Halagos terroristas
De Hezbolá a Zapatero, con amor
GEES
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Martes 18 de Julio de 2006
Si a Santiago Carrillo lo hubieran alabado en la televisión de Franco, sus
compañeros del PCE lo habrían decapitado. Pero que la televisión de Hezbolá
agradezca las palabras de Rodríguez Zapatero no tiene consecuencia alguna dentro
de nuestra España. Que un grupo terrorista alabe las palabras de un político ya
es grave y daría que pensar. Que los terroristas cortejen a un gobierno resulta
todavía más sospechoso. Pero que un grupo terrorista islámico bendiga la
política de Rodríguez Zapatero, colma ya el vaso que este gobierno se empeña en
que todos los españoles bebamos amargamente.
Instalado en la malevolencia política que le caracteriza, el actual presidente
del Gobierno español, ante la crisis abierta por Hezbolá con Israel, se apresuró
a llamar a consultas a nuestro embajador –en un gesto tan insólito como aislado
puesto que nadie le secundó en esta iniciativa– y en condenar las acciones de
represalias israelíes, no tanto porque las considerara desmesuradas, sino porque
Rodríguez Zapatero entiende que la mejor forma de vencer al terrorismo no pasa
por oponerse a él sino negociar con los terroristas. Lo estamos viendo con ETA.
No podía ser muy diferente con el terrorismo islámico.
Pues bien, sus palabras han encontrado una rápida respuesta. Pero no de la
comunidad internacional que le tiene olvidado y que no se preocupa por lo que
pueda decir nuestro sonriente presidente, sino del mismísimo grupo Hezbolá. Que
El Partido de Dios (que es lo que significa Hezbolá) le agradezca a Zapatero, el
secular acérrimo, sus posturas no dejaría de ser una mala broma. Pero es mucho
más grave que sea un grupo que está en todas las listas de terroristas y que por
su alcance geográfico representa al terror global, el que lo haga. Dice mucho
–de sobra– sobre dónde se sitúa el actual gobierno español.
Si a Santiago Carrillo lo hubieran alabado en la televisión de Franco, sus
compañeros del PCE lo habrían decapitado. Pero que la televisión de Hezbolá
agradezca las palabras de Rodríguez Zapatero, desgraciadamente, no tiene
consecuencia alguna dentro de nuestra España. Pero que no se equivoquen en La
Moncloa, sí que lo tiene para nuestro entorno. Por ejemplo, la gira que por
Washington han realizado la semana pasada Trinidad Jiménez y Pepiño Blanco, con
la que querían convencer a la administración americana de que la política
exterior española se iba a ir acercando a sus posiciones, no ha podido quedar
más en ridículo. Y es que como dicen los propios norteamericanos, "este gobierno
español nos lo pone muy difícil". El diálogo con ETA puede que sea visto con
estupor, pero con la distancia de que es un asunto interno español; el apoyo a
Hezbolá, sin embargo, no puede ser tolerado con la misma permisividad. Puede que
al presidente le importe muy poco, concentrado como está en la destrucción de
nuestro marco político de convivencia, pero al resto del mundo sí le importa que
la nueva España siempre se alíe con los malos. Que se lo pregunten a Hezbolá
esta vez.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.