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27 Fundamentos de la Torah 2da parte  
Mishne Torah (Iad Jazaka) de Rabi Moshe ben Maimon (Maimonides) 
Editorial Sinai, Tel Aviv, Israel. 1998
 

Hiljot Yesodei HaTorah - Fundamentos de la Torah

 
Capítulo 7
2. Los Profetas ostentan diversos grados.  Al igual que en sabiduría hay sabios mayores que otros sabios, así en profecía hay profetas  mayores que otros profetas.  Pero todos ellos ven sus visiones proféticas sólo en sueños, de noche, o de día si han caído en trance, como está escrito: “En una visión me daré a conocer a él, en sueños le hablaré” (Números XII, 6).  Cuando profetizan, sus miembros de estremecen, su cuerpo desfallece y sus pensamientos quedan confundidos, de modo que la mente queda libre para comprender lo que vea.
 
3. Las cosas comunicadas al profeta en la visión profética llegan a él en forma de parábola.  De inmediato queda grabada en su corazón la interpretación de la parábola contenida en la visión profética, de modo que sabe qué significa.
 
4. Los profetas no profetizan cuando les place, sino tras concentrar sus mentes, lograr un ánimo alegre y benévolo y aislarse, pues la profecía no se posa sobre nadie que esté melancólico o indolente, sino sobre quien está alegre.  Por eso los profetas jóvenes hacían tañer ante ellos laúdes, panderetas, flautas y liras cuando querían profetizar (I Samuel X, 5).  La palabra mitnab’im, en este contexto, significa que estaban en tren de llegar a la profecía, como quien dice “Fulano se agranda”.
 
5. Esos que tratan de profetizar son los denominados hijos de los profetas, y aunque se concentren pueden ser que la Presencia Divina se pose sobre ellos, y puede ser que no se pose.
 
Capítulo 9
1. Está claro y expresamente dicho en la Tora que sus leyes, de eterna vigencia, no son susceptibles de modificación, merma o añadidura, pues está escrito: “Todo lo que yo os ordeno, guardadlo para cumplir; nada le añadas ni le restes” (Deuteronomio XIII, 1).  De ahí se infiere que a ningún profeta le está permitido introducir innovaciones en la Tora.  Por lo tanto, cualquiera, judío o no judío, que presentando señales y prodigios afirme que el Eterno lo envió para añadir o restar un precepto, o para dar de cualquiera de los preceptos una interpretación contraria a lo que hemos oído de Moisés, o diga que ésos que Israel tiene como preceptos no son para siempre y para todas las generaciones sino sólo temporarios, es un falso profeta, puesto que viene a desmentir la profecía de Moisés.  Es pasible de muerte por estrangulamiento por la perversidad de hablar en nombre del Eterno cuando éste no se lo ordenó.  Él, bendito sea su Nombre, ordenó a Moisés que esta Ley fuera para nosotros y para nuestros hijos hasta la eternidad, y Dios no es un hombre como para mentir.
 
2. Entonces, ¿por qué está escrito en la Tora: “Les haré surgir un profeta de entre sus hermanos, como tú (Deuteronomio XVIII, 18)?  Es que el profeta aludido no vendría a establecer una nueva religión, sino a reafirmar las palabras de la Tora y a prevenir al pueblo que no la transgrediera, como dijo el último de los profetas: “Recordad la Tora de mi siervo Miosés” (Malaquías III, 22).