La beneficencia

"Estas son las cosas cuyos frutos consume una persona en este mundo y que lo mantienen en el mundo por venir: el respeto al padre y a la madre, las buenas acciones, la asistencia a la sinagoga para Shajarit y Arvit, la hospitalidad, las visitas a los enfermos, la contribución para la dote de una novia, sepultar a un muerto, la lectura de las plegarias, la instauración de la paz entre un hombre y su prójimo y entre el marido y la esposa; y el estudio de la Torá vale más que todas ellas" (las bendiciones matutinas del Sidur).

En este breve fragmento se mencionan varios preceptos entre el hombre y su prójimo: las buenas acciones, sobre las que se dice que "el mundo se sostiene sobre tres pilares: la Torá, el culto y las buenas acciones" (Avot 1, 2). No se trata de un precepto específicamente definido, sino de ayudar al prójimo desinteresadamente. La beneficencia constituye una expresión manifiesta, si bien reducida, de la beneficencia, pues significa brindar ayuda material al necesitado. Nuestros sabios la elogiaron diciendo que "la beneficencia equivale a todos los preceptos" (Baba Batra 9, 1), y en Mishlei 10, 2 dice: "la beneficencia salvará de la muerte". La beneficencia como concepción de mundo es un "invento" del judaísmo, difundido en las culturas occidentales.

Los jasidim relatan: Cierta vez, Rabí Abraham de Trest preguntó a uno de sus discípulos, que era inmensamente rico y sumamente avaro, por qué no donaba dinero para beneficencia, y éste le contestó: Lo haría, pero estoy buscando al pobre que merezca recibirlo. El Rabí replicó: D's no ha buscado al hombre merecedor para darle riquezas, ?y tú buscas al pobre digno de recibir algo?

Existen varias halajot para dar cumplimiento al precepto de la beneficencia; la primera de ellas es Matán Beséter (dar en secreto), destinada a que quien la recibe no sepa quién es el donante y que éste no pueda vanagloriarse de sus acciones. Quien da en secreto es un verdadero benefactor que cumple con el precepto de "no avergonzar al prójimo en público" y debe donar con alegría y de todo corazón; no se hace beneficencia forzada y con el corazón contrito. "Shamai decía: Recibe a todos de buenas maneras. ?Cómo hacerlo? Si alguien obsequia a su prójimo los mejores bienes del mundo con rostro airado, es como si no le hubiera dado nada; pero si alguien recibe a su prójimo con expresión radiante aunque no le hubiera obsequiado nada, es como si le ofreciera los mejores dones del mundo" (Avot de Rabí Natán).

Quien hace beneficencia, debe donar de acuerdo con sus posibilidades y con las necesidades del carenciado sin demorar la entrega, pues en Mishlei 3, 28 dice: "No digas a tu prójimo (según Rashi, al pobre): Vete y vuelve, manana te daré si tienes algo en tu poder". Es decir, quien hace beneficencia debe dar al necesitado sin dilaciones ni vacilaciones, para cubrir sus carencias.

Los jasidim cuentan que una vez llegó un pobre a la casa de Rabí Menajem Mendl de Rimanov y se quejó de su situación. El justo sacó de inmediato dinero del bolsillo y se lo dio; el pobre le agradeció y prosiguió su camino. Rabí Menajem Mendl envió detrás de él a uno de sus jasidim para que lo hiciera regresar, y volvió a darle una suma considerable. Cuando los jasidim lo interrogaron por el sentido de su conducta, les respondió: Primero oí el triste relato de ese pobre y le di algo para calmar mi dolor y apaciguar mi ánimo; no lo hice por beneficencia, sino para mí mismo. Por eso le volví a dar, para cumplir con el precepto de la beneficencia.