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LA SOCIEDAD ABIERTA Y SUS ENEMIGOSEl socialismo como antesala del islamPor Guillermo Elizalde Monroset
Aunque el socialismo se presenta como doctrina
de librepensamiento, progreso y secularización,
es decir, como una aparente antítesis del islam,
las afinidades entre ambos son notables. Durante
un tiempo, cuando el musulmán bolchevique Sultán
Galiyev trabajaba para extender el socialismo a
las poblaciones islámicas, pareció que el islam
iba a ser un instrumento de la expansión mundial
del socialismo. Pero el fenómeno se invirtió
tras la caída del Muro de Berlín, y el
socialismo puede convertirse ahora en la
antesala de la islamización de Occidente.
El socialismo es una ideología y el islam una
religión, pero eso no entorpece sus mutuas
conexiones. Hace tiempo que Proudhon demostró la
naturaleza teológica del socialismo, y desde
Mahoma hasta
Sayid Qutb el islam funciona como una
ideología. Es legítimo, pues, comparar
socialismo e islam. Por otro lado, se dirá que
ambos son polifacéticos, con versiones radicales
y moderadas. Pero hay acuerdo entre los dogmas
fundamentales de las tendencias mayoritarias,
cuyas diferencias no son de partitura, sino de
ritmo, volumen e instrumentos. El yihadismo
resuena con fuerza en los principios del islam
tradicional, y la mentalidad iluminista y
revolucionaria del siglo XVIII pervive en la
secularista socialdemocracia occidental. A pesar
de sus matices, es posible definir socialismo e
islam con bastante precisión.
Comparemos los fines de ambas doctrinas.
Rousseau y Mahoma están de acuerdo en la bondad
primigenia del hombre: su naturaleza es sana, y
está libre de pecado original, pero la sociedad
lo corrompe. Sólo la expansión de ciertas
estructuras políticas colectivas, ya del
socialismo, ya de la comunidad islámica o
umma, pueden asegurar la paz y el bienestar
de toda la humanidad. Por eso islam y socialismo
proponen el establecimiento de una utopía
terrenal, a golpe de Corán o de Código Civil. La
utopía socialista se ha llamado
falansterio, comunismo, socialismo
bolivariano o Alianza de Civilizaciones; la
musulmana se llama Dar al Islam y su ley es la
sharia. Cualquier alternativa,
especialmente la cristiana, debe combatirse por
opiácea e impía. No es difícil imaginar cómo la
concepción del hombre, el anhelo utópico y la
manía anticristiana pueden convertirse en
tobogán socialdemócrata hacia el mahometismo.
Tanto en el socialismo como en el islam, los
medios para alcanzar estas promesas liberadoras
pasan por la revolución y su necesaria ración de
violencia. Ésta parece inherente al socialismo y
a su sangrienta historia, desde la guillotina
hasta el Gulag. Los "grupos de liberación"
terroristas, el aborto invisible, la silenciosa
eutanasia y la liquidación de embriones
representan lo mismo, con estética
socialdemócrata post-cheka. En el lado islámico,
es revelador que el año cero del islam –la
Hégira– recuerde el pacto entre Mahoma y
los caudillos de Medina para guerrear contra La
Meca; de ahí la reflexión de Donoso sobre una
religión que "lleva en la punta de su espada
todos sus milagros, todos sus argumentos y todos
sus testimonios". También hoy el revivir
islámico predicado por
Maududi o Jomeini recomienda la espada como
medio para alcanzar la emancipación, en el islam,
de los débiles y oprimidos de todo el planeta.
El acuerdo práctico de socialistas y musulmanes
en que el buen fin justifica los malos medios
anuncia mayores colaboraciones.
La mezcla de los fines y medios antedichos
desemboca en el totalitarismo, donde se
encuentran de nuevo socialismo e islam. Han
pasado Fouché y Stalin, pero la alteración de la
realidad, el sacrificio de las partes por el
todo, el miedo paralizante de lo políticamente
correcto, el progresismo, la destrucción de la
familia, la ideologización de todos los ámbitos
sociales, la omnipresencia del Estado, la
soledad y el sentimiento de impotencia
predominan en el Occidente socialdemócrata. En
cuanto al islam, es sabido que nunca separó a
Dios del César, que la aqida o credo
religioso musulmán abarca todo aspecto de la
existencia, y que casi siempre es utilizada por
el gobernante de turno para controlar los
detalles de la vida familiar y social. La
convergencia del islam y el socialismo español
en el camino totalitario es manifiesta, por
ejemplo, en la ley –socialista y antifamiliar–
de divorcio-repudio, en la ley de culto –de
molde saudí– promovida por el tripartito catalán
o en la promoción de la Educación para la
Ciudadanía en las escuelas-madrasas españolas.
Hemos comprobado que las afinidades en los
fines, medios y consecuencias del socialismo y
el islam son más profundas de lo que muestran
los mensajes de Al Qaeda, los
seminarios sobre el Che organizados por
Ahmadineyad, la conversión al islam de
comunistas como
Roger Garaudy y
Mansur Escudero o la admiración del PSOE por
Tarik Ramadán y la Alianza de
Civilizaciones. Pero la sintonía de medios y
fines no será la causa principal de la
convergencia entre el socialismo y el islam.
Como ya vio Tomás de Aquino, la utopía o "promesa
de deleites" y la revolucionaria "violencia de
las armas" no bastaron para extender el islam.
Fue necesario un "creer a la ligera", un
debilitamiento intelectual que aislara la fe de
la razón. De manera semejante, el secularismo
que aísla la razón de la fe parece el rasgo
distintivo del socialismo. Y tal vez sea este
común raciocinio defectuoso lo que más facilite
la alianza entre islam y socialismo en el siglo
XXI.
http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1276234169 Año nuevo, guerra viejaPor Carlos Semprún Maura8 de enero de 2008
El caso es que Elorza, el sábado 29 de
diciembre, escribía en El País ("Jugando
con el terror"; cabe preguntarse quién juega):
"Al Qaeda ha puesto en marcha frente a Occidente
una estrategia terrorista que cabe definir como
el inicio de una guerra mundial de nuevo tipo".
Eso es lo que decimos nosotros, desde septiembre
de 2001, en Libertad Digital y
La Ilustración Liberal; también lo dicen
algunos más, pero el catedrático nos trató con
académico desprecio. Es cierto que ya fue
escéptico, cuando no crítico, con el buenismo
imbécil de la alianza de civilizaciones
de Zapatero-Montesino, pero fue infinitamente
más violento en sus críticas hacia quienes, como
Bush, Blair, Aznar y nosotros, considerábamos
que estábamos en una "guerra mundial de nuevo
tipo", como de pronto acaba de descubrir él.
Lo que por lo visto le ha despertado de sus
sueños muniqueses ha sido el asesinato de
Benazir Bhutto. Es desde luego un acontecimiento
considerable, que supera las fronteras del
Pakistán, aunque sólo sea porque ese país posee
armas nucleares, y dichas armas, en manos de Al
Qaeda, pueden, desde luego, interrumpir
bruscamente la siesta de nuestros pacifistas,
partidarios del "diálogo" con los locos de Alá.
Los más radicales de entre los musulmanes han
elegido Pakistán, como Afganistán, Irak, Argelia
y otros países islámicos, para su ofensiva
general contra los "nuevos cruzados", y, aunque
perpetran atentados en diferentes naciones de
Occidente, han concentrado el grueso de sus
fuerzas en aquéllos. Pretenden conquistar el
poder para el islam radical y, desde las plazas
cobradas, lanzar una ofensiva generalizada
contra los infieles. Su "reconquista".
Si bien ésta es en ciertos aspectos una guerra
"de nuevo tipo" –los atentados suicidas, por
ejemplo, constituyen un fenómeno relativamente
nuevo, por su frecuencia y amplitud–, también
tiene elementos y aspectos de las guerras
clásicas: las armas, el terrorismo, también la
propaganda y la lucha ideológica.
En cuestiones de propaganda y lucha ideológica, los de Al Qaeda, los talibanes, los Hermanos Musulmanes, etc., cuentan con la potente ayuda de los muniqueses occidentales. Todos los que sistemáticamente condenan cualquier iniciativa militar de los USA y sus aliados (como, aún, el propio Elorza), se rasgan las vestiduras ante el menor vuelo de la CIA, denuncian "torturas" en Guantánamo, justifican el terrorismo como "única arma de los pobres" o "de los débiles", afirman que el islam "nada tiene que ver con el terrorismo"...; en fin: todos los que consideran a los USA como el principal, cuando no el único, enemigo tienden a considerar a todos los enemigos de los USA como sus aliados, y contra más violentos sean y más atentados cometan, mejores aliados serán.
En este sentido, su derrotismo antidemocrático
es infinitamente más eficaz, entre la
socialburocracia pueblerina, que el mensaje
coránico de un Ben Laden demasiado troglodita,
así como entre poblaciones ciegas ante los
verdaderos peligros, egoístas, conformistas y
hasta cobardes, que no se meten en líos y
aplauden cuando, después de cualquier atentado,
se construyen nuevas mezquitas, o se
subvencionan nuevas escuelas coránicas, (como si
por invitar a cenar a tus asesinos alejaras el
peligro). Ahora bien, no están en absoluto
dispuestas a vivir coránicamente.
Podrá parecer cínico, pero es un hecho: tenemos,
los demócratas occidentales, la inmensa suerte
de que los musulmanes, y no sólo los sunníes y
los chiíes, se odian y matan en nombre del islam
verdadero; suerte que no siempre sabemos
utilizar.
Hay que saber aprovecharse de la situación. En
este contexto, jefes de Estado como el egipcio
Hosni Mubarak o el paquistaní Pervez Musharraf
pueden ser, ocasionalmente, aliados de Occidente
en la lucha contra el terrorismo. No hay que
confundir esos países y sus dirigentes con Irán,
Siria o el Sudán, por ejemplo. Evidentemente,
ninguno de ellos es democrático, pero tampoco
puede compararse Egipto con Irán, o con lo que
fue Afganistán bajo el régimen talibán: el
aquelarre absoluto, o el régimen islamista
perfecto.
Pese a las confusiones voluntarias y las
contradicciones inverosímiles, para mí queda
claro que el asesinato de Benazir Bhutto forma
parte de la ofensiva general del islam radical
en el mundo entero, particularmente en esa
región, y la prestigiosa Scotland Yard no podrá
cambiar nada en ese aspecto.
Yo no sé si Benazir Bhutto habría ganado las
elecciones, si hubiera podido aliarse con
Musharraf para gobernar; si ese buenismo
onusiano ("Lo esencial es que la democratización
prosiga"), en un país que prácticamente se halla
en guerra civil, puede tener la menor
efectividad; y hasta pienso que, si se hubiera
mantenido el estado de excepción, quizá
no habrían podido asesinar a Bhutto.
Se nos dice que ésta, cuando fue primera
ministra, aceleró la construcción de la bomba
nuclear (pensando en la India) y "ayudó a los
talibanes" (El País, 3-I-2008). No: ayudó
a los afganos contra la URSS, que era el
principal enemigo de todos, salvo de Castro y de
Ignacio Ramonet. Bien sabido es que muchos de
los problemas que tiene hoy Pakistán provienen
de esa época, y de su ayuda a los afganos
durante su guerra contra la ocupación soviética;
pero es que una guerra "justa" puede acabar
teniendo resultados nefastos, como quedó de
manifiesto con la toma del poder en Afganistán
por parte del totalitarismo talibán.
Sea como fuere, ese periodo ha pasado, y
Musharraf, su ejército, sus servicios secretos
–en los que, por lo visto, el islam radical es
muy influyente– tendrían que librar otra guerra,
una guerra contra el terrorismo de Al Qaeda y
los talibanes. Musharraf, quien durante años ha
jugado sucio, es "proyanqui" y a la vez muy
tolerante con el islam radical; pero tendrá que
decidirse: su doble juego no puede durar
eternamente. De todas formas, los locos de Alá
no se lo permitirán.
En esta situación de crisis profunda, de
enfrentamientos sangrientos, pensar que en
febrero Pakistán podrá celebrar unas elecciones
"libres y democráticas" es de necios.
Y ahora, imaginen un segundo que los USA y sus
aliados hubieran perdido realmente la guerra de
Irak (que no la han perdido), que este país se
hubiera convertido en una república islámica
aliada de Irán y Al Qaeda, pongamos: los locos
de Alá que siguen combatiendo allí se volcarían
sobre Afganistán, Pakistán, el Líbano, África
del Norte; sobre Israel, los infieles, Occidente
y los "malos musulmanes".
Los que, alegres, piensan que los USA han
perdido en Irak se equivocan: la guerra
continúa, tanto en Irak como en Afganistán. Es
la misma guerra, y se libra también en el
Líbano, y hasta en Pakistán. Una guerra que va
para largo y que tenemos que ganar; si Dios
quiere, dirá Bush, con la ayuda de los países
musulmanes "moderados".
http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1276234170
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