|
|
ALBA RUBIA
por Rafael T.Perez
Alba rubia, viento y lluvia. Dicho popular aragonés
Ah Roma, que civilización más imponente, y a pesar de todo cayó con el estrépito de una montaña quebrada en su base. Al hablar de Roma nos viene a la mente y nos sugiere algo tan fácilmente reconocible como es el concepto de "civilización" que es, por otra parte, todo lo contrario al concepto de primitivismo troglodita cuyos parámetros de conducta definen y diferencian claramente a una sociedad civilizada de aquella en la que un conjunto de individuos se aglutinan en torno a la tribu para satisfacer, únicamente, sus instintos animales, en no pocos casos, anclados en supersticiones abominables, las cuales devienen en una inseparable e inconcebible sed de sangre. Frente a la sociedad civilizada la tribu, frente al orden el caos, contra el pensamiento y la razón un agónico primitivismo y la superstición. En ocasiones el pensamiento racional comparte espacio con la superstición pero si el primero no logra convencer al segundo, este se impondrá a la razón y convertirá una sociedad libre y llena de vida en un páramo de esclavitud y muerte. En otras palabras, si el islam conquistara Europa, no duden que la Europa que hoy conocemos se transformaría en un desierto en todas las áreas del pensamiento, la economía, la política y alcanzaría a todos los estratos de la sociedad europea occidental y, especialmente, la Europa de la libertad se transformaría en un vago y triste recuerdo.
Pero hablamos de Roma, ejemplo que todavía resuena desde sus ruinas, la cual nos relata la historia de una nación que alcanzó las más altas cimas del progreso logradas nunca antes por ningún otro pueblo, estado o imperio del mundo antiguo, y sin embargo, junto al progreso intelectual en cualquiera que fuera la rama del conocimiento, también se dejó arrastrar a las profundas oquedades de la impostura, de la superstición y del engaño de la mano de un clero que se creía dueño de los arcanos de los dioses inmortales, paradójicamente, en quienes casi nadie creía. A pesar de ello, los romanos tenían por muy ciertos los vaticinios de los augures. El general romano, Servio Sulpicio Galba estuvo al frente del ejército que combatió en Germania, y era
costumbre contar entre las filas con un augur quien con sus votos y
sacrificios, presagiara tanto el desarrollo como el resultado final
de una batalla. Entre los diversos ritos sacrificales que tenían
lugar antes del combate estaba el de observar las entrañas de un
animal, previamente inmolado, para conjeturar un destino, y además era común, cuando la lucha se prometía
sangrienta, soltar un Aguila para, de acuerdo a su vuelo, predecir lo que habría
de acontecer, si la victoria, o la derrota.
El error de no ver las señales de los tiempos y de no atender a las advertencias de los cielos suele devenir, de manera inexorable, en una cesta ardiente, en la fría soledad de una mazmorra, en la sordidez infame de una cámara de gas, o en una tragedia nuclear que podía haberse evitado de haber actuado antes con celeridad y con el poder que otorga el derecho a proteger la vida aun mucho antes de tener que resignarse a formar parte del lóbrego número de una lista raída donde los supervivientes nada más aguardan a que el alma y la progenie de los malditos, al fin, se diluya para siempre junto con el irracional odio que respiran contra el pueblo judío.
Suele decirse que -muerto el perro acabó la rabia- y ciertamente muchos han sido los perros del odio contra el pueblo judío que a lo largo de la historia han muerto, más la rabia que exhibían permanece y los perros actuales están infectados del mismo mal, y estos como aquellos, no comprenden ni entienden que la cólera de la enfermedad que les posee únicamente los transforma en los peleles de una idiocia fatal hasta que son consumidos del todo. El odio, que es inculcado desde una ideología retorcida, una religión, o desde una conjunción de ambas, refleja el carácter enfermo de un alma miserablemente pobre e intelectualmente vacía. Los argumentos que esgrime para su justificación nunca logran superar los límites que les impone la razón y cuando son juzgados por la historia, esta los condena indefectiblemente a pudrirse para siempre en las hondas cárceles de su propia locura, la cual es el resultado de la insensatez de una vida inútil. Pues apenas unos años nos separan de los dramáticos acontecimientos que tuvieron lugar en la Europa de los años previos a la segunda gran guerra mundial y las señales de nuestro hoy no son ni diferentes ni menos amenazantes que aquellas que tuvieron que sufrir las comunidades judías europeas. Sobre el horizonte se agolpan hoy las tenebrosas brumas precursoras del retorno a los años oscuros y tras ellos los rayos y truenos del antisemitismo volverán a descargar toda su furia sobre Israel, pero también sobre todos los judíos, sin excepción, incluidos aquellos que practican la felonía de Koraj. Y hoy esos nubarrones ya cubren a todo el planeta.
Desde esta misma tribuna lo hemos anunciado, grave es que una nación
posea el arma nuclear, pero cuando el arma nuclear cae en manos de
una nación de lunáticos fanatizados las consecuencias no son
hipotéticas, no son elucubraciones ficticias de paranoicos confesos,
son previsibles, son reales, pues el arma atómica es mucho más
peligrosa en las manos de una nación de orates descerebrados que en
las manos de un pueblo con ingenio y puesto que el mundo
surgido tras la segunda gran guerra ha llegado a su fin y un nuevo
orden se encuentra a las puertas, Europa se apaga lentamente dejada
a su suerte, destino ganado a pulso a causa de los propios errores
cometidos, una vez más, y de los cuales nada han aprendido los
europeos de su pasado cercano, y así mientras Europa se apaga, y
cuando se hayan despejado los humos asfixiantes de la guerra contra
el islam, y estas naciones normalicen sus relaciones con Israel, las
tierras que lo circundan conocerán tiempos de prosperidad como nunca
antes habían conocido. Y de entre los escombros y las ruinas de
Europa, surgirá ese nuevo mundo en el que otros pueblos se
levantarán fuertes y los poderosos de la tierra establecerán un
nuevo estatus a las naciones bajo el prisma de una nueva ley todavía
no escrita pero cuyo borrador ya puede ser leído. En su momento dijimos que a Arafat le quedaban, simbólicamente, cuatro días, y ese mismo año el planeta respiró aliviado, al fin, cuando se fue tal como había vivido, rodeado de buitres. Al montaraz y vesánico Ahmadinejad le queda un día más, únicamente, pero en esta ocasión el día en el que el mundo se libre de este nuevo reich del totalitarismo incandescente, no se irá solo, los buitres se irán con él en fosca y turbia compaña, y también los negros cuervos de esa izquierda, europea y latinoamericana en general, española en particular pero en cualquier caso quebracha y rústica que como meretriz le prepara la cama y cual vulgar régulo se sustenta reinando sobre su propia servidumbre.
Si Ciro levantara la cabeza le diría a Ahmadinejad, sin duda, eres un ingenuo idiota pues no solo no vas a destruir a Israel, sino que en tu ciego afán tu mismo serás acabado. Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Decía el filósofo Edmund Burk y en la Alemania de la preguerra mundial el número de personas buenas debía ser inconmensurablemente mayor que el número de las personas pervertidas por la nigromante y caliginosa ideología del nazismo, muchos judíos pensaron entonces que los malos presagios nunca llegarían a inclinar a la sociedad germana hacia la brutalidad que poco después se adueñaría de toda una nación y se extendería por todo el continente, muchos judíos que creían en la intrínseca bondad humana confiaban en sus amigos, en sus vecinos, en el pueblo en general que, pensaban, jamás permitirían las atrocidades anunciadas...alba rubia, y el pueblo alemán miró hacia otro lado mientras los judíos eran despojados de todo derecho y poco después llevados en masa a los campos de exterminio.
Europa pudo impedirlo desde el principio pero guardó silencio y perdió su tiempo en largas y vacuas conversaciones de paz que nunca significaron nada para el reich. Y en la actualidad, frente a la amenaza de un Irán atómico, frente a las proclamas de exterminio extraídas del lodo de la historia reciente por parte de ese loco nefasto llamado Ahmadinejad ¿qué hace Europa? entre tanto los EE.UU han comprendido la necesidad de actuar para detener la amenaza antes de tener que lamentar un holocausto nuclear, la Europa heredera de todos los pacatos Chamberlain vuelve a sentarse a la mesa con quien, por una ideología totalitaria y por convicción supersticiosa, ha juramentado no descansar hasta haber conquistado al mundo para el islam. Y mientras Irán gana tiempo pidiendo conversaciones y negociaciones de una paz en la que no cree, Europa lo pierde. Sabemos que el presidente iraní es un interesado estudioso de los hechos acaecidos antes, durante y después de la II Guerra Mundial, por eso ha aprendido, para mal de la humanidad, todas las malditas artes del nazismo, incluida su maquinaria propagandística, pero también conoce cuáles fueron los errores de bulto que cometió Hitler, por ello no abrirá más frentes que aquellos que pueda dominar por sí mismo en una primera embestida, y a menos que sea detenido a tiempo, sabe perfectamente que Europa es un muñeco de paja.
Y aunque en occidente existe un gran número de personas buenas dispuestas a no ceder ante el empuje de la yihad, estas se encuentran presas de sus propios temores, los cuales son alimentados por una izquierda cada vez más estulta que presenta a la causa árabe como la causa de todos los parias del mundo cuando es en realidad una causa de guerra y terrorismo caníbal. En Israel, sin embargo, las personas buenas no están dispuestas a marchar de nuevo hacia las cámaras de gas (o algo peor) sin hacer nada, esto es lo que diferencia a occidente de Israel, a occidente no le preocupa lo que perciben como una imposible aniquilación en masa de occidentales sean estos holandeses, belgas, alemanes o austríacos, pero Israel conoce perfectamente que frente a sus enemigos no caben las vacilaciones, el pueblo judío se juega en cada atentado, en cada violación de sus fronteras para cometerlos, en cada guerra a la que es obligado a defenderse (lo que no hace Europa) Israel, el pueblo judío sabe que lo que está en juego es su supervivencia. Así que el islam de todos los Ahmadinejad únicamente precisa que el resto del mundo se quede quieto y se deje atar con las cadenas del oscurantismo y la superstición, pues como expresa Burke, para que triunfe el islam, solo se necesita que quien no quiere vivir bajo las cadenas de la esclavitud y el sometimiento (islam significa sometimiento) guarde silencio mirando para otro lado y no luche por su libertad.
Así, cuando el sol extiende sus brazos sobre el horizonte, por entre las nubes de un amanecer teñido de luz, y el oscuro manto de la noche se aleja silenciosamente, el hombre, aquel que conoce todos los secretos del cielo, lo observa en un instante de serena reflexión y comprende al punto, tan solo con verlo, que ese día, tras el sol vestido de las frescas gotas que destilan del alba se ocultan el rugido de la tormenta y el fragor de un impetuoso viento. Y acompañando a la tragedia volverán las sombras de la noche por un breve instante. Atentos al alba rubia que nos advierte.
Rafael T.Perez 9 septiembre 2006
|