¿DONDE ESTAS LAZARO?    

                                           Siguiendo con el tema de los supuestos milagros de Jesús llegamos a uno de los episodios de las escrituras cristianas que comparte un principio común con otros igualmente conocidos y que fueron añadidos al texto cristiano mucho después de su composición original, entre los que destacan por la influencia ejercida en el contenido de las doctrinas que estos añadidos produjeron; el famoso beso de Judas, el beso invisible que Jesús nunca recibió, el episodio de la mujer adúltera, donde un Jesús aparentemente desmemoriado no es capaz de recordar sus propias enseñanzas al respecto de la pureza, capaz de condenar un pequeño desliz mental y a la vez perdonar un caso claro de adulterio consumado, también el momento en el que una supuesta multitud elige liberar a Barrabás y se crucifique a Jesús, teniendo en cuenta la popularidad que a lo largo de todo el texto cristiano se afirma tenía Jesús entre la población judía de Jerusalem, este suceso rompe el esquema inicial, o lo primero es verdad y lo segundo es mentira, o viceversa, o bien todo el texto cristiano es mentira. 

Todas estas escenas y otras más que comentaremos en la siguiente ocasión para ello, fueron añadidas al texto cristiano de los evangelios en el siglo V, en principio como enseñanzas morales de las que luego derivarían doctrinas que se transformaron en puntales dogmáticos del cristianismo.

Pero el episodio de la resurrección del llamado "amigo" de Jesús es diferente al resto de episodios mencionados porque no es un suceso que por su originalidad mereciera ser citado, sino por ser un suceso extraído de fuentes egipcias anteriores a los evangelios y en consecuencia incluido siglos después de dar por finalizada la redacción evangélica.

De hecho este gran amigo de Jesús, si realmente existió, o lo fue, no es mencionado más en ninguno de los cuatro evangelios, lo que no deja de ser un dato curioso porque los momentos que debieron pasar juntos tuvieron que ser muchos para llegar a ser considerado como "el amigo", momentos que sin duda producirían toda clase de anécdotas y situaciones merecedoras de extensos comentarios. Por otra parte, de este "amigo" sabemos que, según el mismo texto, será la única persona en todo el evangelio que fue capaz de hacer llorar a Jesús. Motivo más que suficiente para que esos momentos de encuentro fueran más abundantes en el relato de la vida de Jesús.

Además de un detalle no menos importante como es la presunta resurrección de un cuerpo que llevaba tres días muerto y que contraviene lo enseñado a lo largo de todos los escritos cristianos sobre este espinoso asunto. Pero hablamos de esto en el estudio sobre la resurrección de Jesús.

Hace más de un siglo que el historiador Albert Churchward dijo, "los evangelios canónicos se puede demostrar que no pasan de ser una colección de proverbios del Mito y la Escatología egipcios." En La Falsificación en el Cristianismo, Joseph Wheless dice, "Los evangelios son todos falsificaciones sacerdotales concluidos un siglo después de sus fechas figuradas." Individuos que inventaron algunos de los evangelios "alternativos (Apócrifos)" y las epístolas "alternativas (Apócrifos)" que circulaban durante los primeros dos siglos C.E. han admitido que habían forjado los documentos. La falsificación durante los primeros siglos de la existencia de la iglesia era obviamente desenfrenada, tan común en el hecho de que una nueva frase fue acuñada para describirlo: "Fraude piadoso". Tal tergiversación se confiesa en varias ocasiones en La enciclopedia católica. Algunos de los "grandes" padres de la iglesia, tales como Eusebio, incitaron a sus propios pares a ser los más increíbles mentirosos que escribieron regularmente sus propias ficciones de lo que hizo y dijo el señor durante "su" estadía sobre la tierra.

No sería justo dar crédito absoluto a estas afirmaciones excepto por dos puntos que ya no se discuten por ser del todo incontrovertibles, el primero que los evangelios efectivamente reproducen mitos de la teología egipcia, lo que conocemos como una mitopoiesis concluyente, y el segundo que; Eusebio de Cesárea sí reunió a un grupo de fieles copistas para que compusieran un nuevo testamento "a medida" de los requerimientos del emperador para forjar al cristianismo como religión oficial del imperio. Las fuentes de donde se extrajeron estas copias no fueron escritas como suponía Churchward un siglo después, aunque su conclusión es aproximada.

¿Fueron los terapeutas egipcios quienes escribieron el "nuevo testamento"?

En 1829 el Rev. Taylor analizo empíricamente las similitudes que existen entre el texto del evangelio y papiros egipcios los cuales relataban ya la existencia de mitos cristianos mucho antes del principio de la era común y que fueron redactados probablemente por una orden monástica egipcia cuyos miembros eran conocidos como los "Terapeutas," quiénes en rigor serían asociados posteriormente con los "Esenios" si bien no tienen históricamente poco o nada en común. A parte del hecho que Wheless muestra que uno puede encontrar mucho del mito del "Jesús Cristo" en el libro de Enoch, que precedió al supuesto advenimiento del maestro judío por centenares de años.

Cuando se comparan ambos textos es inevitable llegar a las mismas conclusiones, el texto evangélico contiene mitos extraídos de la teología y religión egipcias que son anteriores en miles de años al nacimiento de Jesús y al del propio cristianismo como religión. Uno de los mitos con los que nos encontramos es la resurrección de Lázaro, el presunto "amigo" de Jesús.

Es extraño, sin embargo, que un suceso que debiera haber suscitado cuando menos el asombro entre la población, no sea mencionado si quiera por Falvio Josefo en Antiguedades de los judíos. Un hombre que lleva tres días muerto y que presumiblemente ya había entrado en proceso de descomposición es resucitado a la vista de decenas o tal vez cientos de testigos, se supone. No obstante ni las autoridades romanas se hacen eco del milagro, ¿por qué no contratar los servicios de Jesús en lugar de crucificarlo?, en las muchas batallas que tenían que enfrentar, su poder podría ser empleado para levantar a los soldados romanos caídos en combate lo que sin duda habría hecho temblar a los enemigos de Roma.

Y otro dato curioso, ¿dónde está localizada Betania?, pues estamos hablando de una ciudad desconocida en la cartografía que los romanos tenían de la región.

Finalmente llegamos a la narración de la resurrección de Lazaro y encontramos que un antiguo papiro egipcio hallado entre las ruinas del Delta y que antedata por 2100 años, alrededor de la XI dinastía, a la narración cristiana relata como un tal Azarus, es resucitado luego de permanecer tres días enterrado en una caverna en el desierto por un poderoso maestro mistérico cuyo nombre recuerda al de Ieshus, Ioshis. Historia General de las Religiones pag 119

A todos un afectuoso saludo

Rafael T.Pérez

http://www.kolisraelorg.net