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Hay muchos muros levantados alrededor del mundo,
muros de verdad, algunos colosales de piedra,
cemento, ladrillo, metal. Y los hay mucho más
letales para la vida que el tradicional de
alambre de espino, muros tras los cuales a un
lado queda la tragedia y al otro se defienden
los derechos de unos pocos. Y sin embargo, al
mundo únicamente le preocupa aquel que separa la
muerte de la vida. El que separa a Israel, no de
esa "palestina" ficticia creada ex nihilo como
pendón del odio y cauce sombrío por donde se
canaliza la animadversión irracional de un
conjunto de naciones y pueblos bajo una misma
religión, un mismo credo, con una sola consigna
y un sólo objetivo. Al mundo le preocupa el que
separa a Israel de su destino, o mejor dicho,
del destino que unos le desean y otros le
preparan, del destino aclamado por unos que
sobrevive gracias al silencio cómplice de los
otros, cuando no es apoyado sin la menor
vergüenza y con el mayor descaro. El lugar de la
esperanza de un pueblo que a lo largo de los
siglos lo intentó todo por ser como los demás
pueblos, y no le dejaron. Ese lugar de la
esperanza ¿dónde está ahora?.
Hay muchas guerras sangrantes alrededor del
mundo, guerras de verdad donde el caos absoluto
gobierna a los hombres, y el hambre y la
enfermedad se extienden como un manto de muerte.
Guerras donde la intolerancia ocupa el trono y a
los que subyuga los condena a la miseria moral,
intelectual, espiritual y humana. Gobiernos y
reyes asesinos de sus pueblos que se sientan en
las cómodas butacas del Consejo de las Naciones
Unidas y catequizan sobre los derechos humanos
para otros mientras les niegan a los propios,
incluso, el derecho inalienable de todo hombre,
el de la libertad. Naciones que toman esclavos,
las mujeres son maltratadas, violentadas,
vendidas, donde las familias son separadas, los
pueblos empujados lejos de sus hogares, y las
gentes son torturadas y donde son barridas para
siempre aldeas enteras de la faz de la tierra.
Pero al mundo solo le preocupa una guerra,
aquella que intenta determinar si la cultura de
la vida es mejor que la "incultura" de la
muerte, y posee por ello mayor derecho a
imponerse sobre las sombras exánimes del odio.
Este mundo, de esta guerra, solo detesta que
quien tiene la experiencia de haber pasado por
la muerte, se niegue ahora a volver a las
cámaras de gas sin defenderse.
El lugar de la esperanza de un pueblo que lo
intenta todo por ser como los demás pueblos, y
no le dejan. Ese lugar de la esperanza ¿dónde
está ahora?.
Por todo el mundo sinagogas son asaltadas y
destrozadas, cementerios judíos son profanados,
personas atacadas solo por ser judías, derechos
conculcados en esos paraísos de intolerancia
política y religiosa, protestas contra el
creciente antisemitismo son ignoradas y a este
mundo solo le preocupa lo que haga Israel por
defender su derecho a existir y a sobrevivir una
vez más. Israel levanta una valla de defensa
para impedir que terroristas palestinos puedan
cometer sus crímenes, y el mundo ladra, y aúlla
y condena, Egipto levanta un muro mayor y más
profundo para separarse del terrorismo de sus
propios hermanos, y el mundo calla. Judíos
destrozan una mezquita y el mundo ladra, y aúlla
y condena. Musulmanes arrasan la sinagoga de
Hebrón y la tumba de Iosef, y el mundo calla,
destrozan y profanan cementerios judíos y el
mundo calla, queman sinagogas y el mundo calla.
Un padre de siete hijos es asesinado en Shomrom
y el mundo calla...un terrorista "palestino" es
arrestado por guardias de frontera impidiendo
así un cruel y sangriento atentado, y el mundo
ladra, y aúlla y condena a Israel por "oprimir"
al "oprimido" pueblo "palestino".
Diariamente entran en Gaza toneladas de bienes
de consumo, comida, gasolina, medicinas...y el
mundo calla, mientras que aldeas en Israel no
pueden disponer de luz para iluminar sus casas
ni de energía para calentarse en el invierno, y
esta vez si el mundo aplaude, porque el gobierno
de Israel se aviene a ser como los demás
pueblos, si, como los demás pueblos donde el
derecho y la justicia están retorcidos y donde
se pone al vil en el trono y al justo en el
patíbulo.
El lugar de la esperanza de un pueblo que lo
intenta todo por ser como los demás pueblos, y
nada más le permiten que ceder y ceder y ceder
para que alcance una paz imposible. Ese lugar de
la esperanza ¿dónde está ahora?.
Se condena
a quienes defienden el derecho del pueblo judío
a vivir en paz en la tierra, ya no solo en la
tierra de Israel, que es la suya, la nuestra,
sino en la tierra como planeta común donde
estamos concernidos a entendernos algún día. El
mundo los condena, nada nuevo bajo el sol, pero
lo peor es cuando el propio gobierno de Israel
los condena, ¿qué hubiera sido de cada judío hoy
si a lo largo de la historia un gobierno de
Israel hubiera condenado a todos aquellos que se
negaron a rendirse frente a enemigos que
albergaban en su interior el mismo odio que cada
uno de nuestros actuales enemigos? Ah quisiera
D-s que no existiera un hombre en la tierra que
fuera nuestro enemigo...ese odio contiene una
marca genética que pasa de padres a hijos,
estaba presente cuando los pozos de agua que
había abierto Avraham fueron cegados por el odio
de los enemigos de Yitzjak, ese odio estaba
presente en los enemigos de Gideon, y estaba
presente en los enemigos de David, y lo estuvo
en tiempos del imperio griego cuando los
Hasmonaim tuvieron que decidir entre luchar por
la libertad del pueblo judío o desaparecer como
desaparecieron otros pueblos absorbidos por la
apisonadora de Atenas.
Es el mismo odio irracional, monstruoso, que
llevó a Roma a aplastar definitivamente el
espíritu inconformista judío y a destrozar para
siempre el maldito apego que tenemos los judíos
por la libertad.
Ese odio ha estado presente durante siglos y
está presente hoy, porque es el mismo, pero
también es el mismo, nuestro afán por ser libres
en nuestra propia tierra.
¿Podemos acaso imaginar que habría sido del
pueblo judío si David (o tantos y tantos otros)
no solo hubieran sucumbido al deseo de las
naciones, sino aun peor, al de sus propios
generales y gobernantes? Si David no hubiera
enfrentado a aquel enemigo cruel, hoy tal vez,
todos seríamos filisteos. ¿Y el mundo hubiera
sido mejor? ¿se habrían acabado las guerras? No,
porque la maldad del hombre no tiene que ver con
la identidad individual sino con los deseos y
las ideologías perversas.
Si David hubiera fracasado, hoy todos seríamos
filisteos si, pero seguiríamos teniendo el mismo
problema con el mundo islámico, todo sería igual
excepto por un pequeño detalle, habríamos
perdido para siempre el conocimiento de lo que
somos, de lo que fuimos, y de lo que llegaremos
a ser en el futuro.
El pueblo que jamás será contado entre las
naciones, porque nuestro destino es la
eternidad.
La tierra está moribunda, que no se quebrante el
derecho, que se persiga la justicia porque el
pueblo judío ha conocido muchos cementerios a lo
largo de la historia.
Como escribiera Mariano José
de Larra en "Fígaro en el cementerio" pensando
en una España moribunda, acaso pueda escribirse
ahora sobre un Israel rodeado de malas bestias
por un lado, de peores conciencias por el otro y
de malditos desmemoriados por todas partes.
Una nube sombría lo envolvió todo. Era la
noche. El frío de la noche helaba mis venas.
Quise salir violentamente del horrible
cementerio. Quise refugiarme en mi propio
corazón, lleno no ha mucho de vida, de
ilusiones, de deseos.
¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi
corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice?
Leamos.
¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero!
¡Aquí yace la esperanza!
¡Silencio, silencio!
Se busca buena gente para construir un mundo
Rafael T.Perez
25 de diciembre de 2009
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