Tres personas pidieron a Hashem...


Rabí Shmuel bar (hijo de) Najmani dijo en nombre de Rabí Ionatán: "Tres personas pidieron a Di`s incorrectamente. Sin embargo, dos recibieron la respuesta que esperaban y la tercera no. ¿Quiénes eran?
 

Eliezer, el sirviente de Avraham; Shaúl ben (hijo de) Kish; e Iftaj el Giladi”.
Estudiemos ahora las historias de estos tres hombres:

ELIEZER, EL SIRVIENTE DE AVRAHAM

Era el crepúsculo. Los campos de trigo se extendían tan lejos como el ojo podía ver, sus gavillas doradas se balanceaban con la brisa. Eliezer, el sirviente de Avraham, caminaba lentamente entre los campos, echando una mirada en todas las direcciones para supervisar a los pastores mientras arreaban a sus ovejas de vuelta a los corrales para pasar la noche.
“Bendito eres tú para Hashem, Eliezer, sirviente de nuestro maestro Avraham” exclamaron los pastores mientras Eliezer se acercaba. El agradeció el saludo de ellos con una seña humilde con la cabeza y unas palabras amables antes de continuar su camino.
En la distancia, uno podía divisar la amplia carpa de Avraham Avinu (Abraham nuestro padre). Esta estaba abierta en todas las direcciones a fin de que los viajeros fatigados no se tuvieran que molestar en encontrar la entrada, no importa desde donde venían.
Los rayos del sol, al ras del horizonte al oeste, perfilaban la figura alta de Eliezer contra los arbustos. El había terminado sus obligaciones de ese día y ansiaba hablar con su querido amo. Eliezer disfrutaba estar en presencia de Avraham y aprender de todas sus acciones.
“Bendito eres tú para Hashem, el Creador del mundo” dijo Eliezer a su amo mientras entraba a su carpa.
“Bendito eres tú para tu Amo” respondió Avraham con afecto, agregando “la comida está lista. Ven a lavarte tus manos, bendice al Creador, y come. Seguramente estás cansado y hambriento”.
Eliezer reflexionó, “¿Quién imaginaría que yo soy sirviente en esta casa? ¡Mi amo me trata como a un hijo!”.

* * *

Después de comer y descansar un poco, Eliezer salió para tomar un poco de aire fresco. El cielo ya estaba lleno de estrellas. Eliezer se apoyó contra el tronco de un árbol de plátano y se sumergió profundamente en un pensamiento.
“Amo del mundo” reflexionó "¡Cuan grande es la bondad que Tú derramaste sobre mí! Yo soy un esclavo de nacimiento, un canaanita abominable. ¿Cómo es, entonces, que yo pude elevarme sobre la contaminación de esta tierra y logré entrar a la casa del elegido de todas Tus creaciones, mi amo, Avraham? ¿Cómo gané el privilegio de sentarme junto a él y experimentar la gracia de su presencia?”
.Las hojas revoloteaban suavemente en la brisa. Los pájaros que anidaban en el denso follaje hacía tiempo que estaban dormidos. Las estrellas titilaban y parecía que les estaban guiñando un ojo desde las alturas aterciopeladas, como si estuvieran diciendo, “Que duerman bien, que duerman bien”.
La brisa soplaba rápidamente en silencio. Eliezer, también, se quedó dormido al pie del alto árbol de plátano, sobre una cama de pasto suave.
Soñó con él mismo cuando era un joven y vivía en el palacio del malvado Nimrod. La vida era tan amarga en medio de la maldad del palacio. Nimrod idolatraba el poder y negaba al Di’s viviente. Exaltaba la fuerza y el mal. Favorecía a aquéllos que usaban su poder para robar, saquear y asesinar, con el fin de satisfacer sus deseos. Nimrod detestaba a los débiles y los indefensos, los honestos y los justos.
El alma sensible de Eliezer estaba hastiada de lo que lo rodeaba. Y entonces llegó ese día trascendental. Avraham fue salvado milagrosamente del horno ardiente al cual Nimrod lo lanzó y como una muestra de respeto, Nimrod le dio Eliezer a Avraham como sirviente.
Para Eliezer, la mudanza del palacio de Nimrod a la casa de Avraham era como salir de una neblina densa y negra a la luz brillante. Las puertas del amor y la fe fueron abiertas rápidamente de par en par delante de él y él estaba deslumbrado.
Eliezer era un estudiante afanoso, y Avraham Avinu eran un maestro sin igual. Al principio, le enseñó a su sirviente las leyes de la Torá y los caminos de la benevolencia. Al mismo tiempo desarraigó las supersticiones necias y las malas maneras que Eliezer aprendió de Nimrod.
“Hay sólo un Amo en este mundo, un Creador Quien constituyó todo el mundo y todo lo que contiene” le explicó Avraham “Nosotros, Sus creaciones, estamos obligados a servirLe y a obedecer Sus preceptos, pues nosotros estamos vivos debido a Su bondad”.
Eliezer asimiló profunda y afanosamente las enseñanzas de su maestro. Repasaba sus lecciones día y noche. Sobre todo, Eliezer aprendió simplemente de observar a Avraham. Su maestro nunca movía un miembro de su cuerpo, para otra cosa que para agradecer al Creador. Con el tiempo, Eliezer, también, comenzó a enseñar a aquéllos que adoraban ídolos que sus estatuas de madera y piedra eran impotentes, y que posternarse a ellos es en vano. La gente escuchaba y prestaba atención. Estaban obligados a admitir la lógica de sus palabras y, una vez que estaban convencidos, arrojaban sus ídolos e iban con Avraham a aprender más acerca del Creador. De este modo, Avraham, ayudado por Eliezer, expandía la creencia verdadera en el Di’s Unico.

* * *
“¡Eliezer, Eliezer!” exclamó una voz.
Avraham estaba de pie a la entrada de su carpa, sus ojos brillaban con una luz sagrada.
Eliezer se despertó estremecido.
“Ven aquí, hijo mio. Tengo algo para discutir contigo” dijo Avraham tiernamente. Una luz suave iluminaba la carpa. Los invitados ya estaban dormidos. Avraham miró directamente a los ojos de su sirviente y le dijo: “Tú seguramente te das cuenta que ya soy mayor y que mi hijo ha alcanzado la edad de casarse. Yo no quiero que tome una mujer de los canaanitas, pues Canaán fue maldecido por Noaj para siempre.
“Yo te he elegido a ti, mi sirviente piadoso, para que vayas a la ciudad donde nací, Jarán, y que busques una mujer de mi familia para que sea la esposa de Itzjak”.
En la luz débil, Avraham no podía ver qué pálido Eliezer se volvió al escuchar esas palabras. ¿Pero por qué? ¿Acaso Eliezer no era verdaderamente un sirviente leal? ¿No quería a Avraham con toda su alma? Entonces, ¿por qué su corazón se encogió al escuchar el pedido de Avraham?.
Eliezer tenía otros planes para el futuro de Itzjak. Al comprender que nadie estaba más cercano a Avraham que él, Eliezer ansiaba que su hija agradable, recatada y culta se casara con Itzjak. Pero ahora, su sueño fue frustrado.
Eliezer se encontraba todavía sumergido en sus pensamientos cuando Avraham habló nuevamente: “Quiero que me jures en nombre de Hashem que no permitirás que mi hijo se case con una muchacha canaanita, sino sólamente con una muchacha de mi familia".
“Pero ¿qué sucederá si ella se niega a dejar su tierra natal? ¿Debo yo llevar a Itzjak a Jarán?”.
“¡Jamás!” dijo Avraham “Mi hijo nunca debe dejar la tierra santa de Eretz Israel (la Tierra de Israel). Estoy seguro que Hashem te otorgará éxito en tu misión. Si no logras convencer a una muchacha adecuada que venga acá, te eximo de tu juramento. Entonces permitiré que Itzjak se case con una hija de Aner, Eshkol o Mamre”.

* * *

Eliezer era un sirviente fiel y estaba deseoso por cumplir los deseos de su amo. Cargó todos los obsequios valiosos que Avraham preparó para la futura esposa de Itzjak y su familia sobre los lomos de los camellos. Avraham también le dio un documento por medio del cual traspasaba por escritura todas sus pertenencias a Itzjak, y Eliezer puso esto en su cinturón. Ahora estaba listo para irse.
La caravana emprendió un viaje que normalmente duraba dos semanas y media. Pero Eliezer fue bendecido con ayuda Celestial. Un ángel fue delante de él y acortó el camino: después de sólo tres horas llegó a Jarán. Se frotó los ojos con asombro. “¿Es posible que nosotros realmente ya estamos acá?” se preguntó.
Eliezer condujo a los camellos hacia la fuente. El sol se estaba ocultando, y él le ofreció una plegaria a Hashem:
“¡Señor del mundo! Por el mérito de mi amo, Avraham, guíame para que pueda elegir la esposa correcta para Itzjak. Por favor, Hashem, otórgame una señal a fin de que pueda saber que he elegido correctamente. Ahora es la tarde, y todas las muchachas jóvenes salen a sacar agua de la fuente. Le pediré a la primera muchacha que se cruce en mi camino que me dé un poco de agua. Si ella está de acuerdo y también se ofrece a dar de beber a mis camellos, consideraré esto como una señal de que ella es destinada para el hijo de mi amo.”

* * *

La plegaria de Eliezer parece ser correcta. Además, su plegaria fue respondida, y en base a esta señal, él eligió a Rivká. Pero nuestros Sabios criticaron el pedido de Eliezer.
¿Qué había de incorrecto en la demanda de Eliezer?, El se equivocó al decir que la primera muchacha que se cruzara en su camino y que le ofreciera agua para él y sus camellos debía casarse con Itzjak. ¿Pero qué sucedía si la primera muchacha era ciega o lisiada? ¿Qué hubiera hecho Eliezer entonces? Hashem hizo que Rivká fuera primero, pero no tenía que suceder necesariamente de ese modo.
Sin embargo, a pesar de que el pedido de Eliezer fue incorrecto, del Cielo le enviaron una respuesta adecuada, con Rivká.

SHAUL BEN (HIJO DE) KISH

Shaúl ben Kish también pidió incorrectamente.
Cuando Hashem le informó a Shmuel (el profeta Samuel) que El iba a transferir el gobierno del pueblo judío de Shaúl a David, el profeta estaba decepcionado.
“¡Deja de lamentarte por Shaúl!” le ordenó Hashem a Shmuel “El no cumplió con Mi palabra y ya no es más apto para gobernar. Yo elegí a un rey diferente en su lugar. Levántate, toma el cuerno de aceite para ungir y ve a Beit Lejem, a la casa de Ishai. Allí, debes ungir a uno de sus hijos”.
“¡Señor del mundo!” le rogó Shmuel “Si Shaúl se entera que fui a Beit Lejem para ungir a otra persona en su lugar, tal vez me matará!”.
.“¡No temas!” lo tranquilizó Hashem “Yo estaré contigo. Toma un ternero joven y ve a Beit Lejem a sacrificarlo. (El Mishkán (el Tabernáculo sagrado que los Judíos armaron en el desierto) ya no existía en ese tiempo, y los judíos tenían permiso de sacrificar sobre altares erigidos en cualquier lugar que fuera necesario) Cuando la gente se congregue, Ishai estará allí con sus hijos. Esa será tu oportunidad para hacer lo que te ordeno”.
Shmuel tomó el aceite y se dirigió a Beit Lejem. Su corazón se apesadumbraba mientras pensaba en Shaúl, a quien él había ungido y fracasó. También temía la reacción de Shaúl, pero como sirviente fiel de Hashem, hizo lo que le dijeron.

* * *
La noticia de la llegada de Shmuel se expandió rápidamente por todo Beit Lejem. Todos los residentes de la ciudad acudieron a saludar al hombre santo.
“He venido a traer una ofrenda a Hashem junto con ustedes” dijo Shmuel “¿Se encuentra aquí Ishai con sus hijos?”
Ishai estaba desconcertado. ¿Por qué el profeta lo distinguió?. Llamó a sus hijos y, juntos, se acercaron a presentarle sus respetos a Shmuel.
El profeta miró de arriba a abajo a Eliav, el mayor, quien se destacaba delante de él. Era un joven extremadamente notable.
“Este debe ser el elegido de Hashem” pensó Shmuel. Tomó el cuerno de aceite y estaba por ungir a Eliav. Pero el aceite se petrificó y no salía. En ese momento, Hashem se reveló delante de Shmuel.
“No debes prestar atención a la apariencia externa” le dijo Hashem “No mires su altura impresionante. El no es Mi elegido. El hombre vé sólo el aspecto externo, pero Hashem vé dentro del corazón”.
Shmuel se alejó de Eliav. Luego Ishai le presentó a su segundo hijo, Avinadav. Shmuel esperó una señal del Cielo. Cuando vio que no llegaba, entendió que aquél joven tampoco era el elegido.
“Dá un paso hacia adelante y muéstrate frente al profeta” empujó Ishaí a su tercer hijo, Shama. Shama se puso de pie delante de Shmuel, pero nuevamente no llegó ninguna señal del Cielo.
Uno por uno, los otros cuatro hijos de Ishai dieron un paso hacia adelante, pero ninguno de ellos fue encontrado adecuado para ser rey.
“¿Tienes tú más hijos?” le preguntó el profeta.
“Tengo un hijo más” dijo Ishai “el menor. Pero está pastoreando las ovejas”.
“¡Enviá a buscarlo y tráelo acá!” le ordenó Shmuel “¡No podemos comenzar a tomar parte del korbán (sacrificio) hasta que él llegue!”
Ishai mandó a buscar a David, quien estaba cuidando las ovejas de su padre en el desierto. David solía conducir las ovejas al desierto para que pastaran a fin de que no comieran lo que no le pertenecía a su padre.
Hashem privilegió a este joven pelirrojo, pues El pudo ver que David poseía un corazón puro que rebosaba de amor y temor a Hashem. Ese corazón anhelaba estar cerca de Hashem, y también estaba lleno de cariño por todas las criaturas vivientes.
El mensajero llegó al lugar donde estaba pastoreando en el desierto. David estaba caminando entre las ovejas y cantando, y su voz dulce resonaba. Las notas hermosas hicieron que el mensajero se quedara de pie inmovilizado, encantado por la melodía persistente y las hermosas palabras que expresaban amor y alabanza al Todopoderoso.
De repente, el mensajero se sacudió su ensueño y recordó que tenía una misión importante que cumplir.
“¡David! ¡David!” exclamó “Ven rápidamente. Tu padre te manda a buscar. ¡Debes regresar a tu casa inmediatamente!”
.David se apresuró hacia Beit Lejem como su padre le pidió.
Cuando David llegó, Shmuel lo examinó cuidadosamente.
El profeta consideraba la pregunta a fondo: ¿Es éste el elegido de Hashem? ¿Podrá este joven pastor gobernar a una nación entera? Luego sintió el aceite gotear en sus manos. El aceite que estaba congelado en el cuerno se derritió nuevamente, y estaba desbordándose. Se estaba derramando por sí mismo sobre David. Las gotas brillaban sobre su cabeza como gemas resplandecientes armando una corona. Shmuel miró el cuerno que estaba en sus manos. ¡Todavía estaba lleno!.
“¡Levántate y úngelo, puesto que yo lo he elegido para que sea rey!” declaró Hashem.
Shmuel se acercó a David y vertió el aceite sobre su cabeza. Inmediatamente, el espíritu de Hashem se adueñó del niño haciendolo aparentar que ganaba más estatura. Su rostro replandecía con una luz pura y santa.
“¡Te agradezco a Ti, pues Tú me has respondido, y Tú te has vuelto mi salvación!” exclamó David, lleno de alegría. Ishai respondió: “¡La piedra despreciada por los constructores llegó a ser la piedra angular!”
“¡Esto es de Hashem; es maravilloso frente a nuestros ojos!” exclamaron los hermanos de David sorprendidos.

* * *

Poco tiempo después, el espíritu de Hashem, el cual había posado sobre Shaúl hasta el momento, se apartó del rey y un espíritu malo lo reemplazó. A partir de ese momento, Shaúl fue ganado por el temor y la depresión. Estuvo unos días en cama, padeciendo de melancolía. Sus consejeros se encontraron y debatieron cómo podían ayudar al Rey.
“Conozco a un joven” sugirió un ministro “que toca muy bien el arpa. Compone sus propias melodías e improvisa letras para sus canciones. Es un muchacho agradable y puede reanimar el espíritu melancólico del Rey. Deben haber escuchado acerca de él, David, el hijo de Ishai”.
Ishai estaba fuera de sí por la agitación cuando abrió la puerta y encontró al mensajero del Rey en el umbral de su casa. Fue a buscar a David, lo vistió con vestimentas bellas, y, despidiéndose de él, lo envió con presentes valiosos para el Rey.
Apenas Shaúl posó su vista en David, sintió un afecto instintivo hacia él, como si de repente vínculos invisibles los unieran. Al principio, David fue nombrado sólamente como el músico de la corte. Pero cuando Shaúl lo conoció mejor, él se convirtió también en el escudero real.
La presencia de David tenía un efecto curativo sobre el Rey. Cuando Shaúl se ponía excesivamente triste, el joven se presentaba y comenzaba a tocar su arpa. De repente la habitación se llenaba de notas celestiales que expulsaban el mal humor del Rey y lo dejaban relajado y sonriente.
Mientras tocaba, David también cantaba salmos que él mismo componía. Estos hablaban acerca de la fe en Hashem y la esperanza para el futuro. Expresaban principios básicos del Judaísmo y actuaban sobre el alma fatigada de Shaúl como el rocío sobre la tierra reseca. El Rey le agradecía a Hashem por enviarle a este joven encantador y respetuoso.

* * *

La noticia de la enfermedad de Shaúl llegó hasta los filisteos, el enemigo permanente de Israel. Ellos decidieron que era el momento oportuno para atacar.
Movilizaron a todos sus soldados e invadieron Eretz Israel (la Tierra de Israel). Shaúl le ordenó a sus hombres que se reagruparan y que rechazaran el ataque, y los dos ejércitos se encontraron acampando en montañas enfrentadas. Entre los dos campamentos Goliat, el gigante filisteo, salió dos veces por día durante cuarenta días. Este solía maldecir a Hashem en un esfuerzo por incitar a los israelitas para la guerra, pero ninguno era lo suficientemente valiente como para hacerle frente. En cambio, los judíos se agazapaban en sus tiendas.
La situación se volvió tan imposible que Shaúl prometió la mano de su hija a aquél que venciera al gigante en la batalla. Sólo David se ofreció como voluntario. Brindándole una plegaria fervorosa a Hashem, salió contra el poderoso Goliat. Para el asombro de todos, con nada más que su honda y tres cristales de roca pulidos, el joven logró golpear a Goliat en la frente con una piedra, matándolo en forma instantánea.

* * *
Nuestros Sabios dicen que Shaúl, como Eliezer, no pidió adecuadamente. Sin embargo, Hashem escuchó su plegaria y la respondió. El Rey no debió haber prometido a su hija tan fácilmente a la persona que matara a Goliat. ¿Cómo podía saber por adelantado quién sería esta persona?. Podría haber sido un esclavo, o aún una persona que no tenía permiso para casarse con un Judío.
Pero Hashem trató a Shaúl bondadosamente, y a pesar de que su pedido era incorrecto, fue respondido a través de David ben Ishai, quien llegó a ser el siguiente Rey de Israel.

IFTAJ EL GILADI

Iftaj el Giladi también pidió en forma incorrecta. Pero, a diferencia de Eliezer y Shaúl, no le respondieron amablemente.
Antes de conducir a los ejércitos israelitas a la guerra contra Amón, Iftaj le imploró a Hashem por el éxito. En el éxtasis de su plegaria, exclamó: “Te juro solemnemente, Hashem, que si entregas a Amón en mis manos, el primer ser viviente que cruce el umbral de mi casa cuando yo regrese será sacrificado en Tu honor”.
Iftaj pensó que sería un animal kasher (permitido), una oveja o una cabra, apta para un sacrificio. No se le ocurrió que podía ser un animal impuro, el cual no podía ser sacrificado, o aún un ser humano. Y como él no tuvo cuidado en especificar cuál era su intención, el Cielo lo castigó. La primera en saludarlo después de su regreso exitoso fue su querida hija única.
Nuestros Sabios critican a Iftaj por haber sido un necio obstinado y no haber anulado su juramento. Tenía que haber ido a ver al profeta Pinjas,quien era el líder espiritual de esa generación, y le tenía que haber pedido anulara su juramento. Después de todo, él nunca había pensado que el primer ser que lo iba a saludar sería su hija. Pero el orgullo de Iftaj le impidió que se acercara a Pinjas, y esto hizo que él perdiera su posesión más valiosa.

(La historia de Iftaj y su hija es narrada en Relatos del Talmud, volúmen 3, página 83.)

* * *

Con respecto a los actos de Iftaj, nuestros Sabios citan el versículo: “Ellos construyeron también los lugares altos del Baal, para quemar a sus hijos con fuego para ofrendas quemadas para el Baal lo cual yo no ordené, ni hablé, ni tampoco entró en Mi mente” (Irmiahu – Jeremías 19:5). La repetición triple de este versículo: no ordené, ni hablé, ni tampoco entró en Mi mente, se refiere a los tres casos de hijos ofrecidos como sacrificios por sus padres: el hijo de Meisha, Rey de Moav; la hija de Iftaj; e Itzjak el hijo de Avraham Avinu.

EL HIJO DE MEISHA, REY DE MOAV

Meisha decidió que ya había pagado suficiente tributo anual a Israel de 100.000 ovejas de primera calidad y 100.000 carneros lanudos de clase superior.
Iehoram, el Rey de Israel, se encolerizó al ver que el tributo no llegó ese año, y decidió atacar al rebelde Moav. Pero después de evaluar su fortaleza militar, se dio cuenta que no tenía suficientes hombres para derrotarlo.
Iehoram convocó a sus ministros para decidir qué hacer. Un consejero reunió coraje y preguntó: “¿Dónde espera usted encontrar los soldados necesarios, Su Majestad?”
“Tengo el propósito de acercarme a Iehosafat, el Rey de Iehudá. También le podemos pedir a Edom que se una a nuestra alianza, ya que ahora son súbditos de Iehudá”.
Los ministros elogiaron la idea unánimemente.
“Pero el tiempo nos apremia” dijo Iehoram nerviosamente. Volviéndose hacia su ayudante agregó: “Envía una carta con un mensajero al Rey de Iehudá, y pídele que venga a ayudarnos en la guerra contra Moav”.
La respuesta de Iehosafat fue inmediata: “Estoy con ustedes en todo” prometió “El enemigo suyo es mi enemigo y mi ejército está a su disposición. Unámonos para vencer al enemigo”.
Después de consultas breves entre Iehoram y Iehosafat, se decidió avanzar por el desierto Edomita y reclutar tropas de ese país.

* * *

La caballería se expandió a través del desierto. Hacía un calor sofocante. El suelo estaba reseco y la arena revuelta hacía dificultosa la respiración. Las aves solitarias giraban por encima perezosamente, con sus alas colgando y sus alaridos penetraban en el aire tranquilo.
Las tropas de infantería marchron con precisión exacta. Estaban alertas y listas para actuar, pero sus corazones estaban tristes. El canto que surgió de sus labios cuando se aventuraron hacía mucho tiempo que se había desvanecido y el abastecimiento de agua se estaba consumiendo rápidamente.
Dos soldados cerraban la marcha.
“De acuerdo con mi cálculo” dijo uno “nosotros debíamos estar fuera de este desierto maldito hace mucho tiempo. ¡Hemos estado marchando a través de este médanos ardientes durante siete días sin ningún signo de civilización a la vista!”.
“Tienes razón, amigo mio” respondió su compañero “¿Pero no escuchaste los rumores?. Anoche, cuando pensaban que nadie los estaba escuchando, nuestros comandantes mantuvieron una reunión para hacer nuevos planes. Ellos admitieron que nosotros perdimos nuestro camino. ¡Estamos errando a la deriva, sin ninguna dirección fija!”
“¡Agua! ¡Agua! ¡Agua!” exclamaron los soldados.
Sus líderes estaban incapacitados para satisfacer el pedido de agua de los soldados. En su tienda, Iehoram se movía de un lado a otro en su cama, con su mente trabajando febrilmente.
“¡Qué tonto soy! ¿Por qué le pedí al Rey de Iehudá que venga a ayudarme? Su idea era rodear Moav y asaltarlos por atrás. Eso es lo que nos ha llevado a este estado de cosas desesperante. ¡¿Cómo vamos a salir de esta situación difícil y encontrar agua para nuestros hombres sedientos?!”.
Su conciencia continuaba torturándolo. Miraba fijamente más allá de la oscuridad de la tienda hacia la pálida luna creciente que iluminaba la noche del desierto, y no podía quedarse dormido. Tarde en la noche, finalmente, se sumergió en un sueño intranquilo perturbado por pesadillas, las cuales duraron hasta el amanecer. Luego se despertó, se levantó de repente y descubrió cómo sus soldados se estaban poniendo en marcha.
Iehosafat caminó hacia él, con su rostro contraído y melancólico. Los dos reyes se examinaron el uno al otro.
“¡La batalla está perdida!” dijo Iehoram con desesperación “Del Cielo nos han hecho caer en la trampa del desierto y nos han convertido en blancos fáciles para el enemigo. ¿Dónde podemos encontrar agua para darle a nuestras tropas sedientas? Con este calor, van a comenzar a diseminarse en todas las direcciones en busca de agua y nosotros perderemos todo el control sobre ellos. Luego Moav aprovechará de esta oportunidad y atacará. ¡Nos masacrarán en masa!”.
Sin embargo, Iehosafat no se desesperó. Como descendiente del Rey David, sabía dónde ubicar su confianza. Aún en el peor de los peligros, se negó a abandonar su fe en Hashem. Tal vez había una salida natural de su situación difícil, pero ese no era motivo para falta de fe. Eso no excluía la posibilidad de milagros.
El se reprendía a sí mismo por no haber buscado el consejo de un profeta antes de salir a la guerra. Pero no era demasiado tarde; todavía podía poner las cosas en su lugar. Iehosafat miró a Iehoram y le preguntó suavemente: “¿Hay algún profeta verdadero acá en el campamento?”
.“Si usted me permite, Su Majestad” interrumpió uno de los ayudantes de Iehoshafat “yo le responderé al Rey de Iehudá”.
El Rey consintió y el joven continuó: “Elishá ben (hijo de) Shafat está entre nosotros. Es un profeta verdadero de Hashem, un discípulo de Eliahu Hanaví (el profeta Elías)”.
El Rey de Iehudá se apresuró hacia su tienda para quitarse su vestimenta real, ya que deseaba pararse delante del profeta como un discípulo frente a su maestro, y no como un rey orgulloso. Luego los tres reyes fueron a buscar a Elishá.

* * *

Elishá examinó a los tres reyes con una mirada penetrante. El rey de Israel y el rey de Edom estaban parados delante de él en actitud altanera, resplandecientes con sus túnicas reales y majestuosos con sus coronas. Pero Iehosafat se encontraba de pie entre ellos, y parecía un plebeyo con sus vestiduras sencillas.
Iehoram dio un paso hacia adelante y expresó su pedido.
“¿Qué tengo que ver yo contigo?” comenzó a decir Elisha “¿Por qué has venido a verme? Tú no pones confianza en lo que dices, entonces, ¿cómo quieres que te ayude? ¿Por qué no vas a ver a los profetas falsos de tu padre y tu madre?”.
Estas palabras, expresadas bruscamente pero sin sarcasmo, conmovieron el corazón arrogante de Iehoram.
“Por favor, profeta santo, no me recuerde mis pecados. Este no es el momento correcto para críticas. Si usted no me ayuda, al menos ayude a los otros dos reyes que están parados delante suyo”.
El rostro del profeta estaba ardiendo. No atendió a Iehoram y se negó a mirarlo. Dirigió sus palabras a él, sin embargo, y dijo: “Yo juro en Nombre de Hashem que si no fuera por Iehosafat, el rey de Iehudá, quien es meritorio y justo, ni me hubiera preocupado por ti. Pero él se merece un milagro”.
El profeta se levantó de su asiento, altamente perturbado, y exclamó: “Traigan a un músico para que toque un instrumento y así disipe mi tristeza y ansiedad”. Su pedido fue cumplido inmediatamente. Mientras las notas de música agradables y conmovedoras flotaban en el aire, el espíritu de Hashem se posó sobre él y elevó su voz en una profesía:
“Así dice Hashem: "Sin el silbido del viento, sin nubes y sin lluvia, la planicie del desierto de repente será llenada con varios pozos de agua que no fueron cavados por ninguna mano humana. Estos pozos rebosarán con agua de manantial fresca y transparente la cual calmará la sed de los hombres y los animales. Y luego, Hashem entregará Moav en tus manos. Tú te levantarás contra su tierra y la destruirás completamente" ”.

* * *

Una lluvia torrencial cayó en la tierra de Edom durante toda esa mañana. Las aguas se precipitaron cuesta abajo hasta que, hacia el atardecer, inundaron el desierto. Los soldados desde sus puestos observaban con admiración el espectáculo maravilloso. Sentían como si los manantiales que fluían estuvieran arrasando con el abatimiento que estaba asentado en sus corazones. Gritando de alegría, se agacharon junto al agua transparente y bebieron hasta saciarse.
Los guardianes que se encontraban en las torres de Moav de repente divisaron una actividad sospechosa en el desierto. Enviaron mensajeros al rey para advertirle acerca del peligro inminente y éste transmitió órdenes a todas las tropas del país para que se prepararan para la guerra. Al poco tiempo, los soldados ya estaban listos para defender sus fronteras y rechazar cualquier ataque.
En la tienda que servía como cuartel general, los comandantes moavitas se encontraban estudiando unos mapas cuando unos sonidos de trompetas alcanzaron sus oídos. De repente, gritos resonaban por todos lados. Soldados desaliñados contemplaban mientras aguas rojas como sangre caían en cascadas poderosamente por las montañas hasta los valles.
“Debe ser la sangre de los soldados caídos” concluyeron los comandantes “Los tres reyes deben haber tenido un desacuerdo y deben haber luchado uno contra otro. ¡Si esta es la sangre de las víctimas debe haber sido una batalla muy cruel!”.
“¡La victoria es nuestra!” se regocijaron los comandantes, y corrieron para reunir a los soldados. “¡Adelante! ¡Caminen enérgicamente hacia allá, soldados, y juntemos el botín de la guerra!”.
Los soldados moavitas marcharon con paso ligero y con sus corazones alegres hacia su destino, con su imaginación llena de imágenes vivas: ellos se proponían saquear bolsas de oro y plata de los israelitas, los judíos y los edomitas.
Sin embargo, de repente, para su consternación y espanto, en vez de encontrar los cadáveres diseminados en el desierto, ¡se encontraron con miles de soldados completamente armados atacándolos con gritos de guerra enardecidos!.
Los moavitas confundidos, al no estar preparados para esto, retrocedieron, pero el enemigo sacó ventaja y los persiguió, matándolos por la derecha y la izquierda. Miles de cadáveres de moavitas llenaban el desierto, y todavía los israelitas y sus aliados seguían arremetiendo, hasta que devastaron totalmente la tierra de Moav.

* * *

Meisha, el rey de Moav, recorría a pasos regulares el suelo de su habitación como un león enjaulado. Estaban llegando los rumores acerca de la derrrota devastadora. “El Di’s de Israel está librando su batalla” se dijo “Debo calmarlo de algún modo”.
Entonces Meisha tomó a su hijo, lo puso sobre la muralla de la ciudad, y lo sacrificó. No sabiendo que Hashem desprecia los sacrificios humanos, él esperaba complacerlo de este modo.
Comparando a Iftaj y Meisha, la Guemará trae a Avraham. Pero aún cuando El le dijo a Avraham que lleve a su hijo Itzjak para sacrificarlo, era una prueba la cual nunca tenía intenciones de que se llevara a cabo.
Y entonces vemos por qué nuestros Sabios dicen que el profeta Irmiahu (Jeremías) se refería al hijo de Meisha, cuando dijo: “. . .lo cual Yo no ordené”; a la hija de Iftaj, cuando dijo: “ni tampoco dije”; y a Itzjak, con las palabras: “tampoco entró en Mi mente”.

La tierra estaba agrietada y reseca; pedía lluvia. Los agricultores miraban ansiosos hacia los cielos de color azul claro, en busca de una nube. Las cisternas de agua hacía mucho tiempo se habían secado y sus paredes desnudas y rajadas parecían rogar a Hashem que les enviara lluvia.
Pasó el mes de Jeshván y todavía no cayeron lluvias.
Entonces una mañana clara, de repente los cielos se oscurecieron. La gente se preguntaba si esas nubes espesas realmente producirían lluvias. Pero, no, no era una nube de lluvia la que ocultaba al sol de la vista sino una nube de langostas que se expandía hasta donde el ojo podía ver. ¡Había millones de pequeñas criaturas aladas!.
Con un silbido altisonante, la nube descendió, hasta que las langostas se posaron sobre los campos quemados por el viento. Como no había nada verde para comer, devoraron los tallos secos, las ramas y las cortezas de los árboles.
Esa noche, la gente se fue a dormir desesperada. En un sólo día, lo que restaba de la cosecha fue destruído completamente. No esperaban mucho beneficio de los campos resecos, pero lo poco que brotó se suponía que iba a durar hasta el año siguiente.
Sin embargo ese no fue el último desastre. Todavía les esperaban otras plagas.
Tan pronto como las langostas completaron su destrucción y continuaron avanzando, una clase diferente de langosta se abalanzó y comió todo lo que quedaba. Cuando esa nube de langostas pasó, una tercera y una cuarta especie bajó sobre los campos y devoró todo lo demás.

* * *

Pasó el mes de Kislev, y Tevet sobre sus talones. Adar llegó y todavía no caía lluvia. Luego, una mañana despejada de Adar, un pregonero fue por las calles anunciando que el profeta Yoel ben (hijo de) Pesuel hablaría esa noche en el bet midrash (casa de estudios).
Esa noche, cuando el profeta entró en el bet midrash, todos se callaron. Caminó a zancadas con un propósito hacia la bimá (plataforma donde se para el oficiante en la sinagoga), como si fuera un ángel. Su barba de plata caía sobre su pecho y sus ojos resplandecían. La audiencia lo contemplaba fijamente, fascinados.
“Querido pueblo” comenzó a decir Yoel ben Pesuel “presta atención. ¡Aquella persona que todavía tiene algunos granos de trigo en su granero debe salir a los campos y sembrarlos!”.
Todos intercambiaron miradas perplejas. Esperaban escuchar palabras de consuelo y esperanza del profeta. En cambio, ¡les dio un consejo agrícola!.
Dos hombres demacrados se levantaron de sus asientos y preguntaron: “¿Se supone que nosotros debemos realmente tomar la última medida de trigo que estuvimos ahorrando para comer y arrojarla a los vientos? ¿Cómo les podemos negar a nuestros hijos esta pequeña cantidad de comida que nos quedó y en cambio enterrarla en la tierra? ¡Sin pan, seguramente moriremos!”.
“A pesar de eso” dijo el profeta dulcemente “yo les estoy diciendo que salgan y siembren todos los granos que todavía tienen”.
La reunión terminó. La gente regresó a sus hogares y, con sus manos temblorosas, sacaron la pequeña cantidad de trigo o cebada que habían reservado bajo llave para los días de escasez que estaban por venir. Con ese tesoro valioso, salieron a los campos.
Arar era una tarea difícil. La tierra que alguna vez respondió a sus esfuerzos estaba dura y firme, como una piedra. Las espaldas de los campesinos dolían debido al esfuerzo, y luego, cuando querían ver lo que habían logrado, sólo había filas delgadas de tierra dura apiñada en terrones secos. Los hombres dejaron caer las pocas semillas valiosas que tenían, y regresaron a sus hogares. Se encontraban agotados por el esfuerzo, pero al mismo tiempo estaban alegres ya que habían obedecido la órden del profeta.

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Un campesino entró a su hogar, puso sus herramientas de trabajo en el cobertizo que estaba en la parte trasera, y se sentó a descansar luego del trabajo pesado y agotador. Sus hijos se reunieron a su alrededor y fijaron sus miradas hambrientas que pedían pan sin palabras.
El estaba trastornado. Se levantó nerviosamente de su asiento y comenzó a andar a pasos regulares, devanándose los sesos en busca de una solución a sus problemas. Trató de recordar si había escondido algún grano que se lo olvidó por allí. ¿Tal vez en la buhardilla? Trasladó la escalera de madera a la buhardilla y subió. Cayó sobre sus manos y rodillas y comenzó a buscar en las grietas de la pared y en los agujeros que había en el piso granos que tal vez se le cayeron. La búsqueda del campesino fue debidamente recompensada. El recogió los granos dorados, con su corazón lleno de alivio, y se apresuró a molerlos para hacer harina. Un rato más tarde, la casa se llenó de un aroma de pan recién horneado.
Cuando su esposa sacó las hogazas frescas del horno, dijo: “Compartamos nuestras bendiciones con nuestros vecinos y sus hijos hambrientos”.
“¡Efectivamente, efectivamente!” asintió el campesino “No debemos comer antes de saber que los demás también están provistos”.
Se sorprendieron mucho al ver a sus vecinos acercarse hacia ellos, con sus brazos también cargados de aromáticas hogazas frescas.
Unos pasos más adelante se encontraron con otros amigos y conocidos, todos llevando brazadas de apetitosos panes. Cada uno tenía su propia historia para contar acerca de cómo encontraron reservas ocultas de granos y rápidamente hornearon pan. Milagrosamente, toda la masa recibió tal bendición que produjo varias hogazas.
Al día siguiente, la gente sembró sus campos nuevamente, y, para su asombro, fueron despertados en medio de la noche por el ruido de un trueno vibrante. Rayos de luz enceguecedores iluminaban los cielos. El firmamento rugía con enfado. Luego, cuando rompió el alba, ¡realmente comenzó a llover! La tierra bebió las benditas gotas ansiosamente, hasta que se sació.
La lluvia bailaba sobre las ventanas, brincaba en los tejados y rebotaba en las calles. ¡Qué sonido agradable! Era el mes de Nisán y estas lluvias llegaron justo a tiempo para que la cebada y el trigo germinaran y produjeran una cosecha abundante!.
Nuestros Sabios dicen que el versículo: “Aquéllos que siembran con lágrimas cosecharán con alegría” correspondió a esa generación. Puesto que mientras enterraban su último grano en la tierra, cumpliendo la orden del profeta, no podían evitar llorar. Las lágrimas corrían por sus mejillas a pesar de ellos mismos. Como recompensa por su confianza, los granos que sembraron brotaron y crecieron rápidamente. Los animales que fueron llevados al campo para arar los surcos apenas se podían mover, ya que estaban flacos y débiles. Pero cuando regresaron para comenzar el siguiente surco, ya se sentían mejor, puesto que habían mordisqueado los granos que habían brotado recientemente. Cuando llegaron a sus hogares, los animales se encontraban satisfechos y contentos, como dice el versículo: “El regresará con un canto”.
Ese año los judíos pudieron llevar el sacrificio de omer a tiempo, el dieciseis de Nisán. ¡El grano que normalmente crecía en seis meses maduró en once días! ¡Y más extraño aún, esa cosecha fue más abundante que lo habitual!.

Editorial Benei Sholem