Se cuenta de un abogado recién
recibido que estaba tratando de conseguir trabajo en distintas empresas.
Llegó a la entrevista en el servicio fiscal y la respuesta fue:
"Lo sentimos mucho, pero no hay trabajo para usted". Golpeó
la puerta en oficinas privadas, pero después de entrevistas, exámenes
y grafología, la respuesta fue similar.
Antes de llegar a la
desesperación se puso a pensar: "Con todos estos años de estudio
y las excelentes calificaciones que obtuve, ¿cómo puede ser que no
logre encontrar algo?"; y se puso en contacto con el profesor de la
cátedra para preguntarle qué podía hacer.
Con mucha integridad, buen
humor y seguro de si mismo, nuestro joven abogado alquiló un
departamento, compró muebles y ordenó una línea de teléfono.
"Ahora sólo faltan los clientes", pensó.
Pasaron uno, dos, tres días
y… qué pasa con los clientes!
Finalmente, al cuarto día
tocan la puerta. Nervioso y excitado toma el teléfono y comienza a
hablar como si estuviera en la mitad de un pleito. Entre términos
legales y palabras sofisticadas, hace una interrupción e invita
cordialmente a la persona que estaba en la puerta a entrar.
"Perdone que lo
moleste" - dice el individuo que acababa de entrar.
"No es ninguna
molestia" - dice el abogado - "espéreme un minuto, estoy
terminando los detalles de un importante caso con el fiscal del
distrito…".
"Disculpe la
molestia" - vuelve a decir el individuo - "soy de la compañía
telefónica y le vengo a conectar la línea!".
En
Búsqueda de la Verdad
Este cuento que escuché de
un amigo puede ser la triste realidad en la cual vivimos. Tratamos de
buscar nuestro medio y no lo encontramos. Nos aconsejamos con malas
influencias, y el orgullo y las mentiras no nos permiten enfrentar la
realidad.
Cuando tratamos este
delicado tema de "quién es judío", no debemos olvidarnos de
que somos hasta el día de hoy la única "civilización" que
vió pasar a todas las otras y todavía sigue íntegra con la misma fe,
creyendo en el Único Di-s y la misma Torá que recibimos hace mas de
3300 años atrás.
Muchos se levantaron en
contra nuestro tratando de aniquilar nuestra alma y nuestro cuerpo. Por
citar algunos ejemplos podemos recordar a los pueblos de Amalek o Moav,
y salteando varias generaciones, a Babilonia, Grecia, Roma, la inquisición
en España, Portugal y Lima (Perú), y aún más cerca en la historia,
en nuestra generación, sufrimos del Nazismo, la misión Cristiana, etc.
Este "am segulá"
- pueblo elegido - por muchos años fue atacado, perseguido y
aniquilado, y todos los golpes llegaban de una forma u otra a la espalda
de los judíos. Pero, ¿qué es esto de seguir siendo, y seguir
queriendo ser judío? Aún más: hoy en día vemos que miles y miles de
no judíos en todo el mundo se sienten atraídos al judaísmo, y piden
ser parte de nuestro pueblo! ¿Qué está pasando?
Uno de los valores más
importantes es la verdad - "emet" en hebreo. La palabra
emet se escribe con las letras alef, mem y tav, y el valor
numérico de la letra alef es uno. Si a la palabra emet
le quitamos la letra alef nos queda mem y tav, la palabra "met",
que significa "muerto". Esto significa que si separamos de la
verdad al Único (uno) del mundo, es decir a D'os, nada nos
queda.
Vemos que la verdad es un
pilar en la vida y sin la verdad es difícil o imposible vivir. Tenemos
que entender que la verdad es la parte esencial de la búsqueda de todo
ser humano y así como lo vimos en el cuento mediante el cual
comenzamos, si nos sorprenden mintiendo, la vergüenza puede ser aún más
grande.
El
Judío en el Pensamiento Bíblico
En el libro de Ester (2:5)
encontramos que el texto se refiere a Mordejai como "Mordejai
haiehudí" - "Mordejai el judío" y Nuestros Sabios en el
Talmud formulan una interesante pregunta:
"¿…Y por qué
es llamado iehudí (de la tribu de Iehudá) si él era ieminí (de la
tribu de Biniamín)? Porque renegó de la idolatría y todo aquel
que reniega de la idolatría merece ser llamado iehudí…" - “…ve
amai kri le yehudi, al shum she kafar be avoda zara, she kol hakofer be
avoda zara nikra yehudi” (Meguilá
13a).
El Talmud nos enseña esta
idea en el libro de Daniel: “Habían hombres “judíos” (yehudain)
que se abstuvieron de la idolatría de Babilonia… a sus dioses no
adoraron y al ídolo de oro que erigió el rey, no se prosternaron”
(Daniel 3).
Nuestros Sabios en el
Midrash Rabá formulan también una pregunta similar:
"¿…Y por qué
es llamado iehudí (de la tribu de Iehudá) si él era ieminí (de la
tribu de Biniamín)? Porque unificó el Nombre del Santo, bendito es Él,
delante de todas las personas del mundo… y por cuanto que unificó el
Nombre del Santo, bendito es Él, es llamado iehudí - como iehudí
iejidí".
Aquí encontramos que el
Midrash aprende de la cercanía en la pronunciación entre las palabras
iehudí (judío) y iejidí (único), que Mordejai fue llamado iehudí
pues proclamó la unicidad de D'os en el mundo al negarse a
prosternarse delante de Hamán y su imagen.
Otra referencia la
encontramos en Divrei Hayamim (Apocalipsis) sobre Bitiá, la hija del
Faraón que rescató a Moshé de las aguas del Nilo: "…Y su
esposa la judía dió a luz a Iered…" (Divré Haiamim
I -I Crónicas- 4:18).
Pregunta el Talmud:
"Si su nombre era Bitiá,
¿por que acá se le llama Yehudit, (que es la forma femenina de Yehudi)?
Porque renegó de la idolatría…", la idolatría egipcia de la
casa de sus padres y comenzó a creer en El Di-s Unico.
Vemos en estos dos casos que
el Talmud y el Midrash se refiere básicamente a lo mismo. La pregunta
que corresponde hacer es ¿por qué el mundo nos conoce como iehudim
(judíos), si nuestros antepasados fueron llamados Ivrim (hebreos)? A lo
largo de todo el Tanaj somos llamados AM ISRAEL, aparte de la referencia
en la Meguilá, sólo en el libro del Profeta Zejariá (Sacarías 8/23)
encontramos “ISH YEHUDI “.
Nuestro Padre Abraham es
llamado IVRI, Itzjak es llamado Ish Ivri, Iosef es llamado Naar Ivri,
cuando la Torá nos relata sobre Moshé en Egipto, el pueblo es llamado
IVRI.
El profeta Iona (Jonas) al
ser cuestionado sobre su pueblo nos dice:
“yo soy hebreo, a
Di-s y al Todopoderoso, Creador del cielo Le temo, Quien creó el mar y
la tierra…”.
Entonces, la razón más
simple para contestar a nuestra pregunta es que después del
fallecimiento del Rey Shelomó (Salomón) la corona se dividió en dos
reinados, el reino de Iehudá al sur conformado por las tribus de Iehudá
y Biniamín, y el reino de Israel al norte conformado por el resto de
las tribus. Y por cuanto que el reino de Iehudá fue el que tuvo más
duración, después de su destrucción, cuando su gente fue llevada al
exilio babilónico fueron llamados iehudim pues provenían del reino de
Iehudá.
Sin embargo, el Maharshá
(Rabí Shemuel Eidels, 1555 - 1632), comentando el pasaje del Talmud del
tratado de Meguilá que recordamos anteriormente nos enseña una
explicación bastante novedosa. Él dice que las cuatro letras que
conforman el Nombre de D'os (iod, he, vav y he) están incluidas en la
palabra iehudí (iod, he, vav, dalet, he)..
La letra que no está
presente en el nombre de Di-s es la dalet. El valor numérico de la
letra dalet equivale a cuatro y ella simboliza los cuatro puntos
cardinales; y esto podría llegar a representar la idea de que en todos
los exilios donde el pueblo de Israel ha sido dispersado a lo largo y
ancho del mundo, en los cuatro puntos cardinales, el iehudí tiene por
función santificar públicamente el Nombre de D'os en el mundo,
cumpliendo su función de ser el pueblo elegido, como está escrito: "Y
ahora, si habréis de escuchar Mi voz y cuidaréis Mi pacto, ustedes serán
para Mí algo preciado de entre todos los pueblos, pues Mía es toda la
tierra. Y ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y un pueblo
sagrado…" (Shemot 19:5).
Encontramos que en el
pensamiento bíblico el judío es quien se apega a la verdad renegando
de toda clase de idolatría por mínima que sea, y está dispuesto a
entregar su vida antes de cambiar su fe en el D'os Único, en el D'os de
la verdad. Y de hecho, esto lo hemos visto muchas veces a través de la
historia cuando los judíos fueron forzados por griegos, romanos,
cristianos y musulmanes entre otros, a abandonar su fe y rechazar su
original forma de vida, bajo amenaza de muerte o torturas, mas nuestro
pueblo optó por dar la vida "al kidush Hashem", es decir,
para santificar el Nombre de D'os y la veracidad de Su Torá.
Por otro lado, tenemos la
obligación de estudiar, mantener y cumplir todo lo que la Torá y el
Tanaj (la Biblia) nos enseñan - estando prohibido agregar, cambiar o
eliminar cualquier precepto o parte de él, como dice la Torá:
"No agreguen a lo
que yo les ordeno a ustedes para hacer, y tampoco diminuyan de eso"
(Devarim -Deuteronomio- 4:2)
Así también encontramos en
el Talmud, que comentando el último versículo del libro de Vaikrá: "Estas
son las mitzvot que ordenó D'os a Moshé para los hijos de Israel en el
Monte Sinai" (Levítico 27:34), nos enseña:
"'Estas son las
mitzvot…' - de aquí aprendemos que ningún profeta tiene el
permiso de enseñar algo nuevo desde aquel momento" (Shabat
104a).
Nuestros Sabios nos enseñan
que la intencionalidad de este versículo es decirnos: "Estas
son las mitzvot que ordenó D'os a Moshé para los hijos de Israel en el
Monte Sinai, y no otras", pues ni siquiera un
profeta puede agregar o quitar un mandamiento a lo que está escrito en
la Torá.
Además, es interesante
notar que además de prohibir claramente cualquier agregado, sustracción
o cambio en Devarim 4:2, como recordamos anteriormente, encontramos que
la Torá hace más de 3300 años repite por segunda vez esta prohibición
tan sólo algunos capítulos más adelante, al referirse a los falsos
profetas que pudieren surgir en nuestro pueblo:
"Todo lo que
yo les ordeno a ustedes lo cuidarán para hacer, no le agregues a eso y
tampoco diminuyas de eso.
Si se levantase en tu
seno un profeta o un soñador de sueños y te hiciera una señal o un
milagro, y ocurriera la señal o el milagro que te había hecho,
diciendo: 'Vayamos detrás de otros dioses - que no los conocías - y
sirvámoslos', no escuches las palabras de ese profeta o ese soñador de
sueños, porque os esta probando Hashem vuestro D'os, para saber si
ustedes aman a Hashem vuestro D'os con todo vuestro corazón y con toda
vuestra alma. Detrás de Hashem vuestro D'os se encaminarán y de Él
temerán, Sus mandamientos cuidaran y Su voz escucharan, a Él servirán
y a Él se apegarán. Y ese profeta o ese soñador de sueños será
matado porque habló (algo que nunca existió) para alejarte de Hashem
vuestro D'os - quien los sacó a ustedes de la tierra de Egipto y los
liberó de una casa de esclavitud, para alejarlos del camino que te
ordenó Hashem tu D'os encaminarte por él, y eliminarás a la maldad de
dentro de ustedes" (Devarim 13:1-6).
De todo esto aprendemos que
un judío - que es alguien que se debe caracterizar por una ferviente búsqueda
de la verdad - no puede ni debe aceptar otros libros post-bíblicos
fuera de los conocidos como el Tanaj (la Biblia) que se terminó de
compilar en el siglo III antes de la era común, y que está compuesto
por la Torá , los Neviim y los Ketuvim - es decir por los cinco libros
de Moshé, los libros de los Profetas y las Escrituras o Hagiógrafos*.
El
Judío en el Judaísmo
Acorde con las leyes del
judaísmo, sólo es considerado judío quien nace de madre judía. Esto
lo aprendemos de la Mishná (tratado de Kidushín 66b), y el Talmud (Kidushín
68b) nos enseña que así lo enseñó Rabí Iojanán en nombre de Rabí
Shimón Bar Iojái basado en los versículos del libro de Devarim
(Deuteronomio 7:3-4), y fue debidamente legislado por el Rambam en su código
Mishné Torá (Hiljot Isuré Biá, cap. 15 halajá 4), y por Rabí Iosef
Karo en el Shulján Aruj (parte Éven Haézer 8:5).
Por otro lado, el judaísmo
le brinda a los no-judíos la posibilidad de abrazar la fe y la tradición
de nuestro pueblo si se convierten de la manera correcta y con la
intención correcta.
Conclusión
Por muchos años han habido
polémicas teológicas, tal vez las seguirán habiendo, pero hay que
tener muy en claro la posición del judaísmo al respecto. Shemá Israel
HaShem Elokeinu HaShem EJAD.
Él es uno, no tiene
hijos ni representantes humanos en la tierra. La Torá, Su sabiduría,
nos la entregó para ser estudiada y para poder entender - con nuestras
limitaciones - cómo podemos acercarnos a Él y cumplir con los
preceptos que Él nos ordenó.
Él no se equivoca, no
entrega un Antiguo Testamento y después lo renueva porque las
circunstancias han cambiado. Él vió, ve y verá desde el comienzo del
mundo hasta el final. Él nos creó y Él sabe cómo es el hombre.
En Su Torá nos enseñó
cómo vivir!