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Principios Generales de la
Sabiduría de la Kabalá
Introducción
Religión,
Dios y Alma
Muchos de
los términos que solemos emplear al referirnos a temas tales como judaísmo y
espiritualidad nos han llegado a través de traducciones y poseen una carga de
subjetividad en cuanto a su significado y objetivos. Esto ha afectado no sólo a
quienes se acercan a la Sabiduría de Israel a través de textos traducidos,
sino que ha llegado más profundamente aún, deformando nuestra percepción del
judaísmo. En otras palabras: nos hemos acostumbrado a evaluar e interpretar la
Sabiduría de Israel de acuerdo a parámetros ajenos a nuestra propia tradición.
Términos
tan familiares como "Religión", "Dios" y "Alma",
a partir de los cuales surgen las discordancias entre los defensores de la
"Religión" y los llamados "laicos", son conceptos extraños
al judaísmo. Tales conceptos se basan en traducciones simplistas y erróneas
que han dividido a los hombres y han creado confusión en nuestro mundo
espiritual.
El
vocablo "Religión" proviene del latín re-ligare es decir: volver a
ligar aquello que ha sido desconectado. Este concepto no aparece en los textos
de la tradición hebrea ni en nuestra tradición oral hasta la Edad Media. En
este período los sabios judíos se vieron presionados a tomar parte en
confrontaciones verbales a fin de demostrar la validez de la espiritualidad del
pueblo de Israel. A raíz de ello Sabios tales como el Rabino, Médico y Poeta
Iehudá Halevi (siglo X) en su libro "el Cuzarí" y Maimónides (siglo
XIII), específicamente en su "Guía de los Perplejos", se vieron
forzados a declarar que la Torá de Israel es también una "Religión"
organizada con bases lógicas y estructura desarrollada. Para ello recurrieron
al vocablo Dat, que significa norma e iniciación.
El judaísmo
consiste en la iniciación de un pueblo entero en las normas /mitzvót
que lo acercan gradualmente al Kadósh Barúj Hú . Estas normas
constituyen las leyes objetivas a partir de las cuales conforma el Kadósh
Barúj Hú a Su Creación, y que codificadas nos son transmitidas a través
de la Torá.
La palabra "Religión" no es adjudicable al judaísmo, puesto que
confunde y lleva a interpretarlo en base a doctrinas ajenas. El concepto
"religar" implica el acto de volver a ligar dos o más cosas
separadas. La Creación está permanentemente unida al Kadósh Barúj Hú,
de lo contrario no tendría existencia. El dilema reside en la forma en que el
hombre, síntesis de la Creación, se relaciona y percibe al Kadósh Barúj Hú:
con la conciencia de que EL y Su Creación son una Unidad, o seccionando la
continuidad de la realidad y la vida. Nuestra tradición especifica que todos
los aspectos de la vida son diversos grados de una misma y única realidad, el
Infinito/Ein - Sof. Esta realidad generada por el Kadósh Barúj hú
contiene todos los estados posibles, y es ilimitada e indivisible.
La
palabra "Dios" deriva del latín Deus, que a su vez proviene de Zeus -
divinidad mitológica griega - hijo de Cronos ,"Dios" del tiempo. Esto
dificulta nuestra comprensión y deforma nuestro concepto de la realidad, ya que
pretende definir la base y objetivo de la Torá de acuerdo a una lógica humana
limitada por el espacio y el tiempo.
Nuestra
tradición nos transmite que: "Antes de la emanación de las emanaciones y
la creación de los mundos, la Luz del Infinito llena toda la realidad"
(libro "Etz Jaím" - El Arbol de las Vidas), siendo la Creación una
proyección inferior de Su misma Luz.
En la Torá,
los libros de los Profetas, Escritos, etc. encontramos diez nombres generales
que designan diez formas en que el hombre puede percibir la plenitud de la Luz
Infinita expandida desde la Esencia misma del Creador (consultar el vocablo
NOMBRES en el cap. "Conceptos básicos").
Todos los nombres y denominaciones que la Torá emplea no se refieren a la
Esencia del Creador, ya que SU Esencia se encuentra por encima de todo nombre y
denominación posible. Los nombres que la Torá menciona para referirse al
Creador nos indican la percepción que el hombre tiene de la plenitud de la Luz
que se expande de SU Esencia denominada en el lenguaje de la Kabalá, Atzmút.
La
confusión y falta de rigurosidad continúan cuando llegamos al concepto
"Alma". Aquí generalmente se multiplican las definiciones, quedando
finalmente el concepto pendiente en una aureola "espiritual" y "mística"
sin contenido, objetivo ni dirección. Es decir, que cuando se habla de
"Alma" o espíritu se trata generalmente, como en los casos de
"Religión" y "Dios", de traducciones inexactas de las
nociones hebreas originales.
La Luz
proyectada desde el Infinito dentro del espacio de la Creación adquiere
diversas gradaciones a medida que desciende y se aleja de su origen y fuente.
Estos grados de la Luz del Infinito en su descenso por los diversos mundos
adquieren características diferentes de acuerdo a su distancia espiritual con
respecto a la fuente que la emite, el Infinito / Ein - Sof.
Para ello la tradición de la Kabalá posee una nomenclatura vasta y precisa, la
cual nos indica los diferentes grados y formas en que el "Alma" se
manifiesta. El estudio de esa nomenclatura (la cual desarrollaremos a lo largo
de nuestro libro), tanto en su forma teórica como en la aplicación de las
mitzvót, es la base del estudio de la Sabiduría de la Kabalá
Mitzvót:
Código que incluye 613 instrucciones contenidas en la Torá, para el trabajo
espiritual del pueblo de Israel.
Kadósh Barúj Hú: Denominación hebrea que se emplea para designar en
forma general al Creador.
I
Principios Generales de la Sabiduría de la Kabalá
Introducción
El
Lenguage de la Sabiduría
El
lenguaje en su forma escrita y oral es la herramienta básica para transmitir
una sabiduría. Por dicha razón nos es imposible entender el judaísmo sin el
conocimiento del real significado de los conceptos y códigos que transmiten
esta Sabiduría
La Sabiduría de Israel está compuesta por la tradición escrita/Torá
shevijtáv y la tradición oral / Torá shevealpé las cuales, en su
conjunto, conforman el conocimiento judío.
La Torá
de Israel, nuestra Sabiduría y tradición, se puede comparar a un gran prado
con frondosos árboles, fuertes ramas y profundas raíces a través de las
cuales extraen su vitalidad. Para que dichos árboles den su fruto, es preciso
una elaboración en la que participen todos los elementos de nuestro prado.
La semilla puesta en la tierra debe recibir luz y agua para, finalmente, dar su
fruto.
Nos relata nuestra tradición que el hombre se compara a un árbol del campo.
Para que el hombre pueda recibir, es necesario que transforme la materia prima
del mundo mediante su trabajo. En el mundo no hay edificios ya hechos, sino que
debemos construirlos; para comer pan debemos plantar, cosechar y luego hornear,
etc.
El Kadósh Barúj Hú nos dio los elementos básicos para poder completar
la Creación. El Kadósh Barúj Hú nos dio la Torá, el plano, pero para
extraer la Sabiduría contenida en la Torá debemos esforzarnos y extraer de
nuestro interior, ayudados por la Torá, los frutos. Cuando la Torá no es
trabajada y estudiada, es como quien tiene la semilla, la tierra y el agua, ya
que todo está en potencia, pero para comer pan hace falta el trabajo del
hombre. Y, a su vez, para que todos coman hace falta enseñar a arar, plantar,
cosechar, hornear y saber dar.
El
vocablo prado, en hebreo pardés, alude al prado de la Sabiduría, dado
que las iniciales de dicha palabra conforman las cuatro perspectivas a través
de las cuales entendemos la Torá.
La
primera inicial (P) se refiere al pshat.
Pshat caracteriza lo simple, es el relato literal de la Torá.
Es exactamente lo que leemos o escuchamos sin segundas intenciones. Es la raíz
de todas las formas de percepción.
La
segunda inicial (R) alude al remez.
Remez nos indica una insinuación. No tiene una diferencia substancial
con el pshat, mas revela lo interior de él.
El remez le da una dimensión más profunda al relato ya que los
personajes, las situaciones y todos los detalles presentados por la Torá,
inclusive las letras, nos transmiten una enseñanza siempre actual.
En el pshat las ideas son expresadas en forma directa, detallada y explícita
mientras que en el remez son mencionadas por la senda invisible de la
insinuación, y, el entendedor ... entiende.
Estos dos
caminos de entendimiento "cuidan" el interior de la Torá, ya que
ocultan más de lo que revelan.
Al entrar al laboratorio de un gran científico, sin el conocimiento de los códigos
de su ciencia, poco y nada entenderemos a pesar de tener todo frente a nuestros
ojos.
La tercer
inicial (D) nos indica el drash.
Drash proviene del verbo exigir. Esta lectura encierra una búsqueda en
la cual el hombre exige un significado más profundo del texto que en las
anteriores perspectivas.
La última
inicial del pardés (S) nos indica el sod.
Sod significa secreto.
El Zóhar uno de los libros más importantes de la Sabiduría de la Kabalá,
define al sod como causa, ya que quien conoce la causa conoce la
consecuencia, es decir el "secreto"
Mientras el pshat y el remez son para el principiante en cierto
modo pasivos, el drash y el sod son decididamente activos;
provienen de un imperativo totalmente conciente de la voluntad.
Cada una
de estas perspectivas, a través de las cuales la Torá se expresa y manifiesta,
no indica un cambio en la esencia interior de la Torá, sino en la forma en la
que se presenta ante nuestra percepción y entendimiento.
El Rab
Ashlag nos explica que, del mismo modo en que una persona se viste para
presentarse ante el público, la Torá se "reviste" con diferentes
"ropajes" para que los hombres puedan acercarse a ella gradualmente,
haciéndola parte de sus vidas.
El entendimiento integral de la Torá requiere una visión que sintetice la
Sabiduría en una sola y única visión, como si observáramos un mismo
acontecimiento desde todos los ángulos posibles al mismo tiempo.
Cada una de las perspectivas del pardés es imprescindible para que
nuestra comprensión de la Sabiduría sea plena.
Al ser el sod la causa las incluye a todas, ya que cuando comprendo el
significado interior tomo conciencia de los objetivos y comienzo a percibir el
orden en el cual cada aspecto cumple su función.
La
Sabidura de la Torá se expresa mediante cuatro lenguajes generales:
1)El lenguaje de la Torá.
Expresado en los 5 libros de Moshe (Pentateuco).
2)El lenguaje de la Halajá.
Compendio de leyes y codigos, que incluye la Mishná, el Talmúd, el Shulján Arúj,
etc., transmitido en un lenguaje técnico y sintético.
3)El lenguaje de la Hagadá.
Midrásh, relatos que amplían y continúan la tradición escrita, Torá
shevijtáv (Pentateuco) y la tradición oral, Torá shevealpé (Mishná,
Talmúd, Shulján Arúj, etc.)
4)El lenguaje de la Kabalá.
El lenguaje de la Kabalá utiliza todos los lenguajes antes mencionados. La
Kabalá por ser la parte interior de la Torá, no es una materia separada de la
Torá sino que sintetiza, une y le da forma a toda la Torá como un todo
indivisible.
El
vocablo Kabalá significa literalmente recepción, es decir, que dicho estudio
prepara al hombre para recibir todos los grados y planos de la vida como una
realidad única.
El capítulo
Pirkei Avót de la Mishná nos relata que: "Moshé Kibél Torá
MiSinai Umsará leIehoshúa ... " : "Moshé recibió la Torá
desde Sinaí transmitiéndosela luego a Iehoshúa . . . ".
El vocablo kibél / recibió se refiere a la Kabalá / recepción. Todos
los Patriarcas, Profetas y verdaderos Sabios del pueblo de Israel fueron y son Mekubalím
/ Kabalistas, es decir receptores y transmisores de la Sabiduría Interior
de la Torá, la Kabalá.
La Kabalá,
nos permite a través de su estudio, forjar los instrumentos para lograr una
lectura profunda, lúcida y objetiva de la Torá escrita/Torá shevijtáv
y oral / Torá shevealpé.
El conocimiento de esta Sabiduría nos introduce al trabajo espiritual conciente
a partir del estudio de las leyes que rigen los diversos planos de la realidad.
Dichas leyes están codificadas en los diversos textos de la espiritualidad de
Israel: la Torá, el Séfer Ietzirá, el Talmúd, el libro del Zóhar, el
Etz Jaím, el Shulján Arúj, el Sidur, etc.
El lenguaje de la Kabalá se denomina: lenguaje de las ramificaciones / sfát
haAnafím. Este lenguaje le da al vocabulario de la Torá, de la Halajá y
de la Hagadá una perspectiva multidimensional.
Cada concepto del lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím se
desprende de un concepto previo, encadenando así causa y consecuencia, tal como
sucede en un árbol en donde cada rama surge de otra rama. Quien siga
cuidadosamente el camino de las ramas llegará al tronco y luego a las raíces
que sustentan al árbol.
El libro
del Zóhar recoge la Sabiduría Interior de Israel, la Kabalá, transmitida por
los Sabios de la Mishná (compilación de la tradición oral de Israel) hasta el
tanaíta Rabí Shimón Bar Yojái (siglo II de la e.c.) El término zóhar
implica dos aspectos: brillo y esplendor,(de la plenitud de la Luz); y también
cuidado y advertencia (lehizahér), ya que para recibir y transmitir Luz es
necesario un sumo cuidado en nuestros actos e intenciones.
II
Principios Generales de la Sabiduría de la Kabalá - Introducción
El
Lenguaje de la Sabiduría II
El
lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím no se revela al
estudioso en su aproximación exterior, ya que se dirige a las causas interiores
de la Torá para lo cual es imprescindible el estudio de los códigos propios de
la Kabalá. Estos códigos actúan en todas las perspectivas simultáneamente, y
cuando logramos incorporarlos, adquirimos la sabiduría para ver las causas y
consecuencias interiores de la realidad y la vida.
Los
primeros libros que menciona nuestra tradición (de acuerdo al Midrásh y al
Talmúd como también a todos los escritos kabalísticos de todas las épocas),
aún antes de la entrega de la Torá, son libros netamente de Kabalá como el
libro "Raziél haMaláj" cuya existencia supera los 5000 años (Véase
" Midrásh Shojer Tov Bereshít ", " Meám Loez Bereshít ",
" Sefer haIashar Nóaj "), y también el "Sefer Ietzirá
"/ "Libro de la Formación" escrito por Abraham Avinu ("Sefer
Yetzirah", Aryeh Kaplan, Introduction XII).
La Torá escrita / Torá shevijtáv y la oral / Torá shevealpé
conforman las leyes objetivas que rigen la Creación, por lo tanto existen aún
antes del mundo. Esto es similar a las leyes físicas que el hombre no inventa,
sino que descubre.
Nos enseña
el Rab Ashlag que en lo espiritual, a diferencia de lo material, el acto de dar
y de recibir no son simultáneos.
Cuando alguien me da un objeto yo lo recibo inmediatamente.
En lo espiritual no es necesariamente igual. El dar y el recibir no son simultáneos.Quien
enseña una sabiduría no tiene garantía alguna de que ésta sea recibida, sino
que el "alumno" tendrá que esforzarse con el fin de aprehenderla.
La Torá
nos es entregada, Matán Torá, pero la recepción depende de nuestro esfuerzo.
Cada generación, a través de sus Sabios, debe revelar nuevos aspectos de la
Torá, ya que la Torá es un proyecto para todas la generaciones.
Abraham, Itzják, Iaacóv, nuestros Patriarcas, como individuos, previo a la
consolidación del pueblo de Israel, llegaron a entender los principios
generales contenidos en la Torá aún antes de Matán Torá (entrega de
la Torá). En cambio, cuando se piensa en todo un pueblo a lo largo de todas las
generaciones, necesitamos un sistema educativo integral basado en principios y
leyes que abarquen a todos los individuos, la recepción de la Torá / kabalát
ha Torá.
La Kabalá
nos introduce al conocimiento de cómo recibir todos los grados de la Sabiduría
a través de la aplicación de las leyes y códigos contenidos en la Torá, las mitzvót.
Cuando entendemos y llevamos a cabo las mitzvót en forma conciente, es decir,
no solamente en su manifestación exterior sino que también cambiamos nuestra
actitud interior, comienza a surgir la verdadera armonía entre las personas.
Entonces sí podemos pensar en la verdadera espiritualidad y en la fusión del
hombre con el Kadósh Barúj Hú. En cambio, hasta no llegar a ese
momento aún estamos centrados en nosotros mismos, es decir que no estamos
prontos para dar. Sólo cuando podemos dar, es decir extraer de nuestro interior
hacia el prójimo y la sociedad, comenzamos a conocer al Kadósh Barúj Hú .
El libro
del Zóhar nos enseña que el hombre fue creado para realizarse plenamente. Sólo
cuando nos relacionamos con la vida en forma completa podemos llegar a percibir
el orden en el que cada aspecto de la realidad cumple su función.
De acuerdo a la Torá, el hombre y la mujer deben encauzar todas sus energías
positivamente dando así continuidad a la vida(Génesis 1:28). Por dicha razón
el ideal judío es la familia, ya que nos brinda el marco propicio para que el
hombre y la mujer manifiesten sus instintos, emociones y pensamientos en forma
armónica. En familia aprendemos a compartir y a asumir la responsabilidad por
nuestros hijos y a entender a nuestros semejantes y a la comunidad.
Nuestra
tradición nos enseña que no juzguemos a nadie hasta no estar en su lugar.
Cuando damos, comenzamos a comprender a la fuente que sólo da, el Kadósh
Barúj Hú. De ello deducimos que el dar y crear armonía entre los hombres
requiere una voluntad constante, ya que no es suficiente dar sino que se debe
hacer con sabiduría.
Cuando pensamos sólo en recibir en forma egoísta, vemos a todos los hombres
como nuestros competidores, en cambio cuando queremos ayudar encontramos en los
hombres aliados para nuestro proyecto.
La verdadera construcción en la cual debemos invertir todos nuestros esfuerzos
es la de construirnos interiormente.
Hasta que el hombre no sea íntegro en su interior nada de lo que haga perdurará.
La torre de Babel (Génesis 11) es un claro ejemplo.
La Torá nos relata que había una sola lengua en toda la tierra ... y los
hombres quisieron edificar una torre cuya cúpula llegue al cielo ... entonces
el Kadósh Barúj Hú confundió su lengua y ya no pudieron entenderse, y
cesaron de construir la torre.
Los
hombres quisieron expandirse exteriormente sin tomar en cuenta su crecimiento
interior. Cuando no maduramos interiormente comprendiendo que el deseo de
recibir egoísta lleva a la destrucción, perdemos el lenguaje verdadero, los códigos
que nos dan la posibilidad de entender que tanto el bien como el mal nos van a
afectar a todos por igual.
Nuestro estudio y el desarrollo de nuestra vida de acuerdo a la Torá y la Kabalá
no son algo externo a nosotros. Conforman nuestro SABER y fundamentalmente
nuestro SER. A partir de ello nos convertimos en partícipes del "programa
de la Creación" que consiste en beneficiar a todas las creaturas
infinitamente.
La mitzvá
central de toda la Torá es "Amarás al prójimo, a quien está próximo a
tí, como a ti mismo", y hasta que el hombre no comprenda este principio,
todas las mitzvót serán incompletas. Amarás al prójimo como a ti
mismo es la actitud interior que nos ayuda a no repetir el error de la torre de
Babel.
Babel proviene del vocablo hebreo confusión (Bilbul), lo que nos indica
que cuando el hombre piensa sólo en sí, es porque está confundido, y no
comprende la razón por la cual está en este mundo ni el objetivo de su vida y
de la Creación.
III
Principios Generales de la Sabiduría de la Kabalá - Introducción
La
Percepción de la Realidad
La
realidad del hombre está limitada generalmente por la percepción sensorial, la
emoción, el pensamiento y la imaginación. Estos aspectos son los conductos a
través de los cuales nos relacionamos con la vida.
En la forma en que orientemos estos aspectos percibiremos la realidad; pero la
orientación, ¿de qué depende?
Depende del objetivo que tengamos. En esa dirección se dirigirá nuestra
orientación.
Un arquitecto, por ejemplo, concentra sus sentidos, su emoción, pensamiento e
imaginación en cómo delimitar de la mejor forma el espacio para construir
edificios; un químico se dedicará a la comprensión de las leyes que rigen los
elementos para crear nuevas substancias. Todos, no importa cual sea el área de
interés, concentran sus potencialidades en su objetivo, siendo el objetivo el
centro inamovible que atrae todas nuestras energías.
En todos
los ámbitos de la vida hay objetivos particulares y objetivos generales. Cuando
los objetivos particulares está en contradicción con los objetivos generales
se producen conflictos que desembocan generalmente en sufrimientos, tanto en el
plano individual como colectivo.
Un ejemplo claro de esto es el cuerpo humano: nuestro cuerpo está compuesto por
distintos órganos, cada uno con diferentes funciones, pero con un y único
objetivo: servir al bienestar del hombre.
El hombre está sano cuando cada órgano trabaja para este cometido. En cambio,
si cada órgano trabaja para sí descuidando su relación con el resto del
cuerpo, éste se resentirá y finalmente el propio órgano se verá afectado.
Debemos
comprender las leyes y los principios generales que gobiernan la Creación, o
sea, las 613 mitzvót que relacionan al hombre con su semejante y con el Kadósh
Barúj Hú. Al aplicarlos, lograremos equilibrar nuestros intereses y
objetivos particulares con el objetivo general que abarca a todos los seres y a
todos los aspectos de la vida.
Lo general y lo particular obedecen a las mismas causas, por lo tanto al
entender lo general comprenderemos mejor lo particular, es decir el sentido de
cada uno de los detalles que conforman la realidad y cuál es nuestro lugar y
función dentro de la Creación y la vida.
La base
del sufrimiento humano es consecuencia directa del desequilibrio entre lo
particular y lo general. El equilibrio se logrará cuando las voluntades
individuales estén en armonía con las leyes y los principios que rigen la vida
en todos los planos, lo cual ha de beneficiar a todos los seres por igual.
El logro del equilibrio entre lo particular y lo general, del hombre con su prójimo
y del hombre con todos los aspectos de la realidad,es justamente la razon de la
vida.
Este
proceso es la Creación, y consiste en el perfeccionamiento constante al cual el
hombre debe aspirar, es la razón por la que estamos en este mundo; es la base
del trabajo espiritual de Israel, la emuná de Israel.
La base de la Torá es la emuná que es un imún, o sea un
entrenamiento permanente en todos los momentos de la vida para que no olvidemos
el objetivo general cuando lo confrontamos a nuestros intereses particulares.
Este
entrenamiento no es algo simplemente intelectual, sino que es una forma de vida
basada en la Torá y las mitzvót que ayuda al hombre a actuar en armonía
con las leyes que rigen todos los ámbitos de la vida y de la realidad. La Torá
y las mitzvót nos confrontan a parámetros concretos para que sepamos
medir en todo momento nuestra relación con el prójimo, con la familia y la
sociedad en todos los órdenes de la vida.
"El
mundo material influye sobre nuestros pensamientos, emociones y actos. El gesto
exterior despierta nuestra actitud interior influyendo en última instancia
sobre nuestro comportamiento. El hombre se impresiona de sus propios actos, por
lo tanto la perseverancia escrupulosa en la práctica de las mitzvót, aún
al principio sin asociar el sentimiento, finalmente llega al corazón rompiendo
el hielo interior. Las ideas más elevadas, si no se materializan en actos
concretos, acaban por corromperse y corromper a sus adeptos. Por ello la Torá
nos transmite un código de leyes prácticas muy precisas adaptadas a todas las
circunstancias de la vida. La energía mental y emocional debe ser fijada por un
acto concreto, de lo contrario, corre el riesgo de transformarse en un
sentimiento vano y una idea abstracta.
Así como la cáscara protege al fruto, la acción efectuada a través de las mitzvót
cuida la integridad del corazón, mantiene los grados del conocimiento y
preserva la claridad de la visión interior".
Conceptos
extraídos del libro "Mijtáv de Eliahu", tomo 3 pag. 127
"Aquél
cuya sabiduría es superior a sus actos es comparable al árbol con follaje
pesado y espeso, pero con raíces débiles que el viento puede arrancar". (Pirkei
Avót )
La emuná
de Israel es una disciplina permanente en el desarrollo de la voluntad de dar y
beneficiar al prójimo.
Cuando esta voluntad y deseo son completos se logran los grados más altos de la
Sabiduría para así poder aplicarlos.
La Kabalá es el conocimiento judío que nos proporciona los instrumentos para
que la voluntad y el deseo se unifiquen con la plenitud de la Luz Infinita/ Or
Ein - Sof.
En la medida en que el hombre se esfuerza en beneficiar al prójimo, la Luz lo
ilumina y le descubre gradualmente todos los aspectos de la realidad.
Las Luces/Orót que dan la fuerza para poder realizar este proceso están
codificadas en la Torá a través de las mitzvót, dependiendo de
nosotros que ese conocimiento se aplique o permanezca latente.
En dicho aspecto reside justamente el libre albedrío del hombre; o nos
conectamos con la vida a través del conocimiento de las leyes que rigen la
Creación (con conciencia), o sufrimos por nuestra ignorancia.
La Sabiduría de la Kabalá es denominada también Sabiduría de la Verdad / Jojmát
haEmét, ya que si el hombre la estudia con entrega y con todo su ser, le
indica dónde está situado exactamente frente a sus semejantes y a la vida, y
cuál es su grado de conciencia con respecto a la Luz Infinita/Or Ein - Sof y
a su Creador y Creador de todo lo creado el Kadósh Barúj Hú.
Las leyes
y los principios generales, o sea las mitzvót, se explicarán a lo largo del
texto y más específicamente en el capítulo "Cuatro prácticas
ancestrales".
Emuná: Entrenamiento en el deseo de dar y beneficiar (se traduce comúnmente
como fe y creencia). Disciplina espiritual, toma de conciencia de la voluntad y
deseo de la Neshamá/Alma. Forma de conocimiento que amplía gradualmente el
espacio mental y emocional del hombre.
Imún: Entrenamiento, ejercicio. Proviene, al igual que el vocablo emuná, de la
raíz Amén.
IV
Principios Generales de la Sabiduría de la Kabalá - Introducción
Lo
Espiritual y lo Material
El Rabino
Iehudá Halevi Ashlag, Sabio Kabalista que vivió en Jerusalem hasta mediados
del siglo XX , en el comienzo de su comentario al "Etz Jaím" ( "Arbol
de Vidas", de Itzják Luria Ashkenazi conocido como el Ariz’al, siglo
XVI) nos señala que:
"
Debemos recordar que toda la Sabiduría de la Kabalá está basada en estratos
espirituales que no requieren ni espacio ni tiempo, y ninguna falta o cambio los
gobiernan ni afectan".
" La ausencia, como el cambio, sólo actúa sobre los estados materiales,
siendo allí donde reside toda la dificultad para los principiantes. Estos toman
a menudo dichos conceptos en su expresión material dentro de los dominios del
tiempo y el espacio, los cuales fueron utilizados por sus autores sólo como
referencias palpables de sus raíces superiores ".
-
Talmúd Eser haSefirót, Or Pnimí Capítulo I
Para
comprender lo que el Rabino Ashlag nos explica tenemos que ubicarnos por sobre
el plano físico y trasladarnos a conceptos tales como, por ejemplo, la alegría
y la tristeza.
La alegría y la tristeza se manifiestan en el mundo emocional del hombre y no
ocupan un lugar físico.
Cuando alguien está alegre y luego, por determinada circunstancia entristece,
no significa que la alegría dejó de existir, sino que ese hombre perdió
momentáneamente su capacidad de estar alegre. Pero si los estímulos que
generan la alegría vuelven, desaparecerá la tristeza y la alegría ocupará su
lugar.
Las emociones no ocupan un lugar físico, sino que abarcan el mundo emocional
del hombre siendo generalmente su influencia más poderosa que la realidad
material.
La emoción
y el pensamiento son poderosos instrumentos a través de los cuales el hombre se
conecta con la realidad. Aunque no debemos olvidar que son tan sólo medios para
lograr materializar nuestra voluntad y deseo.
La voluntad y el deseo son la fuerza interior que mueven al hombre, pero ... ¿Cuál
es el objetivo que motiva a esa poderosa fuerza ... ?
La voluntad altruista de ayudar y beneficiar al prójimo y a la sociedad o, por
el contrario, el deseo personal, egoísta.
En este punto radica la diferencia entre lo espiritual y lo material.
Espiritual
es la voluntad altruista de beneficiar al prójimo y material es el deseo
personal, egoísta. (cita del libro " Maamarei Shamáti " , pag. 107,
del Rabino Kabalista Barúj Shalom Ashlag).
Por eso nos enseñan nuestros Maestros que es fundamental aprender el lenguaje,
la terminología y los objetivos de la Kabalá de un verdadero iniciado en esta
Sabiduría. De este modo evitamos interpretar dichos términos fuera del
contexto de la Torá y la Kabalá, lo cual desemboca en sincretismos, pseudo -
espiritualidad y mística.
Kabalá
es el estudio del orden de causas y consecuencias espirituales que se generan a
partir de la causa primera, el Infinito / Ein - Sof.
Espiritual
es todo aquello que no resulta afectado o cambiado ni por el espacio ni por el
tiempo. No depende de estados emocionales o de lo que pensemos acerca de ello.
Es la causa que genera todo el mundo material.
Explicación: en el plano físico hay leyes que rigen la materia, como ser la
gravedad. Observamos que cada vez que un objeto entra en el ámbito de dicha
fuerza es atraído inexorablemente por ella, hasta que otra fuerza la
contrarresta.
La
actividad de la fuerza de gravedad no depende de lo que creemos o pensamos o
sentimos, sino que es objetiva y tiene sus propios códigos. Quien quiera
relacionarse con ella positivamente deberá conocer sus parámetros y sólo
luego podrá usarla en su beneficio.
La esencia de la fuerza de gravedad se encuentra por encima del mundo material
ya que no depende de la voluntad de los hombres.
Como en el caso de la gravedad, la esencia del mundo físico tiene su raíz en
el plano espiritual.
Las leyes
espirituales actúan en todos los planos: físicos, emocionales y mentales, pero
sólo percibimos sus consecuencias cuando nos relacionamos con la realidad
concientemente (como en el ejemplo anterior acerca de la ley de la gravedad).
Por el
contrario, cuando el hombre se relaciona con la realidad inconcientemente, sin
conocimiento de las leyes que rigen la vida, es como un niño que no tiene
conciencia de las consecuencias de sus actos.
Es importante definir precisamente el área a la cual se aboca este estudio. De
lo contrario podríamos perdernos en un laberinto de ideas ajenas a los
objetivos de la Kabalá.
El
objetivo de este estudio es educar a la voluntad y al deseo del hombre hacia el
bien colectivo, que es la meta de la Torá: "Amarás a tu prójimo como a
ti mismo".
El único
cambio posible que podemos lograr en la vida es la actitud interior, lo que
deseamos en nuestro corazón. El "mejor" sistema socio-político-económico
está destinado a fallar si el hombre es egoísta. En cambio, cuando cambiamos
interiormente buscando el bien colectivo, el "peor" de los sistemas
exteriores va a funcionar. Los verdaderos cambios y batallas se desarrollan en
nuestro interior. Para ello el hombre debe conocerse y conocer las leyes que
rigen todos los planos de la realidad. Entonces, tomará gradualmente conciencia
de su raíz y objetivo, unificándose con todos los hombres y con el Kadósh
Barúj Hú.
Nefesh,
Ruaj y Neshamá
Cuando la
Torá relata la Creación del hombre, en el libro del Génesis, nos dice:
... hizo al hombre, formó al hombre y lo creó. Génesis, 1:26, 2:7,
1:27
También
en el libro del Profeta Isaías encontramos el siguiente versículo:
" Todo lo llamado en Mi Nombre por Mí, los creé, los formé, también
los hice ". Isaías 43:7
¿Por qué
la Torá emplea tres verbos cuando se refiere a la Creación del hombre ?
Hizo, se refiere al mundo de la Acción y al nivel del alma que se llama Néfesh
y está relacionado con los instintos.
Formó, nos indica el mundo de la Formación y se refiere al nivel del alma que
se designa con la palabra Rúaj y que abarca el aspecto emocional.
Creó, designa el mundo de la Creación y está conectado con el nivel del alma
denominado Neshamá, el pensamiento.
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Verbo
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Mundo
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Aspecto del Alma
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Característica humana
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Crear
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Creación
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Neshamá
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Pensamiento
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Formar
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Formación
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Rúaj
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Emoción
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Hacer
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Acción
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Néfesh
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Instinto
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diagrama
1
Estos
tres niveles son tres aspectos básicos generales dentro de los cinco que
abarcan la totalidad del alma.
Para entender cada uno de estos aspectos hay un ejemplo tradicional, el cual nos
relata que el hombre es como un carruaje que se usaba antiguamente como medio de
transporte.
En el ejemplo, la carroza simboliza el cuerpo del hombre que por sí solo no
puede realizar ningún movimiento. Los caballos que tiran de la carroza son los
instintos, el Néfesh, que mueven la carroza físicamente en las
diferentes direcciones.
El cochero simboliza la emoción, el Rúaj, quien indica: parar, hacia la
derecha o hacia la izquierda, más rápido, más lento, etc.
Pero, cuando el carruaje se encuentra ante la posibilidad de tomar diferentes
caminos, ¿quién decide ... ?
La carroza por sí sola no puede moverse; los caballos esperan la orden del
cochero; y el cochero, ¿a quién obedece ... ?
... al pasajero, a quién no vemos pero es el que hace que todo se mueva y gire
en torno a su voluntad, ya que él fue quien "contrató" a la carroza
con los caballos y al cochero para conducirlo hacia su "destino" .
La Neshamá, esencia interior del alma, está representada por el
pasajero, y se reviste en el cuerpo a través de los instintos, emociones y
pensamientos para llegar a su objetivo: la toma de conciencia de su naturaleza y
su función en el mundo, para luego fusionarse concientemente con la Luz
Infinita.
A dicho
objetivo se puede arribar a través de dos caminos:
1) Con conciencia, cuando los tres aspectos del alma (pensamiento, emoción y
acción) están en armonía con las leyes que rigen la Creación, o
2) Con
sufrimiento, cuando los caballos, el cochero y el pasajero están en desacuerdo.
De lo cual se deduce que si el hombre piensa de una forma y siente de otra, sus
actos lo conducirán inevitablemente al sufrimiento.
Así como
hay leyes que rigen los fenómenos físicos, como ser la ley de gravedad, etc.,
también hay leyes que rigen los planos instintivos, emocionales, mentales y
espirituales. La verdadera libertad surge cuando el hombre obra en concomitancia
con esas leyes y no simplemente de acuerdo a su sentir momentáneo, instintivo
y/o emocional.
Por eso
el judaísmo, a través de la Torá y las mitzvót, es un estudio y un
entrenamiento constante en adaptar las características humanas a las leyes
superiores que rigen todos los planos de la Creación. La Torá nos transmite
las leyes objetivas que rigen la vida y la Creación, y las mitzvót nos
proporcionan los elementos prácticos, que cuando son bien aplicados, nos ayudan
a dirigir nuestros deseos hacia el bien de nuestros semejantes y el nuestro
propio, transformándonos de esa manera en "socios activos del programa de
la Creación".
V
Principios
Generales de la Sabiduría de la Kabalá - El Alma
El
Alma de acuerdo al relato de la Torá
Las
festividades del pueblo de Israel nos ayudan a afrontar el presente y crear el
futuro, y no tan sólo a recordar el pasado.
En Pesaj
conmemoramos la LIBERTAD. Pero debemos entender qué es la LIBERTAD en la
conciencia judía.
La LIBERTAD reside en actuar de acuerdo a nuestra verdadera naturaleza y
objetivos y no de acuerdo al sentir momentáneo.
Todos los planos que rigen la vida tienen sus leyes y es libre quien actúe en
armonía con dichas leyes.
El relato de Pesaj nos transmite estos conceptos y nos enseña cuál es la
naturaleza del hombre y su objetivo.
En dicho
relato el Faraón simboliza el Néfesh, instintos del hombre, que al ser
utilizados incorrectamente pueden esclavizarlo, como sucede en Egipto.
Egipto, en hebreo Mitzráim, proviene del vocablo meitzarím que
significa limitaciones. Cuando el hombre es esclavo de sus instintos, está
sumido en las limitaciones que él mismo se impone.
Para liberar al pueblo de Egipto, es decir al hombre de sus limitaciones, llega
Moshé: estrato del alma que se relaciona con el pensamiento.
Moshé, a
través de todo el relato bíblico, enfrenta al Faraón con el propósito de que
deje salir a su pueblo de la esclavitud. La mente guiada por la voluntad
superior quiere imponerse sobre los instintos para encauzarlos hacia el bien del
pueblo, es decir, hacia el bien del hombre.
En toda la trama bíblica vemos cómo Moshé, Aharón, Miriam, pueblo, Faraón,
Egipto, desempeñan cada uno un claro y determinado rol.
Cada uno de ellos conforma un aspecto de la naturaleza humana, y toda la trama bíblica
nos relata el drama existencial del ser humano.
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Personaje
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Aspecto del Alma
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Característica humana
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Moshé
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Neshamá
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Pensamiento Comprensión Superior
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Aharón-Miriam
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Rúaj
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Emoción
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Faraón
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Néfesh
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Instintos Deseo de recibir Egoista
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Pueblo
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Identificación
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Conciencia y deseo
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Egipto
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Mitzráim
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Limitación de las cualidades superiores, como
ser la generosidad
|
De
acuerdo al judaísmo, la LIBERTAD se logra cuando los tres niveles básicos del
alma: Néfesh / instintos, Rúaj / emociones y Neshamá /
pensamientos, actúan en equilibrio con las leyes que rigen la vida.
Cuando la conciencia humana sale de Egipto - Mitzráim, de las
limitaciones, y se identifica con los estratos superiores del alma actuando de
acuerdo a las leyes espirituales, es entonces cuando hay verdadera LIBERTAD.
En el relato bíblico, cuando Moshé sube al monte Sinaí a recibir la Torá,
Aharón no logra evitar que parte del pueblo haga el becerro de oro. Cuando el Rúaj
/emoción /Aharón queda a merced de un nivel de conciencia bajo, el hombre
sucumbe.
Gran
parte del pueblo pedía volver a Egipto: -¿hacia dónde nos llevas? - le
preguntaban a Moshé, quien guiaba al pueblo firmemente hacia la " Tierra
prometida ". Moshé simboliza el pensamiento dirigido hacia el bien
colectivo y puede ver los objetivos más allá de la situación momentánea.
Cuando la conciencia se encuentra en el nivel de la Neshamá, nuestro
Moshé interior, es decir a nivel de la comprensión superior, el hombre actúa
libre de sus propias limitaciones.
Esa es la verdadera salida de Egipto.
En la
noche de Pesaj se realiza el Seder, cuyo significado es orden. La Torá
nos transmite el orden de cómo debemos salir de nuestras limitaciones.
Por ello la Hagadá de Pesaj nos recuerda la responsabilidad que tienen
los padres hacia sus hijos de relatar dicho episodio generación tras generación,
sintiéndose cada uno como si él mismo saliese de Egipto.
[1]Hagadá
de Pesaj: Relato de la vida del pueblo de Israel durante su esclavitud en Egipto
hasta la liberación a través de Moshé y Aharón. La Hagadá se lee durante la
cena de Pesaj y es costumbre que los niños pregunten a sus padres sobre el
significado de dicho relato. Los Sabios y estudiosos suelen quedarse luego del
Seder profundizando y exponiendo el significado interior de la festividad
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