Eliezer, el
sirviente de Avraham; Shaúl ben (hijo de) Kish; e Iftaj el Giladi”.
Estudiemos ahora las historias de estos tres hombres:
ELIEZER, EL SIRVIENTE DE AVRAHAM
Era el crepúsculo. Los campos de trigo se extendían tan lejos como
el ojo podía ver, sus gavillas doradas se balanceaban con la brisa.
Eliezer, el sirviente de Avraham, caminaba lentamente entre los
campos, echando una mirada en todas las direcciones para supervisar a
los pastores mientras arreaban a sus ovejas de vuelta a los corrales
para pasar la noche.
“Bendito eres tú para Hashem, Eliezer, sirviente de nuestro maestro
Avraham” exclamaron los pastores mientras Eliezer se acercaba. El
agradeció el saludo de ellos con una seña humilde con la cabeza y
unas palabras amables antes de continuar su camino.
En la distancia, uno podía divisar la amplia carpa de Avraham Avinu
(Abraham nuestro padre). Esta estaba abierta en todas las direcciones
a fin de que los viajeros fatigados no se tuvieran que molestar en
encontrar la entrada, no importa desde donde venían.
Los rayos del sol, al ras del horizonte al oeste, perfilaban la figura
alta de Eliezer contra los arbustos. El había terminado sus
obligaciones de ese día y ansiaba hablar con su querido amo. Eliezer
disfrutaba estar en presencia de Avraham y aprender de todas sus
acciones.
“Bendito eres tú para Hashem, el Creador del mundo” dijo Eliezer
a su amo mientras entraba a su carpa.
“Bendito eres tú para tu Amo” respondió Avraham con afecto,
agregando “la comida está lista. Ven a lavarte tus manos, bendice
al Creador, y come. Seguramente estás cansado y hambriento”.
Eliezer reflexionó, “¿Quién imaginaría que yo soy sirviente en
esta casa? ¡Mi amo me trata como a un hijo!”.
* * *
Después de comer y descansar un poco, Eliezer salió para tomar un
poco de aire fresco. El cielo ya estaba lleno de estrellas. Eliezer se
apoyó contra el tronco de un árbol de plátano y se sumergió
profundamente en un pensamiento.
“Amo del mundo” reflexionó "¡Cuan grande es la bondad que Tú
derramaste sobre mí! Yo soy un esclavo de nacimiento, un canaanita
abominable. ¿Cómo es, entonces, que yo pude elevarme sobre la
contaminación de esta tierra y logré entrar a la casa del elegido de
todas Tus creaciones, mi amo, Avraham? ¿Cómo gané el privilegio de
sentarme junto a él y experimentar la gracia de su presencia?”
.Las hojas revoloteaban suavemente en la brisa. Los pájaros que
anidaban en el denso follaje hacía tiempo que estaban dormidos. Las
estrellas titilaban y parecía que les estaban guiñando un ojo desde
las alturas aterciopeladas, como si estuvieran diciendo, “Que
duerman bien, que duerman bien”.
La brisa soplaba rápidamente en silencio. Eliezer, también, se quedó
dormido al pie del alto árbol de plátano, sobre una cama de pasto
suave.
Soñó con él mismo cuando era un joven y vivía en el palacio del
malvado Nimrod. La vida era tan amarga en medio de la maldad del
palacio. Nimrod idolatraba el poder y negaba al Di’s viviente.
Exaltaba la fuerza y el mal. Favorecía a aquéllos que usaban su
poder para robar, saquear y asesinar, con el fin de satisfacer sus
deseos. Nimrod detestaba a los débiles y los indefensos, los honestos
y los justos.
El alma sensible de Eliezer estaba hastiada de lo que lo rodeaba. Y
entonces llegó ese día trascendental. Avraham fue salvado
milagrosamente del horno ardiente al cual Nimrod lo lanzó y como una
muestra de respeto, Nimrod le dio Eliezer a Avraham como sirviente.
Para Eliezer, la mudanza del palacio de Nimrod a la casa de Avraham
era como salir de una neblina densa y negra a la luz brillante. Las
puertas del amor y la fe fueron abiertas rápidamente de par en par
delante de él y él estaba deslumbrado.
Eliezer era un estudiante afanoso, y Avraham Avinu eran un maestro sin
igual. Al principio, le enseñó a su sirviente las leyes de la Torá
y los caminos de la benevolencia. Al mismo tiempo desarraigó las
supersticiones necias y las malas maneras que Eliezer aprendió de
Nimrod.
“Hay sólo un Amo en este mundo, un Creador Quien constituyó todo
el mundo y todo lo que contiene” le explicó Avraham “Nosotros,
Sus creaciones, estamos obligados a servirLe y a obedecer Sus
preceptos, pues nosotros estamos vivos debido a Su bondad”.
Eliezer asimiló profunda y afanosamente las enseñanzas de su
maestro. Repasaba sus lecciones día y noche. Sobre todo, Eliezer
aprendió simplemente de observar a Avraham. Su maestro nunca movía
un miembro de su cuerpo, para otra cosa que para agradecer al Creador.
Con el tiempo, Eliezer, también, comenzó a enseñar a aquéllos que
adoraban ídolos que sus estatuas de madera y piedra eran impotentes,
y que posternarse a ellos es en vano. La gente escuchaba y prestaba
atención. Estaban obligados a admitir la lógica de sus palabras y,
una vez que estaban convencidos, arrojaban sus ídolos e iban con
Avraham a aprender más acerca del Creador. De este modo, Avraham,
ayudado por Eliezer, expandía la creencia verdadera en el Di’s
Unico.
* * *
“¡Eliezer, Eliezer!” exclamó una voz.
Avraham estaba de pie a la entrada de su carpa, sus ojos brillaban con
una luz sagrada.
Eliezer se despertó estremecido.
“Ven aquí, hijo mio. Tengo algo para discutir contigo” dijo
Avraham tiernamente. Una luz suave iluminaba la carpa. Los invitados
ya estaban dormidos. Avraham miró directamente a los ojos de su
sirviente y le dijo: “Tú seguramente te das cuenta que ya soy mayor
y que mi hijo ha alcanzado la edad de casarse. Yo no quiero que tome
una mujer de los canaanitas, pues Canaán fue maldecido por Noaj para
siempre.
“Yo te he elegido a ti, mi sirviente piadoso, para que vayas a la
ciudad donde nací, Jarán, y que busques una mujer de mi familia para
que sea la esposa de Itzjak”.
En la luz débil, Avraham no podía ver qué pálido Eliezer se volvió
al escuchar esas palabras. ¿Pero por qué? ¿Acaso Eliezer no era
verdaderamente un sirviente leal? ¿No quería a Avraham con toda su
alma? Entonces, ¿por qué su corazón se encogió al escuchar el
pedido de Avraham?.
Eliezer tenía otros planes para el futuro de Itzjak. Al comprender
que nadie estaba más cercano a Avraham que él, Eliezer ansiaba que
su hija agradable, recatada y culta se casara con Itzjak. Pero ahora,
su sueño fue frustrado.
Eliezer se encontraba todavía sumergido en sus pensamientos cuando
Avraham habló nuevamente: “Quiero que me jures en nombre de Hashem
que no permitirás que mi hijo se case con una muchacha canaanita,
sino sólamente con una muchacha de mi familia".
“Pero ¿qué sucederá si ella se niega a dejar su tierra natal? ¿Debo
yo llevar a Itzjak a Jarán?”.
“¡Jamás!” dijo Avraham “Mi hijo nunca debe dejar la tierra
santa de Eretz Israel (la Tierra de Israel). Estoy seguro que Hashem
te otorgará éxito en tu misión. Si no logras convencer a una
muchacha adecuada que venga acá, te eximo de tu juramento. Entonces
permitiré que Itzjak se case con una hija de Aner, Eshkol o Mamre”.
* * *
Eliezer era un sirviente fiel y estaba deseoso por cumplir los deseos
de su amo. Cargó todos los obsequios valiosos que Avraham preparó
para la futura esposa de Itzjak y su familia sobre los lomos de los
camellos. Avraham también le dio un documento por medio del cual
traspasaba por escritura todas sus pertenencias a Itzjak, y Eliezer
puso esto en su cinturón. Ahora estaba listo para irse.
La caravana emprendió un viaje que normalmente duraba dos semanas y
media. Pero Eliezer fue bendecido con ayuda Celestial. Un ángel fue
delante de él y acortó el camino: después de sólo tres horas llegó
a Jarán. Se frotó los ojos con asombro. “¿Es posible que nosotros
realmente ya estamos acá?” se preguntó.
Eliezer condujo a los camellos hacia la fuente. El sol se estaba
ocultando, y él le ofreció una plegaria a Hashem:
“¡Señor del mundo! Por el mérito de mi amo, Avraham, guíame para
que pueda elegir la esposa correcta para Itzjak. Por favor, Hashem, otórgame
una señal a fin de que pueda saber que he elegido correctamente.
Ahora es la tarde, y todas las muchachas jóvenes salen a sacar agua
de la fuente. Le pediré a la primera muchacha que se cruce en mi
camino que me dé un poco de agua. Si ella está de acuerdo y también
se ofrece a dar de beber a mis camellos, consideraré esto como una señal
de que ella es destinada para el hijo de mi amo.”
* * *
La plegaria de Eliezer parece ser correcta. Además, su plegaria fue
respondida, y en base a esta señal, él eligió a Rivká. Pero
nuestros Sabios criticaron el pedido de Eliezer.
¿Qué había de incorrecto en la demanda de Eliezer?, El se equivocó
al decir que la primera muchacha que se cruzara en su camino y que le
ofreciera agua para él y sus camellos debía casarse con Itzjak. ¿Pero
qué sucedía si la primera muchacha era ciega o lisiada? ¿Qué
hubiera hecho Eliezer entonces? Hashem hizo que Rivká fuera primero,
pero no tenía que suceder necesariamente de ese modo.
Sin embargo, a pesar de que el pedido de Eliezer fue incorrecto, del
Cielo le enviaron una respuesta adecuada, con Rivká.
SHAUL BEN (HIJO DE) KISH
Shaúl ben Kish también pidió incorrectamente.
Cuando Hashem le informó a Shmuel (el profeta Samuel) que El iba a
transferir el gobierno del pueblo judío de Shaúl a David, el profeta
estaba decepcionado.
“¡Deja de lamentarte por Shaúl!” le ordenó Hashem a Shmuel
“El no cumplió con Mi palabra y ya no es más apto para gobernar.
Yo elegí a un rey diferente en su lugar. Levántate, toma el cuerno
de aceite para ungir y ve a Beit Lejem, a la casa de Ishai. Allí,
debes ungir a uno de sus hijos”.
“¡Señor del mundo!” le rogó Shmuel “Si Shaúl se entera que
fui a Beit Lejem para ungir a otra persona en su lugar, tal vez me
matará!”.
.“¡No temas!” lo tranquilizó Hashem “Yo estaré contigo. Toma
un ternero joven y ve a Beit Lejem a sacrificarlo. (El Mishkán (el
Tabernáculo sagrado que los Judíos armaron en el desierto) ya no
existía en ese tiempo, y los judíos tenían permiso de sacrificar
sobre altares erigidos en cualquier lugar que fuera necesario) Cuando
la gente se congregue, Ishai estará allí con sus hijos. Esa será tu
oportunidad para hacer lo que te ordeno”.
Shmuel tomó el aceite y se dirigió a Beit Lejem. Su corazón se
apesadumbraba mientras pensaba en Shaúl, a quien él había ungido y
fracasó. También temía la reacción de Shaúl, pero como sirviente
fiel de Hashem, hizo lo que le dijeron.
* * *
La noticia de la llegada de Shmuel se expandió rápidamente por todo
Beit Lejem. Todos los residentes de la ciudad acudieron a saludar al
hombre santo.
“He venido a traer una ofrenda a Hashem junto con ustedes” dijo
Shmuel “¿Se encuentra aquí Ishai con sus hijos?”
Ishai estaba desconcertado. ¿Por qué el profeta lo distinguió?.
Llamó a sus hijos y, juntos, se acercaron a presentarle sus respetos
a Shmuel.
El profeta miró de arriba a abajo a Eliav, el mayor, quien se
destacaba delante de él. Era un joven extremadamente notable.
“Este debe ser el elegido de Hashem” pensó Shmuel. Tomó el
cuerno de aceite y estaba por ungir a Eliav. Pero el aceite se
petrificó y no salía. En ese momento, Hashem se reveló delante de
Shmuel.
“No debes prestar atención a la apariencia externa” le dijo
Hashem “No mires su altura impresionante. El no es Mi elegido. El
hombre vé sólo el aspecto externo, pero Hashem vé dentro del corazón”.
Shmuel se alejó de Eliav. Luego Ishai le presentó a su segundo hijo,
Avinadav. Shmuel esperó una señal del Cielo. Cuando vio que no
llegaba, entendió que aquél joven tampoco era el elegido.
“Dá un paso hacia adelante y muéstrate frente al profeta” empujó
Ishaí a su tercer hijo, Shama. Shama se puso de pie delante de Shmuel,
pero nuevamente no llegó ninguna señal del Cielo.
Uno por uno, los otros cuatro hijos de Ishai dieron un paso hacia
adelante, pero ninguno de ellos fue encontrado adecuado para ser rey.
“¿Tienes tú más hijos?” le preguntó el profeta.
“Tengo un hijo más” dijo Ishai “el menor. Pero está
pastoreando las ovejas”.
“¡Enviá a buscarlo y tráelo acá!” le ordenó Shmuel “¡No
podemos comenzar a tomar parte del korbán (sacrificio) hasta que él
llegue!”
Ishai mandó a buscar a David, quien estaba cuidando las ovejas de su
padre en el desierto. David solía conducir las ovejas al desierto
para que pastaran a fin de que no comieran lo que no le pertenecía a
su padre.
Hashem privilegió a este joven pelirrojo, pues El pudo ver que David
poseía un corazón puro que rebosaba de amor y temor a Hashem. Ese
corazón anhelaba estar cerca de Hashem, y también estaba lleno de
cariño por todas las criaturas vivientes.
El mensajero llegó al lugar donde estaba pastoreando en el desierto.
David estaba caminando entre las ovejas y cantando, y su voz dulce
resonaba. Las notas hermosas hicieron que el mensajero se quedara de
pie inmovilizado, encantado por la melodía persistente y las hermosas
palabras que expresaban amor y alabanza al Todopoderoso.
De repente, el mensajero se sacudió su ensueño y recordó que tenía
una misión importante que cumplir.
“¡David! ¡David!” exclamó “Ven rápidamente. Tu padre te
manda a buscar. ¡Debes regresar a tu casa inmediatamente!”
.David se apresuró hacia Beit Lejem como su padre le pidió.
Cuando David llegó, Shmuel lo examinó cuidadosamente.
El profeta consideraba la pregunta a fondo: ¿Es éste el elegido de
Hashem? ¿Podrá este joven pastor gobernar a una nación entera?
Luego sintió el aceite gotear en sus manos. El aceite que estaba
congelado en el cuerno se derritió nuevamente, y estaba desbordándose.
Se estaba derramando por sí mismo sobre David. Las gotas brillaban
sobre su cabeza como gemas resplandecientes armando una corona. Shmuel
miró el cuerno que estaba en sus manos. ¡Todavía estaba lleno!.
“¡Levántate y úngelo, puesto que yo lo he elegido para que sea
rey!” declaró Hashem.
Shmuel se acercó a David y vertió el aceite sobre su cabeza.
Inmediatamente, el espíritu de Hashem se adueñó del niño
haciendolo aparentar que ganaba más estatura. Su rostro replandecía
con una luz pura y santa.
“¡Te agradezco a Ti, pues Tú me has respondido, y Tú te has
vuelto mi salvación!” exclamó David, lleno de alegría. Ishai
respondió: “¡La piedra despreciada por los constructores llegó a
ser la piedra angular!”
“¡Esto es de Hashem; es maravilloso frente a nuestros ojos!”
exclamaron los hermanos de David sorprendidos.
* * *
Poco tiempo después, el espíritu de Hashem, el cual había posado
sobre Shaúl hasta el momento, se apartó del rey y un espíritu malo
lo reemplazó. A partir de ese momento, Shaúl fue ganado por el temor
y la depresión. Estuvo unos días en cama, padeciendo de melancolía.
Sus consejeros se encontraron y debatieron cómo podían ayudar al
Rey.
“Conozco a un joven” sugirió un ministro “que toca muy bien el
arpa. Compone sus propias melodías e improvisa letras para sus
canciones. Es un muchacho agradable y puede reanimar el espíritu
melancólico del Rey. Deben haber escuchado acerca de él, David, el
hijo de Ishai”.
Ishai estaba fuera de sí por la agitación cuando abrió la puerta y
encontró al mensajero del Rey en el umbral de su casa. Fue a buscar a
David, lo vistió con vestimentas bellas, y, despidiéndose de él, lo
envió con presentes valiosos para el Rey.
Apenas Shaúl posó su vista en David, sintió un afecto instintivo
hacia él, como si de repente vínculos invisibles los unieran. Al
principio, David fue nombrado sólamente como el músico de la corte.
Pero cuando Shaúl lo conoció mejor, él se convirtió también en el
escudero real.
La presencia de David tenía un efecto curativo sobre el Rey. Cuando
Shaúl se ponía excesivamente triste, el joven se presentaba y
comenzaba a tocar su arpa. De repente la habitación se llenaba de
notas celestiales que expulsaban el mal humor del Rey y lo dejaban
relajado y sonriente.
Mientras tocaba, David también cantaba salmos que él mismo componía.
Estos hablaban acerca de la fe en Hashem y la esperanza para el
futuro. Expresaban principios básicos del Judaísmo y actuaban sobre
el alma fatigada de Shaúl como el rocío sobre la tierra reseca. El
Rey le agradecía a Hashem por enviarle a este joven encantador y
respetuoso.
* * *
La noticia de la enfermedad de Shaúl llegó hasta los filisteos, el
enemigo permanente de Israel. Ellos decidieron que era el momento
oportuno para atacar.
Movilizaron a todos sus soldados e invadieron Eretz Israel (la Tierra
de Israel). Shaúl le ordenó a sus hombres que se reagruparan y que
rechazaran el ataque, y los dos ejércitos se encontraron acampando en
montañas enfrentadas. Entre los dos campamentos Goliat, el gigante
filisteo, salió dos veces por día durante cuarenta días. Este solía
maldecir a Hashem en un esfuerzo por incitar a los israelitas para la
guerra, pero ninguno era lo suficientemente valiente como para hacerle
frente. En cambio, los judíos se agazapaban en sus tiendas.
La situación se volvió tan imposible que Shaúl prometió la mano de
su hija a aquél que venciera al gigante en la batalla. Sólo David se
ofreció como voluntario. Brindándole una plegaria fervorosa a Hashem,
salió contra el poderoso Goliat. Para el asombro de todos, con nada más
que su honda y tres cristales de roca pulidos, el joven logró golpear
a Goliat en la frente con una piedra, matándolo en forma instantánea.
* * *
Nuestros Sabios dicen que Shaúl, como Eliezer, no pidió
adecuadamente. Sin embargo, Hashem escuchó su plegaria y la respondió.
El Rey no debió haber prometido a su hija tan fácilmente a la
persona que matara a Goliat. ¿Cómo podía saber por adelantado quién
sería esta persona?. Podría haber sido un esclavo, o aún una
persona que no tenía permiso para casarse con un Judío.
Pero Hashem trató a Shaúl bondadosamente, y a pesar de que su pedido
era incorrecto, fue respondido a través de David ben Ishai, quien
llegó a ser el siguiente Rey de Israel.
IFTAJ EL GILADI
Iftaj el Giladi también pidió en forma incorrecta. Pero, a
diferencia de Eliezer y Shaúl, no le respondieron amablemente.
Antes de conducir a los ejércitos israelitas a la guerra contra Amón,
Iftaj le imploró a Hashem por el éxito. En el éxtasis de su
plegaria, exclamó: “Te juro solemnemente, Hashem, que si entregas a
Amón en mis manos, el primer ser viviente que cruce el umbral de mi
casa cuando yo regrese será sacrificado en Tu honor”.
Iftaj pensó que sería un animal kasher (permitido), una oveja o una
cabra, apta para un sacrificio. No se le ocurrió que podía ser un
animal impuro, el cual no podía ser sacrificado, o aún un ser
humano. Y como él no tuvo cuidado en especificar cuál era su intención,
el Cielo lo castigó. La primera en saludarlo después de su regreso
exitoso fue su querida hija única.
Nuestros Sabios critican a Iftaj por haber sido un necio obstinado y
no haber anulado su juramento. Tenía que haber ido a ver al profeta
Pinjas,quien era el líder espiritual de esa generación, y le tenía
que haber pedido anulara su juramento. Después de todo, él nunca había
pensado que el primer ser que lo iba a saludar sería su hija. Pero el
orgullo de Iftaj le impidió que se acercara a Pinjas, y esto hizo que
él perdiera su posesión más valiosa.
(La historia de Iftaj y su hija es narrada en Relatos del Talmud, volúmen
3, página 83.)
* * *
Con respecto a los actos de Iftaj, nuestros Sabios citan el versículo:
“Ellos construyeron también los lugares altos del Baal, para quemar
a sus hijos con fuego para ofrendas quemadas para el Baal lo cual yo
no ordené, ni hablé, ni tampoco entró en Mi mente” (Irmiahu –
Jeremías 19:5). La repetición triple de este versículo: no ordené,
ni hablé, ni tampoco entró en Mi mente, se refiere a los tres casos
de hijos ofrecidos como sacrificios por sus padres: el hijo de Meisha,
Rey de Moav; la hija de Iftaj; e Itzjak el hijo de Avraham Avinu.
EL HIJO DE MEISHA, REY DE MOAV
Meisha decidió que ya había pagado suficiente tributo anual a Israel
de 100.000 ovejas de primera calidad y 100.000 carneros lanudos de
clase superior.
Iehoram, el Rey de Israel, se encolerizó al ver que el tributo no
llegó ese año, y decidió atacar al rebelde Moav. Pero después de
evaluar su fortaleza militar, se dio cuenta que no tenía suficientes
hombres para derrotarlo.
Iehoram convocó a sus ministros para decidir qué hacer. Un consejero
reunió coraje y preguntó: “¿Dónde espera usted encontrar los
soldados necesarios, Su Majestad?”
“Tengo el propósito de acercarme a Iehosafat, el Rey de Iehudá.
También le podemos pedir a Edom que se una a nuestra alianza, ya que
ahora son súbditos de Iehudá”.
Los ministros elogiaron la idea unánimemente.
“Pero el tiempo nos apremia” dijo Iehoram nerviosamente. Volviéndose
hacia su ayudante agregó: “Envía una carta con un mensajero al Rey
de Iehudá, y pídele que venga a ayudarnos en la guerra contra
Moav”.
La respuesta de Iehosafat fue inmediata: “Estoy con ustedes en
todo” prometió “El enemigo suyo es mi enemigo y mi ejército está
a su disposición. Unámonos para vencer al enemigo”.
Después de consultas breves entre Iehoram y Iehosafat, se decidió
avanzar por el desierto Edomita y reclutar tropas de ese país.
* * *
La caballería se expandió a través del desierto. Hacía un calor
sofocante. El suelo estaba reseco y la arena revuelta hacía
dificultosa la respiración. Las aves solitarias giraban por encima
perezosamente, con sus alas colgando y sus alaridos penetraban en el
aire tranquilo.
Las tropas de infantería marchron con precisión exacta. Estaban
alertas y listas para actuar, pero sus corazones estaban tristes. El
canto que surgió de sus labios cuando se aventuraron hacía mucho
tiempo que se había desvanecido y el abastecimiento de agua se estaba
consumiendo rápidamente.
Dos soldados cerraban la marcha.
“De acuerdo con mi cálculo” dijo uno “nosotros debíamos estar
fuera de este desierto maldito hace mucho tiempo. ¡Hemos estado
marchando a través de este médanos ardientes durante siete días sin
ningún signo de civilización a la vista!”.
“Tienes razón, amigo mio” respondió su compañero “¿Pero no
escuchaste los rumores?. Anoche, cuando pensaban que nadie los estaba
escuchando, nuestros comandantes mantuvieron una reunión para hacer
nuevos planes. Ellos admitieron que nosotros perdimos nuestro camino.
¡Estamos errando a la deriva, sin ninguna dirección fija!”
“¡Agua! ¡Agua! ¡Agua!” exclamaron los soldados.
Sus líderes estaban incapacitados para satisfacer el pedido de agua
de los soldados. En su tienda, Iehoram se movía de un lado a otro en
su cama, con su mente trabajando febrilmente.
“¡Qué tonto soy! ¿Por qué le pedí al Rey de Iehudá que venga a
ayudarme? Su idea era rodear Moav y asaltarlos por atrás. Eso es lo
que nos ha llevado a este estado de cosas desesperante. ¡¿Cómo
vamos a salir de esta situación difícil y encontrar agua para
nuestros hombres sedientos?!”.
Su conciencia continuaba torturándolo. Miraba fijamente más allá de
la oscuridad de la tienda hacia la pálida luna creciente que
iluminaba la noche del desierto, y no podía quedarse dormido. Tarde
en la noche, finalmente, se sumergió en un sueño intranquilo
perturbado por pesadillas, las cuales duraron hasta el amanecer. Luego
se despertó, se levantó de repente y descubrió cómo sus soldados
se estaban poniendo en marcha.
Iehosafat caminó hacia él, con su rostro contraído y melancólico.
Los dos reyes se examinaron el uno al otro.
“¡La batalla está perdida!” dijo Iehoram con desesperación
“Del Cielo nos han hecho caer en la trampa del desierto y nos han
convertido en blancos fáciles para el enemigo. ¿Dónde podemos
encontrar agua para darle a nuestras tropas sedientas? Con este calor,
van a comenzar a diseminarse en todas las direcciones en busca de agua
y nosotros perderemos todo el control sobre ellos. Luego Moav
aprovechará de esta oportunidad y atacará. ¡Nos masacrarán en
masa!”.
Sin embargo, Iehosafat no se desesperó. Como descendiente del Rey
David, sabía dónde ubicar su confianza. Aún en el peor de los
peligros, se negó a abandonar su fe en Hashem. Tal vez había una
salida natural de su situación difícil, pero ese no era motivo para
falta de fe. Eso no excluía la posibilidad de milagros.
El se reprendía a sí mismo por no haber buscado el consejo de un
profeta antes de salir a la guerra. Pero no era demasiado tarde; todavía
podía poner las cosas en su lugar. Iehosafat miró a Iehoram y le
preguntó suavemente: “¿Hay algún profeta verdadero acá en el
campamento?”
.“Si usted me permite, Su Majestad” interrumpió uno de los
ayudantes de Iehoshafat “yo le responderé al Rey de Iehudá”.
El Rey consintió y el joven continuó: “Elishá ben (hijo de)
Shafat está entre nosotros. Es un profeta verdadero de Hashem, un
discípulo de Eliahu Hanaví (el profeta Elías)”.
El Rey de Iehudá se apresuró hacia su tienda para quitarse su
vestimenta real, ya que deseaba pararse delante del profeta como un
discípulo frente a su maestro, y no como un rey orgulloso. Luego los
tres reyes fueron a buscar a Elishá.
* * *
Elishá examinó a los tres reyes con una mirada penetrante. El rey de
Israel y el rey de Edom estaban parados delante de él en actitud
altanera, resplandecientes con sus túnicas reales y majestuosos con
sus coronas. Pero Iehosafat se encontraba de pie entre ellos, y parecía
un plebeyo con sus vestiduras sencillas.
Iehoram dio un paso hacia adelante y expresó su pedido.
“¿Qué tengo que ver yo contigo?” comenzó a decir Elisha “¿Por
qué has venido a verme? Tú no pones confianza en lo que dices,
entonces, ¿cómo quieres que te ayude? ¿Por qué no vas a ver a los
profetas falsos de tu padre y tu madre?”.
Estas palabras, expresadas bruscamente pero sin sarcasmo, conmovieron
el corazón arrogante de Iehoram.
“Por favor, profeta santo, no me recuerde mis pecados. Este no es el
momento correcto para críticas. Si usted no me ayuda, al menos ayude
a los otros dos reyes que están parados delante suyo”.
El rostro del profeta estaba ardiendo. No atendió a Iehoram y se negó
a mirarlo. Dirigió sus palabras a él, sin embargo, y dijo: “Yo
juro en Nombre de Hashem que si no fuera por Iehosafat, el rey de
Iehudá, quien es meritorio y justo, ni me hubiera preocupado por ti.
Pero él se merece un milagro”.
El profeta se levantó de su asiento, altamente perturbado, y exclamó:
“Traigan a un músico para que toque un instrumento y así disipe mi
tristeza y ansiedad”. Su pedido fue cumplido inmediatamente.
Mientras las notas de música agradables y conmovedoras flotaban en el
aire, el espíritu de Hashem se posó sobre él y elevó su voz en una
profesía:
“Así dice Hashem: "Sin el silbido del viento, sin nubes y sin
lluvia, la planicie del desierto de repente será llenada con varios
pozos de agua que no fueron cavados por ninguna mano humana. Estos
pozos rebosarán con agua de manantial fresca y transparente la cual
calmará la sed de los hombres y los animales. Y luego, Hashem
entregará Moav en tus manos. Tú te levantarás contra su tierra y la
destruirás completamente" ”.
* * *
Una lluvia torrencial cayó en la tierra de Edom durante toda esa mañana.
Las aguas se precipitaron cuesta abajo hasta que, hacia el atardecer,
inundaron el desierto. Los soldados desde sus puestos observaban con
admiración el espectáculo maravilloso. Sentían como si los
manantiales que fluían estuvieran arrasando con el abatimiento que
estaba asentado en sus corazones. Gritando de alegría, se agacharon
junto al agua transparente y bebieron hasta saciarse.
Los guardianes que se encontraban en las torres de Moav de repente
divisaron una actividad sospechosa en el desierto. Enviaron mensajeros
al rey para advertirle acerca del peligro inminente y éste transmitió
órdenes a todas las tropas del país para que se prepararan para la
guerra. Al poco tiempo, los soldados ya estaban listos para defender
sus fronteras y rechazar cualquier ataque.
En la tienda que servía como cuartel general, los comandantes
moavitas se encontraban estudiando unos mapas cuando unos sonidos de
trompetas alcanzaron sus oídos. De repente, gritos resonaban por
todos lados. Soldados desaliñados contemplaban mientras aguas rojas
como sangre caían en cascadas poderosamente por las montañas hasta
los valles.
“Debe ser la sangre de los soldados caídos” concluyeron los
comandantes “Los tres reyes deben haber tenido un desacuerdo y deben
haber luchado uno contra otro. ¡Si esta es la sangre de las víctimas
debe haber sido una batalla muy cruel!”.
“¡La victoria es nuestra!” se regocijaron los comandantes, y
corrieron para reunir a los soldados. “¡Adelante! ¡Caminen enérgicamente
hacia allá, soldados, y juntemos el botín de la guerra!”.
Los soldados moavitas marcharon con paso ligero y con sus corazones
alegres hacia su destino, con su imaginación llena de imágenes
vivas: ellos se proponían saquear bolsas de oro y plata de los
israelitas, los judíos y los edomitas.
Sin embargo, de repente, para su consternación y espanto, en vez de
encontrar los cadáveres diseminados en el desierto, ¡se encontraron
con miles de soldados completamente armados atacándolos con gritos de
guerra enardecidos!.
Los moavitas confundidos, al no estar preparados para esto,
retrocedieron, pero el enemigo sacó ventaja y los persiguió, matándolos
por la derecha y la izquierda. Miles de cadáveres de moavitas
llenaban el desierto, y todavía los israelitas y sus aliados seguían
arremetiendo, hasta que devastaron totalmente la tierra de Moav.
* * *
Meisha, el rey de Moav, recorría a pasos regulares el suelo de su
habitación como un león enjaulado. Estaban llegando los rumores
acerca de la derrrota devastadora. “El Di’s de Israel está
librando su batalla” se dijo “Debo calmarlo de algún modo”.
Entonces Meisha tomó a su hijo, lo puso sobre la muralla de la
ciudad, y lo sacrificó. No sabiendo que Hashem desprecia los
sacrificios humanos, él esperaba complacerlo de este modo.
Comparando a Iftaj y Meisha, la Guemará trae a Avraham. Pero aún
cuando El le dijo a Avraham que lleve a su hijo Itzjak para
sacrificarlo, era una prueba la cual nunca tenía intenciones de que
se llevara a cabo.
Y entonces vemos por qué nuestros Sabios dicen que el profeta Irmiahu
(Jeremías) se refería al hijo de Meisha, cuando dijo: “. . .lo
cual Yo no ordené”; a la hija de Iftaj, cuando dijo: “ni tampoco
dije”; y a Itzjak, con las palabras: “tampoco entró en Mi
mente”.
La tierra estaba agrietada y reseca; pedía lluvia. Los agricultores
miraban ansiosos hacia los cielos de color azul claro, en busca de una
nube. Las cisternas de agua hacía mucho tiempo se habían secado y
sus paredes desnudas y rajadas parecían rogar a Hashem que les
enviara lluvia.
Pasó el mes de Jeshván y todavía no cayeron lluvias.
Entonces una mañana clara, de repente los cielos se oscurecieron. La
gente se preguntaba si esas nubes espesas realmente producirían
lluvias. Pero, no, no era una nube de lluvia la que ocultaba al sol de
la vista sino una nube de langostas que se expandía hasta donde el
ojo podía ver. ¡Había millones de pequeñas criaturas aladas!.
Con un silbido altisonante, la nube descendió, hasta que las
langostas se posaron sobre los campos quemados por el viento. Como no
había nada verde para comer, devoraron los tallos secos, las ramas y
las cortezas de los árboles.
Esa noche, la gente se fue a dormir desesperada. En un sólo día, lo
que restaba de la cosecha fue destruído completamente. No esperaban
mucho beneficio de los campos resecos, pero lo poco que brotó se
suponía que iba a durar hasta el año siguiente.
Sin embargo ese no fue el último desastre. Todavía les esperaban
otras plagas.
Tan pronto como las langostas completaron su destrucción y
continuaron avanzando, una clase diferente de langosta se abalanzó y
comió todo lo que quedaba. Cuando esa nube de langostas pasó, una
tercera y una cuarta especie bajó sobre los campos y devoró todo lo
demás.
* * *
Pasó el mes de Kislev, y Tevet sobre sus talones. Adar llegó y todavía
no caía lluvia. Luego, una mañana despejada de Adar, un pregonero
fue por las calles anunciando que el profeta Yoel ben (hijo de) Pesuel
hablaría esa noche en el bet midrash (casa de estudios).
Esa noche, cuando el profeta entró en el bet midrash, todos se
callaron. Caminó a zancadas con un propósito hacia la bimá
(plataforma donde se para el oficiante en la sinagoga), como si fuera
un ángel. Su barba de plata caía sobre su pecho y sus ojos
resplandecían. La audiencia lo contemplaba fijamente, fascinados.
“Querido pueblo” comenzó a decir Yoel ben Pesuel “presta atención.
¡Aquella persona que todavía tiene algunos granos de trigo en su
granero debe salir a los campos y sembrarlos!”.
Todos intercambiaron miradas perplejas. Esperaban escuchar palabras de
consuelo y esperanza del profeta. En cambio, ¡les dio un consejo agrícola!.
Dos hombres demacrados se levantaron de sus asientos y preguntaron:
“¿Se supone que nosotros debemos realmente tomar la última medida
de trigo que estuvimos ahorrando para comer y arrojarla a los vientos?
¿Cómo les podemos negar a nuestros hijos esta pequeña cantidad de
comida que nos quedó y en cambio enterrarla en la tierra? ¡Sin pan,
seguramente moriremos!”.
“A pesar de eso” dijo el profeta dulcemente “yo les estoy
diciendo que salgan y siembren todos los granos que todavía
tienen”.
La reunión terminó. La gente regresó a sus hogares y, con sus manos
temblorosas, sacaron la pequeña cantidad de trigo o cebada que habían
reservado bajo llave para los días de escasez que estaban por venir.
Con ese tesoro valioso, salieron a los campos.
Arar era una tarea difícil. La tierra que alguna vez respondió a sus
esfuerzos estaba dura y firme, como una piedra. Las espaldas de los
campesinos dolían debido al esfuerzo, y luego, cuando querían ver lo
que habían logrado, sólo había filas delgadas de tierra dura apiñada
en terrones secos. Los hombres dejaron caer las pocas semillas
valiosas que tenían, y regresaron a sus hogares. Se encontraban
agotados por el esfuerzo, pero al mismo tiempo estaban alegres ya que
habían obedecido la órden del profeta.
* * *
Un campesino entró a su hogar, puso sus herramientas de trabajo en el
cobertizo que estaba en la parte trasera, y se sentó a descansar
luego del trabajo pesado y agotador. Sus hijos se reunieron a su
alrededor y fijaron sus miradas hambrientas que pedían pan sin
palabras.
El estaba trastornado. Se levantó nerviosamente de su asiento y
comenzó a andar a pasos regulares, devanándose los sesos en busca de
una solución a sus problemas. Trató de recordar si había escondido
algún grano que se lo olvidó por allí. ¿Tal vez en la buhardilla?
Trasladó la escalera de madera a la buhardilla y subió. Cayó sobre
sus manos y rodillas y comenzó a buscar en las grietas de la pared y
en los agujeros que había en el piso granos que tal vez se le
cayeron. La búsqueda del campesino fue debidamente recompensada. El
recogió los granos dorados, con su corazón lleno de alivio, y se
apresuró a molerlos para hacer harina. Un rato más tarde, la casa se
llenó de un aroma de pan recién horneado.
Cuando su esposa sacó las hogazas frescas del horno, dijo:
“Compartamos nuestras bendiciones con nuestros vecinos y sus hijos
hambrientos”.
“¡Efectivamente, efectivamente!” asintió el campesino “No
debemos comer antes de saber que los demás también están
provistos”.
Se sorprendieron mucho al ver a sus vecinos acercarse hacia ellos, con
sus brazos también cargados de aromáticas hogazas frescas.
Unos pasos más adelante se encontraron con otros amigos y conocidos,
todos llevando brazadas de apetitosos panes. Cada uno tenía su propia
historia para contar acerca de cómo encontraron reservas ocultas de
granos y rápidamente hornearon pan. Milagrosamente, toda la masa
recibió tal bendición que produjo varias hogazas.
Al día siguiente, la gente sembró sus campos nuevamente, y, para su
asombro, fueron despertados en medio de la noche por el ruido de un
trueno vibrante. Rayos de luz enceguecedores iluminaban los cielos. El
firmamento rugía con enfado. Luego, cuando rompió el alba, ¡realmente
comenzó a llover! La tierra bebió las benditas gotas ansiosamente,
hasta que se sació.
La lluvia bailaba sobre las ventanas, brincaba en los tejados y
rebotaba en las calles. ¡Qué sonido agradable! Era el mes de Nisán
y estas lluvias llegaron justo a tiempo para que la cebada y el trigo
germinaran y produjeran una cosecha abundante!.
Nuestros Sabios dicen que el versículo: “Aquéllos que siembran con
lágrimas cosecharán con alegría” correspondió a esa generación.
Puesto que mientras enterraban su último grano en la tierra,
cumpliendo la orden del profeta, no podían evitar llorar. Las lágrimas
corrían por sus mejillas a pesar de ellos mismos. Como recompensa por
su confianza, los granos que sembraron brotaron y crecieron rápidamente.
Los animales que fueron llevados al campo para arar los surcos apenas
se podían mover, ya que estaban flacos y débiles. Pero cuando
regresaron para comenzar el siguiente surco, ya se sentían mejor,
puesto que habían mordisqueado los granos que habían brotado
recientemente. Cuando llegaron a sus hogares, los animales se
encontraban satisfechos y contentos, como dice el versículo: “El
regresará con un canto”.
Ese año los judíos pudieron llevar el sacrificio de omer a tiempo,
el dieciseis de Nisán. ¡El grano que normalmente crecía en seis
meses maduró en once días! ¡Y más extraño aún, esa cosecha fue más
abundante que lo habitual!.
Editorial Benei Sholem