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Paz y verdad violentadas
Por Gustavo D. Perednik
Como la familia real saudi es propietaria de innumerables harenes y
palacios por doquier y de la cuarta parte del petróleo planetario,
ha logrado que los medios denominen «moderado» a su régimen
esclavista y misógino, bajo el cual está vedado a las mujeres
conducir y a los judíos ingresar aun como turistas; donde está
prohibida toda religiosidad no-islámica, y los castigos incluyen
lapidaciones y decapitaciones, la pena de muerte para la
homosexualidad o el adulterio femenino, y la amputación de manos por
robo. Los medios occidentales no censuran estas «moderadas»
expresiones de una estructura premedieval que carece de parlamentos,
elecciones u órganos representativos.
El régimen tribal controla todos los medios, exporta violencia a
través de la doctrina wahhbita que en cien países recluta a jóvenes
al credo terrorista, y reduce los derechos humanos a una arbitraria
dádiva del rey a sus súbditos.
Sin embargo, parte de la derrota de Occidente en la guerra
psicológica se refleja en que los totalitarios imponen su léxico. En
él, Arabia Saudí es moderada. Por ello viene dispensándose atención
su «plan de paz» reflotado en Riyad (29 marzo 2007). La propuesta
consiste en que Israel evacue territorios para luego ser eliminado
por medio del ingreso de millones de árabes que se transformarían de
inmediato en la mayoría del país. Denominar «plan de paz» a esta
ofensiva para eliminar al Estado judío, les facilita a los saudíes
concitar la aprobación de desprevenidos y malintencionados al
unísono.
Los medios vienen vaciando de contenido a la palabra «paz» desde
hace mucho tiempo, incluidos los periódicos de la izquierda israelí
como el diario Ha'aretz que informa de la muerte de la lingüista
israelí Tania Reinhardt (17 marzo 2007) calificándola de «activista
de la paz». Curiosa paz la de la Reinhardt, quien fiel a su mentor
Noam Chomsky proponía destruir Israel, apoyó al Hezbolá durante la
última guerra, y se opuso a los acuerdos de Oslo (13-9-93) por
considerarlos una traición de Arafat a los palestinos (ya que
supuestamente renunciaban a la meta de eliminar el Estado hebreo).
En este embrollo semántico en el que se llama paz a la guerra,
tampoco resulta fácil detectar qué es terrorismo o fascismo, ya que
los fascistas y terroristas arrojan dichos términos preventivamente
contra las democracias occidentales para mantenerlas en la defensiva
semántica. Quienes arremeten contra toda oposición tachan de
«fascistas» a los gobiernos liberales y exaltan como «democrático»
al de las familias Castro o Kim.
Los totalitarios seleccionan voces para confundir y dominar, una
manipulación que en ciencias políticas se conoce como «lenguaje
esópico» (pobre el antiguo fabulista griego, cuyo nombre, sin culpa
ni cargo, fue extrapolado a esta adjetivación).
Los nazis llamaban «Evakuierung» a la deportación a los campos de la
muerte, «tratamiento especial» al asesinato y «solución final» al
Holocausto. Los comunistas crearon en 1950 el Consejo Mundial por la
Paz para promover la lucha de clases y exportar la revolución. Nadie
podría oponerse a soluciones y a paces sin ofrecer previamente
explicaciones.
El tercer gran despojo
Junto a la Reinhardt otro israelí «militante de la paz» llamó
últimamente la atención de los medios: el gurú de Mario Vargas Llosa
e historiador de Haifa Ilán Pappe, quien acaba de ser contratado por
la universidad inglesa de Exeter. En ella proseguirá su campaña para
que se boicoteen a todas las universidades israelíes, de las que
hasta hoy había recibido sus honorarios.
Pappe emigra de un Israel al que imagina fuente del mal y al que
propone suprimir. Su virulencia al respecto sorprendió incluso al
periodista qatarí del diario La Península, quien entrevistó a Pappe
en la ciudad de Doha (1 abril 2007): el israelí afirmó apoyar al
Hamás en su «resistencia» contra Israel (léase bombas de suicidas en
discotecas para matar judíos, en lugar de negociaciones para
construir un Estado palestino). Para este portavoz de autoodio «el
sionismo es mucho más perjudicial para la paz que el islamismo».
Esta muestra de la rutinaria demonización del sionismo nos retrotrae
a un artículo en el que planteamos cómo los medios despojan a dicho
movimiento de dos virtudes que lo caracterizan: antigüedad y
benignidad. Cabe agregar aquí un tercer despojo del que el sionismo
es frecuente objeto: el de sus argumentos. El método consiste en
atribuir a los sionistas razones divinas para después
descalificarlas por retrógradas. Se soslaya de este modo que Israel
es precisamente el país secular de Oriente Medio, rodeado por veinte
dictaduras islamo-fascistas que lo han elegido como blanco
predilecto de su embate teocrático.
En esta patente tergiversación del sionismo cayó un artículo
judeofóbico del famoso Jostein Gaarder: El pueblo elegido de Dios
(publicado el 8 mayo 2006 en el diario noruego Aftenposten y
reproducido varias veces). Además de desvirtuar la autodefensa
israelí ante los misiles del Hezbolá que ni siquiera son
mencionados, el noruego «explica» que la motivación de los sionistas
es teocrática. Para fabricar la mentira esquiva enteramente la
historia del sionismo, mayormente laica desde el mismísimo fundador.
El ardid es habitual y culmina en que expeditamente se objeten
nuestros argumentos, eminentemente históricos, morales y sensatos,
pero no teológicos.
A diferencia de Gaarder que arremete desde Europa contra Israel (su
moral no le permite jamás denostar a Arabia Saudí), los casos de
Pappe, Reinhardt y similares son de furia local. Parten de la
flagelación de su propia sociedad, y luego trasladan el veneno
antiisraelí intacto a otras sociedades en las que la autocrítica no
existe. Éstas consumen con frenesí la justificación del odio que les
regalan desde afuera.
Las opiniones monocordes del mundo árabe contrastan con Israel, en
el que conviven una vasta pluralidad de ideas, partidos y
organizaciones que lo incluyen a Pappe (fue candidato parlamentario
por el Partido Comunista pero nunca resultó elegido). Esta
policromía es en buena medida continuidad de la tradición del
judaísmo que siempre exaltó la diversidad de opiniones.
La disparidad de sistemas es uno de los motivos por los que las
diatribas contra Israel son tan obsesivas y cáusticas. Sólo contra
el Estado hebreo un político se atrevería a pedir abierta e
impunemente que se le arroje una bomba atómica, como exhortó un
diputado oficialista egipcio en el parlamento de su país (12 febrero
2007). Sólo el Estado hebreo produce una morralla de académicos, que
no por minoritaria resulta menos escandalosa, quienes se empeñan en
eliminar el Estado judío aun cuando ello significaría que el islamo-fascismo
en expansión devore a nuestra vibrante democracia en las tripas del
medioevo.
La adulteración del lenguaje, la embestida contra Israel y el asedio
a Occidente y sus valores, son rostros de esta Tercera Guerra
Mundial que nos declaró el islamismo. Una es su víctima principal
–según concluye Julián Schvindlerman su aleccionador libro Tierras
por paz, tierras por guerra (2002)–: la verdad
Fuente:
El Catoblepas |
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