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Cuando Europa supere a ZarazustraPor Gustavo D. Perednik
Ese diálogo, y las dos batallas que paralelamente nos han impuesto desde Gaza y el Líbano, conforman una mandala para entender la región. Con ese objeto proponemos la siguiente tabla cronológica, que no hace alarde de demostrar la doctrina de Nietzsche pero al menos refleja el eterno retorno mesooriental.
1) Árabes atacan judíos.
2) Los judíos se defienden.
3) Los medios de difusión describen
la defensa como una caprichosa
agresión y, como soslayan el ataque
original, generan una opinión
pública que ve al judío como
victimario.
4) La complacencia del europeo medio
acepta esa versión, que disipa todo
remordimiento por deudas morales
para con el pueblo judío.
5) Consecuentemente, la Unión
Europea o sus cancillerías critican
la defensa israelí, cuando menos por
desmedida (Rafael
Simancas y los incurables
progres que se alían a los diversos
"partidos de Dios" islamistas
ignoran que "desmedido" es aquello
que con menos fuerza puede
cumplir con su objetivo).
6) Los regímenes árabes se ven así
estimulados a continuar con la
agresión y la justifican con la más
repetida y paradojal de todas las
mentiras: nos atacan debido a
la autodefensa israelí.
7) La ONU, habitualmente cautiva de
las
petromayorías islámicas, condena
a Israel.
8) Los portavoces árabes pasan a
declamar cómo sufren sus pueblos,
que anhelan sólo "recuperar sus
derechos", sin detallar que jamás
gozaron de esos derechos, ni que
están privados de ellos en todos y
cada uno de sus regímenes –la fuente
primordial del sufrimiento.
9) Los europeos sofistican la farsa
general elevando al estatus de
expertos y protagonistas a judíos
marginales que odien a Israel, a
quienes premian, ensalzan y
presentan como adalides de la
justicia (Vargas
Llosa se destacó últimamente al
adoptar como gurú a Ilán Pappe,
comunista que propone desmantelar el
Estado judío).
10) Las cosas se complican, pero,
para despejar la turbiedad, árabes
atacan judíos.
La secuencia viene repitiéndose
desde hace varias décadas, detalle
más o menos, y no podrá romperse el
ciclo vicioso si no se anula el
punto 1, aun cuando hay otras vías
que atenuarían el eterno retorno.
Por ejemplo, si se restara la fase 5
podría modificarse la 6, y así
sucesivamente en las distintas
etapas del algoritmo.
Hay pasos promisorios en esa
dirección. Uno lo dio el presidente
egipcio, Hosni Mubarak, cuando pidió
a su colega sirio Asad (11-7-06) que
expulsara de su territorio al jefe
islamista Khaled Mashal, porque
"Hamás sólo traerá destrucción al
Oriente Medio, incluido el
régimen sirio".
La afirmación es revolucionaria:
pareciera sugerir, por primera vez
en un millón, que Israel no es
culpable de la escalada bélica.
Sorprendentemente, un líder árabe
observa el fragor de la batalla
entre el ejército hebreo y la
Autoridad Palestina regida por el
Hamás y, en lugar de
endilgarle todos los males al
"monstruo sionista", ha optado en
esta ocasión por dirigir su dedo
acusador contra las fuerzas del
terror islamista que vienen
jaqueando al mundo entero con Israel
como blanco predilecto. Incluso la
versión oficial
saudí criticaba "las
improvisadas aventuras" de Hezbolá.
Dos lecturas fallidas de la tabla
Para una correcta lectura de la
tabla de sucesión de eventos deben
evitarse dos frecuentes errores. Uno
es suponer que las fases 3 y 4 de la
cadena se deben a que "Israel es el
fuerte", y previsiblemente la gente
se identificará con el débil. El
trillado argumento de que "si eres
más débil siempre tienes razón",
además de inmoral, es falso. El
líder checheno Shamil Basayev lo
puso en evidencia esta semana,
cuando fue muerto por el Ejército
ruso (10-7-06): los medios
celebraron el fin del terrorista, a
pesar de que Rusia es abismalmente
más fuerte que sus separatistas.
Muy en contraste, cuando Israel mató
al jeque Ahmed Yasin (22-3-04) –cuyo
prontuario difería del de Basayev
solamente en que sus víctimas eran
eminentemente judías– los medios
clamaron contra la "brutalidad
israelí", que se había descargado
contra "un líder espiritual". El más
grosero en su judeofobia fue el
diario griego Eleftherotypia,
que publicó una caricatura (27-3-04)
en la que una mujer preguntaba:
"¿Por qué el Gobierno judío mató a
un líder religioso?", y le
respondían: "Estaban practicando
para las Pascuas". O sea, que el
judío puede zigzaguear entre
homicida y deicida, pero matar,
siempre mata. Lo declaró Mikis
Theodorakis, con nazi y pública
claridad: "Los judíos, carentes de
historia, son la raíz del mal".
Habíamos escuchado ese argumento en
el pasado.
El segundo error es peor aún:
consiste en negar a la fase 1 del
algoritmo su estatus de proceso
inicial, disfrazando la agresión
árabe de "reacción contra la
ocupación" y omitiendo así el
teorema de que el terrorismo árabe
precede a toda ocupación.
Antes de la Guerra de los Seis Días
(1967), en la que Israel tomó los
territorios que fingen reclamar, nos
mataban. Antes de que siquiera
hubiese Estado judío (1929)
aniquilaron a la comunidad hebrea de
Hebrón; sin pausa y por décadas nos
mataron y violentaron. Hace tres
siglos incendiaron la sinagoga de
Jerusalén (8-11-1720),
presumiblemente debido a la
ocupación de 1967.
Los árabes se apropiaron del sitio
durante un siglo, hasta que una
nueva ola inmigratoria israelita lo
recuperó, en 1816 (vaya este dato
para los que creían que la masiva
inmigración judía a Palestina no
comenzó hasta el Holocausto).
Tampoco se sabe que en el año 1474
unos árabes destruyeron la sinagoga
del barrio judío, acaso previendo
que medio milenio después Israel los
"ocuparía".
Es que si esa previsión no fuera la
causa, quizá el motivo por el que
atacan sin escrúpulos es
sencillamente que las sociedades
totalitarias
arremeten para destruir a un
mundo libre con el que no pueden
competir. Atacar es el medio de los
déspotas para perpetuarse en el
poder. Lo han explicado
magistralmente, entre otros: Hayek
en economía, Hannah Arendt en
sociología,
Ayn Rand en las letras.
Como no median intereses económicos
que justifiquen las incursiones
hebreas en Gaza y el Líbano (todo lo
contrario), aquellos que desestiman
las necesidades de Israel de
protegerse echan mano al único
causal posible que encuentran para
sus operativos: una intrínseca
perversión de los judíos. Para
llegar a esta conclusión basta con
nunca preguntarse si los palestinos
cumplen con su obligación de
desarmar al Hamás, o si los
libaneses cumplen con su obligación
de desarmar al Hezbolá: es más fácil
arribar sin preguntas a la sabia
conclusión de que a nosotros nos
encanta invadir. Así es como la
judeofobia termina siendo necesaria
para fundamentar el antiisraelismo.
Hoy, Gaza y el Líbano son un
microcosmos de la guerra contra
Israel, que en la historiografía
europea ha dado en llamarse
"conflicto de Oriente Medio" o, peor
aún, "conflicto palestino-israelí".
Esta denominación se obstina incluso
cuando
amenazan borrarnos del mapa los
ayatolás responsables de los dos
peores atentados terroristas que se
perpetraron en Argentina (este país,
que hace rato debería haber cortado
toda relación diplomática con Irán,
por el contrario acaba de impulsar
el ingreso al Mercosur del
principal apólogo de los
ayatolás en Hispanoamérica).
Como en Zaratustra y en los cuentos
del genial Borges, el eterno retorno
es parte del Oriente Medio. Su causa
original por ahora no puede
apagarse, pero no perdamos las
esperanzas de que el ciclo sea
quebrado en los puntos 3, 4 ó 5 por
una Europa más despierta. Su
despertar anunciará la paz por sobre
las presentes tinieblas.
Gustavo D. Perednik
es autor, entre otras obras,
de La Judeofobia (Flor
del Viento), España
descarrilada (Inédita
Ediciones) y Grandes
pensadores judíos
(Universidad ORT de Uruguay).
fuente: http://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276232086 |