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por
el Rabino Isaac A. Sacca
El Mal de Ojo
Quién no recuerda a alguna abuela que, cuando le nació un nieto
lo primero que hizo, a veces incluso al mismo tiempo que
preguntaba cómo está la hija o como lo llamarán al nieto, fue
ordenar que al bebé se le colocase en el cuello una manito de
oro o una cintita de color -roja o celeste, según el sexo. Lo
más importante para la abuela -o bisabuela- era que el chico
esté protegido contra el 'ain ha rá' o 'mal de ojo'.
Y los hijos, sumisamente aceptaban esas tradiciones de los
padres. Después de muchos años, cuando la abuela ya había
fallecido, le decían ellos a sus hijos: "cuídense siempre contra
el mal de ojo; cuando nazcan sus bebés no se olviden de usar una
manito" o en otros casos sugerían la cintita. O bien, una
fórmula muy común para conjurar el mal de ojo, aplicada en
distintas circunstancias y no sólo con los recién nacidos, es
que ante la sospecha de que el interlocutor pueda hacernos mal
de ojo hay que decir la palabra "jamse" (palabra árabe que
quiere decir "cinco" y que usan los judíos de origen árabe).
Uso de amuletos
Muchas personas judías adjudican su mala fortuna en ciertos
aspectos de la vida, sea la mala salud o los malos negocios, lo
mismo que sus fracasos en el estudio o en la vida amorosa al mal
de ojo. Incluso piensan que con la mirada se les daña para
provocarles un mal. Y se emplean segulot (amuletos), como el muy
popular de la mano (hecha con distintos materiales y ubicada en
lugares estratégicos) o la tira de ajo en un ángulo del
comercio, así como otras fórmulas de conjuro para evitar el mal
de ojo.
Como vemos, no sólo consideran la existencia de este mal, sino
también llevan a cabo medidas preventivas contra el mismo.
Pero muy poca gente conoce realmente qué significa, si existe o
no, y si existe en qué consiste. La mayoría de los conceptos
conocidos al respecto en la sociedad, son leyendas populares.
Niño prodigio
Hay gente obsesionada con el mal de ojo. Un rabino israelí nos
relató un caso interesante. Una señora -en Medinat Israel- lo
fue a ver muy preocupada, para que le diga qué hacer por un mal
de ojo que una vecina echó a su pequeño hijo.
Sucedió que una tarde su vecina la visitó y vio por vez primera
al bebé, que por entonces tenía tres meses de edad. El pequeño,
prodigiosamente, estaba sentado en una silla alta para bebés,
junto a la mesa y como una persona mayor. Eso pese a que es una
edad en que todavía un bebé no tiene la maduración necesaria
para sentarse así. ´Todo un prodigio. La asombrada vecina
exclamó entonces: "te felicito, tu hijo ya se sabe sentar, ¡qué
bien!". "Si -le respondió la mamá del bebé-, nosotros lo
entrenamos para que sea un buen deportista'.
Ocurrió que, al día siguiente de esta anécdota, el bebé se
levantó llorando intensamente. Lo llevaron al médico y el
facultativo les dijo que el pequeño tenía fracturada la columna
vertebral.
Y a la mamá del bebé no había forma de persuadirla: lo atribuía
al mal de ojo que le echó la vecina la tarde anterior.
Es más, cuando fue a ver al rabino le describió que la mala
vecina observó mucho al bebé antes de felicitarla. "¿Qué tengo
que hacer para quitarle el mal de ojo?", le preguntaba
desesperada al rabino. Ella ya sabía que era mal de ojo, ese
diagnóstico por así decir, era en verdad un saber tomado de
ciertas tradiciones familiares. Porque lo oyó de padres y
abuelos. El rabino israelí, en cambio, le hizo ver que el niño
realizó un esfuerzo demasiado grande para sus posibilidades de
maduración. De allí lo que le sucedió. O sea, que no tenía nada
que ver con el presunto mal de ojo.
Algo análogo sucede cuando a algunas personas les va mal en las
ventas y ponen la tira de ajo en el ángulo izquierdo del local.
A veces sería más útil analizar otros motivos, como llegar tarde
o no desempeñarse con interés en lo que se hace, etc.
En realidad casi todos los pueblos creen en el mal de ojo. Es
algo que interesa a mucha gente, que vive pendiente de este
problema en diferentes latitudes y tradiciones culturales.
Pero si nos detenemos en el judaísmo veremos que no está en la
Torá, pese a que sí se habla de 'ain ha ra'. Lo primero que
tenemos que analizar es que la traducción literal de esta
expresión no es 'mal de ojo' sino 'ojo, la mala'. Porque en
hebreo 'ojo' es femenino.
O sea que, no es que el ojo sea malo o bueno, sino que se
refieren al ojo del malo, o sea que es la persona la que es
mala, y no el ojo en sí. Por lo tanto más que recibir un ojo
malo ajeno que nos daña, en todo caso el 'ain ha ra' lo que nos
describe es al portador del ojo malo, que se puede dañar a sí
mismo por su envidia.
Cuatro teorías
Pero en el judaísmo encontramos acerca del 'ain ha ra' cuatro
formulaciones diferentes, que vamos a exponer aquí,
sintéticamente.
Una es una teoría metafísica, la otra es la que podemos
denominar físico-espiritual, la tercera es la de la explicación
física y la cuarta es la teoría de Maimónides. Estas teorías se
contradicen, por lo que el 'ain ha rá' no es parte integral del
judaísmo. Veámoslas:
La postura metafísica. Es sostenida especialmente por los
rabinos cabalistas, que dicen que el 'ain ha ra' proviene de un
poder espiritual y místico que se deposita en el alma de la
persona. Según ellos, se transmite de manera metafísica, por
sobre la naturaleza. Cuanto más envidiosa e inescrupulosa sea la
persona, hay más probabilidades de que sea el transmisor. En
cambio, cuando más amable, pura y generosa sea una persona,
menos probabilidades hay de que su ojo dañe a alguien. A su vez,
del lado del receptor -del que padece el ain ha ra- encontramos
débiles neshamot (almas); es decir que, para los cabalistas hay
almas que son más propensas a ser dañadas por el mal de ojo.
Vale aclarar que, en este contexto, el concepto de 'almas
débiles' es cabalístico y no se refiere a la práctica o no de
las mitzvot. Sostienen que hay almas más fuertes que resisten
mejor el daño por el mal de ojo.
Esta teoría, que es la que más justificaría la difusión
contemporánea del temor al mal de ojo, no tiene ninguna base ni
en la Torá ni en el Talmud ni en los libros de los Jajamim. Es
una especulación metafísica pero no tiene apoyo de los libros
sagrados del Judaísmo.
No olvidemos que los cabalistas tienen varias interpretaciones
singulares. Para ellos, por ejemplo, cuando la mujer está en
período de menstruación tiene un espíritu de impureza. Entonces
en ese momento, si ella mirase un espejo pueden aparecer en éste
manchas rojas. Y si se corta la mayonesa o algún producto de ese
tipo, simplemente se debe a que ella lo mira. Hay para los
partidarios de esta concepción, un poder místico que se
transmite a través del ojo pero que emana del estado de pureza e
impureza de la neshamá (alma).
Conjuros
Es según esta concepción, que se deben implementar las citadas
segulot. Uno de los amuletos más usados en determinados grupos
judíos es el de expresar de alguna manera el número 5. Así sea
portando una mano -de plástico o de algún otro material- que
representa al número por los cinco dedos; o bien directamente
cuando se sospecha de alguien que está tirando 'ondas negativas'
con sus ojos, una de las formas de trabar eso, consiste en
expresar en alguna frase el número cinco.
Un clásico ejemplo de esto último lo tenemos cuando se
encuentran dos personas -pueden ser hombres o mujeres- y una le
pregunta a la otra, "¿cuántos hijos tenés?", entonces si la
madre -o padre- al que interrogan, tiene por ejemplo seis hijos,
se las ingenia para decir, "tengo cinco varones y una nena".
O está el caso de la señora que responde "ahora en casa somos
cinco, mi marido salió". Estas fórmulas se usan especialmente
para evitar que el otro diga "¡ah, cuántos hijos tenés!". Se
minimiza, así la familia no parece tan grande y se expresa de
modo de no mentir en el número de miembros. Pero lo importante
para esta gente es poder expresar el número cinco. También
pueden hacer referencia a que "hace cinco minutos lo vi a
fulano", es decir, hacer comentarios intencionales que mencionen
expresamente el número cinco.
Otro ejemplo es el de la mano que, cuando algún vecino o
pariente dice delante de su hijo "¡qué lindo nene!", la mamá le
pone al niño la mano en la cara (porque la mano tiene cinco
dedos).
Hay una explicación de los cabalistas de porqué usar el número
cinco: porque representa la mano. Y la mano en posición abierta
quiere decir 'stop', 'alto', 'deténgase'. Es el deseo de detener
un poder maligno.
Otras segulot (amuletos) recomendadas son las imágenes de
pescado, o los colores rojo y celeste, o el ocultamiento de las
cosas (no mostrar el reloj o las alhajas que se tienen) lo mismo
que el empleo de algunas plantas (como la ruda) o de piedras
('shebe' en árabe).
En cuanto a los ashquenasíes, suelen expresar las madres
verbalmente el 'Kain ain neore' (= 'Ningún mal de ojo'), como
fórmula de conjuro cuando los vecinos o parientes elogian la
salud o la inteligencia de su hijo.
La teoría físico-espiritual
Una segunda postura, es la que podemos denominar
físico-espiritual. Los estudiosos que la sostienen, coinciden
con los cabalistas en que el mal de ojo proviene de un estado de
maldad del alma o del ser del hombre. Pero la diferencia que
tienen con aquellos, es que plantean que el mal de ojo se
transmite de manera física y no ya metafísica o espiritual.
Afirman que, por ejemplo, cuando el hombre experimenta envidia o
celos o está nervioso o enojado, en su cuerpo se está llevando a
cabo un complejo proceso electroquímico: se acelera el corazón,
la sangre va más rápido, etc. Ese estado fisiológico alterado
tiene sus incidencias en el cerebro, y éste está intrínsecamente
relacionado con la visión. Afirman, por lo tanto, que a través
de la vista se desprende una sustancia tóxica -como un veneno-
que surge del estado de envidia, odio o maldad que uno está
experimentando en ese momento. O sea que hay una relación entre
el metabolismo del ser humano y su disposición anímica y moral.
Puede parecer extraña esta amalgama pero, a no dudar que desde
Albert Einstein -sin que éste tenga nada que ver en el tema del
mal de ojo- las relaciones entre cosas muy distintas no son ya
tan inverosímiles. Sabemos que Einstein produjo una revolución
en la ciencia al formular la relación entre la energía y la
masa. Dijo que la masa se puede transformar en energía y
viceversa. Así, por ejemplo, tenemos el caso de la luz que
consiste en ondas electromagnéticas que no se pueden tocar, pero
que puede también transformarse en masa, es decir, en algo
palpable y concreto. Incluso el concepto de la bomba atómica
consiste en que a un poco de masa se le suma algo de energía y
eso se transforma en una gran cantidad de energía.
La vinculación del metabolismo con las cualidades éticas, a
nosotros nos causa aún cierto asombro, pero a no dudar que desde
Einstein a nuestros días, muchas relaciones entre propiedades de
distinto origen, no parecen ya tan inverosímiles.
Un experimento
En el año 1881 en el fascículo 2 y 3 del diario ruso
'Elistrionanski Mir' hay una muy interesante nota. Allí se
informa que el gobierno le entregó a la Academia de Ciencias de
San Petersburgo un prisionero condenado a muerte, para que
previamente hagan con él experimentos.
E hicieron con él experimentos relacionados con el mal de ojo.
Sucedió que después de que lo tuvieron tres días sin alimentar,
le pusieron un plato de comida a cierta distancia y fuera de su
alcance, por las rejas que lo separaban. Apenas lo vio, tuvo el
deseo de comer y, en breves segundos, ese alimento se echó a
perder. Porque él lo veía pero estaba imposibilitado de tomarlo.
O sea que lanzó el rencor que tenía dentro por tal alevosa
burla, que a a través de la mirada de sus ojos echó a perder el
plato de comida. Esa es la explicación de aquel periódico ruso.
Ahora bien, los que recorren el Talmud encontrarán algunos datos
que los pueden llegar a confundir con respecto al ain ha ra.
Depende de la interpretación que uno le dé a estas fuentes del
Talmud, o de la Torá para que se considere -o no. como válida la
interpretación físico-espiritual. De todos modos, convengamos en
que no son interpretaciones convincentes.
Teoría física
En tercer lugar encontramos a los que brindan una teoría
puramente física acerca del mal de ojo. Esta postura no
considera para nada los estados emocionales del ser humano.
Afirman que el 'mal de ojo' sería como una enfermedad (para
algunos de estos pensadores, de origen genético) o bien un tipo
de trastorno físico. Se trata -explican- de gente que padeció
algún problema y por ello tiene ciertos poderes en el ojo.
No tiene nada que ver con el alma, la envidia o la maldad del
hombre. Incluso puede no existir la neshamá (alma) dado que no
se refieren a ella.
Esta postura no tiene tampoco muchas fuentes bíblicas a las que
acudir. Algunos creen, en cambio, encontrar un origen en el
relato de 'Babá Metsía' cuando en la hoja 107 B se cuenta que el
rabino Rav visitó el cementerio de una ciudad y luego de eso,
declaró que el 90 % de los hombres allí enterrados murieron por
el ain ha rá. Pero ... ¿es esto es una prueba de que el Talmud
acepta el mal de ojo? No. Ya veremos más adelante la explicación
que da el Rambam (Maimónides) a este relato.
Teoría de Maimónides
La cuarta postura respecto del 'ain hara' (o 'mal de ojo') es la
concepción del Rambam y de todos los racionalistas. Es también
la que nos parece la más adecuada. Para esta posición, la gente
transformó el 'ain ha rá' en una creencia supersticiosa, pero en
realidad cada vez que en la Torá y en el Talmud se menciona al
ojo malo, se refieren al hombre que es envidioso. ¿Cuándo
comienza una persona a tener envidia? Justamente a partir de la
visión. Cuando alguien ve que el otro tiene varios hijos y uno
no tiene hijos, envidia al prolífico padre. Pero la importante
salvedad que hace el Rambam es que esa envidia no quiere decir
que pueda transmitir el mal.
Por ello, cuando Maimónides analiza la sentencia del rav que
dijo que el 90 % de los enterrados en ese cementerio, murieron
por el mal de ojo, señala que son ellos justamente los que
tenían envidia. O sea que no es -como otros interpretaron- que
hayan muerto víctimas del mal de ojo ajeno, sino que murieron
víctimas de su propio ojo malo, es decir, de su propia envidia.
Dado que no se puede matar a nadie con los ojos.
Según esta teoría, entonces, se trata de un problema que atañe
únicamente al que experimenta envidia, celos, codicia y
desmedida ambición. Daña a uno mismo pero no al prójimo. Cuando
se menciona al ojo, no es sino un giro idiomático. Dice también
el Talmud: "Ain roa be lev jover" (el ojo ve y el corazón
envidia). O sea que la envidia entra por los ojos.
Estos giros idiomáticos son muy frecuentes en el uso diario. Por
ejemplo, se dice de una persona terca que es un 'cabeza dura' o
de una señora que es buena cocinera, que tiene 'buena mano'. Y
con eso no se quiere decir que ese señor tenga el cráneo más
duro que los demás, ni que la mano de la señora tenga una
especial cualidad.
Polémicas
Otro punto al que se aferran muchos de los que plantean el mal
de ojo como una incidencia externa, es el relato del Midrash
acerca de las mujeres de Abraham. Sabemos que Sara fue su mujer
y Agar su sierva. Pero Sara era infértil y ella misma aconsejó a
Abraham que también despose a su sierva; cosa que hizo y tuvo
con ella un hijo, llamado Ishmail.
Ahora, según el Midrash, antes de este embarazo Agar se había
embarazado y Sara con el mal de ojo le hizo perder el hijo.
¿Cómo explican esto Maimónides y sus seguidores? ¿Qué significa
el mal de ojo que Sara echó sobre Agar? Sara era la esposa de
Abraham y la patrona de Agar, pero le tenía envidia a ésta por
el embarazo. Por ello trató mal a Agar y los sufrimientos de la
joven hicieron que se sintiera mal y perdiese finalmente la
criatura. Hoy sdabemos que si una mujer embarazada se siente
mal, esto puede provocar un aborto.
Hay también otras interpretaciones, de parte de los que ven al
mal de ojo como práctica externa a uno, y que hablan de amuletos
y formas de contención. Una de estas interpretaciones gira
justamente alrededor de Abraham. Y hace hincapié en que éste se
llamó primero Abram y después del nacimiento de su hijo Itzjak
(que tuvo su mujer Sara), D's le puso una letra más a su nombre,
la letra 'hei' que vale '5'. Y su nombre, que en hebreo tenía
antes 4 letras, pasó entonces a tener 5; es decir, el número
elegido para combatir el mal de ojo. Para muchos esto es una
prueba del "ain hara", en la manera que hoy lo conciben los
místicos y/o los supersticiosos. Son muchas las leyendas, mitos
y prejuicios que alimentan esta creencia popular.
Pero para los racionalistas se trata de un tipo de casualidades
que conducen a una creencia equívoca en el mal de ojo.
Iaakov y el Faraón
Otro hecho que lleva a distintas interpretaciones es el relato
bíblico de la entrevista cumbre en la que el Faraón de Egipto
recibió a Iaakov, el último patriarca del pueblo de Israel.
Entrevista que, precisamente duró cinco minutos. Pero hay más
elementos para la discusión.
No bien el Faraón vio a Iaakov, al encontrarlo muy anciano y con
pronunciadas arrugas, exclamó sorprendido: "¡Eh!, ¿cuántos años
tienes?!". La respuesta de Iaakov fue: -"No tantos, sólo que la
mía ha sido una vida muy difícil y llena de sufrimiento, por eso
aparento más de los años que tengo".
Según los partidarios de la concepción mística, Iaakov respondió
así para evitar la envidia del Faraón, que podría echarle un mal
de ojo. Lo mismo ponen el énfasis en que Iaakov utilizó palabras
hebreas de cinco letras y que la entrevista duró cinco minutos.
Pero la explicación de los racionalistas es otra: la situación
era mala; se trataba de la época de las siete vacas flacas
(siete años de hambre). Como había hambre en Canaán se fueron
justamente a vivir a Egipto, porque éste era el único lugar
donde Iosef había guardado granos para repartir. Cuando llegó
Iaakov cesó el hambre y advino la abundancia. El Faraón se
percató que esto aconteció por la presencia de un Tzadik (buena
persona) como Iaakov. Por eso cuando lo vio necesitaba calcular
la edad de su visitante, para saber por cuánto tiempo más podía
contar con él y saber cómo organizar su nación para el futuro.
De allí esa pregunta tan poco protocolar para un encuentro entre
dos personalidades diplomáticas.
Justamente por la misma razón, le contestó Iaakov que sólo
aparenta ser viejo pero no lo es: para que el Faraón tome como
principio que a Iaakov le quedaba aún mucho por vivir. No parece
que Iaakov vaya a mentir por temor al mal de ojo.
Gracia en los ojos
Otro argumento que toman quienes consideran que hay fuentes
judías acerca del mal de ojo como interpretación de daño
exterior, es un Pasuk (Versículo) del Talmud. Es aquel que se
refiere a la bendición del mismo Iaakov a su hijo Iosef: Le
dice: "Iosef ben porat" o sea: "hijo gracioso es Iosef". Y luego
habla del "hijo gracioso sobre los ojos". Esto último significa
que Iosef es simpático para el que lo ve. Iosef era tan bueno y
agradable que causaba excelente impresión a los ojos.
Interpretan los de esta línea de pensamiento, que el Pasuk
afirma que Iosef estaba inmune al mal de ojo de los demás. Que
sobre él no recaía el mal de ojo.
Pero los racionalistas, en cambio, explican esto afirmando que
Iosef era una persona tan agradable y generosa que no podía
experimentar envidia, codicia u odio hacia los demás. Ellos
dicen que no se trata de que él estaba inmune al mal de ojo de
los demás sino al propio.
Tiempo de sugestión
En nuestro tiempo hay mucha gente sugestionable. Hay personas
con enfermedades y que no tuvieron éxito en su paso por
consultorios y en los tratamientos médicos. Entonces acuden a
ciertas personas que se especializan en quitar el 'mal de ojo'.
Hay casos en que los ilusionados pronto se desilusionan. Pero en
otras circunstancias están los que aparecen renovados y
afirmando que le sacaron el mal de ojo y ahora están bien. Esto
es el producto de la sugestión, que actúa sobre nosotros más de
lo que muchos estamos dispuestos a creer. A veces esa fe en
algo, así sea en la persona que dice que nos quita de encima el
mal de ojo, nos lleva a mejorarnos. Porque muchas enfermedades
tienen su expresión psicológica y éstos son casos significativos
de la misma.
En la página 110 del Tratado Pesajim (del Talmud), encontramos
un contundente axioma respecto de las creencias supersticiosas
del mal de ojo -y otras. Dice allí: "el que cree -en el mal de
ojo- está expuesto y el que no cree no está expuesto".
Es decir, que la persona que cada vez que se encuentra con
alguien, para evitar la envidia y el presunto mal de ojo, le
dice que está mal, exagera sus carencias y disimula sus logros,
al punto que si lleva una bolsa con alimentos va a decir que
quedó debiendo en el supermercado, o que oculta el reloj o la
llave del nuevo auto, finalmente se va a dañar. Por la sugestión
misma, que la hará convencerse de sus limitaciones e
imposibilidades. Perderá su trabajo, empobrecerá y finalmente se
resignará reconociendo al presunto envidioso que le echó el mal
de ojo.
Nada peor que la propia sugestión. El Talmud ya contemplaba la
existencia en el hombre de un estado de sugestión.
Es algo análogo a lo que acontece con los hipocondríacos. Estos
últimos son personas que piensan que están enfermos, cuando en
verdad no tienen ningún padecimiento. Tratan incluso de
convencer a su médico; finalmente, esa idea obsesiva en la
enfermedad pasa en efecto a ser su enfermedas, la que es
conocida como hipocondría.
Consejos al Sultán
El Rambam fue el primer médico de la historia que relacionó el
estado de ánimo con el estado de salud. Esto se ve claramente en
un libro que escribió con consejos para el Sultán. Éste tenía
muchas mujeres y necesitaba estar fuerte para atenderlas a
todas. El primer consejo que le dio Maimónides para fortificar
su salud, fue que trate siempre de estar bien de ánimo.
Esto es válido para todos los que viven atemorizados por el mal
de ojo. Están aquellos que, comiendo en un restorán, rodeados de
amigos o compañeros de trabajo, no bien escuchan que alguien
elogió el plato que les han servido, no hacen otra cosa que
ofrecerlo a la persona que expresó esa opinión. Y eso porque
piensan que el otro es envidioso y va a echarle un mal de ojo.
También hay gente que está tan preocupada porque alguien -así
fuera un niño- las mira comer, que finalmente la comida les
caerá mal y enfermerán. Son las llamadas profecías
autocumplidas.
Siempre los vecinos
Está el caso del señor que dijo a su hijo de ocho o nueve años
de edad, que nunca invite a su casa a un chico huérfano. Porque
al ver una familia constituida y que el amiguito tiene papá,
mamá y hermanos lo va a dañar con el mal de ojo. Esto ocurre y
contraría una de las mitzvot, que es la de dar albergue y cariño
a los niños huérfanos.
El caso de la vecina que describimos respecto de la mamá que
tenía el bebé con fractura de columna, es bastante habitual
-aunque con distintas vicisitudes- entre nosotros.
Me han comentado el caso de una familia que rechazó a una
vecina, una señora viuda que vivía sola, porque estimaban que
echaba el mal de ojo.
Y aquí actuó mucho la sugestión, porque se sumaron varios
pequeños hechos: esta mujer llegaba cuando la familia cenaba, no
bien entraba se caía algún vaso y se rompía. Otra vez cuando
venía, al rato se cortaba la luz. O ella manchaba alguna cosa
porque desparramó líquido y para colmo cuando limpiaba algo se
le caía el trapo con detergente en la mesa, etcétera.
Hasta que un día le dijeron "vaya, doña Matilde (nombre
supuesto), vaya a su casa que nosotros nos arreglamos". ¿Por qué
tomaron esta medida? Para evitar el mal de ojo. Esto denota
incomprensión, porque esta señora quedó nuevamente recluida en
su casa con la única compañía de la televisión o la radio.
Tal vez habría que percatarse mejor de la emoción que era para
ella estar entre personas componentes de una familia. Y que esa
emoción la hacía llamar la atención actuando torpemente. Para
esta vecina que resultó tan inoportuna, lograr que alguien la
escuchase representaba una gran satisfacción. Sin embargo la
señora de la casa decidió que su vecina no entrase más en su
hogar e, incluso, que sus hijos no vayan a visitarla.
Debemos tener mucho cuidado con estas cosas; hay gente que
contradice las normas judías por el temor al presunto 'mal de
ojo', que se convirtió en una adoración pagana. Para el judaísmo
este tipo de cosas es como la idolatría.
Serás puro y recto
Como vimos, son varias las opiniones del judaísmo sobre el mal
de ojo. Nosotros pensamos que la posición de Maimónides es la
que debe que prevalecer; tenemos que entender que las otras
teorías surgieron en épocas en las que no había métodos
científicos para explicar los sucesos naturales. No sabían en
aquellas épocas que las manchas en el espejo se deben a la
humedad o que la cocción de las comidas puede interrumpirse por
el calor. Y atribuían esas situaciones al 'ain ha rá'.
Para el judaísmo el mal de ojo es relativo; lo esencial son las
mitzvot y los valores humanos. Si, como en uno de los ejemplos
mencionados, se contesta con el número 'cinco' a la pregunta por
los hijos, quien preguntó se va a sentir mal porque se da cuenta
que le desconfían y temen de su mal de ojo.
No busquemos caminos adyacentes al judaísmo. Muchas abuelas le
dan al mal de ojo un valor judío. Pero es un error. Y debemos
cuidarnos de que por estas cosas, no vayamos nunca en contra de
las bases y los valores espirituales y éticos del judaísmo.
"Puro y recto serás con D's" dijeron los Jajamim en la Guemará.
Eso es lo importante. Debemos tener siempre 'ain tová' ('buen
ojo'), o sea, estar contentos por los logros de nuestros amigos,
parientes, vecinos. Deseando el bienestar de los demás, D's
también nos dará bienestar a nosotros. |