El problema con la película de Mel Gibson no radica en que si es demasiado
violenta. Seguramente lo es.
Pero las imágenes de un hombre flagelado sin piedad y puesto a morir en la
cruz, me parecen tan violentas como las de Juana de Arco consumida por las
llamas, aunque no tan violentas como las de esos niños pulverizados en
Hiroshima.
El problema tampoco estriba en si la película culpa a los judíos por la muerte
de Jesús: esto podría ser una ficción “tan valida” como cualquier otra.
En mi opinión, el problema radica en insistir que esa acusación -así lo
hace Gibson anticristianamente- es totalmente fiel a la verdad histórica. Por
ello, en vez de discutir sobre si la película es fiel o no a la historia
narrada en los evangelios, sugiero que se hable más bien de si los Evangelios
mismos son fieles a la verdad histórica. De lo cual surge otro problema: hablar
de la veracidad histórica del Pentateuco. Porque ¿cómo pueden probarse históricamente
las cosmogonias de raíz religiosa? ¿Cómo pueden probarse históricamente los
hechos relativos al nacimiento de Jesús? Cómo probar históricamente sus
milagros? ¿Cómo probar su resurrección? ¿Cómo probar que de boca de un judío
haya salido esa infame autosentencia “que su sangre caiga sobre nosotros y
sobre nuestros hijos”?
El problema es que tanto el Pentateuco como los Evangelios (y por ende la película
de Gibson) pretenden hacer de un artículo de fe una verdad histórica. Y eso es
lo verdaderamente peligroso, no importa cuál sea la religión que lo proponga.
Mel Gibson ha declarado que no es antisemita (léase judeófogo), que tiene
amigos y socios judíos, y que siempre reza por ellos. A mí se me eriza la piel
cuando los católicos rezan por los judíos, porque la historia ha demostrado
que por lo general esos rezos vienen acompañados de palos. Y a veces de algo
peor: el garrote o la hoguera. Así que Mel Gibson, por favor, no reces por
nosotros los judíos. Yo soy un judío totalmente convencido de que los judíos
no mataron a Jesús. Yo soy un judío totalmente convencido de que a Jesús lo
mataron ¿supuestamente? Los romanos; que lo mataron por judío, por judío
culpable de sedición contra el imperio. No lo mataron por judío cristiano,
porque nunca han existido los judíos cristianos. Así como hubo judíos
fariseos, saduceos, esenios y zelotas, también hubo, supuestamente, judíos jesústicos,
pero judíos cristianos no, porque judío y cristiano son términos antitéticos.
Recordemos también que los Evangelios fueron escritos alrededor del año 70 por
cristianos para uso de cristianos. Y dado que a éstos les convenía lograr la
cristianización del imperio romano, es lógico suponer que la exculpación de
los romanos de la muerte de Jesús y la acusación contra los judíos en los
Evangelios, respondieran a razones puramente políticas. La consigna era
exonerar a los romanos –tanto a los gobernantes como al pueblo- de toda
supuesta culpa, para facilitar de ese modo que el cristianismo se instituyera
como religión oficial del imperio. Porque ¿cómo iban los romanos a aceptar
a un Dios a quien ellos mismos habían asesinado? Iniciarse en una religión que
te define como deicida de tu propio Dios es absurdo. Por eso los sacerdotes de
la nueva Iglesia romana se vieron en la necesidad de crear un chivo expiatorio:
los judíos.
Por eso tuvieron que acusarlos anticristianamente de ser los gestores de la
supuesta muerte de Jesús. Este es el inicio de las persecuciones y de las
matanzas de judíos a manos de cristianos. Este es el inicio de la demonización
del judío por razones religiosas. Por eso, he aquí el gran peligro inherente
en la película de Mel Gibson.
Es muy posible que en muchas partes del mundo, sobre todo en aquéllas donde la
gente vive sumida en la superstición, esta película avive las llamas de la
judeofobia. Así y todo te pido, Mel Gibson, que no reces por nosotros los judíos.
Tú afirmas que para realizar tu película te has dedicado únicamente a contar
lo dicho en los Evangelios. Pero esto no es lo que importa, reitero, es tu
insistencia en presentar la historia de los Evangelios como una verdad histórica.
Y yo te digo que, como ser humano, no sólo como judío, me resisto a aceptar
como verdad histórica la historia que se cuenta en los Evangelios y en tu película.
Porque una cosa es creer y aceptar que ciertos judíos asesinaron a uno de sus
propios profetas (Jesús), y otra muy distinta creer y aceptar que los judíos
mataron al Dios de los cristianos. Por eso, Mel Gibson, como buen creyente que
eres, te sugiero que en vez de rezar por nosotros los judíos, reces por ti
mismo. Porque te pregunto: El Dios ético del que supuestamente hablaba el
supuesto Jesús ¿no es el mismo Dios ético del que supuestamente hablaba el
supuesto Abraham? ¿Y no es también el mismo Dios ético del que supuestamente
hablaba el supuesto Moisés?
*Narrador, poeta, dramaturgo y catedrático peruano que reside en Nueva
York desde 1964.
Publicado el Caretas Nº 1814