Mishne Torah
(Iad Jazaka) de
Rabi Moshe ben Maimon
(Maimonides)
Editorial Sinai, Tel Aviv, Israel. 1998.
Hiljot Teshuva
(El
Arrepentimiento)
Capítulo 1
1. Si una persona ha transgredido cualquiera de los
preceptos de la Tora, ya sea afirmativo o negativo,
deliberadamente o por inadvertencia, al arrepentirse y
retornar de su error debe confesarse ante Dios,
bendito sea, pues está escrito: "Cuando un varón o una
mujer cometiere... confesarán su pecado que
cometieron" (Números V, 6-7), y se refiere a la
confesión verbal. -¿Cómo ha de confesarse una persona?
Ha de decir: "¡Oh Dios! He errado, he obrado mal, me
he rebelado contra tí, haciendo tal y tal cosa. Y
ahora lo lamento, me avergüenzo de lo que hice y jamás
repetiré ese acto. Ese es el principio de la
confesión. Cuanto más amplia y detallada sea la
confesión, mejor. Vemos así que a los pecadores y
culpables no les basta el ofrendar sus sacrificios por
sus faltas deliberadas o involuntarias para que éstas
les sean perdonadas, sino que antes han de
arrepentirse y confesarse de palabra, como está
escrito: "Confesará que pecó por ella" (Levítico V,5).
Asimismo, todos los pasibles de pena de muerte y de
pena de azotes no son perdonados por el hecho de
habérseles aplicado la sentencia, sino cuando se han
arrepentido y confesado. También el que golpea a su
prójimo o le causa perjuicio monetario, aunque le
pague todo lo que le debe, no está perdonado hasta que
se confiese y se arrepienta para siempre de obrar así,
pues está escrito: "De todos los pecados del hombre"
(Números V,6).
3. En estos tiempos en que no existe el Templo y no
tenemos el altar de las expiaciones, no hay otra cosa
que el arrepentimiento. El arrepentimiento expía por
todas las transgresiones. Hasta aquél que ha sido un
malvado durante toda su vida, si al final se
arrepiente, no se le considera nada de su maldad, pues
está escrito: "El malvado no tropezará por su maldad
el día en que se arrepienta de ella" (Ezequiel
XXXIII,12). Yom Kipur por sí mismo es suficiente
expiación para los arrepentidos, pues está escrito:
"En ese día os será perdonado" (Levítico XVI,30).
Hiljot Teshuva (El Arrepentimiento)
Capítulo 2
1. Arrepentimiento perfecto es el del hombre que, al
presentársele la oportunidad de repetir el pecado que
antes cometió, se aparta y no lo comete a causa de su
arrepentimiento, y no a causa de temor o de
imposibilidad física. Y si se trata de un hombre que
no se arrepintió sino en la ancianidad, cuando ya no
puede cometer los pecados que solía cometer, aunque no
sea el suyo un arrepentimiento excelente, es efectivo
y se lo considera un arrepentimiento. Incluso al que
cometió transgresiones durante toda su vida y sólo se
arrepintió en el día de su muerte, muriendo
arrepentido, se le perdonan todos sus pecados, pues
está escrito: "Mientras no oscurezca el sol y la luz
de la luna y las estrellas, y no se recojan las nubes
después de la lluvia" (Eclesiastés XII,2), lo cual se
refiere al día de su muerte. Esto implica que si un
hombre recordó a su Creador y se arrepintió antes de
morir, se le perdona.
3. Todo el que se confiesa de palabra pero no está
decidido en su corazón a abandonar el pecado, es como
el que se sumerge en el agua para purificarse
aferrando una inmundicia en su mano: la inmersión de
nada le valdrá sin antes no arroja la inmundicia.
9. Tanto el arrepentimiento como el Yom Kipur sirven
para expiar exclusivamente las transgresiones
cometidas contra Dios, por ejemplo, comer algo
prohibido, pero no las cometidas por un hombre contra
su prójimo, como es el caso de quien golpea a su
prójimo, o lo maldice, o lo despoja. Estas cosas
jamás le son perdonadas hasta que dé a su prójimo todo
lo que le debe y se reconcilie con él. No basta con
que le devuelva el dinero que le debe: está obligado a
reconciliarse con él y pedirle que lo perdone; incluso
si no hizo más que mortificar al prójimo con sus
palabras, debe disculparse e insistir hasta que le
perdone.
10. Está prohibido ser cruel hasta el punto de no
aceptar las disculpas; por el contrario, es bueno ser
fácil para reconciliación y difícil para la cólera.
Cuando el que cometió la falta pide perdón, se le debe
perdonar con todo el corazón y con el alma bien
dispuesta. Aunque la ofensa haya sido grande, no se
debe buscar venganza ni guardar rencor. Ese es el
camino de la simiente de Israel y de su corazón. Con
respecto a los guibonitas, que no perdonaron ni
quisieron reconciliarse, está escrito: "Los guibonitas
no eran de los hijos de Israel" (II Samuel XXI,2).