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CONSTANTINO
Acerca
de este hombre se sabe lo que generalmente se ha enseñado, esto es; que
Constantino fue además de Emperador, el primer Emperador cristiano que trajo el
fin de las persecuciones contra los cristianos y por su conversión, finalmente
la paz en todo el Imperio bajo su mando. De la pax romana impuesta por la
espada, se paso a la pax cristiana ofrecida mediante la cruz (en realidad,
impuesta con la cruz).
En
el siglo II un nuevo culto de origen babilonio pero importado de Egipto, comenzó
a ganar adeptos entre las diferentes religiones paganas del Imperio, la adoración
al dios sol, que los egipcios conocían como "Ra" y los babilonios como
Mitra, su empuje fue tan
grande que el cristianismo, como no podía ser de otra forma, se vio enseguida infectado por esta idolatría
que vino a engordar la que ya de por sí tenía, y que
penetró a instancias de paganos mal convertidos a esa religión, e ignorantes de la verdadera
historia que se contaba acerca de un judío llamado yeshu.
Los
responsables gentiles de la iglesia cristiana y gentil, conocidos como
"padres" de la iglesia, primero se enfrentaron duramente con todos
aquellos que pretendían introducir ese culto idolátrico dentro del
cristianismo y que finalmente introdujeron, y después con aquellos cristianos
que adoraban al sol haciendo una comparación perniciosa entre su cristo y el ídolo
solar.
Constantino
fue uno de sus más fervientes adoradores, hasta el punto de seguir siéndolo aún
después de su hipotética conversión al cristianismo, no en vano el cargo de
emperador era compartido con el de sumo pontífice del culto al dios sol. El
mismo instó a los filósofos cristianos a que encontraran (y consintieran en su
caso), las similitudes teológicas entre su cristo y el sol. El ya había
encontrado sus particulares similitudes.
En
rigor, con Galerio, el Imperio estuvo al borde de la desmembración, este
peligro acosó de manera obsesiva a Constantino a quien la idea de un Imperio
roto le persiguió hasta su muerte, de ahí que todos sus esfuerzos tanto en lo
político como en lo religioso fueran encaminados a mantener la cohesión del
Imperio aún a costa de tener que tolerar y defender una religión en la que no
creía.
Los
diversos cultos paganos que se profesaban en Roma junto a las sempiternas
intrigas políticas, facilitaron la posibilidad de la división del imperio en
pequeñas asociaciones nacionales independientes, de hecho; a la muerte de Julio
César el Imperio dejó de ser la gloriosa república, y desde entonces muchos
romanos desearon sin éxito que volviera a establecerse. Así el
primer adversario que Constantino venció fue Majencio, el Augusto de Roma.
Rápidamente
Constantino se puso en movimiento contra él desde la Galia. Después de algunas
escaramuzas, se celebró la batalla final cerca de la ciudad de Roma, a las
puertas de la ciudad en el puente Milvio. Ahora, según cuenta la tradición, un
día en el que Constantino se encontraba invocando la protección divina del
dios sol a quien veneraba, vio la imagen de la cruz de los cristianos dentro del disco solar. Más
tarde tuvo un sueño en el que veía de nuevo la cruz dentro del sol y unas
frases escritas que decían: "In hoc signo vinces", con ésta señal
vencerás. Impresionado por la visión mandó inscribir inmediatamente en los escudos el monograma del sol y del cristo de los cristianos, que luego se convertiría en el signo de identidad del cristianismo.
Observemos
algunas peculiaridades del signo a parte de su significado idiomático: primero,
es una cruz dentro de unas aspas que representan a los rayos del sol, segundo,
es una cruz porque su forma con el círculo en la parte superior recuerda a la
pagana cruz de Atón Ra, el servidor del sol.
La
batalla contra Majencio tuvo lugar el 28 de Octubre del 312, está batalla señaló
el triunfo de Constantino.
En
el año 313, se firmó el Edicto de Milán por el que en el Imperio la libertad
de religión se reconocía oficialmente, aunque Constantino tuvo que vencer al
feroz Maximino quien todavía continuaba persiguiendo cristianos en la parte
Oriental del Imperio sin hacer caso del Edicto del Emperador.
Además
de esto, encontramos que tuvo una hipotética visión (que nadie más vio
excepto él y que los propios historiadores de la iglesia reconocen como ficticia), en la que vincula a
cristo con el sol, con lo cual si la
cruz de los cristianos y el sol de los paganos se habían yuxtapuesto eso le
sirvió para fundir en uno al cristo de los cristianos con el dios sol y por lo tanto
convertir al primero en dios, y que en
definitiva el sol a quien él adoraba, y el cristo de los cristianos podían ser la
misma cosa, la misma religión.
De
acuerdo a la opinión de Eusebio de Cesárea en su "Vida de
Constantino", éste no tardo en darse cuenta de que aquellos individuos vivían
únicamente para sus vientres, pues dejó perfectamente claro que eran
individuos ociosos que gustaban de malgastar su tiempo, especialmente en
discusiones estúpidas y sin sentido.
El ambiente que se respiraba
en todo el Imperio en cuanto a la doctrina acerca de la constitución de
yeshu, era un ambiente prácticamente
arriano, así es absurdo sostener que las iglesias cristianas estaban
enfrentadas en cuanto a esta doctrina sobre su supuesta divinidad. Y esto por
una sencilla razón, los cristianos supieron encontrar
motivos para ver en Constantino a un libertador de la talla de Moshe, surgió
en la historia como un mesías, y no tardaron en creer que Dios mismo lo había
enviado para defender a su iglesia, ¿por qué?, por las profecías mesiánicas,
obviamente tan distorsionadas y manipuladas como las que durante los
últimos dos mil años gustan de presentar para engatusar y engañar al
pueblo judío para que acepte las ensoñaciones de sus falsarios.
Yeshu, supuestamente,
había dicho que su reino sería establecido sobre la tierra, y que la iglesia
(según ellos) sería establecida como poder y como pueblo en substitución del
pueblo judío al que Dios había rechazado por su deicidio, los cristianos gentiles
creyeron que Constantino era realmente la personificación del su "mesías" yeshu. El error
de Constantino fue creérselo.
En
realidad la auto consideración divina había sido la tónica general de todo
emperador romano desde Tiberio. La innovación en Constantino la proporciona el
cristo de los cristianos gentiles de la religión pagana llamada
cristianismo.
De
entrada Constantino odiaba a los judíos por razones político/históricas, y el
que yeshu, según él, era dios, muriera en la tierra de los judíos, y según
le habían informado, a manos de
los judíos, le sirvió de catalizador para alentar y promover aún más ese
odio, el cual hizo extensivo a la liturgia cristiana y a los cristianos en todo
el imperio. Así impuso una religión absolutamente gentil con grandes
connotaciones paganas, pues consintió, ayudado por los obispos cristianos, que
las abominaciones idolátricas invadieran el cristianismo desde sus bases
transformando a ese cristianismo en una religión sincrética donde
las halla.
Para
entender el porque de una doctrina que presenta a cristo como si fuera D-s,
igual en esencia, poder, y gloria, se tiene que conocer primeramente la figura
que promovió semejante teología, y esa figura es la de Constantino el grande.
Constantino
pues, tenía prisa en que el cristo de los cristianos fuera tenido como dios, ya
que eso le daba en todo el imperio el poder necesario para mantener su cohesión
como emperador divino.
Antes
de ahondar en algunos de los hechos históricos más importantes, debemos recordar que de acuerdo a Eusebio de Cesárea, (al que citaremos muy a menudo por
escribir una biografía de Constantino) al emperador le causaba tedio y hastío
la religión cristiana, pero reconoció el valor de una sola divinidad por
encima de todo el panteón de dioses que lo único que habían fomentado era la
discordia dentro del imperio al existir la competencia que en muchos casos venía
respaldada por posiciones de poder y por el lucro económico.
Una
religión con un solo dios era más útil para sus planes que cientos de cultos
con decenas de dioses diferentes que a menudo se disputaban el mundo político. Si todo
hubiera quedado ahí a Constantino posiblemente
no se le conocería como el primer converso de autoridad absoluta, pero los
adoradores del sol que como él eran fieles devotos del culto a este astro cósmico,
se habían hecho cristianos pero mantenían la intención de imponer el culto al
sol dentro del cristianismo, la visión del lábaro que tuvo Constantino, y el
hecho de que él fuera pontífice de ese culto, inclinó la balanza en perjuicio
del cristianismo debil, a los cristianos que mantenían lazos directos con su
raíz judía original se les obligó, bajo pena de muerte si hacían lo
contrario, a romper todo vínculo con el judaísmo, y al día siguiente
a Nicea (metafóricamente hablando) nació el cristianismo, la religión del sol,
la religión de un Mitra "reformado" o transformado en yeshu (aún
hoy sagrarios y otros útiles litúrgicos cristianos poseen la imagen del
sol)
En
el año 306, Constantino se casó con Fausta de quien se dice descendía de la
dinastía divina de Hércules, de esa forma Constantino entraba a formar parte
de las divinidades por lazos familiares.*1
En
el año 310, Constancio padre de Constantino tuvo una visión dentro del templo
de Apolo, en esa visión se le ofrecieron coronas que simbolizaban no solo el
poder imperial, sino además la legitimación del sol invictus contra sus
enemigos, el dios sol, curiosamente tenía los mismos rasgos físicos que
Constantino. Este Constantino había ganado la batalla contra los dioses
antiguos, (su boda con Fausta solo pretendía legitimación divina),
pero se avecinaba un nuevo
dios
desde Israel.
Estas
dos citas evidentemente no dan mucha información en cuanto a lo que quieren
significar, sin embargo en la lectura del documento panegeryci latini,
encontramos que Constantino luchó en el ámbito religioso para conseguir
hacerse un hueco por el cual lograr la categoría divina, es decir; conseguir
ser reconocido como un dios, que a fin de cuentas era lo que todo emperador
venía siendo
para el Imperio. Todos los emperadores romanos se presentaban así mismos como
descendientes directos de los dioses, Diocleciano por ejemplo era descendiente
de Júpiter, Maximiano de Hércules, y así sucesivamente, Constantino deseaba
que fuera considerado descendiente de algún dios, de ahí la visión de su
padre la cual le abrió las puertas del trono.
Constantino
fue muy hábil al saber yuxtaponer su persona con la persona de yeshu, puede
que los cristianos no le vieran como a un dios, pero si conseguía que los
cristianos creyeran que yeshu era dios, y que él era una personificación de
su "cristo" al salvar a la iglesia, el resultado sería el esperado.
Es
precisamente este hecho el que determina si Constantino se convirtió al
cristianismo o no, de acuerdo a ciertos sectores, Constantino sin duda se
convirtió, pero la historia no nos dice eso, Constantino decidió que debía de
cambiar de protección divina, Apolo le servía en las Galias, pero su ambición
le llevaba hasta Roma, lo que hizo Constantino no fue experimentar una conversión,
pues nunca sufrió una crisis religiosa, él era perfectamente pagano,
Constantino sólo cambió de protección divina, la cual nada tiene que ver con movimiento religioso alguno, sino con la política, en la Roma de aquel
tiempo lo religioso se fundía con lo político pero no por cuestiones de credo
sino por cuestiones de poder.
Veamos lo que su biógrafo dice al respecto:
Sin embargo, convencido de que necesitaba alguna ayuda más poderosa que la que podían prestarle sus fuerzas militares, debido a los encantamientos malvados y mágicos que con tanta diligencia practicaba el tirano, buscó la asistencia divina, juzgando que la posesión de armas y de una soldadesca numerosa revestía importancia secundaria, pero creyendo que el poder de la cooperación de la deidad era invencible e inamovible. Así pues, reflexionó sobre qué dios podía brindarle una protección y una asistencia seguras.
Mientras pensaba en ello se le ocurrió que, de los muchos
emperadores
que le habían precedido, los que habían depositado sus esperanzas en una
multitud de dioses, dedicándoles sacrificios y ofrendas, primero habían sido
engañados por predicciones halagadoras, así como por oráculos que les
prometían toda la prosperidad, y luego habían acabado mal, sin que ninguno
de sus dioses les avisara de la inminente ira del cielo; en cambio, el único
que había seguido una línea de conducta totalmente distinta, que había
condenado
el error de los otros y había honrado al único dios Supremo durante toda su
vida había comprobado que este dios era el salvador y protector de su imperio y
el dador de todas las cosas buenas. Reflexionando sobre esto, y sopesando bien
el hecho de que los que habían confiado en muchos dioses también habían encontrado
la muerte de muchas formas diferentes, sin dejar familia ni descendencia,
linaje, nombre o recuerdo entre los hombres, mientras que el dios de su padre le
había dado, de una parte. manifestaciones y muestras de su poder; y
considerando además que los que ya se habían alzado en armas contra el tirano,
marchando al campo de batalla bajo la protección de multitud de dioses, habían
tenido un final deshonroso (pues uno de ellos se había retirado
vergonzosamente sin descargar un solo golpe, mientras que el otro, hallando la
muerte en medio de sus propias tropas, se había convertido en, por así
decirlo, mero juguete de la muerte): repasando, digo, todas estas
consideraciones, juzgó que era en verdad una locura participar en el ocioso
culto a los que no eran dioses y, después de muchas pruebas convincentes,
apartarse de La verdad; y, por consiguiente, opinó que le incumbía honrar
solamente al dios de su padre)6
Lo
que hemos visto en estas líneas es una clara evidencia de que Constantino no se
convirtió a nada, y mucho menos a la religión cristiana. Constantino únicamente
cambió de dios protector por interés político.
Veamos
que dice otra vez Eusebio de Cesárea acerca de esto:
Y por consiguiente, opinó que le incumbía honrar solo al dios de
su padre.
Constantino
optó por un dios, pero ignoró cualquier referencia a yeshu el cristo de los
cristianos. Porque Constancio su
padre, no era cristiano.
CODEX
THEODOSIANUS De entre todas las fuentes históricas que se pueden revisar no hay ninguna más fiable que el Código Teodosiano.
En el 429, el emperador Teodosio escogió a un
grupo de doctos para que efectuara una compilación de los edictos imperiales,
empezando por Constantino. En el 468 se publicó el Codex Theodosianus que
contenía dieciséis volúmenes fielmente escritos hasta en las notas añadidas,
lo curioso de este código es que en los primeros quince libros sólo aparecen
tres edictos de Constantino dedicados a la religión, la mayoría de sus edictos
religiosos aparecen en el último libro, la diferencia entre Vita de Constantini
de Eusebio de Cesárea y el Codex, estriba en el hecho de que la primera aborda a
un Constantino desde el punto de vista de la religión, mientras que el codex lo
hace desde la perspectiva política de esa religión, el estudio del codex nos
desvela que la religión no ocupaba ni un minuto de la vida de Constantino, no
era importante para él, la política de Constantino no viene determinada por el
cristianismo, sino que el cristianismo estaba determinado por las decisiones
imperiales, la religión formaba parte de su estrategia.
Ni
en Vita de Constantini, de Eusebio, ni en el codex Theodosianus, vemos ni un
solo ejemplo por el que podamos admitir que Constantino adquirió compromiso
alguno con la religión cristiana, sus sucesores sin embargo elaboraron leyes
marcadamente cristianas.
Uno
de los ejemplos que podemos ver de los libros 1 al 15, nos demuestra que todo lo
relativo a la legislación del dies solis invictus, se hizo partiendo de
principios políticos y no religiosos.
Otro
motivo más para determinar que Constantino nunca se convirtió al cristianismo
y evidentemente que jamás fue cristiano.
¡Constantino Augusto! ¡Que los dioses te sean propicios y te
guarden para nosotros!.
(7,20,22).
Una
cosa está clara, sus soldados no veían en él una amenaza para las antiguas
tradiciones, pues aún las leyes por él establecidas mantenían esas
tradiciones paganas, incluyendo las leyes relativas a los castigos, no hubo
atenuación del poder imperial, y el reino del terror fue una continuidad a la
de sus antecesores, no había pues en él nada del espíritu supuestamente
cristiano que se le atribuye en algunos sectores de esta religión.
Constantino como Mesías
Remoto christo
Es posible describir la religión de Constantino
sin hacer referencia a cristo, la idea de que Constantino no era cristiano es
real. Recordemos el método que Anselmo, abad de Bec, emplea en su obra apologética.
Poco después de ser nombrado arzobispo de Canterbury, en 1093, Anselmo dio a
conocer una obra titulada Cur Deus homo?
sobre
la doctrina de la redención. En el prefacio habla de sus dos partes. En la
primera trata los argumentos de los incrédulos que afirman que la fe cristiana
es contraria a la razón. Pero lo hace partiendo de premisas comunes que todas
las personas racionales podrían aceptar, «dejando de lado a yeshu, como si
jamás se hubiera sabido nada de él». En la segunda parte, basándose en las
mismas premisas, «como si nada se supiera de yeshu», demuestra la necesidad
de que D-s se haga hombre. Anselmo empieza,
remoto
Christo, a partir de cuestiones de hecho y de observación, y prosigue
hasta sacar conclusiones que demuestran (al menos a su propia satisfacción) la
verdad de la fe cristiana. ¿No podría afirmarse que también Eusebio arguye,
remoto
Christo, que los que han observado los hechos y acontecimientos de que
habla se verán arrastrados ineludiblemente hacia la conclusión de que señalan
la verdad del cristianismo? ¿Explican a esto la falta de referencias a cristo,
convirtiendo una observación negativa en una virtud apologética positiva? Brevemente, la respuesta es que no. Aunque Anselmo empieza sin hacer referencia a yeshu, al final su propio argumento le obliga a incluir a yeshu en las conclusiones. hay un hueco con forma de yeshu al final del argumento, un hueco que pide que lo llenen. Su imagen verbal es incompleta, o cambiando la metáfora, falta una pieza cruciforme del rompecabezas. Anselmo no necesita ponerla en su lugar; hasta sus oyentes incrédulos se ven empujados a reconocerlo a su pesar. Pero esta no es la situación con que nos encontramos en la oración «En alabanza de Constantino». Sus temas son el del Soberano del cielo y el soberano de la tierra; el de la elección del emperador por Dios, para que sea su siervo; el de la fidelidad de Constantino; el de la división del trabajo entre el Logos y su amigo. En ningún sentido falta algo o alguien. El paralelo del cielo y la tierra es completo; no hay ningún hueco en forma de yeshu. Eusebio puede hablar de la relación de Constantino con dios, sin mediación de yeshu. Puede hablar de realeza, sin hacer referencia a yeshu. En Anselmo no se toma en consideración a yeshu. La oración se pronuncia remoto Christo, pero no es que a cristo se le aparte sólo por el momento. A cristo se le aparta en toda la oración y no se hace referencia alguna a él en la conclusión. Para Anselmo, cristo apareció por necesidad; para Eusebio, no hay ninguna necesidad de mencionar a cristo. La relación entre Constantino y ese dios es directa y no mediada. Ese dios le ha elegido. Ese dios le ha dado una nueva señal de salvación, el lábaro. Por medio de Constantino, ese dios ha conseguido cosas nuevas; diríase, de hecho, que por medio de Constantino la tierra se ha aproximado por fin al cielo. La oración no nos presenta un recurso apologético sumamente sutil: yeshu no es apartado temporalmente, sino excluido de la historia. Los que creen que Constantino era cristiano encuentran esta situación totalmente inexplicable. Pero si empezamos a investigar la religión de Constantino escuchando la oración de este obispo cristiano, entonces no hay ningún problema que deba resolverse, ninguna dificultad que sea necesario explicar. ¿Cómo puede Constantino ser devoto del dios de los cristianos y, pese a ello, apartar al cristo que esos adoran? La respuesta es tan sencilla como ofensiva para la tradición. Constantino ha sustituido a yeshu. En la religión que Eusebio describe, y la describe en presencia del emperador, Constantino es el nuevo mesías, y siguiendo la tradición imperial, será un dios, y en él están depositadas las esperanzas del mundo.
La nueva epifanía Ya hemos visto que alabar a Constantino no era una tarea difícil pero aun así, Eusebio comienza colocando al soberano en algún lugar aislado y fuera del alcance de los hombres, sin llegar al mismo nivel que ocupa D-s. Honrará «las virtudes semidivinas del propio soberano», se concentrará en «sus cualidades más divinas» y «narrará los misterios inefables del soberano». E incluso mientras niega que el emperador sea divino en el sentido pagano, al llamarle «el soberano modelo» le atribuye perfección. El misterio que se dispone a desvelar ante sus oyentes no es el misterio del Soberano, sino el soberano. Incluso en el prólogo se nos prepara para la revelación de que si éste es un hombre mortal, nada comprendemos de él si lo enfocamos desde la perspectiva de la tierra. Al emperador sólo se le puede comprender en su relación con el dios. Es de esta relación de donde nace el jubileo, que es una forma no demasiado sutil de afirmar que la existencia misma del imperio se debe a esta relación entre Soberano y soberano. La relación es así de directa y pragmática. «Este Unico, el Supremo Soberano, nuestro soberano triunfante en persona nos lo alaba, habiendo percibido plenamente en él la causa de su imperio...» (1, 84). No hay aquí ninguna mediación. El imperio no existe «por medio de Jesucristo nuestro Señor», como podría cantar la Iglesia, No, el imperio y, por ende, la razón del jubileo, no se remonta a yeshu y la cruz, sino a la conversión de Constantino, el lábaro y la victoria de Puente Milvio que fue el principio de la historia. La relación es personal con el emperador, y mediante él mantiene el dios unido el imperio. Pero a cambio el emperador ha hecho que sus súbditos conozcan a este dios, gran soldado, sí, pero el misterio de su ser se extiende más allá de este papel. Las multitudes nutridas dependen de él también para la verdad del dios; son «instruidas por el gran maestro salvador» (1, 84). Es por medio de esta relación especial con el dios que llega su salvación; él se merece el título de «salvador». Eusebio es fiel a su promesa; no pierde tiempo alabando los logros más mundanos de su rey. Esta combinación de soldado y maestro tiene una larga historia en el pensamiento político griego y se remonta, como mínimo, hasta Platón. Para seguir investigándola, Eusebio recurre a otro concepto griego, el Logos, el principio divino, eterno y creativo, autor del Bien, maestro de bondad. Este «Logos Preexistente y Unigénito» (1, 85) se introduce ahora de un modo totalmente platónico. El autor del Evangelio de Juan había adaptado esta tradición, afirmando que «a los suyos vino». se encarnó en yeshu. Pero éste no es el contexto del Logos en la oración. En ningún momento se da a entender que el Logos deba comprenderse en términos cristianos. El modelo es totalmente platónico. "Y este mismo Único sería el Gobernador de todo este cosmos, el Único que está por encima de todo, a través de todo, y en todo, visible e invisible, el omnipresente Logos de D-s, de quien y a través de quien, llevando la imagen del reino superior, el soberano querido de D-s, en imitación del Poder Superior, lleva el timón y endereza todas las cosas de la tierra" (1,85). No hay aquí ningún pensamiento de encarnación o mejor dicho, en esto se nos prepara para una afirmación mucho más sorprendente que vendrá más tarde; el Logos se encarna en Constantino. La «imitación» no es la de un niño sentado en el asiento de conductor de papá, al volante del automóvil. No, lo que tenemos aquí es la duplicación en la tierra de lo que se halla presente en el cielo. Eusebio nos está explicando el mecanismo por medio del cual la voluntad de D-s se cumple en la tierra como en el cielo. El Logos cogobiema con D-s en el cielo, y este resulta que no es cristo, sino Constantino: «Su amigo, aprovisionado de los arroyos reales y confirmado en el nombre de una vocación divina, gobierna en la tierra durante largos períodos de años» (II, 85). Hay un reflejo. El Logos es Salvador en el cielo mientras su amigo prepara a los de la tierra para el reino celestial. Esto no es un modelo cristiano sino platónico. A medida que continúa es religioso, pero todavía no es cristiano. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, la cruz de yeshu fue considerada la señal salvadora no sólo frente al pecado, sino también frente a los demonios del aire y frente a la muerte misma. Pero mientras Eusebio describe la nueva división del trabajo, el Logos se ocupa de los principados y los poderes del mal, «todos los que solían volar por el aire de la tierra e infectar las almas de los hombres», mientras su amigo «sojuzga y castiga a los oponentes visibles de la verdad mediante la ley del combate» (II, 86). Este panorama no tiene ni pizca de cristiano y el punto decisivo está en que la victoria no la obtiene la cruz de cristo, sino el lábaro de Constantino, pues éste sale a combatir «armado contra sus enemigos con el estandarte de Él que está arriba» (11. 86). La pauta empieza a ser clara. No podemos decir sencillamente que Eusebio escribe como si no tomara a cristo en consideración, como si se valiera de alguna teología natural para expresar la fe cristiana sin nombrar, de hecho, a cristo ni a su cruz. No, la oración va mucho más allá de esta omisión negativa. Vemos aquí una exclusión positiva. El Logos no es yeshu encarnado, porque es en Constantino en quien se encarna el Logos. ¡Atención! ¡Aquí comenzó a fraguarse la doctrina de la trinidad, o mejor dicho; la doctrina que hacía de yeshu uno igual a D-s!. No es que el siervo de yeshu herede la victoria ante los demonios en la virtud de la cruz. No, en la nueva economía divina el siervo del Logos es victorioso en el mundo material y lucha bajo una señal que le ha sido dada específicamente antes de su primera batalla. No se trata de alguna sutil forma apologética de cristianismo. Es una religión totalmente distinta, y de ella cristo no se halla ausente de momento, sino excluido de manera permanente. El jubileo es la celebración de esta economía divina. El dios ha dado a Constantino la victoria en la tierra. A cambio, Constantino no ofrece los sacrificios de animales propios del mundo pagano, sino algo que complace mucho más al dios, «dedicándole a El su propia alma real y una mente totalmente digna del dios» (II, 86). En virtud de la fuerza y la orientación del dios, empieza a nacer un mundo nuevo y de él Constantino selecciona para el dios algo incomparable: «El mismo ha hecho una gran ofrenda, el primer fruto del mundo que le ha sido confiado: él mismo» (II. 86). Es «un buen pastor» (II, 86) que conduce su rebaño haciendo de sí mismo el primer sacrificio. El lenguaje de esta sección tiene resonancias de la carta a los Hebreos, pero no es un pasaje cristiano. Al contrario, lo que normalmente se atribuiría a yeshu aquí se atribuye a Constantino. No es cristo apartado momentáneamente, sino cristo sustituido. Eusebio ve en ello el cumplimiento de una profecía del Antiguo Testamento. Para la Iglesia, la transformación fue milagrosa: cesó la persecución y comenzó la protección, casi de la noche a la mañana. El Libro de Daniel cuenta la historia de Israel en la que con los sucesivos imperios, las persecuciones han sido incesantes. El autor predice que llegará un tiempo en que todo esto cambiará y "recibirán el reino los santos del Altísimo" (la iglesia ¿quién sino creen los cristianos?). Eusebio cita este pasaje, que él considera perfectamente apropiado, pero más intrigante es el hecho de que ahora sea por medio de Constantino que el dios ha cumplido su promesa. Aunque la religión de Constantino no sea cristiana, al servir al dios de los cristianos puede considerarse que las promesas que ese dios hace en la Biblia se refieren a él. Después de esta digresión bíblica, Eusebio vuelve una vez más al contexto pagano. El escenario son los juegos imperiales, pero ahora el dios preside y en virtud de los logros de Constantino "le declaré vencedor" (II, 87), en lugar de simplemente gobernante de una porción de tierra. Ahora la imagen aparece ampliada. Si los cuatro césares, como potros salvajes, gobiernan segmentos del imperio, Constantino es su pastor, supervisándolos desde lo alto. Pero Eusebio usa una imagen más explícita que ésta. "Sujetando las riendas muy por encima de ellos, cabalga y cruza por igual todas las tierras que el sol contempla. él mismo presente en todas partes y vigilándolo todo" (III, 87). A menudo, Apolo era representado conduciendo un carro por el firmamento, y este emperador más que humano, de la real casa del sol, cumple sus más que humanas responsabilidades de la misma manera. Los que desearían cristianizar la oración podrían señalar que a principios del siglo IV ya se mostraba al propio cristo conduciendo un carro por los cielos. Pero ¿eso hace que la oración sea más cristiana, o menos? En ese caso, una vez más se vería a Constantino sustituyendo a yeshu y reclamando, con cierta justificación, la propiedad del vehículo. Después de todo, su lábaro demostraba que todavía tenía licencia para conducirlo. La imagen es cristiana, y pagana, y ambas simultáneamente, es, puestos a decir, una vuelta a la religión del pasado. Es sencillamente una imagen que está disponible para reforzar la estructura platónica del cristianismo, la verdadera cara de yeshu con la máscara del emperador. En otras palabras, el cristianismo se formó no en torno a la figura de yeshu sino a la de Constantino, todo lo demás son puros fuegos de artificio.
"Pertrechado así a
semejanza del reino del cielo, conduce los asuntos de abajo con la mirada
dirigida hacia arriba, para guiar por la forma arquetípica" (II, 87).
De ahí las fiestas presentes. El Logos "ha
moldeado el reino de la tierra a semejanza del que hay en el cielo"
(IV, 88), para delicia del dios padre, que;
"ha recompensado al líder y causa de esta
excelencia con honores tan duraderos, que ni siquiera tres períodos de diez años
bastan para su gobierno, sino que, en vez de ello, se lo otorga para tanto
tiempo como sea posible y lo extiende incluso hacia la eternidad distante"
(VI. 91).
"De la misma manera, los
honores del gobierno mundial de nuestro victorioso soberano, otorgados por el
donador de todos los beneficios, obtienen el principio de nuevos beneficios.
Porque ahora su reinado ha cumplido una fiesta tricenal, pero ya está
alcanzando
intervalos más largos y fomentando esperanzas de beneficios que aún han de
llegar en el reino celestial" (VI, 94).
"Ningún ojo humano ha visto esto, ni oído alguno lo ha discernido, porque no es posible que la mente encerrada en la carne discierna las cosas que están preparadas para los agraciados con la piedad, tales como tú mismo, el más temeroso de D-s entre todos los soberanos..."
De hecho, Constantino se ve incluido en un grupo
selecto y distinguidísimo, el de aquellos para quien se prepara el mayor
premio del cielo. Pero formar parte de algún grupo, aunque sea tan selecto como
éste, no es el Lugar sin igual que Eusebio ha reclamado anteriormente para su
soberano, y procede a hacer la afirmación más extraordinaria que ha hecho
hasta ahora.
No hay aquí ninguna referencia a yeshu. ninguna
indicación de la importancia salvadora de la vida y la muerte del
yeshu que predicaba el cristianismo. La historia del mundo ya no depende de los acontecimientos que
tuvieron
lugar tres siglos antes, en un rincón del imperio. Desde el principio
del mundo, sólo a Constantino se le
ha dado el poder de la salvación. cristo apartado, cristo excluido y ahora
cristo negado formalmente. No olvidemos esto al leer la última parte del
argumento.
La señal salvadora que le fue revelada a Constantino era el lábaro y no la presunta cruz de yeshu. Y es por medio de esta señal que los bárbaros y los demonios han sido derrotados por igual; a resultas de ello, Constantino se erige ahora en único salvador del mundo. El escenario es el siglo IV y no el I. El mundo, espiritual y material, no se salvó hasta Constantino. Ahora, se hacía necesario un cuerpo de doctrinas en las que sustentar al nuevo cristo, a Constantino, este encargó a Eusebio la recreación ideal de aquel presunto y supuesto "Jesús de Nazaret" pero pensando en el emperador. "Harás un libro que será leído y creído por todas las iglesias del Imperio", la recreación e invención del nuevo testamento. Quizá al llegar aquí los que se encontraban en la corte imperial se miraron unos a otros y se preguntaron qué era lo que el venerable obispo iba a decir seguidamente, después de expresar con creces lo que cabía considerar como una alabanza apropiada para la ocasión. Pero Eusebio, después de hacer una pausa, continuó, aunque en tono más comedido y como mínimo, llevó adelante el pensamiento final, el de la batalla con la muerte y las hordas bárbaras. Describe una sociedad totalmente entregada a excesos paganos, sensual, incluso bestial, dedicada a la búsqueda, no de la verdad, sino de la falsedad; devota, no de la vida, sino del dios de la muerte. Pero al descubrir Eusebio esta sociedad como si fuera uniforme en todo el mundo, es como si una vez más tomara en préstamo cosas de los escritos cristianos e incluso de sus propios anales de los confesores y los mártires que conservaron su fe en ese yeshu durante los siglos de persecución. Y, pese a ello, Eusebio, el más grande historiador de la Iglesia primitiva, nos presenta una crónica extrañamente retorcida de los acontecimientos. "En semejante situación. ¿qué tenía que hacer el soberano de los oprimidos?" (VII, 96), el arma secreta contra sus enemigos era, desde luego, Constantino. Pero la gran persecución había concluido virtualmente antes de que Constantino empezase su trayectoria y ciertamente, antes de su conversión. Volvió a encenderse brevemente bajo Maximiano y Licinio, pero el panorama que nos pinta Eusebio tiene por obvia finalidad provocar un efecto más que dar un testimonio histórico. Creo que queda evidenciado el verdadero interés de Constantino en todo el asunto de la consideración divina de cristo, él había excluido a cristo y se había puesto en su lugar, había usurpado el trono a yeshu y él mismo se veía como mesías y dios. La iglesia no estaba por la labor, no al menos en los términos exigidos por Constantino pero la idea de que el imperio volviera oficialmente al paganismo y por consiguiente a las temidas persecuciones, hizo que los obispos y filósofos cristianos, buscaran una fórmula que agradara al emperador y no eliminara a cristo del plan de la salvación. ¡por eso en Nicea se especuló con la posibilidad de eliminar una de las dos posiciones teológicas enfrentadas!, o incluso borrar al mismo cristo si eso hubiera sido necesario. CONSTANTINO 2
Constantino
se empeñó en conseguir establecer el monoteísmo como religión oficial del
estado, pero no desde un compromiso religioso, sino como un fin político, su
objetivo era reforzar el concepto de un solo dios para evitar fisuras en el
imperio. El hecho de que Constantino se sentara entre obispos, y teólogos ocupándose
en cuestiones de doctrina, no significa el interés de este por la religión,
sino que de esa forma, con su presencia se aseguraba que las decisiones eran las
que el quería. En definitiva Constantino no intervenía por convicciones
religiosas cristianas, sino porque ciertos asuntos amenazaban la unidad de la
iglesia, vital para mantener la unidad del estado, la iglesia para Constantino
era el instrumento para mantener la cohesión del Imperio. Por ese motivo
cualquier cosa que amenazara la unidad de la Iglesia, era una amenaza para el
mismo Imperio.
Para
Constantino el cisma no tenía la más mínima importancia teológica sino política.
Sus
dos intervenciones más conocidas, las polémicas en torno al cisma donatista y
al arrianismo son significativas en cuanto al modo de proceder de Constantino.
En
el cisma donatista influyó la muerte de Mensurio obispo de Cártago y que
ocurrió en el 312, el nombramiento de Ceciliano para sucederle provocaría la
división en la Iglesia y por inercia la ambición de Constantino se vería
amenazada. Inmediatamente entró en escena Constantino por cuanto que el nuevo
nombramiento provocó un levantamiento nacionalista, Constantino no actuó como
cristiano preocupado por la disputa teológica que surgió entre los donatistas
y los cecilianos (llamados también católicos), sino que actuó como emperador
y soldado, y sobre todo como político.
Donato
contaba con el apoyo del pueblo númida y con el pueblo de Cártago, y a
Ceciliano sólo le apoyaba el clero. Constantino decidió sostener las
aspiraciones de Ceciliano, las cuales además de las religiosas, eran también
favorables al estado y al emperador. En realidad el cisma no fue provocado por
Donato, sino por Cecilio, pero como Cecilio contaba con muchos partidarios en
Italia, el cisma jamás llegó a conocerse como "cisma ceciliano",
sino como el cisma donatista, el verdadero cismático era Cecilio.
Las
disputas eran cuestiones de ortodoxia, los cecilianos (católicos) favorecían
la existencia de un cristianismo más mundanalizado, sin el rigor que los
donatistas exigían.
En
las persecuciones anteriores, muchos habían caído de esa fe y habían entregado
sus escrituras, e incluso habían ofrecido sacrificios a los dioses y otras
abominaciones, con tal de salvar la vida. A causa de las persecuciones muchos
cristianos decidieron evitar el enfrentamiento con las autoridades, y optaron
por vivir un cristianismo que al final no era nada más que un paganismo
cristianizado. Estos vivían sus vidas dentro del imperio romano y no querían
saber nada de la iglesia martirizada.
Los
cecilianos promovieron la dispensa y la tolerancia para todos aquellos
que caían, de tal manera que un sacerdote podía celebrar la eucaristía a
pesar de haber traicionado "al señor" aún en las formas más abominables.
"Cuando
estalló la persecución en la primavera del 303, gran parte del clero y de los
fieles se apresuraron a ofrecer sacrificios y a entregar las escrituras sin
miedo evidente a las consecuencias futuras"
Historia
de los dogmas, Dover publications pag., 152, Harnak 1961.
Para
los cecilianos, un cristiano no dejaba de ser cristiano y salvo a pesar de
traicionar a su yeshu en las formas más paganas de la idolatría.
Es
sumamente importante que captemos el significado de la presencia de los
cecilianos en las esferas altas del poder, precisamente al lado del emperador,
ya que los cecilianos (la mayoría corruptos) no tenían reparos en permitirle a
Constantino sus ansias de creerse un dios, al viejo estilo de sus
antecesores en el trono, Constantino además consintió que estos treparan hasta
la cúpula de la jerarquía eclesiástica, y puesto que el cristianismo de estos
cecilianos era un cristianismo favorable al estado, era imposible que yeshu no
acabara siendo dios, dado que Constantino era visto y aceptado como una encarnación de
yeshu y este
"iba a ser elevado a dios".
Aún
se oían los ecos del "cismático Donato", cuando surgió otra voz en
Egipto, todavía más amenazadora que la polémica donatista, Arrio.
Las
iglesias de Oriente estaban dispuestas incluso a romper la unidad imperial, y
esto alertó a Constantino que inmediatamente convocó un concilio.
Ahora
podemos descubrir el verdadero sentido religioso de Constantino, pues Eusebio de
Cesárea en su Vita Constantini refleja perfectamente el cristianismo del
emperador, Constantino escribió una carta a la iglesia de Alejandría diciendo:
"Pongo por
testigo a ese
dios, y hago bien…" Vita Constantini II, 64-72
¿No
resulta extraño que diga "a ese dios" en lugar de "a nuestro
Dios"?, vemos que la religión de Constantino es lo que él quería, monoteísta,
pero no cristiana. Constantino estaba por fomentar el monoteísmo por razones
políticas, la religión cristiana sin embargo no le interesaba en absoluto.
"Verdaderamente
insignificante, una cuestión nada provechosa, el resultado de un ocio mal
empleado, cuestiones insignificantes, diferencias verbales sin importancia y
necias, detalles triviales y en modo
alguno
esenciales" (idem).
Declarada
oficialmente una herejía, la doctrina arriana dejó de discutirse en Nicea para
comenzar a establecer la doctrina de que yeshu era igual a dios, algunos de los
presentes, lo que tenían en mente no era a yeshu, sino al emperador
Constantino, y como aquellos sacerdotes egipcios que se enfrentaron a Akhenatón,
el único faraón monoteísta, para hacer volver al pueblo a sus dioses
antiguos, los teólogos y clérigos católicos, muchos de los cuales con el mismo
poco interés por la religión, pretendieron dar el primer paso para hacer del
cristianismo una religión panteísta.
Al
final con un credo ambiguo que convenció a la mayoría, (el peligro vino después
por esa minoría insatisfecha) se establecieron por decreto imperial dos cosas;
primero que yeshu era igual en esencia, poder, y gloria a dios, y por lo tanto
era un dios. Segundo; Constantino exigió que bajo ese credo ambiguo todas las
corrientes cristianas, arrianas o no, debían de tolerarse.
Bajo
ese credo, que no es otro que el credo de la iglesia de Eusebio de Cesárea
convenientemente enmendado para meter las expresiones y fórmulas filosóficas
griegas que introdujeron, toda la iglesia debía de someterse a la voluntad del
emperador y al poder efectivo del catolicismo.
De
este credo todas las corrientes cristianas y filosóficas, pudieron seguir
manteniendo sus posturas doctrinales, no importando si eran favorables a la
divinidad de yeshu o contrarias a considerar a yeshu como a un dios.
Estos cecilianos fueron quienes
permitieron y alentaron la paganización del cristianismo en el siglo IV, o la
cristianización del paganismo…según como se mire. Rafael T.Pérez
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