SER UN INVITADO

Enviado por Gabriel Ben Enocch de la Comunidad Sefardita de Costa Rica

B"H

(Adaptado de la publicación "Lejaim")

Ser un invitado puede ser  incómodo. Claro, es divertido no tener que
lavar los platos. O cocinar. O limpiar. O hacer un lavado, sacar la
basura, o poner a dormir a los chicos, o tomar cualquier 
responsabilidad relacionada con el dueño de casa. 

Ser un invitado en casa de alguien difiere de ser un invitado en un
hotel. Allí, pagamos por las atenciones recibidas. Estando en un
hotel, no sentimos ninguna culpa o gratitud. Ni tenemos que moderar
nuestras demandas.  En un hotel, pagamos por lo que consumimos. 

Siendo invitados, nos comportamos de lo mejor. No caminamos
descalzos, no dejamos el diario tirado, no abrimos el refrigerador;
incluso cuando el anfitrión nos da permiso. 

Preguntamos antes de tomar un libro, avisamos cuando salimos o
regresamos, preguntamos antes de usar el teléfono, pedimos permiso
para revisar el e mail y así sucesivamente. 

Como invitados, somos dependientes de otros. Somos materialmente
dependientes - por una cama, la comida, etc. También somos
dependientes en un sentido emocional o espiritual. Podemos ser
invitados, pero mal recibidos. El anfitrión puede proporcionar
comida, un cuarto, y demás, pero hacernos sentir como intrusos. Otros
crean una atmósfera de seguridad, de inclusión, de pertenencia - casi
nos sentimos como parte de la familia. 

Pero no importa cuán agradablemente nos alojemos, vivimos
tentativamente. Un invitado tiene un alquiler temporal, su estadía es
transitoria. No hay nada más eventual que un invitado.  

Ser invitado en la casa de otro es similar a la estadía del alma en
un cuerpo. El alojamiento del alma es temporal. Tiene un cuarto
metafórico, pero en cierto sentido el cuerpo no es su casa. El alma
no puede sentirse completamente cómoda en el cuerpo. Después de todo,
tiene que compartirlo con el alma animal. El lado egoísta y material
demanda primero los recursos del cuerpo. Pertenece al animal que
habita en nosotros y está sujeto a los impulsos del físico. 

Incluso podríamos decir que Di-s es un invitado en este mundo.
Aquellos que viven aquí no siempre actúan según Su Voluntad. Su
Presencia no siempre se siente. La Presencia Divina en este mundo se
parece muy a menudo a un invitado a la mesa de la cena – está
invitado a comer, puede participar de la conversación, pero no puede
ser el centro de atención. 

Pero todo cambiará cuando llegue el Mashíaj. Entonces nos
transformaremos en una casa para el alma y el mundo en una morada
para Di-s. El cuarto de huéspedes dejará de parecerse a uno de hotel
y será como parte de la casa. El alma se sentirá satisfecha dentro
del cuerpo y Hashem se pondrá cómodo en Su mundo. 

Quizás es por eso que los Sabios dicen que Hajnasat Orjim - recibir a
los invitados - es más importante que recibir la Presencia Divina. El
verdadero Hajnasat Orjim - un rasgo que heredamos de Abraham - más
que hacer que el invitado se sienta en casa, transforma nuestra casa
en Su casa.

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