LOS JUDIOS, ¿UN PUEBLO DEICIDA?
Estimado Sr.Director de la Vanguardia:
Primero felicitarle por su periódico, estoy convencido de que está no es la única mención grata a un trabajo bien hecho.
Ahora si me lo permite, tan solo unas reflexiones puntuales a un artículo publicado por ustedes el 25/12/2003 y en el que Jaume Aymar, Decano de la Facultad Eclesiástica de Filosofía, realiza ciertas manifestaciones poco rigurosas con la historia y con el estudio novotestamentario. Manifestaciones que, cuando proceden de un Decano al que se le presupone mayor conocimiento histórico y una mayor claridad en los hechos a historiar son del todo inaceptables.
En el campo de las creencias cada uno puede creer lo que quiera, faltaría más, y mientras el empuje del islam paranóico lo permita, estamos en un conjunto de países que garantizan este derecho. Partiendo pues de esta premisa, este derecho a la libre creencia y a la libre exposición de ella es irrenunciable. Sin embargo; cuando en el ejercicio de este derecho a creer lo que a uno le venga en gana (aunque sea de forma distorsionada), se expresan conceptos erróneos, cuando no falsos, se corre el riesgo de caer en la consigna más rancia y en el renacimiento de viejos fantasmas, unos fantasmas que para quienes se adhieren al concilio vaticano II también son del todo inaceptables.
El señor Aymar comienza expresando una loable sensibilidad hacia el dialogo, hacia la comprensión, hacia puentes tendidos en aras de la armonía. Sin embargo inexplicablemente esos mismos puentes se derrumban al hacer unas afirmaciones que nada tienen que ver con la realidad novotestamentaria. Quizá porque sus fundamentos están basados en prejuicios religiosos de gran raigambre en la memoria colectiva del cristendum, independientemente de lo que podemos encontrar como impresión incontrovertible en el relato del nuevo testamento en general y de los evangelios en particular.
Cuando afirma que los judíos se enfurecieron con Jesús y lo mataron porque no creyeron que fuese el mesías, está cometiendo un error de análisis cuyas fatales consecuencias llegaron hasta la verguenza europea del holocausto.
El principio fundamental del cristianismo es precisamente que Jesús muriera, pues de no haberlo hecho la razón de ser del cristianismo no tendría sentido alguno. Por lo tanto la premisa de la muerte es obligatoria para el pensamiento teológico y dogmático crístico. En todo caso habría que dar las gracias al pueblo judío por enviar a Cristo a la cruz, porque es en su desaparición física que hasta el señor Aymar, como creyente en Dios-según dice-, se ha beneficiado de su muerte "redentora".
Pero no fue el pueblo judío el causante de su muerte, sino los romanos ¿por qué nunca se ha acusado al pueblo romano de "deicida"? ¿y al gremio de carpinteros por ejercer una función por la que Jesús fue colgado en una de sus creaciones artesanas?. Y tan siquiera se debe practicar una reducción tan simplista del hecho doctrinal, pues la muerte de Jesús es proclamada en todo el nuevo testamento, en las epístolas sobre todo, como un acontecimiento que debía suceder de forma inexorable, esto o el cristianismo explota antes de nacer.
Por no extenderme innecesariamente, Juan 10:17-18 derrumba el mito de la infame acusación de deicidio que al parecer algunos persisten en hacer que pese sobre el pueblo judío (¿poder matar a Dios?, que estupidez). Así pues en la muerte de Jesús habría participado toda la raza humana, por descontado que el señor Aymar también.
Finalmente; quizá el señor Aymar como Decano de la Facultad Eclesiástica de Filosofía sea una eminencia reconocida, pero como estudioso de otras religiones carece del rigor del peso de la evidencia. Decir que para los judíos Dios es distante y vengativo demuestra un conocimiento cero del ser judío, de la esencia del judaísmo y de su corpus doctrinal, atendiendo que el judaísmo carece de lo que en el cristianismo se entiende como "doctrina".
Y no solo eso, también parece desconocer los propios escritos evangélicos en donde leemos en Lucas 19:27 que Jesús dice: "Y también a aquellos de mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos aquí, y decapitadlos delante de mi.", Eso o cuando no estaba fuera de sí y se comportaba como un paranóico como también leemos en el relato evangélico, o expulsaba iracundo a los comerciantes que, por cierto, se encontraban en el sitio que les correspondía legalmente estar de acuerdo a las normas establecidas por la ley judía. Más adelante el autor a la carta a los hebreos hace unas manifestaciones concluyentes, manifestaciones que le excuso pero que doy la cita para quien le interese Hebreos 10:26-31, y si nos vamos al libro del Apocalípsis, ahí descubrimos el verdadero talante de Jesús.
Hallamos más misericordia y bondad en el libro de los Salmos que en todo el nuevo testamento junto.
Y mi estimado señor Director, espero no haber agotado su amable paciencia. Concluyo por fin expresando una duda compartida por eruditos de todas las áreas de la investigación y el estudio del nuevo testamento e historia de la iglesia.
Científicamente no está
demostrado que Jesús existiera, tan solo contamos con una velada alusión a su
presunta figura en Antiguedades de los judíos de Flavio Josefo y poco más
podemos añadir que nos haya llegado del siglo I.
¿El nuevo testamento?. el nuevo testamento en cuanto a los evangelios se refiere, no son sino un compendio de novelas helenísticas adaptadas a la figura de Jesús. Una mitopoiesis entre mitos griegos y egipcios adecuados al texto novotestamentario.
A partir de aquí lo que quiera creer cada uno es cosa suya y es su derecho, pero las manifestaciones expresadas como acusaciones solapadas de deicidio son peligrosamente judeófobas disfrazadas de buenas intenciones.
Le agradezco su paciencia y amabilidad.
Reciba un cordial saludo.
Rafael T. Pérez