Chapeau al gobierno de Israel.

Chapeau! al parlamento israelí por su actitud ante el mundo. A todos nos han dado una lección de saber comportarse. Todos los partidos políticos del parlamento han sabido estar en su lugar.

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Ha sido cuestión de días o de horas, pero Arafat ha dejado de existir sin que sin él se acaben los problemas que asolan una situación reprochable. Con todos los respetos oportunos a los difuntos nos quedamos ante la expectativa mundial de lo que puede pasar en el futuro frente a un gobierno o, mejor dicho, la dirección tripartita o multipartita de quienes se alzan como herederos políticos de Arafat -digo herederos políticos aunque muchos quisieran ser también herederos económicos-. Sólo
el tiempo que puede ser mañana mismo, nos dirá hacia dónde irán las consecuencias de este cambio de liderato o lo que sea.

Respetando al difunto (ante la admiración de muchos, el rechazo de otros tantos y la sospecha de casi todos) hemos de reconocer que además de una benemortasia, a este señor le han organizado una muerte en olor de santidad. De esas muertes anunciadas en las que da tiempo a dejarlo todo atado y bien atado. Eso que algunos llaman la preparación para el bien
morir. La muerte orquestada para calcular todos los intríngulis del itinerario al más allá pasando por el túnel del tiempo.

Una de las cosas que más ha llamado la atención internacional, con todos los reconocimientos oportunos, ha sido la reacción del gobierno de Israel. La actitud de silencio respetuoso, cautela, prudencia y expectativa. Una actitud que se ha mantenido desde el primer momento de la entrada de Arafat en el hospital y que ha durado hasta los últimos instantes de su agonía. Desde el exterior, esta actitud ha sido considerada caballeresca, noble y muy digna de un estado que sabe distinguir entre una cosa y otra. Mis felicidades, por tanto, al gobierno por su decisión de dar ejemplo de serenidad. A veces una actitud de estas
características se convierte en un argumento más para poner de manifiesto las intenciones de todo un parlamento, de todo un gobierno.

Digo esto en medio de un escenario en el que a muchos les gustaría echar cohetes, festejar y celebrar por todo lo alto el proceso natural y humano más normal. Hay cosas en las que uno ha de saber estar y distinguir. Y en esta ocasión Israel ha sabido corresponder ante la mirada de todos los países del mundo. Otros, por el contrario, aprovecharían los momentos de
confusión para sacar partido. Recurrirían a la guerra soterrada mientras todas las miradas convergían en París. Y no faltarían quienes verían en ésta una oportunidad privilegiada para demostrar que por encima del diálogo y el deseo de paz están otros intereses menos sobrenaturales.

¡Chapeau! al parlamento israelí por su actitud ante el mundo. A todos nos han dado una lección de saber comportarse. Todos los partidos políticos del parlamento han sabido estar en su lugar. Sólo nos falta ahora, que el pueblo palestino sepa reaccionar de la misma manera. Tal vez la ausencia de Arafat sea una buena oportunidad para comenzar a ver las cosas de otra manera. Tal vez cuando el paso del tiempo obligue a los palestinos a reorganizar su vida podamos ver que sus nuevos dirigentes adoptan nuevas iniciativas y sean capaces de sentarse a dialogar para entre todos buscar la paz para esta tierra.
Ojalá esta sea una nueva oportunidad para recordar que los valores de la vida, la paz y la seguridad tienen que convertirse en el fin por alcanzar. Desde el resto del mundo vamos a dar un voto de confianza por esta nueva etapa. Todo sea comenzar con buen pie. Todo sea que las cosas no se tuerzan con el paso del tiempo. Tal vez la historia vuelva a ser nuestro mejor aliado para recordar que la violencia engendra violencia y que siempre hay que dar una oportunidad a la paz.

Dr. Jaime Vazquez Allegue

El autor es Profesor de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, España.