Israel.
Veamos sino lo que ocurre en los debates teológicos,
en seminarios e institutos, en las iglesias y en las
conversaciones de café con pastas: Las bendiciones
de Di-s dadas a Israel se las ha apropiado la
Iglesia alterando el contenido literal de las
escrituras, se enseña que Jesús destrozó la Torah
cuando fue crucificado alterando todo lo enseñado
por él y aprendido de él por los apóstoles, cuando
el texto no está de acuerdo con el pensamiento
cristiano se dice que “hay que entenderlo de forma
simbólica”, cuando el contenido de una enseñanza no
cuadra con su punto de vista dicen que “eso fue
escrito para los judíos”, se enseña que hay una
trinidad en Di-s, alterando así el contexto real de
toda la Escritura, se cambia el Templo de Jerusalem
por Roma o por Westminster, y ¿saben qué?, menos mal
que el Señor dijo lo que dijo sabiendo lo que estaba
diciendo, puesto que desde que Israel ha regresado a
la tierra que Hashem prometió a Avraham y a sus
descendientes, Di-s está diciendo que: “NO
MODIFIQUEN MAS MI TORAH”.
Vamos a revisar los puntos en los que se apoya.
Recapitulemos: hemos visto que la trinidad o tríada
ya era un concepto perfectamente conocido por el
mundo pagano, hemos visto igualmente que para la
estructuración vertebral de la doctrina se empleó la
filosofía del mundo griego en vez de la fe revelada
a Israel, también hemos comprobado que las fábulas y
leyendas paganas sobre otras tríadas fueron muy
útiles a la hora de dar consolidación y defensa al
cristianismo frente a los gobernantes presentándoles
un tipo de religión que les sonara profundamente
familiar doctrinalmente aunque proclamaran la
universalidad y veracidad de la nueva religión. A
partir de aquí examinaremos si efectivamente esos
apoyos escriturales son lo que la doctrina cree que
son.
En teología se enseña que en la Biblia todos los
títulos y atributos divinos son adscritos por igual
al Padre al hijo y al espíritu y que se les tributa
el mismo culto divino. Pero en ninguna parte de la
Tanak encontramos semejante afirmación, como tampoco
encontraremos ningún episodio en el que un hombre
rinda culto a nadie excepto a D-s. Se hace un
elaborado juego de palabras para afirmar que el
Padre dice YO, el hijo dice YO y el espíritu dice
YO, los tres se tratan de tu, y cuando se refieren
al espíritu dicen EL.
Siguiendo en ésta línea argumental podemos deducir
que cuando ambos, Padre e hijo refiriéndose al
espíritu le llaman EL, entonces todos los textos que
se refieren a ángeles como EL, sin duda infieren que
también estos ángeles son D-s. En la trinidad se
enseña que hay una subordinación de las personas en
cuanto a subsistencia modal y actuación, pero ¿puede
D-s subordinarse así mismo?, ¿exactamente que parte
de D-s es inferior respecto de D-s?.
Se enseña que ciertas acciones son condicionadas por
el carácter de una de las personas que componen la
tríada, así por ejemplo, la creación es
decididamente un acto de D-s Padre, el derecho a ser
hijo de D-s lo da el Hijo y la santificación la
concede el Espíritu y se afirma que es así como
aparece la doctrina de la trinidad en la Biblia.
Dado que la trinidad es una doctrina perfectamente
pensada y elaborada casi resulta irónico decir que
en teología se reconoce que es “incomprensible”, y
aun así se apela a la filosofía para encontrarle
sentido, de esta manera se argumenta como solución
posible que: “todos los seres humanos son formas
individuales de la sustancia numéricamente idéntica
a la que llamamos género humano”... que cada uno
piense si éste es un planteamiento correcto para
abordar la doctrina de la trinidad, personalmente
creo que no es correcto.
Una de las pautas de las que se parte para sostener
que la doctrina de la trinidad es una doctrina
bíblica, es que si bien los aspectos fundamentales
no son presentados en la Biblia en una fórmula
adecuada, éstos elementos constitutivos son
expuestos continuadamente aunque dispersos y más o
menos ocultos, con lo cual para establecer la
doctrina hay que “capturar” estos elementos para
construirla de forma satisfactoria. Sospecho que
para que sea satisfactoria debe de responder a
criterios inexorablemente subjetivos, puesto que
para elaborarla se hace un barrido general de toda
la Biblia y luego se seleccionan algunos pasajes que
“incluyan alguna indicación”, o que incluyan aquello
que es esencial para la formulación de la doctrina.
Cuando leen Deuteronomio 6:4-9, los gentiles
lo hacen en plural y piensan: “Oye Israel, los
señores nuestros dioses, nuestros dioses son uno”...
o por lo menos como se quiere justificar en
teología, que aquí hay una evidencia de una tríada,
al mencionar una triple divinidad, pero si le
preguntáramos a un rabino en Israel cuantos dioses
salen en el pasaje de Deuteronomio, nos miraría
extrañado pero sin duda que contestaría ¡UNO!.
Y si le dijéramos que los cristianos ven en el
mandamiento de la Shema Israel, tres dioses, de
seguro que nos contestaría: “dile a los cristianos
que aprendan hebreo y que no pretendan enseñarnos
nuestro propio idioma”.
En rigor, cuando se discute sobre la trinidad y se
afirma que es una enseñanza bíblica, se hace
basándose en hipótesis, en insinuaciones, en
posibilidades escriturarias sin embargo y ya que la
teología presume que es una ciencia, debería de
regirse por los mismos principios por los cuales se
rige la ciencia por definición, es decir, no
apoyarse en suposiciones sino en evidencias. Que la
escritura nos invite a escudriñarla, a estudiarla e
incluso a interpretarla, no significa por ello que
se hagan correctamente estas tres cosas, para la
formulación de la doctrina de la trinidad pesa más
la especulación que la evidencia contextual, puesto
que la evidencia bíblica es 0. Como hemos visto
antes, en teología se reconoce que no es una
doctrina que esté claramente definida en las
escrituras, sino que hay que encontrarla, eso desde
luego no es un método fiable ni científico.
Hay que discernir aquellas escrituras que nos hablan
del Mesías dentro del texto vetero testamentario en
términos proféticos y no asumirlas como que se trata
de “indicios” claros de la existencia de una
trinidad.
Otro error que se ha cometido para formular su
doctrina es la de asociar la expresión “El ángel de
D-s”, como si se refiriera a que es D-s en persona,
y además se enseña que a éste ángel se le otorgan
todos los títulos divinos con lo cual tiene derecho
a todos los honores correspondientes a D-s, pero por
ninguna parte de las escrituras encontramos tal
cosa; muy al contrario, algunas de las
manifestaciones angélicas efectivamente van
acompañadas de un intento por parte de los hombres
que buscan rendirle culto de adoración, bien
mediante ofrendas o bien mediante sacrificios, en
todas el ángel declina el derecho a ser honrado como
si fuera D-s, en el resto de las apariciones que
encontramos en las escrituras observamos que el
individuo ni se plantea por un momento que a ese
ángel se le deba de rendir adoración o que se le
deban de ofrecer sacrificios.
En Zacarías 4:4 el profeta llama al ángel Adonay,
“Señor mío”, pero queda claro que aún cuando le
llama Adonay ese no es Di-s porque a Zacarías no se
le ocurre adorarle, en Numeros 22:23-31, vemos a
Balaam montado sobre su asna la que luego de ser mal
tratada por su dueño es inducida a hablar por el
ángel de D-s o el ángel se introduce en la asna, sea
como fuere, la cuestión es que por ese motivo no
podemos considerar que la burra forme parte de
ninguna divinidad, ahora en el versículo 31 leemos
que Balaam hizo una reverencia y se inclinó sobre su
rostro. Si éste detalle es tomado como signo de
adoración entonces debemos de tener cuidado cuando
saludemos cortésmente para no rendir adoración a
cualquiera que no la merezca.
En Zacarías 3:1-2 leemos un monólogo absurdo:
Satanás estaba a la derecha del ángel de D-s,
fenómeno escatológicamente curioso y extraño dado
que D-s repudia el pecado y siendo Satanás el mayor
exponente de pecado, de acuerdo a la cosmología
cristiana, no se entiende que hacía allí al lado
nada menos que de D-s, pero surge una disputa y el
ángel le dice: D-s te reprenda. Si ese ángel de D-s
allí presente era por supuesto D-s, ¿por qué no le
reprendió directamente en vez de convocarle a ser
reprendido por D-s?, ¿ sería por qué ese ángel
carecía de autoridad divina para tomarse esos
privilegios?.
En Génesis capítulos 18 y 19 vemos primero a Avraham
ofreciendo comida pero no existe adoración por su
parte, luego vemos a Lot ofreciendo su casa e
igualmente tampoco hay por su parte intención de
darles culto. Podemos continuar con ésta exposición
pero creo que éstas muestras son suficientes de
momento, más adelante revisaremos algunos textos en
los que la doctrina de la trinidad pretende
encontrar su mejor apoyo. Pero eso será más
adelante.
Los teólogos e historiadores de la iglesia siempre
enseñan que la trinidad era una doctrina conocida
por los primeros cristianos y que era creída desde
antiguo, sin embargo caen en una contradicción fatal
puesto que; Existía el gran problema de conciliar la
trinidad con el fundamento sólido de la fe, LA
CREENCIA DE QUE D-S ERA SOLO UNO Y NADA MAS QUE UNO.
Pero ese problema había que resolverlo eficazmente,
a comienzos del siglo II la creencia más aceptada en
el seno de la iglesia era la aprendida de las
enseñanzas apostólicas, que no eran otras que las de
un judaísmo celosamente arraigado a la Torah, tal y
como Jerónimo describió a la secta de los nazarenos
de quienes dijo que eran: “una secta celosa al
extremo de la Torah que en nada se
diferenciaban de las otras sectas judías excepto
porque tenían como maestro a Jesús”, ya a mediados
del siglo comenzaron a surgir las desavenencias
doctrinales con la presencia de un mayor número de
intelectuales gentiles cristianos, la convicción de
que efectivamente había un solo D-s era
tremendamente fuerte, pero por occidente soplaban
los vientos de la filosofía y de las tradiciones
paganas, el modo de resolver esa dificultad
incompatible de la doctrina apostólica original que
afirmaba la existencia de un solo y único D-s con la
creencia de que existía un diteismo (lo del Espíritu
Santo vino más tarde), fue ciertamente complejo, ya
que la idea primordial era mantener a todos
contentos, pero se especuló con la posibilidad de
eliminar uno de los dos artículos para mantener el
otro, finalmente y por consenso se decidió que ambos
artículos podían coexistir. (H. De la Iglesia vol. I
p. 112. Ed. Codex 1961).
¿Se dejaron guiar por el Espíritu o por sus propias
mentes gentiles recién salidas del paganismo?.
Como decíamos al principio, no hay tal cosa como la
trinidad en ninguna parte de las escrituras, no al
menos como la interpreta la teología cristiana,
porque si la trinidad hubiera sido claramente
enseñada por Jesús o pudiéramos evidenciarla
concluyentemente de las escrituras o de las
posteriores enseñanzas de sus discípulos, los
teólogos no tendrían que haber recurrido a la
especulación filosófica.
Aun así se enseña que no hay doctrina más clara en
toda la Biblia como la doctrina de la trinidad,
¿será por eso que unos la interpretan de una manera
y otros de otra?. Según decía Platón, D-s tenía en
su mente las ideas o modelos de todas las cosas,
desde ahí Filón de Alejandría, griego de
nacimiento al que llamaban “el judío” por su origen,
explica que la suma de todos los tipos era el
Logos, la mente conceptus.
Pero como Filón no se sentía satisfecho y le parecía
que se quedaba corto en su proposición filosófica,
recurrió a la teología de otras religiones para
comprender mejor la idea de un D-s en Israel que
venía con una teología completamente distinta a la
que había aprendido en las escuelas gentiles. El
pensamiento judío que proclamaba la existencia de un
solo D-s ciertamente descolocó al pensamiento gentil
que creía tener al universo perfectamente ordenado
en los estantes de su modus cognitio deorum.
Así pues, Filón denominó a D-s también como eikon,
huios monogenes, protogonos, paradeigma, deuteros
Theos, etc. Los cuales curiosamente también servían
para obtener una mayor comprensión teológica de los
dioses paganos.
Como hicieran en la antigüedad los babilonios:
Justino o Taciano por citar dos proponentes,
presentaron a Cristo como el Logos prophoricos, y de
ésta forma lo exaltaron por encima de todas las
criaturas. Aun con todo ese privilegio concedido por
los filósofos, la iglesia no obtuvo plena
satisfacción porque se hacía una presentación
de un Cristo esencialmente subordinado con una
precreación antemundana pero no eterna.
Orígenes (cristiano y furibundo anti judío) formuló
la misma doctrina platónica de la generación y
naturaleza del Logos en términos más elaborados, se
enfrentó a los Monarquianos llamados también
unitarios, para oponerse a su doctrina de la
subordinación ya que entre otros problemas surgía el
inconveniente de que no contaba en absoluto con el
espíritu santo, la teoría del Logos no dejaba sitio
nada más que para una Díada y no para una Tríada. En
ese momento la mayor confusión en el seno de la
Iglesia tuvo lugar, una confusión que fue decidida
en dos sendos concilios con el fin de fabricar una
doctrina que unificara en lo posible a todas las
corrientes filosóficas y luego de pulirla
convenientemente se presentó de la manera que la
conocemos hoy, como doctrina de la TRINIDAD.
Sin embargo es inevitable plantearse que hay algo
que hace temblar los puntales donde ésta doctrina
descansa, si la doctrina de la trinidad estaba tan
clara, y definida de manera tan concluyente en todas
las escrituras, ¿cómo es posible que a parte de la
diversidad de creencias, existiera una confusión tan
grande entre los cristianos?.
Aunque Orígenes llamaba al Logos abiertamente D-s,
para él no existía igualdad entre ambos, Orígenes
decía que D-s era ho Theos mientras que el hijo
simplemente era theos. El hijo para Orígenes era
theos ek theoun y no-auto theos, pensaba en términos
de naturaleza ya que se postulaba que la esencia de
ambos era diferente, heteros kat´ousian con lo cual
la existencia del hijo se debía a la voluntad del
Padre.
Sospecho que éstos argumentos son ciertamente
incómodos históricamente, porque si analizamos Juan
1:1, veremos que lo escrito no deja lugar a la duda
en cuanto al tipo de naturaleza del Logos, Juan 1:1
afirma que el Logos no solamente estaba con, sino
que además era D-s. La lógica es otro método
empleado en filosofía, si pensamos con lógica nos
damos cuenta que aquí hay algo muy extraño, puesto
que si el texto de Juan 1:1 hubiese sido conocido
tal y como lo conocemos hoy, esos planteamientos en
cuanto a la naturaleza del hijo respecto del Padre
no se hubieran dado, no podemos explicar en términos
teológicos la confusión prevalente entre los
cristianos del II siglo en adelante, sino es porque
ese texto no existía en el siglo I como tampoco en
el II. El texto de 1ª de Juan 5:7 por ejemplo, el
texto más sólido de la doctrina de la trinidad
resulta ser una interpolación del año 385,
introducida por un cristiano español llamado
Prisciliano. Pero veamos el texto de Juan 1:1:
En arch hn o
logos kai o logos hn pros ton qeon kai qeos hn o logos...Este texto de Juan 1:1 debió de ser tan clarificador
entonces, como lo es hoy y sin embargo no lo fue, ¿será por qué no se incluía
en el texto original de la misma forma que nos ha llegado hasta nosotros?.”En
el principio era el logos, y el logos era con D-s (literalmente: estaba hacia) y
el logos ERA D-S”. Si ésta era la forma original en como estaba escrito Juan
1:1, no se explica que ellos no lo vieran tan claramente como los teólogos
modernos.
La confusión de los cristianos
para el 300 era total, Arrio presbítero de Alejandría sostenía la
inferioridad del hijo respecto del Padre, para la doctrina arriana Cristo era ek
ouk onton y no homoousios, una esencia común al Padre, con lo cual hubo un
tiempo en el que el hijo no existía, para algunos esto era una herejía
descomunal, Juan 1:1, el texto comentado antes, fue utilizado por Agustín de
Hipona para desmontar la doctrina arriana: “¿Qué dices Arrio?, ¿Qué
respondes oh hereje?”, Le increpó Agustín. Pero el asunto lejos de
resolverse se enquistó, señal de que no todos eran de la misma opinión y señal
inequívoca de que la doctrina de la trinidad distaba mucho de ser una doctrina
bíblica que se demostraba por sí misma.
Finalmente el Emperador
Constantino convocó el primer concilio ecuménico, que debía reunirse en Nicea
en el año 325. Este concilio fue convocado para resolver el contencioso de la
trinidad partiendo de tres puntos fundamentales:
1º) Remediar la confusión que
había por el uso de varias palabras importantes en debates sobre la trinidad,
(se estaban empleando términos sacados del paganismo).
2º) Condenar errores que habían
sido adoptados por diferentes sectores cristianos.
3º) Redactar una declaración de
la doctrina que incluyera todos los elementos escriturarios y que diera
satisfacción a TODOS los convocados. Ciertamente una labor complicada digna de
Aristóteles.
El error más grave que se cometió
en los concilios de Nicea y de Constantinopla fue el de no revisar los
principios de la doctrina desde una visión teológica judía que incluyera además
al idioma hebreo, en su lugar se empleó palabras que eran comunes a la filosofía
griega y a los discursos de sacerdotes paganos. Hubo no pocas discusiones sobre
ese asunto, por ejemplo con los términos sustancia y persona, evidentemente
incompatibles, pero que se utilizaban indistintamente aunque con gran confusión,
también hubo crisis al tener que definir las palabras substancia y subsistencia
usadas frecuentemente como equivalentes. Para Poder expresar lo que ellos querían
que expresara su doctrina de la trinidad, (se puede decir que casi) reeditaron
el idioma griego en algunas palabras esenciales.
El agente auto consciente o
suppositum intelligens que los griegos llamaban prosopon y que quería
significar el rostro, el aspecto propiamente dicho, tenía el inconveniente de
que era usado por los sabelianos para justificar su doctrina del triple aspecto
de D-s, y como había que encontrar una palabra que fuera la que mejor designara
sus asunciones doctrinales, siguieron rebuscando por el diccionario, ésta vez
se discutió sobre la latina persono, pero una vez más surgían los
inconvenientes, ya que ésta palabra significaba máscara, la máscara que un
actor llevaba para representar su papel, no sin dificultad, finalmente se adopto
la palabra griega hupostasis para referirse a la unidad de las tres substancias
y a la palabra latina persono para referirse a las tres subsistencias como seres
individuales.
Con la palabra homoousios la
controversia estaba asegurada, su sentido expresaba claramente la identidad de
una sustancia pero el problema era que no especificaba si la identidad era específica
o numérica. Se revisaron todos los conceptos filosóficos para determinar su
sentido más apropiado, se citaron a Porfirio, a Aristóteles, a Platón y a
muchos otros filósofos griegos. Finalmente el concilio DETERMINO EL SENTIDO EN
EL QUE TENIA QUE SER COMPRENDIDA.
Uno se pregunta que: ¿cómo es
posible que para dar cuerpo a una doctrina hipotéticamente bíblica se apelen a
directrices filosóficas y culturales en vez de a las mismas escrituras?.
La doctrina de la trinidad no es
enseñada por lo que la Biblia afirma al respecto sino por lo que se determinó
en los concilios de Nicea y Constantinopla por un grupo de filósofos.
Pero la dificultad mayor no estaba
sin embargo en los problemas de carácter semántico o gramatical, en el
concilio estaban representadas todas las corrientes doctrinales (excepto los judíos
seguidores de Jesús) que existían al amparo de la filosofía y que estaban
convulsionando al cristianismo, los arrianos por ejemplo suscitaron un enorme
revuelo cuando citaron Proverbios 8:22 que la septuaginta vierte al griego;
ktise me archen
hodon
autou
“Él me creó en el comienzo de
sus caminos”, dado que todos sabían que aquí se estaba refiriendo al
Logos y como la versión griega del
Antiguo Testamento era autoritativa éste pasaje demostraba sin discusión que
el Logos había sido creado. Pero de la misma forma que éste pasaje de
Proverbios es concluyente, también debería de haberlo sido Juan 1:1, si como
sospechan ciertos documentalistas bíblicos, no se trate de una interpolación
apresurada para contrarrestar el empuje del arrianismo en el siglo IV. En
cualquier caso el desconocimiento absoluto del hebreo no permitió que el
concilio tuviera claras las ideas, y ahora para quienes en la actualidad
sostienen que quien tradujo la septuaginta escribió ktise pero quería decir
gennan y haciendo un malabarismo ridículo con las palabras pretenden decir que
la traducción correcta sería ”posesión” tal y como lo traduce la Vulgata
“Dominus possidet me”, indicar que la palabra griega ktise proviene de la raíz
ktisis,
ktisis que significa literalmente: creación, cosa creada, criatura. Sin que
haya lugar para otro significado o interpretación.
Posteriormente al concilio Agustín
de Hipona dijo: “Omnis enim substantia quae
Deus non est, creatura est; et quae creatura non est, Deus est”.
Toda aquella substancia que no es Di-s, es criatura; y la que no es criatura, es
Di-s.
Sabiendo que el termino criatura
denota al “ser”, podemos deducir por ello que todas las cosas inanimadas son
D-s por cuanto no son criaturas.
Volviendo al concilio, el problema
clave que se debía de resolver era como armonizar dos conceptos totalmente
incompatibles, dos doctrinas opuestas como eran (y son) la preeminencia de un único
y solo Di-s con la existencia de un Hijo dios y un Espíritu dios. Había que
preservar la doctrina de la trinidad sin que cayera en una contradicción de
contenido, por la mente de los asistentes pasó todo el panteón de divinidades
paganas buscando alguna conexión y alguna apreciación compatible con la
doctrina de la trinidad y a la vez la doctrina cristiana debía de sonar
absolutamente diferente a todas las demás. Finalmente surgió el credo de Nicea.
“Roma había hablado, la cuestión estaba definida”.
El concilio de
Constantinopla
Fue necesario un segundo concilio para revisar los errores del primero, la
omisión de cualquier referencia al espíritu santo en el concilio niceno no dejo
satisfechos a todos los convocados, ahora se dice que el motivo fue porque el
debate sobre la consubstancialidad del Padre con el Hijo absorbió cualquier otra
cuestión, pero lo cierto es que si no se mencionó al Espíritu Santo fue porque
en ese momento nadie lo consideraba como parte de la divinidad, con atributos
divinos puede, pero de ninguna manera D-s. Así apareció Atanasio fiel defensor
del credo niceno pero insatisfecho, tanto que provocó serias disputas
doctrinales con el resto de los grupos proponentes y con los opositores, para
dirimir la cuestión se convocaron varios concilios locales como el de Roma, en
el 375, o el de Alejandría en el 362.
A pesar de eso la disputa sobre la existencia de una tercera persona que
ampliaba la Díada no pudo resolverse (una evidencia contundente que demuestra
que la trinidad tal y como la ha elaborado la teología no es una doctrina
bíblica) unos sostenían que las escrituras hablaban claramente de ello, otros
postulaban que eso no era cierto, sea como fuere, el problema alcanzó tintes de
gravedad con lo cual tuvo que convocarse un segundo concilio, el de
Constantinopla en el 381.
La discusión fue dirigida a corregir las deficiencias del credo niceno para que
se añadiera una cláusula mediante la cual el espíritu santo fuera incluido entre
el Padre y el Hijo y fuera tenido como la tercera persona de la trinidad.
Sin embargo no fue entonces cuando el espíritu santo fue considerado como
absolutamente D-s, la totalidad de la Iglesia romana y algunos miembros de la
Iglesia griega comenzaban a verlo como uno más en la trinidad, pero fue en el
Sínodo de Toledo en el 589 cuando se introdujo la palabra
filioque
filioque y se consumó la ley
eclesiástica que hacía del espíritu santo, D-s. Esta adicción provocó sin
embargo el enojo en el sector griego de la Iglesia y fue una de las causas que
motivaron el cisma entre la Iglesia occidental y la oriental.
Tal vez sea por el significado de
la palabra la cual se traduce como “relación profunda, íntima”, fileo,
filikos,
fileo, filikos
amistad, amar con afecto, pruebas de amor, ésta
palabra, filioque, era usada en Grecia para expresar la relación sexual, en el
Sínodo de Toledo la emplearon para significar la extrema unión entre las tres
personas de la trinidad. No obstante y si ese fuera el motivo del enojo de los
cristianos griegos, creo que merecen toda la razón.
Si alguien cree a estas alturas
que de nuevo “Roma había hablado”... y con ello se solucionó el conflicto
doctrinal, se equivoca, después del concilio de Constantinopla la controversia
surgió con la constitución de la persona de Cristo, antes de que la agitación
provocara la convocatoria de otro concilio se adoptó el conocido como “credo Atanasiano”, una vez más se debe de incidir en el hecho de la evidencia, es
decir, que hacía 314 años aproximadamente que Jesús había muerto y durante
todo ese tiempo los cristianos todavía no tenían ni idea de quien era
realmente Jesús y por supuesto que para quienes sostienen que la doctrina de la
trinidad es una doctrina sobresaliente en todas las escrituras, no debe de estar
tan claramente demostrada cuando comprobamos que para aquellos quienes debatieron su contenido, la proximidad en el
tiempo casi les hubiera permitido poder tocar a Jesús y conocer con exactitud
cual era realmente su esencia.
El credo de Atanasio que no es
otra cosa que la unificación y ampliación de los credos de Nicea y
Constantinopla dice:
“Quien quiera ser salvo tiene ante todo que mantener
la fe católica, ya que, si no la preserva íntegra e inviolada, sin duda
perecerá eternamente. Pero ésta es la fe católica, que adoramos a un
Dios en trinidad y trinidad en unidad. Ni confundiendo las personas ni
dividiendo la sustancia. Porque la persona del Padre es una; la del Hijo, otra;
la del Espíritu Santo, otra. Pero la divinidad del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo, es una, igual la gloria, igual la majestad. Así como es el Padre, así
es el Hijo, y así el Espíritu Santo. El Padre es increado, el Hijo es
increado, y el Espíritu Santo es increado. El Padre es infinito, el Hijo es
infinito, el Espíritu Santo es infinito. El Padre es eterno, el Hijo es eterno,
y el Espíritu Santo es eterno. Pero no hay tres seres eternos, sino un ser
eterno. Sin embargo, no hay tres seres increados, ni tres seres infinitos, sino
un ser creado e infinito. De la misma manera, el Padre es omnipotente, el Hijo
es omnipotente, y el Espíritu Santo es omnipotente. Y sin embargo, no hay tres
seres omnipotentes, sino un ser omnipotente. Así el Padre es Dios, el Hijo es
Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo no hay tres Dioses, sino un
solo Dios”...
termina diciendo: “Todo el que quiera ser salvo, que así
piense acerca de la trinidad”.
En la actualidad nadie duda que
Atanasio no fue el autor, hay frases tomadas de Agustín y de Vicente de Lerino,
y también mantiene comentarios sobre las
disputas posteriores acerca de la persona de Cristo. Se considera que es del
siglo V o tal vez de mediados del VI. Fue redactado sin la autoridad expresa de
ningún concilio pero es aceptado por toda la cristiandad con alguna variación
por parte protestante y ortodoxa.
Sin embargo
es una curiosa descripción para formular una doctrina impenetrable, e
incompatible ya que se elaboro de tal manera que no hay modo lógico de
entenderla, “no hay tres Dioses sino un solo Dios, Dios Padre, Dios Hijo, Dios
Espíritu Santo”.
Esto me recuerda la anécdota de
una familia en la que la madre pone sobre la mesa dos huevos duros, el hijo, que
gozaba del privilegio de estudiar, le preguntó al padre: ¿cuántos huevos hay
sobre la mesa?, el padre le contestó; dos. El hijo queriendo vanagloriarse de
su preparación intelectual volvió a preguntarle a su padre; y ¿dos y uno no
son tres?, el padre confundido contestó: ...Sí.
El hijo visiblemente orgulloso de
haber dejado a su padre contrariado con su argumento le dijo; entonces sobre la
mesa hay tres huevos duros. En ese momento completamente perplejo, y mientras se
rascaba la cabeza, el padre buscaba el tercer huevo por todas partes, finalmente
el padre cogió los dos huevos de la mesa, le dio uno a su esposa y el se comió
el segundo, miró a su hijo y le dijo: ¡tu comete el tercero!.
Corpus
christi dignitas deus est
La constitución del cuerpo de Jesús
fue tan discutida como la misma doctrina de la trinidad, frente a los que sostenían
que Jesús fue tan sólo un hombre por el que actuaba el poder de D-s, estaban
los que afirmaban la coigualdad y coeternidad de éste con D-s. Unos y otros
aportaron pruebas sobre sus pretensiones, siendo por supuesto condicionadas más
por la filosofía que por las mismas escrituras. Para quienes no había duda
acerca de su dignidad divina, el asunto estaba claro, pero la cuestión
era que para los que no lo veían así... estaba igualmente claro.
En el medio de aquel debate se
encontraba el Emperador Constantino, al cual le importaba bien poco si Cristo
era D-s o si no lo era y si eran tres como si eran cincuenta, a este lo único
que le interesaba era que de allí surgiera por fin, una Iglesia unida en cuanto
a doctrina. Para él la unidad de la iglesia era fundamental para mantener la
cohesión de su Imperio.
Y en rigor todos esos debates teológicos eran
tremendamente tediosos y aburridos para Constantino, tanto que Eusebio de Cesarea en su “Vida de Constantino”, cita las apreciaciones del emperador
romano: “Ese es un asunto verdaderamente insignificante, diferencia verbal
sin importancia y necia, el resultado de un ocio mal empleado”...
(Eusebio, De vita Constantini, II, 64-72).
Además estaba el pueblo, cuya opinión
sobre la cuestión de si Cristo era o no era D-s, le traía sin cuidado, y en
cualquier caso el pueblo se inclinaba por el razonamiento arriano es decir: “El
Hijo no es de la misma sustancia que el Padre”.
De los pilares fundamentales donde
la doctrina de la trinidad descansa mencionaremos ahora algunos de ellos.
Resulta evidente que para comenzar a asentar las bases se debe de acudir cuanto
más lejos en el tiempo mejor, para ello se utilizan textos como Lucas 24:27:
“Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, se puso a
explicarles en todas las escrituras lo referente a él”. Este planteamiento
que se emplea para subrayar la preexistencia de Cristo, no es adecuado para
demostrar per se que Cristo sea Di-s, muy al contrario, preexistentes también
eran los ángeles y los demonios, así que si es por preexistencia desde luego
es un argumento poco sólido. Pero haciendo uso del contenido del texto y
acudiendo a las referencias que Jesús da de sí mismo nos es
posible acudir a los lugares donde se le menciona, desgraciadamente por motivos de espacio, no podremos analizarlos
todos, y tampoco podremos extendernos en cada uno de ellos como quisiéramos, no
obstante, dejamos constancia para que cada uno haga una valoración de los
condicionamientos filosóficos, intelectuales, y políticos, con los que ésta
doctrina fue elaborada y para lo que ésta doctrina fue elaborada, aun así revisaremos los más importantes.
El primer punto donde se quiere
sustentar la doctrina de la trinidad lo encontramos en Génesis 1:26, el
relato de la creación, en teología se enseña que ésta es la primera
evidencia que aparece en las escrituras sobre la trinidad: “Hagamos al hombre
a nuestra imagen y semejanza”, el uso del plural ha llevado a los teólogos a
plantear la hipótesis de que se trata de una prueba concluyente, sin embargo el
uso de la primera persona del plural de ningún modo demuestra que D-s se
estuviera dirigiendo a terceras personas, éste caso se diferencia del resto de
la creación en que aquí se personifica a la creación misma, por otro lado no es coherente el sentido que le
quieren dar los teólogos si lo comparamos con la Shema Israel de Devarim.
A excepción de las veces que la palabra “Elohim” sale indicando el plural
en referencia a los otros dioses, cuando aparece con relación al Di-s de Israel
se utiliza el singular. Así es como lo interpretan los que más saben de éste
asunto lingüístico, los propios israelitas.
Por otro lado es importante que no
olvidemos que Moisés escribe haciendo
uso de los mecanismos morfológicos del idioma en el que se expresa y que no
necesariamente tienen que ser los mismos que los del resto de los idiomas, es
decir, los parámetros de los que se valen los hebraístas, nunca pueden ser útiles
en la misma medida para todas las lenguas. A menos que nosotros nos
empecinemos en ello.
Por ejemplo: Julio Cesar tenía la
costumbre de utilizar el plural mayestático, de tal forma que en algunas
ocasiones quienes no le conocían y le oían hablar o leían sus escritos eran
inducidos a pensar que a su lado había al menos otra persona más.
Es un modo habitual que
encontramos no sólo en la literatura sino que también esta primera persona
del singular, se transforma en el plural mayestático para el uso de altas
dignidades, “Nos (yo) el Rey proclamamos”... nadie osaría pensar jamás que
un país puede ser gobernado por dos o tres reyes o que el Rey haciendo uso de
éste plural, quiera decir que “El y otros más”.
Otro pilar fundamental de la
doctrina lo encontramos en la expresión de Jesús “antes que Avraham fuese,
yo soy”, no es fácil entender como de éstas palabras deducen que Jesús dijo que era Di-s. Se elabora toda una
línea argumental; “No podía ser la simiente de Avraham a no ser que fuera
hombre, y no podía ser salvador de los hombres a no ser que fuera Di-s”. Si
por el hecho de “ser” antes que Avraham los teólogos infieren que eso es
una prueba de divinidad, entonces todos aquellos hombres y mujeres que vivieron
antes que Avraham igualmente podemos inferir que son Di-s.
Ahora llegamos prácticamente a
uno de los pilares más críticos y uno de los que mejor podrían determinar que
efectivamente estamos hablando de un Jesús/Di-s, “El ángel de D-s”, sin
reparos aquí se nos enseña en teología que es el “ángel de ELOHIM”, sin
embargo no es consecuente con los planteamientos iniciales, ¿hablamos del mismo
Elohim de Génesis 1:26?, entonces deberíamos decir “el ángel de los
dioses” puesto que así es como se interpreta para hacerlo coincidir con la
doctrina de la trinidad, pero tiene el inconveniente de que con éste ángel
fuera de la tríada, su número ascendería a cuatro, además se añade que
Elohim se interpreta aquí como “Señor”, lo cual es completamente erróneo.
Sin embargo siendo Elohim un plural de ninguna manera esto
infiere una trinidad, es un plural no cuantitativo especialmente, con lo cual
podría referirse tanto a dos como a mil, como a diez mil dioses.
Para éste ángel se exige
prerrogativas divinas en cuanto a autoridad, honra y adoración, se señala que
no se trata de un caso aislado sino que se trata de un suceso repetido
continuamente en las escrituras, por éste hecho se descarta el que se refiera a
un mensajero angélico sin rango, un ser ordinario, y se incide en que los
nombres con los que se le asocia implican que es nada menos que el mismo D-s.
Aquí es precisamente donde el argumento se derrumba, en los nombres de D-s con
los que se le asocia, antes ya hemos mencionado algunos breves ejemplos, pero
vamos a volver a ellos; Sobre éste ángel tan especial, se dice que admite que
los hombres le rindan adoración, pero sospecho que no estamos hablando de las
mismas escrituras.
Cierto que entre los varones que se le presentan a Avraham,
hay uno al que él llama Adonay pero no existe rastro de intención de rendirle
culto, lo mismo ocurre cuando dos de ellos van a la casa de Lot. Si por los títulos
concedidos al “Angel” deducimos que se trata de Di-s, sospecho que nos vamos
a encontrar con una sorpresa. En el episodio de la llanura del Jordán el ángel,
aplica el castigo correspondiente por los tremendos pecados de las ciudades de
Sodoma y Gomorra, por éste hecho se deduce que la ejecución de la sentencia sólo
podía ser establecida y llevada a término por YHVH mismo, es decir, 1) tenemos
un ser angélico al que se le llama Adonay que es un título del Mesías, 2)
tenemos que éste tenía “autoridad” y 3) que ejerció esa “autoridad” y
por ello se afirma que sin duda era YHVH.
Lo de los títulos mesiánicos lo
vamos a ver ahora, en cuanto a la “autoridad y su poder para ejercerla como
D-s”, tenemos que en Zacarías 3:1 el supuestamente mismo “ángel de D-s”
del episodio de la llanura del Jordán, es incapaz de reprender allí mismo a
Satán o lo que es lo mismo, si el “ángel de D-s” tiene autoridad y poder
para ejercerla como enseña la teología, entonces vemos que en ésta ocasión
esa autoridad y poder para ejecutarla no ha servido para nada. Así que, o
cumple órdenes o es D-s, si es lo primero entonces no es D-s y si es lo
segundo entonces ¿por qué no le reprendió personalmente allí mismo?. Este es
un relato que tiene referencias históricas, no deja de ser curioso, pero
supongamos, sólo supongamos que éste ángel de D-s citado en Zacarías, sea
el mismo que aparece en la epístola de Judas 1:9 de los textos cristianos, quien por cierto
realiza exactamente la misma advertencia, igual en modo, forma y orden. Una vez
que lo hemos supuesto, saquemos las conclusiones
que mejor se explican dentro del desarrollo del texto.
En Génesis 32:24-30 se nos dice
que Yaakov peleó con un varón, no se nos dice quien era o de quien se trataba,
sólo que era un varón, si lo comparamos con Oseas 12:4, aquí nos dice que era
un ángel, pero para la doctrina de la trinidad es necesario buscar la conexión
entre el versículo 4 y el 5 del profeta Oseas, sin embargo, podemos leerlo de
tres formas distintas:
a) ese ángel era D-s, por cuanto el versículo 5 nos
dice que D-s era su nombre.
b) existe discontinuidad gramatical entre ambos,
primero nos relata la lucha con el ángel, segundo, comienza el versículo 5 con
una clara distinción, ¿quién hablo en Peniel con Yaakov?, el ángel, versículo
5: ¡PERO!, H' es D-s de los ejércitos, H' es su nombre.
Hay una discontinuidad en la formación del texto, ahora bien,
puede ser interpretado como que éste D-s se refiera efectivamente al
nombre del ángel que peleó con Yaakov. Por ello viene el punto c) Un hombre
mortal es más fuerte que el propio D-s, (quien reuniendo todo su poder y
gloria, fue capaz de crear el universo), o puede ser también que cada vez que
D-s se hace hombre, menguan sus facultades divinas debilitando sus poderes
sobrenaturales, ¡eso es pura mitología pagana!.
Otro de los pilares teológicos
que se esgrimen para conectar al hijo con el Padre es el de la “imagen”,
para la doctrina de la trinidad está claro que “el ángel de D-s” es D-s,
para ello se utiliza Isaías 63:9, “el ángel del rostro de D-s”, para la
doctrina de la trinidad resulta evidente que el rostro representa la imagen y
por lo tanto es una evidencia a favor de la trinidad, dado que en éste caso
concreto se introducen los conceptos de salvación y redención, el resultado es
obvio, El era el resplandor de su gloria, y la imagen expresa de su persona o
para entenderlo en términos neo testamentarios, donde habita la plenitud de la
Deidad. Pero siguiendo la misma trama nos encontramos que si por
“imagen” entendemos que se refiere inexorablemente a D-s, entonces podemos
inferir que D-s se creó así mismo en el huerto del Edén, y que fue D-s
quien se rebeló contra sí mismo en el mismo lugar. En cualquier caso la
expresión “el rostro de D-s” no implica necesariamente que sea D-s, sino
que refiera al concepto de un mensajero que lleva a cumplimiento las órdenes
específicas de D-s.
Permítaseme
relatar la siguiente historia:
Cuando el gramófono comenzó su
andadura por el mundo de los inventos, a alguien se le ocurrió la brillante
idea de grabar su voz en un disco microsurco, la voz era la del dueño de un
fiel perro del que nunca se había separado. Pero el dueño un día murió, y al
cabo de un tiempo su esposa o un familiar cercano encontraron el disco y lo
pusieron en el gramófono, para sorpresa de todos aquel disco era el que tiempo
atrás había sido grabado por el dueño del perro, el fiel animal al oír
aquella voz tan familiar para él se subió sobre la mesa y se paró frente al
gramófono sin quitarle la vista de encima, todos estaban asombrados, el animal
había reconocido la voz de su amo.
No es posible saber lo que pasaba
por la cabeza de aquel perro, y si acaso pensara que “¡éste es mi dueño,
pero que raro parece!, en cualquier caso, lo que sí es cierto es que aquel fiel
amigo había reconocido una voz de la que él estaba seguro que era la de su
amo. Esa imagen del perro frente al gramófono con la leyenda “la voz de su
amo”, recorrió el mundo entero grabado en el centro de miles y miles de
discos.
Con el título de “Príncipe de
D-s” también se llega a la conclusión de que sin duda es una inequívoca
referencia a la coigualdad del Hijo con el Padre, se añade a esto la invocación
al “nombre” que hay implícito en su designación. Nombre glorioso de
acuerdo al texto de Isaías 63:9.
Sin embargo éste argumento no se
sostiene ante las mismas evidencias que se aducen para su defensa, es cierto que
el nombre hebreo Yehoshua contiene el nombre de D-s, pero si por esa adicción
deducimos que Jesús era D-s, nos encontramos con un problema de extensión
cultural, dado que los recientes descubrimientos de tumbas hebreas del periodo
de la vida de Jesús han revelado que el nombre de Yehoshua o Yeshua era tan
popular como lo puede ser Pepe o Antonio en España, de ésta manera, si se enseña
que quien porta el nombre de D-s, o allí donde el nombre esté escrito lo hace
ser D-s, debemos de admitir entonces que: Isaías 43:1, Israel lleva igualmente
implícito el nombre de D-s y por lo tanto exige la consideración divina. Deuteronomio 12:5, la tierra de Israel es
D-s, Exodo 23:21, ese ángel era D-s, 2ª de Samuel 7:13, 1ª de Reyes 8:19 y Crónicas 6:9, el Templo era/es
D-s.
En cuanto al título de “príncipe
de D-s”, ¿debemos asumir que es indicativo de deidad?, entonces, ¿qué
hacemos con el “príncipe” de Ezequiel 28:9-12 al 19?, acaso debemos de
asumir que; ¿El príncipe Miguel es D-s por cuanto lleva también su nombre?,
y ¿El príncipe de Persia, es D-s?.
No obstante el calificativo de “ángel
de D-s” es el que mejor define de acuerdo a la doctrina de la trinidad, que
quien lo ostenta tiene el derecho de ser considerado D-s, ésta es la premisa
fundamental para determinar la constitución del cuerpo de Cristo, además se
estima que la persona designada como “ángel de D-s” afirma taxativamente
que es él, el mismo D-s, premisa
absolutamente falsa. Aquí es donde tropezamos con una pequeña trampa dialéctica
de la que generalmente cuando se estudia teología suele pasarse de puntillas,
analicemos exhaustivamente éstas afirmaciones con sólo unos pocos ejemplos y
utilizando nuestra lógica más rigurosa. En prácticamente todos los libros de
teología se enseña que algunas
manifestaciones de ángeles iban acompañadas por un intento humano de rendirles
culto, pero en particular el llamado “ángel de D-s” era el único que
aceptaba esa prerrogativa divina de sacrificio y adoración, para ello se
emplean los textos donde se presume que aparece, Jueces 6:11, donde Gedeón lo
ve cara a cara, o Jueces 13:15-22, aquí donde Manoa lo ve cara a cara se repite
el mismo temor, “moriremos porque a D-s hemos visto”.
Partiendo de la base
de que en D-s no podemos encontrar contradicción, no puede ser que si
efectivamente ese ángel era D-s, existiera el rechazo a ser honrado con un
sacrificio y la veneración que Manoa y su esposa querían brindarle. De acuerdo
al texto bíblico, el ángel de D-s declinó del privilegio de ser honrado como
si fuera D-s, y les invita a ofrecer ese sacrificio y esa honra ¿a quién?, a
D-s ¿cómo?, ¿pero, no se presenta el ángel como D-s?. Tal vez es que después
de todo no era nada más que un ángel, más o menos especial que los demás
pero en cualquier caso un ángel.
Sin que sirva de precedente el ángel
consiente en revelarles su nombre, “mi nombre es Admirable”. Lejos de
resolverse la cuestión el asunto se complica a menos que continuemos
sosteniendo que esa manifestación era D-s en persona. ¿Por qué?.
A éstas alturas creo que es
evidente: el ángel de D-s resulta que no puede ser D-s porque rechaza el ser
tributado como si lo fuera y en su lugar exclama, ¡ofréceselo a D-s!, con
lo cual hay un reconocimiento expreso de su identidad, “ESE NO ERA D-S”,
pero aun hay más puesto que conocemos su nombre, “Admirable”, si leemos Isaías
9:6, veremos que uno de los títulos y/o nombres atribuídos por los cristianos
a Jesús “Admirable”,
con lo cual la hipotética deidad del Hijo de Di-s se derrumba. Porque si Jesús
es D-s, ¿cómo puede rechazar ser honrado como D-s?. En éste punto, el credo
Atanasiano comienza a hacer aguas, puesto que “Padre e Hijo poseen la misma
gloria” con lo cual y de acuerdo al credo, se le deben el mismo culto y la
misma honra, y la salvación de los cristianos depende de la aceptación de éste credo.
Aun aduciendo que tal vez se
refiera a otro “Admirable” siempre queda el calificativo de “ángel de D-s” y por supuesto el evidente rechazo a ser objeto de culto.
De las manifestaciones angélicas
narradas en la Biblia, no existe ninguna evidencia que avale los planteamientos
teológicos que afirman que algunos ángeles aceptaban ser honrados con una
gloria que solo pertenecía a D-s. No hay ninguna prueba escritural que apoye
los argumentos de los proponentes de la doctrina de la trinidad que demuestre
sus tesis.
Los ángeles son un fenómeno que
aparece 400 veces en toda la Biblia, ninguna de éstas manifestaciones consiente
que los hombres les rindan veneración, son llamados “hijos de D-s”, por
ejemplo Job 1:6 – 2:1 – 38:7. Evidentemente no se considera que éstos
“hijos de D-s” aun siendo así llamados, sean D-s, de la misma manera que
cuando utilizamos la palabra “Santo”, tampoco podemos sentar cátedra y
afirmar que es un título exclusivo de la divinidad y que sólo es usado para
referir a las tres personas que componen la trinidad, si así fuera, tendríamos
que revisar de nuevo todos nuestros conceptos, pues “santos” una vez más
también son los ángeles “hijos de D-s”, por ejemplo Deuteronomio 33:2 –
Salmo 145:10 – Zacarías 14:15 etc.
A pesar de que éstas evidencias
escriturales son contrarias al argumento de la doctrina de la trinidad, los
libros de texto dedicados al estudio de la teología siguen conteniendo
expresiones favorables al sostenimiento de tal doctrina, por ejemplo se afirma
que el ángel que se apareció a Agar, Avraham, Moisés, Josué, Gedeón,
“Manoa” etc. ¡demandaba adoración divina, y ejercía poderes divinos!, sin
embargo cuando acudimos a los textos mencionados, comprobamos que eso es
totalmente falso, se afirma igualmente que:
“no se pueden explicar éstos pasajes de otro modo que en concordancia
con la doctrina de la trinidad”, para terminar diciendo que: “la progresiva
revelación nos permite interpretar las oscuras indicaciones de las primeras
escrituras”, (es decir del Antigüo Testamento) no es posible poder asumir
tanta contradicción, por un lado te enseñan que la doctrina de la trinidad se
evidencia claramente, y por otro te dicen que está oculta entre oscuras
indicaciones.
El espíritu santo
La cuestión del Espíritu Santo no estaba nada clara en el siglo II, en
realidad ni siquiera estaba, para el cristiano medio del II siglo la figura del
Espíritu Santo le era tan extraña como la religión que comenzaba a profesar,
bien poco se sabía de él excepto por lo que solían escuchar en las asambleas,
de hecho hasta el concilio de Constantinopla, el cristianismo apenas se había
planteado su ascensión y nombramiento como la tercera persona de la trinidad.
En realidad cuando analizamos el
comportamiento de los primeros cristianos con relación a su nueva fe, no
solemos percatarnos del hecho de que todos ellos procedían de religiones
paganas con una solemne y antiquísima tradición que tenían muy arraigada en
sus mentes, esas tradiciones las importaron al cristianismo de los
siglos II al V, con lo cual se creó una gran confusión de ideologías. Pero éste
sería otro asunto.
Quien piense que la doctrina de la
trinidad fue una doctrina aportada por los apóstoles y por la primera
congregación judía seguidora de Jesús, es decir enseñada por este y
presentada por los apóstoles se equivoca, la doctrina de la trinidad es una
doctrina de la Iglesia como muchas otras doctrinas introducidas a lo largo de
los siglos.
Pero por la razón de que sea cristiana no significa que sea
verdadera en todos sus planteamientos. Si leemos la máxima con la que empezamos
éste análisis, observaremos que hay una gran diferencia entre lo que
consideramos que nos satisface porque es la verdad y lo que consideramos que es
verdadero porque nos satisface, en cuanto a la doctrina de la trinidad, se
elaboró para que satisficiera los intereses políticos del Emperador
Constantino, a quien en realidad la religión
cristiana le aburría sobre manera, pero se había dado cuenta que un sólo
dios daba menos problemas que todo un panteón de dioses, por supuesto que el
monoteísmo garantizaba una cohesión del Imperio que el paganismo con tantos
dioses y cultos no había sabido dar.
La idea pues fue la de elaborar un
doctrinario común para que no hubiera fisuras, el Emperador había descubierto
que si la nueva Iglesia se dividía, eso representaría la desintegración del
Imperio y por ello, los concilios de Nicea y Constantinopla aunque le parecieron
tediosos, tenían una importancia vital para sus intereses.
Tan sólo un puñado de teólogos
latinos frente a trescientos de la Iglesia griega se reunió en ambos
concilios, para occidente el asunto de la trinidad era menos importante que para
los cristianos orientales, en esos concilios la filosofía fue el sistema más
recurrido para dirimir las cuestiones sobre la trinidad por encima de la
autoridad de las escrituras, como hemos visto a lo largo de éste análisis,
aquellos primeros cristianos doctos, sólo lo eran en términos filosóficos, y
sin embargo desconocían de forma absoluta la lengua en la que fueron impresas
las escrituras, defecto que aunque reconocido no puede servirles de excusa, no
obstante carecían de un conocimiento general de los escritos bíblicos y de sus
significaciones.
Muchos creen que la doctrina de la
trinidad es una doctrina revelada, sin embargo en el registro de la historia de
la Iglesia descubrimos que durante el I siglo, los que tuvieron a Jesús como
maestro no lo consideraban D-s porque para ellos sólo había UNO, UNICO, así
lo enseñaron a las generaciones siguientes y así lo comprendieron durante la
primera mitad del II siglo, en el 325 en el concilio de Nicea y a pesar de los
motivos por los que se convocó, no tenían tan claro que Jesús fuera el
mismo D-s, por el hecho de que se plantearon eliminar uno de los dos artículos
de la fe cristiana, el primero heredado del judaísmo y el segundo
adicionado por el incipiente cristianismo gentil, la filosofía les permitió lo
que las escrituras no les dejaban introducir, de ésta forma supieron yuxtaponer
dos artículos incompatibles de principio a fin y finalmente se decidió que podían
coexistir ambos. Así acabó el concilio de Nicea, sin mencionar en la práctica
para nada a la figura del Espíritu Santo.
Por supuesto que se puede aducir
que: “¿y qué hay de la bendición apostólica?”, es decir, la que
encontramos primeramente en Mateo 28:19, digamos que es una advertencia
oportuna, sin embargo y luego de haber planeado tanto por los hechos, como los
por dichos históricos, sugiero que ha llegado el momento de reexaminar nuestros
viejos esquemas. ¿Hay alguna evidencia que nos ayude a sostener que esa bendición
apostólica sea realmente una bendición expresada por los propios apóstoles?,
la respuesta es: no.
Comparemos el texto de Mateo 28:19
con Hechos 2:38, no dice lo mismo en ambos.
Marcos, Lucas y Juan lo ignoran y
de acuerdo a la tradición cristiana, Mateo es un evangelio dirigido a los
conversos del judaísmo, podemos deducir una intención sospechosamente
interesada, interesada en convencer a los judíos de que D-s es un D-s
tripartito o un medio de mantener a “esos asesinos de Cristo” (como decía
Orígenes) alejados del cristianismo. Para apoyar éste planteamiento tenemos el
conocido como “credo de los apóstoles”
del que Ambrosio dice que es tan antigüo que supone procede de los
propios apóstoles. En cualquier caso acerca del Espíritu Santo el “credo” dice tan
sólo: “Creo en el Espíritu Santo”, el concilio de Nicea usa la misma fórmula,
pero es el concilio de Constantinopla el que altera definitivamente un credo que
en teoría tiene cerca de 300 años, por primera vez desde los apóstoles y
desde Jesús se dice que: “Creo en el Espíritu Santo el D-s” (“el
divino, o simplemente Di-s). Precisamente por éste inocente detalle se puede
determinar que la idea de que el Espíritu Santo es D-s, o que es la tercera
persona de la trinidad, es una idea absolutamente fuera de su marco original, un
error o desviación pensada y posteriormente elaborada para satisfacer intereses
en los que nada tuvieron que ver
ni Jesús, ni sus discípulos, ni quienes formaron parte de sus primeros
seguidores.
Aquellas primeras
conversiones gentiles que se produjeron en el siglo II, al margen ya de la dirección de los
grupos judíos originales, es decir, sin contar para nada con sus opiniones, y consejos,
son cuando menos preocupantes, si aquellas conversiones que pudieron ser sinceras, se produjeron únicamente en el ámbito intelectual sin que
existiera una comprensión real, a la vista de los resultados es
evidente que muchos de aquellos conversos del paganismo jamás pudieron quitarse
de encima sus antigüas tradiciones idólatras, las cuales las introdujeron
dentro de la llamada Iglesia cristiana y las amalgamaron mediante el uso de la
filosofía.
Rafael T.Perez |