LA EXPIACION DE UN PECADOR.


Esta es una historia que me fueron contadas sobre Rabí Elimelekh de Lizhensk. Cierta vez sucedió que el Rabí Elimelekh fue visitado por un hombre cuya vida, había sido marcada con muchos pecados, este hombre estaba acosado por la elevada gravedad de los mismos y deseaba arrepentirse, ya que su alma estaba afligida por el peso de la misma.

Para ello él buscó la orientación del Justo y Sabio Rabí y estaba dispuesto para ello a que le ordenara lo que fuera necesario para aliviar semejante presión que el sentía dentro de sí y desde luego ya no le importaban que acciones podrían ser necesarias para el retorno completo de su espíritu que estaba tremendamente fatigado y agobiado por el semejante peso.

El rabí Elimelekh luego de escuchar tal confidencia consintió y le dijo al hombre que él primero tendría que liquidar todas sus pertenencias. El mobiliario, la joyería, los bienes raíces, la herencia, en una palabra todo lo que el poseía. Y con todo esto convertido en efectivo él debería regresar nuevamente ante él. Sólo entonces luego de efectuar esta resolución él lo ayudaría para hacer efectivo su total arrepentimiento.

El hombre descorazonado salió aceptando tal decisión, al poco tiempo vendió todas sus pertenencias haciéndolas efectivas, llevando consigo toda esa fortuna se dirigió a la casa del Rabí, entro a su recinto y tan simplemente volcó resueltamente un montón enorme de dinero sobre el tapete delante del sabio y de otras personas que estaban allí. Era indudablemente una gran fortuna. Las cuentas al parecer estaban saldadas, sin embargo escucho la voz profunda del sabio diciéndole:  " Ahora estamos listos para comenzar a concretar el arrepentimiento. Escriba delante nuestro en forma detallada y sin omisión alguna, todos sus pecados, malas actividades y transgresiones en una hoja de papel y luego me lo entrega. "

Otra vez, el hombre hizo tal como le fuese ordenado, para ello se tomo un buen tiempo y comenzó a escribir enumerando cada una de sus malas acciones y pecados, terminado ello, se dirigió nuevamente al Rabí y le entrego la confesión escrita.

El Rabí Elimelekh tomo la esquela y entonces comenzó a leer la confesión en voz alta delante de testigos.

El hombre estaba pasmado y sobrecogido por el peso de su propia vergüenza y la evidente culpabilidad, pero inmutablemente el Rabí siguió leyendo. Después de poco tiempo de leer una parte del mismo, aun hasta el mismo Rabí pareció horrorizado por la magnitud de los pecados y él sabio alzó su voz consternado por causa del dolor de tales cosas indignantes, exclamándole; -"¿Cómo, dígame como pudo hacer uno tales cosas? "

El cuerpo del hombre tembló como una hoja al viento, repentinamente su rostro se demudo cayendo desmayado sobre si y cayo de bruces rodando inconsciente al piso.

Sin embargo el Rabí Elimelekh lo revivió haciéndole reincorporar y continuó nuevamente con la lectura. Otra vez el sabio alzó la voz, ante el asombro de mayores y horrendas transgresiones que allí estaban escritas y nuevamente el hombre sufrió un colapso sin igual por causa de lo relatado sobre su maldad, quien fue vuelto a despertar por el sabio de su tremendo estado. Este devenir de gemidos apagados, la incredulidad, el desfallecer y el renacer se repitieron en forma constante, durante la lectura detallada de la confesión escrita por siete veces consecutivas.

Cuando por fin la dura experiencia fue completada, el Rabí Elimelekh hizo un grave gesto de negativa con la cabeza y le expreso: -" Para estos graves pecados y para poder expiarlos no hay otra cosa que la muerte le explico decididamente al hombre "

Agrego el Rabí: -"Sin lugar a dudas que algo semejante habría sido el veredicto del Tribunal Supremo cuando el Templo de Jerusalém todavía existía. El instrumento que causo tal mal merece la ejecución y por lo tanto se lo quema "

El Rabí entonces le explicó cómo era tal pena capital;  El malvado debe ser llevado afuera según la antigua tradición legal. Tomaban plomo derretido y viertan él mismo dentro de su garganta, así expiaba sus pecados y el hombre se liberaba de ellos, quedando de esa manera su alma aliviada de todo el peso, de este modo se corregía todo y limpiarían tan tremendas faltas.

En ese momento al escuchar esto el rostro del hombre mostró un síntoma de alivio y equilibrio, su deseo de hacer arrepentimiento fue tan grande que él voluntariamente y con estremecimiento aceptó el veredicto, como también el castigo y dijo: -" Rabí estoy totalmente decidido haré lo que fuese necesario, estoy preparado para recibir este castigo, me lo merezco, el mismo es justo le ruego que proceda con el mismo"

Luego de saber como era el castigo, el hombre le pidió permiso al Rabí, para conseguir los elementos necesarios y tomó algunas monedas del montón de dinero, compró una cuchara de metal, algo de plomo y estaño para ser usado como fundente, todo esto lo hizo decidido y en forma apresurada. Al poco tiempo regresó a la casa de Rabí. Allí el Rabí Elimelekh le dijo que preparara el fuego y derrita el plomo junto con el estaño dentro en la cuchara, fue precavido se ocupo de hacer la mezcla en forma dedicada y meticulosa. El hombre hizo todo este con una devoción resuelta y completa.

Y cuando termino con dicha labor, él le reportó al sabio que ya tenia hecha la fundición adecuada, el Rabí le indicó que se coloque el mismo sobre el piso y que para tal efecto se ponga una venda en los ojos. El rabí Elimelekh entonces le hizo recitar en voz alta la confesión final, el hombre recitó todo ello con el corazón quebrado y con un gran estremecimiento. Él acepto sobre sí la completa responsabilidad de todos sus pecados y también su castigo. Él recitó profundamente las seis palabras de la oración Shemá Israel, la afirmación de unidad de D’os, sabiendo que allí era su final y el final de sus sufrimientos.

Entonces el Rabí le dijo:  -" Ahora abra su boca a fin de que pueda yo verter el plomo derretido dentro de su garganta"  - En ese instante, el Rabí tomó en lugar de la cuchara de plomo derretido una cucharada de mermelada y se lo metió en la boca abierta del hombre.

Y le dijo nuevamente: -"Usted ha hecho una expiación completa. Ahora levántese, póngase de pie, y desde este momento, sirva al Único quién es aquel, cuyo Nombre es Bendito, pues usted ya es otro. Tome este dinero que esta sobre esta mesa y úselo como un hombre integro y ahora no pierda su tiempo y haga el bien"
 

Rab. B. Schtudiner