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ENTRE LA ROSA Y EL CLAVEL por Rafael T.Perez Cuentan las crónicas, que cierta tarde de primavera habíase reunido esa figura de la sátira, conocido como, D.Francisco de Quevedo con un grupo de amigos. Y mientras trasegaban el vino de costumbre, aguado como siempre por el tabernero, comentaban los cotilleos de la corte de España. De todos era conocida la animadversión que el Conde Duque de Olivares profesaba por el genial Quevedo, quien en no pocas ocasiones había burlado en público merecidamente. Pero en esta ocasión habíanse reunido no para hablar del Conde, sino de la Reina, una magnífica mujer que sin embargo lucía una regia cojera. Nadie en toda la corte, desde el más noble al más capón, podía si quiera desviar una mirada hacia el inestable caminar de la soberana, y ay de aquel cuya faz por una mueca fugaz se viera delatado, que podía en un tris recibir del alabardero, un buen mamporro de su alabarda, o peor; de acabar con sus huesos en una fría mazmorra por una temporada. Pero ahí estaba Quevedo, que con una trama bien urdida apostó con sus compañeros que llamaría a la reina "coja" en su propia cara. Mil dineros pusieron sobre la mugrienta mesa y si Quevedo ganaba, recibiría otros mil del Marqués de Calatrava. Llegado el día decidido se presentó Quevedo ante la soberana portando en su diestra una rosa y un clavel en la siniestra. Ahí estaba toda la corte reunida y ante público tan noble, a modo de testigos, mostró ambas flores a la reina para que admirara su textura y gozara de su aroma y entonces haciendo una reverencia le declaró: "Majestad; entre este clavel y esta rosa, su majestad escoja". Esta anécdota de la historia viene muy bien para comprender la sutil diferencia entre el fondo y la forma. O quizá la propia similitud que puede haber entre ambas. ¿De qué estamos hablando?, pues de la manera en como una noticia, un comentario, una idea pueden ser presentadas a un público poco avezado. Se trata de la verdad, porque en eso de la verdad resulta que no hay una verdad sino tres clases de verdad, mí verdad, tú verdad, y la verdad (por definición). Cada día somos testigos de como la prensa (salvo honrosas excepciones) nos intenta vender un clavel y una rosa a la vez que, sin que el lector se percate de ello, acaba por aceptar su propia cojera, en este caso intelectual por supuesto. En el drama que sufre Israel nunca es tenida en cuenta "su" verdad, sino siempre la verdad del otro, y nunca en todo caso la verdad por definición. Decía Quintiliano que: "No es tan dañoso oír lo superficial como dejar de oír lo necesario". Es evidente pues, que quien prefiere conformarse con lo superficial, jamás atenderá a lo necesario, en este caso a la verdad, porque la verdad nunca es superficial. Toda vez que se han producido avances (por tímidos que estos hayan sido) en el camino de la paz y del fin del conflicto entre Israel y los árabes, siempre ha ocurrido algo que ha dado al traste con todas las expectativas, ese algo evidentemente es un atentado terrorista, un lanzamiento de cohetes sobre una ciudad israelí, un ataque a civiles etc., y tan evidente es el intento por parte de los árabes de hacer añicos cualquier logro significativo, como la lógica respuesta de legítima defensa a la que les guste a esos zopencos o no les guste, Israel tiene derecho. Pero; habiéndose producido la noticia, esta nos es presentada como el clavel y la rosa. Es decir; que solo te enteras de la verdad (por definición) luego de haber terminado de leer el comentario. Si quien lee la noticia sufre de cojera intelectual, sin duda que acaba exactamente en el sitio al que el informador (antisemita enmascarado por supuesto) como si de un moderno Quevedo se tratase, quería llevar al incauto lector, a fin de cuentas a la inmensa mayoría solo le interesa el nuevo juguete del Real Madrid. Conclusión obvia: "palestino bueno, judío malo". Son los árabes quienes ponen las bombas, pero los idiotas pro palestinos que describe el señor Usía se dedican a criminalizar a Israel y a los judíos, y últimamente a los EE.UU, se ve que andan escasos de recursos mentales. Uno podrá estar o no estar de acuerdo con la política de Israel, pero lo que nunca una mente inteligente puede aceptar, es el uso del terror por parte de nadie. Los ejemplos son abrumadores, basta tomar la prensa diaria, desde el ABC, al diario EL MUNDO, pasando por EL PAIS. Los titulares y encabezados habituales siempre comienzan con una afirmación negativa, curiosa paradoja, "Israel torpedea el proceso de paz", "Sharon ordena el cierre de la carretera saladin en Gaza", "El ejercito "judío" dinamita una casa palestina". Ya de entrada toda persona que vaya a iniciar la lectura de esta noticia ha sido predispuesta a no entender lo que sigue después porque en su mente la idea principal ya ha sido hábilmente fijada, Israel es malo, los palestinos buenos. Israel usa helicópteros cobra, los palestinos usan piedras, Israel mata, los palestinos mueren. Una reducción simplista del conflicto, pero eso es precisamente lo que se busca, reducir la noticia a conceptos que puedan ser fijados y asimilados fácilmente por el lector incapaz, o el despistado de turno. En esta clase de periodismo no importa la forma sino el fondo, el fin justifica los medios, el fin es criminalizar a Israel y a los judíos, los medios son cualquiera que sirva a ese deleznable objetivo aunque sea abierta y absolutamente mentira. Solo después de haber iniciado la lectura de una noticia con los titulares mencionados, descubrimos que en realidad quien ha torpedeado el plan de paz no ha sido Israel sino un suicida que se ha llevado por delante la vida de gente inocente (claro que los judíos nunca son inocentes ¿no?), que Sharon ha ordenado el cierre de la carretera no porque ese día tocaba fastidiar a los palestinos, sino porque ha estallado una bomba en las próximidades, o porque un terrorista se ha hecho explotar al paso de un autobus. Que los helicópteros han actuado no porque tenían un bono de vuelo que tenían que agotar, sino porque anteriormente se había producido un ataque criminal. O que Israel ha dinamitado una casa no porque la dinamita estuviera de oferta esa semana, sino porque era utilizada por francotiradores, y ya habían matado a una niña desde ella, como ya se ha dado el caso. Así las cosas es evidente que no podemos cambiar el mundo de un día para otro, pero al menos para todas aquellas personas que nos rodean, amigos, familiares, vecinos, siempre que tengamos ocasión hagamos que vean que si les ofrecen un clavel y una rosa, informativamente hablando, sepan distinguir la noticia de la propaganda. Rafael T.Perez
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