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ALEGATO POR LA LIBERTAD DE EXPRESION Y otras cosas
por Rafael T.Perez
No ha lugar a la ofensa cuando el objeto denunciado sea susceptible de ser abiertamente una mentira. Juez Bradley
Hemos recibido un centenar de correos en los cuales, los remitentes, nos hablaban de la importancia de la libertad de expresión y de la necesidad de manifestarse en defensa de la misma negando y rechazando todo intento por coartarla y en contra de cualquiera que sea la forma por reducirla a un símbolo vacío de contenido en el seno de una democracia. ¿Hasta dónde la libertad de expresión tiene "libertad de expresarse"? ¿hay límites que no deben ser rebasados en el ejercicio de este derecho fundamental de las sociedades libres? ¿lo políticamente correcto debe ser entendido como una obligación moral necesaria para evitar aquello que sea ofensivo o este concepto no es sino la herramienta que, entre bastidores, es utilizada por los intolerantes para controlar a quienes se atreven a pensar por sí mismos? Y una última pregunta; Frente a los hechos probados de la ciencia ¿es lícito el derecho a la libertad de expresión, o puede ser ejercido este derecho para refutar todo lo que sea susceptible de pertenecer al área de lo puramente mitológico, o debe la verdad científica someterse a los postulados paranoicos de la/s religión/es? de las religiones y de todo aquello que pertenece al ámbito de la superstición, del mito pero sobre todo de la fábula. Así que, si una realidad científica demuestra que una determinada creencia o conjunto de creencias son insostenibles en cualquiera que sea su base dogmática o teologal ¿debería no denunciarse por temor a ofender a quienes hacen de una notoria falsedad su credo y en el peor de los casos lo utilizan como bandera para acometer toda suerte de actos de terror, crímenes y atropellos a los derechos humanos, a la libertad, y a la vida? ¿o en este caso la libertad de expresión debería ser reducida a escombros, del todo pulverizada para dejar que sean aquellos falsarios quienes la puedan ejercer con total impunidad y con total impunidad causar el caos en defensa de aquello que objetivamente no es verdadero, no es real y únicamente el producto resultante de una supersticiosa manera de ver el mundo?. Si alguien, libremente, pone todas sus esperanzas en una idea o concepto totalmente ajeno a nuestro mundo físico regido por estrictas leyes físicas las cuales, de manera incontrovertible, gobiernan el espacio en el que nos desarrollamos como individuos, está en su perfecto y legítimo derecho de hacerlo, y si esa idea o concepto de lo divino, esa persona cree que le demanda una serie de normas a través de las cuales debe vivir, también está en su perfecto derecho el seguirlas si es lo que cree que debe hacer. Pero cuando esa idea o concepto de lo divino se transforma en un mecanismo de odio, de vulneración de los derechos de los demás a ejercer los suyos que les son inherentes, en un púlpito constante de proclamación y exaltación del exterminio para todos aquellos que no quieran compartir esa visión de la existencia o someterlos por la fuerza a que acepten un estado en el que asuman su condición de inferiores, esa negación del ser, cuando la dignidad humana es abiertamente pisoteada en nombre de un dios, cuando todo eso que es absolutamente subjetivo se convierte en un fin a alcanzar por cualquier medio, no solo debemos, sino que estamos moralmente obligados a denunciarlo y a combatirlo. ¿Acaso por ser políticamente correcto y por temor a ofender a un enfermo el médico no deberá comunicarle al paciente el mal que le ha sido detectado en su organismo y cuál sea la terapéutica a seguir? antes y le guste o no, si quiere obtener la curación deberá asumir que el primer paso es reconocer que ese mal existe y el segundo paso es combatirlo hasta que no quede ni rastro ni de la enfermedad ni de la causa que la produjo. Y hablamos no sobre supuestos sino sobre hechos verificables, la existencia de otro ser humano o la existencia de civilizaciones más allá de nuestro sistema solar es absolutamente verificable, se sujeta a evidencias incontrovertibles si estas son encontradas, pero la existencia de un ente invisible presuntamente dios no, de ninguna manera. Llegará el día en el que la humanidad toda considerará estúpidos a aquellos que se mataban, asesinaban y cometían todo tipo de veleidades en el nombre de una superstición como ha llegado el día en el que la humanidad reconoce hoy como trogloditas salvajes a aquellos que en el pasado danzaban al sol y sacrificaban a otros seres humanos, aun a sus propios hijos, para aplacar la ira del volcán como ocurriera con el dios antiguo Moloc al que los cananeos lanzaban a sus hijos vivos para que fueran devorados por las llamas. Llegara el día si en el que de los páramos yermos donde hoy crecen las secas raíces de la sin razón surgirán las verdes praderas donde solo brotarán las semillas del conocimiento de la verdad y los frondosos árboles de la justicia. Porque el mal del malo no es maldad en parte sino en su todo de la misma manera que nunca sostendremos que alguien que muere, únicamente esta muerto a medias. El que expande su tribal hálito de odio lo hace odiando totalmente a aquello que pertenece a las otras sociedades y como no, el odio al judío es su máxima expresión, pues cuando el odio al judío está en la raíz de su proclama incendiaria, nada podrá detenerlo hasta que haya alcanzado las cotas más altas de su perversa intención. Pues muchos han sido los antisemitas que han procurado el fin del pueblo judío aun cuando siquiera soñar volver a la tierra de sus antepasados tan solo era una vaga quimera, muchos han sido, sí, los predicadores del odio irracional y de los cuales nos habla la historia y unas veces con el sello del estado y otras por un supuesto mandato divino, aquellos monstruosos objetivos no cesaron hasta haber logrado casi las metas del deseo infame de ver al pueblo judío borrado de la faz de la tierra, hoy Israel. ¿Cuál es el secreto de este pueblo mil veces situado al borde del abismo de su existencia pero mil veces resurgido con una vitalidad inimaginable del sombrío valle de los huesos secos al que fueron arrojados? un destino escrito quizá, pero sobre todo por la propia estupidez de aquellos que han hecho del odio a Israel su única motivación existencial ¿le dirá la cerilla a la antorcha -te odio- y pretenderá aniquilarla con la exigua llama que exhibe soberbia sobre su diminuta cabeza?. La libertad de expresión es tal, cuando es utilizada no como un derecho a la sátira, que también, sino sobre todo cuando en su ejercicio no se somete a los dictámenes de lo invisible y de lo improbable ironizando el dolor ajeno pero callando frente al despotismo y la intolerancia de un sujeto inanimado. D-s creó al hombre a imagen y semejanza suya pero luego llegó el hombre y creó a dios a imagen y semejanza de sus propios odios e intrínsecas miserias rechazando al modelo original por una burda réplica de su humana condición. Por esto, en el presente Alegato por la libertad de expresión podemos manifestar lo que sería deseable en cuanto a los mitos y las fábulas creídas hoy por todos los hombres en cualquiera que sea su promulgación y siempre y cuando no haya sido probado por la ciencia. Rechazamos lo que se somete a lo políticamente correcto cuando esto es utilizado en defensa de una mentira que, además, busca incansablemente ser creída cada vez por mayor número de personas en todo el mundo. ¿Creían que hablaba del islam? ¡no vive dios!, pues todo el mundo sabe que el islam es una religión que incluso está por encima de la ciencia, vamos que locura dudar del hecho islámico...no no, hablaba de Santa Claus, del mito del ancianito orondo que reparte juguetes a los niños de medio mundo una vez al año y que entra por las chimeneas de las casas...y en la casa en la que no hay chimenea la magia se encarga de ello, un mito pernicioso para el correcto desarrollo intelectual de los infantes que un día serán adultos maduros pero posiblemente inestables emocionalmente por culpa de no haber desvelado antes que Santa Claus no existe. Ah que grande es la libertad de expresión que nos permite acabar con todas las supersticiones que aun sostenemos como verdades irrefutables, sobre todo, porque aquellos que podrían poner el grito en el cielo y quemar sedes diplomáticas y llamar a la destrucción de nuestras sociedades tan solo tienen tres añitos, no pueden manifestarse todavía...contra ellos es fácil ejercer el derecho a la libertad de expresión, a fin de cuentas solo las mentes aun no desarrolladas de los niños son capaces de creerse toda suerte de fábulas. Vean bien esta imagen, para una parte del planeta ellos también son unos infieles para los cuales nada bueno les aguarda en este mundo, y en el venidero todos los males del infierno bajo la impenetrable mirada del islam. ¿Podría incluso una mente agnóstica o atea dar crédito a semejante dislate y guardar silencio? por ellos es que la libertad de expresión no debe ser coartada ni debe someterse al imperio de las supersticiones, los mitos y las fábulas o el mundo acabará siendo lugar de encuentro donde la locura engendrará individuos moral e intelectualmente esquizofrénicos y creará hombres y mujeres sometidos a los inagotables afanes del mito y la superstición perniciosa que denunciaran los antiguos, porque donde no hay nada, todo es posible y todo mal absoluto.
Rafael T.Perez 16 marzo 2006
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