Terrorismo islámico: No es opresión, es odio
24/3/2008 - 05:28
Mucha gente en todo el mundo, e incluso parte de los israelíes, creen que cuando el conflicto entre nosotros y los palestinos se resuelva desaparecerá el motivo de la enemistad del mundo árabe y musulmán hacia nosotros y reinará la paz entre Israel y todos los países árabes, la tensión entre Occidente y el Islam se esfumará y el terrorismo desaparecerá de los países árabes.


Por Guilad Sharón - Yediot Ajaronot
 

Esa creencia es ingenua y errónea. El tema palestino es una excusa, un elemento de presión a Israel. No es el problema. El mundo árabe jamás aceptó nuestra existencia como estado judío dentro de Medio Oriente. Los únicos mapas árabes en los que aparece Israel son los militares. En los mapas que utilizan en las clases de geografía en las escuelas nosotros no existimos.

Los palestinos no le interesan en lo más mínimo a los países árabes. “Hijo de sesenta mil prostitutas”, era como llamaba el ministro de Defensa sirio a Arafat y el presidente egipcio lo trató más de una vez de “perro”. Hay que entender el significado de una ofensa semejante dentro del mundo árabe, y eso no es nada si se lo compara con otras expresiones que no son de conocimiento público. Si el tema palestino tanto preocupaba a los países árabes, ¿quién les impidió fundar un estado palestino antes de la Guerra de los Seis Días, antes de 1967?

También el argumento según el cual el sufrimiento y la opresión de los que son víctimas los palestinos son la causa del terrorismo contra Israel y Occidente es absurdo. El terrorismo contra judíos en esta tierra comenzó hace más de 120 años, mucho antes de la Guerra de los Seis Días y de la Guerra de Independencia, cuando todavía no éramos acusados de expulsión u ocupación. Entonces, igual que hoy, el odio a los judíos y la no aceptación de nuestra presencia aquí son las verdaderas causas del terrorismo.

Pensemos, por ejemplo, quién era el repugnante terrorista que perpetró el atentado en la ieshivá Mercaz HaRav. Se trata del hijo de una familia estable, que vive en una bonita casa y ganaba un buen sueldo que cobraba –por intermedio de una empresa de transportes- de aquellos a quienes después asesinó. Él no actuó por opresión sino por odio. Incluso una mirada sobre aquellos que perpetraron los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos nos revelará que la mayoría eran sauditas y también el apoyo financiero y la ayuda que recibieron tenía procedencia saudita. Es difícil decir que los sauditas sufren de alguna opresión, al menos no económica. Quizás están un poco aburridos, o tienen calor, pero dinero no les falta.

El motivo para este y otros ataques es el extremismo islámico, que no está dispuesto a aceptar a Occidente, su estilo de vida y su cultura, y quiere imponer por cualquier vía y de cualquier forma su oscuro extremismo sobre todos los habitantes del planeta. Vivirán según nuestros principios o morirán, eso es lo que ellos piensan.

Sería bueno que en Estados Unidos y Europa comprendan que presionar a Israel para que haga concesiones no les traerá la paz que desean ni les permitirá disfrutar de la tranquilidad. Las concesiones al terrorismo y a los violentos no calman a los agresores –tal como quedó comprobado en el caso de Hitler– tan sólo lo incentivan.

Sería mejor que en el mundo, y también aquí, entendieran que con el diablo extremista que salió por la fuerza de la botella, no se puede llegar a ningún acuerdo. Sólo se puede –con determinación y valentía– devolverlo a la botella y enterrarlo bien profundo en las arenas árabes.