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por Dr. Jaime
Vázquez Allegue
2004-11-11 10:02:00
Ha sido cuestión de días o de horas, pero
Arafat ha dejado de existir sin que sin él
se acaben los problemas que asolan una
situación reprochable. Con todos los
respetos oportunos a los difuntos nos
quedamos ante la expectativa mundial de lo
que puede pasar en el futuro frente a un
gobierno o, mejor dicho, la dirección
tripartita o multipartita de quienes se
alzan como herederos políticos de Arafat
-digo herederos políticos aunque muchos
quisieran ser también herederos económicos-.
Sólo
el tiempo que puede ser mañana mismo, nos
dirá hacia dónde irán las consecuencias de
este cambio de liderato o lo que sea.
Respetando al difunto (ante la admiración de
muchos, el rechazo de otros tantos y la
sospecha de casi todos) hemos de reconocer
que además de una benemortasia, a este señor
le han organizado una muerte en olor de
santidad. De esas muertes anunciadas en las
que da tiempo a dejarlo todo atado y bien
atado. Eso que algunos llaman la preparación
para el bien
morir. La muerte orquestada para calcular
todos los intríngulis del itinerario al más
allá pasando por el túnel del tiempo.
Una de las cosas que más ha llamado la
atención internacional, con todos los
reconocimientos oportunos, ha sido la
reacción del gobierno de Israel. La actitud
de silencio respetuoso, cautela, prudencia y
expectativa. Una actitud que se ha mantenido
desde el primer momento de la entrada de
Arafat en el hospital y que ha durado hasta
los últimos instantes de su agonía. Desde el
exterior, esta actitud ha sido considerada
caballeresca, noble y muy digna de un estado
que sabe distinguir entre una cosa y otra.
Mis felicidades, por tanto, al gobierno por
su decisión de dar ejemplo de serenidad. A
veces una actitud de estas
características se convierte en un argumento
más para poner de manifiesto las intenciones
de todo un parlamento, de todo un gobierno.
Digo esto en medio de un escenario en el que
a muchos les gustaría echar cohetes,
festejar y celebrar por todo lo alto el
proceso natural y humano más normal. Hay
cosas en las que uno ha de saber estar y
distinguir. Y en esta ocasión Israel ha
sabido corresponder ante la mirada de todos
los países del mundo. Otros, por el
contrario, aprovecharían los momentos de
confusión para sacar partido. Recurrirían a
la guerra soterrada mientras todas las
miradas convergían en París. Y no faltarían
quienes verían en ésta una oportunidad
privilegiada para demostrar que por encima
del diálogo y el deseo de paz están otros
intereses menos sobrenaturales.
¡Chapeau! al parlamento israelí por su
actitud ante el mundo. A todos nos han dado
una lección de saber comportarse. Todos los
partidos políticos del parlamento han sabido
estar en su lugar. Sólo nos falta ahora, que
el pueblo palestino sepa reaccionar de la
misma manera. Tal vez la ausencia de Arafat
sea una buena oportunidad para comenzar a
ver las cosas de otra manera. Tal vez cuando
el paso del tiempo obligue a los palestinos
a reorganizar su vida podamos ver que sus
nuevos dirigentes adoptan nuevas iniciativas
y sean capaces de sentarse a dialogar para
entre todos buscar la paz para esta tierra.
Ojalá esta sea una nueva oportunidad para
recordar que los valores de la vida, la paz
y la seguridad tienen que convertirse en el
fin por alcanzar. Desde el resto del mundo
vamos a dar un voto de confianza por esta
nueva etapa. Todo sea comenzar con buen pie.
Todo sea que las cosas no se tuerzan con el
paso del tiempo. Tal vez la historia vuelva
a ser nuestro mejor aliado para recordar que
la violencia engendra violencia y que
siempre hay que dar una oportunidad a la
paz.
Dr. Jaime Vazquez Allegue
El autor es Profesor de Teología de la
Universidad Pontificia de Salamanca, España. |