Pascua cristiana y judía
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Por Mario E. Cohen
El lunes comenzó la Pascua judía, o Pésaj, que se prolongará hasta el martes próximo. Este año, como vemos, coincide con la celebración cristiana. Ambas Pascuas, si bien tienen muy distinto significado, presentan aspectos en común al poner énfasis sobre nuestra conducta moral hacia el prójimo. La misma luna llena une en el calendario a ambas religiones.
La festividad del Pésaj es también llamada Fiesta de la Libertad y Fiesta de la Primavera (en el hemisferio norte). Evoca la salida de Egipto del p ueblo de Israel bajo el liderazgo de Moisés, hace más de tres mil años, acontecimiento fundacional en la historia de la humanidad. Es el paso de la esclavitud a la libertad, del desorden a la instalación de la ley, y también el nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, base de las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam) que constituyen el grupo de creencias enraizadas en media humanidad.
Supongamos que la salida de Egipto y la revelación del Sinai no hubieran ocurrido. ¿Cuáles serían las consecuencias? Seguramente, hoy no tendríamos el día de descanso semanal, ni los Diez Mandamientos, ni la idea de un Dios único e inmaterial, ni la ética de los profetas de Israel, ni el concepto de santificación de la vida y de consecuente oposición a los sacrificios humanos, ni el respeto por los animales y las plantas. Careceríamos del concepto de igualdad de los seres humanos ante el Creador y no conoceríamos el precepto "ama a tu prójimo como a ti mismo".
Un hecho muy poco conocido es que, como desprendimiento de la temática de la esclavitud de Egipto, en los textos bíblicos tiene origen una serie increíble de enunciados de derechos humanos que protegen al extranjeros. Estos conceptos fueron recogidos en las legislaciones de los siglos XIX y XX, tres mil años después de haber sido escritos. Es bueno recordarlos hoy, en nuestra época, en que ha resurgido la intolerancia de los fanatismos religiosos y laicos. Está escrito en el Libro de los Libros: "Como a un natural vuestro tendréis al foráneo, que habitará entre vosotros y lo amarás como a ti mismo, porque extranjero fuisteis en la tierra de Egipto".
La necesidad de un día de descanso semanal tiene también relación con la salida de la esclavitud. Dice la Biblia, en referencia al cuarto mandamiento: "Acuérdate que siervo fuiste en tierra de Egipto... Por lo tanto te ha mandado el día de reposo (shabat)" (Deuteronomio V, 15).
La Hagadá (l ibro de la festividad) comienza con estas palabras: "Este es el pan de pobreza y aflicción que nuestros antepasados comieron en la tierra de Egipto. Los que padecen hambre, entren y coman. Vengan los necesitados a celebrar el Pésaj...".
Luego Maimónides (este año recordamos 800 años de su fallecimiento) agrega que el compartir nuestra comida con el hambriento hace a nuestro júbilo y nos aleja de la gula. Asimismo, el cortar el pan ázimo al medio en la ceremonia es interpretado como una invitación a compartir nuestro alimento con los que no tienen nada.
Es oportuno concluir con una frase del filósofo judío Emmanuel Levinas referida a nuestro prójimo, ya que interpreta cabalmente el sentido de estas festividades: "Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro".
Mal interpretadas, las Pascuas pueden llevar a graves rivalidades. Correctamente interpretados, estos días nos pueden llevar a recordar el apego a valores inmutables, como el amor familiar, la so lidaridad por el prójimo, el respeto por el extranjero y la convivencia. Estas recordaciones, que vienen de muy lejos, nos proyectan hacia un futuro mejor, transmitiéndonos su milenario mensaje. Su lenguaje es de todos los tiempos. Y dan sentido a la sociedad humana, pues contribuyen a la búsqueda de armonía plena entre los hombres.
Señor lector: he aquí nuestro deseo: ¡Felices Pascuas! O lo mismo, expresado en hebreo: Jag Sameaj. > > El autor es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí.
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