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DE
MUROS, GENOCIDAS, MERCENARIOS Y OTROS YUYOS
Por Mario Linovesky
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Todos los domingos, cuando los relojes dan las 12
del mediodía, por la TV pública (canal 7) se emite el programa:
“Amia para Todos”. Su objetivo medular por supuesto es informar
sobre las actividades de la AMIA (Asociación Mutual Israelita
Argentina), aunque comúnmente se sale de ese marco y se transforma
en vocero de todo cuanto atañe a los judíos argentinos, a su vida
comunitaria, y a su inevitable ligazón con el Estado de Israel. Y
cuando digo judíos, aclaro, me refiero a los judíos en general, que
es a ellos a quienes fue y todavía va dirigido el ciclo.
Esto porque vista la actual orientación política religiosa
pro-ortodoxa de la nueva dirigencia de AMIA no sería improbable que
esta transmisión televisiva llegue a transformarse con el tiempo en
un informativo exclusivo para los judíos “genuinos” (tal como los
motejó y/o clasificó el nuevo presidente Guillermo Borger), aunque
eso lo sabremos más adelante y no ahora. De cualquier modo, y puesto
que se han planteado dichas cuestiones de legitimidad y pertenencia
y dada esta actual orientación sectaria que tiene la mutual, ya se
dice entre bambalinas que el nuevo juramento nupcial de las parejas
mixtas dejará de ser el clásico “hasta que la muerte nos separe”,
cambiándolo por el menos simpático: “hasta que la AMIA nos separe” y
cada cual calladito y a su nicho.
Esperemos, por el bien de los que quedan vivos y respeto a los
muertos, que esto último se trate de una humorada y dejemos
entretanto el tan escabroso asunto.
Volviendo al tema de “Amia para Todos”, no cuento con estadísticas
ni mediciones de rating pero supongo que no serán pocos los
argentinos descendientes de hebreos que a esa hora, listos a
almorzar, sintonizan la mencionada emisión; un repaso éste, repito,
de las distintas actividades del colectivo judío, salpicado con
buena música y algunos reportajes (aunque todo muy pero muy Light),
sin confrontaciones ni mucho menos agravios con o hacia nadie en
absoluto. Y eso fue y es hasta ahora Amia para Todos, un evento
televisivo que nos pone al día sobre lo que ocurre en ámbitos de la
colectividad israelita, sin incursionar o criticar para nada
políticas o actitudes de terceros, ya sean ellos amigos (a quienes
cuando se los menciona es para resaltar alguna actividad conjunta o
destacable), o declarados enemigos a los que yo sí, por razones que
hacen a mi carácter y estilo, denunciaré más adelante.
Pareciera entonces, visto y oído lo que se ve y oye en el tal
programa, que la vida judía discurre plácida en esta parte del
mundo, y que, salvo conmemorar, cantar, bailar, degustar algún rico
bocado y solazarse con la visión de su bella conductora y la voz de
su correcto conductor, de nada debemos preocuparnos los
descendientes de aquellos patriarcas bíblicos encabezados por el
venerado Abraham.
Sin embargo no es tan así. Porque en el programa que lo precede,
llamado “Desde el Aljibe” (del que ya me ocupé en un anterior
artículo y no para cantarle loas precisamente), llueven las
diatribas contra el pueblo israelita, sin disimulos de ninguna
especie y aunque quienes llevan en él la voz cantante se ocupen de
proclamar repetidamente que no tienen nada contra los judíos, sino
sólo contra el Estado… “Sionista”… (como insulto, no como ideología)
de Israel.
Siendo que lo primero lo reiteran con tal frecuencia, que
evidentemente ni ellos mismos se lo creen, caso contrario no
tratarrían de demostrarlo a cada rato ni pregonar como hacen los
judeófobos cuando les enrostran su odio anti-hebreo que éste no
existe, porque tienen un amigo judío. A esta altura y aunque no
debería ser necesario que lo aclare dada la acumulación de actos
provocativos, cruentos y fatales que venimos soportando sin
interrupción los judíos a través de más de dos milenios, a mis
escrúpulos difícilmente nadie, salvo los muy malintencionados,
puedan atribuirles siquiera visos de paranoia.
Menos los actores de Desde El Aljibe, malintencionados y paranoicos
en serio, dado su espacio televisivo dedicado más de la mitad de su
duración en hablar atrocidades y cosas incoherentes además de
capciosas del Estado de Israel (mentiras o embustes, que les dicen)
y sugerir, aunque bastante directamente para quien sabe leer
entrelíneas, también barbaridades si que improbables y menos todavía
demostrables, del judaísmo en general.
¿Queréis pruebas?, aquí tenéis pruebas. Sucedió el domingo 22 en el
programoide citado (del que dicen sus patrocinadores que está
diagramado para difundir la cultura árabe-islámica), tras una de las
magistrales clases de cocina ídem del Chef Abdala; al que le
comunico, aprovechando que lo mencioné y lo apetitoso de su
producción culinaria, que si a él le resultase grata mi compañía y
quiere, yo aceptaría gustosísimo una invitación suya a comer.
Sin embargo estos paladines de la palabra torcida y defensores
fervorosos de cualquier dictadura en tanto sea árabe-musulmana,
visto que el tiempo en TV apura, no nos iban a permitir hacer una
digestión placentera aunque más no fuera visual, ya que
inmediatamente detrás de las exquisiteces del mencionado chef nos
mandaron un postre digno de la autoría de Yiya Murano*** o peor,
imposible de deglutir y maloliente por sus cuatro costados, además
de venenoso a carta cabal. Sus ingredientes, desde luego, no eran
almendras, miel, almíbar o jengibre, conocidos componentes de los
postres mesorientales, sino más bien productos del reino animal.
Bien animal si se me permite.
Más que animal bestia, si es que buscamos mayores precisiones. Eran
ellos, porque se trata de bípedos animados y parlantes: el conductor
del programa, de apellido Auad o Awad (un metrosexual de bigotito y
cabellera pulcramente recortados que de modo alguno consiguen
disimular su mollera cerrada y fanática), su partenaire femenino
cuyo nombre no recuerdo pero si su belleza y despiste y un “escribidor”,
tal como denomina el diccionario a los pésimos escritores, llamado
Gustavo Rojana, falsario que saltó a la fama literaria en el mundo
árabe por haber garabateado una sarta de despropósitos, patrañas y
embelecos a los que con toda malicia compiló como libro, tituló El
Muro y que fue suficiente obra como para que lo invitasen a visitar
ese país inexistente en el Levante al que el imaginario popular
llama Palestina. Viaje que no hizo solo, sino acompañado por el
inefable Pedro Brieger, feo individuo mediático que, judío o no
(nunca lo supe y si alguien tiene el dato le pido me desasne, ya que
letra más letra menos se parece mucho a Broger, judío “genuino” si
los hay), odia al Estado de Israel y a los hebreos en general
guardando una pose progre, pero más exacerbadamente que el mismísimo
Führer Adolfo.
Pues bien, ya que nombré al presidente de Amia, imaginaré que lo
tengo al lado mío y así aprovecharé la ocasión para invitarlo a
presenciar juntos la grabación de Desde el Aljibe y acto seguido el
de Amia para Todos; y, si ellos lo quieren, que se nos unan también
presidentes, secretarios, tesoreros etc. del resto de las
instituciones judeo-argentinas, a fin de analizar la provocación que
provino ese día del programa árabe-argentino y la falta absoluta de
respuesta de nuestros correligionarios. Sentémonos y escuchemos
entonces lo que dijo el Cervantes árabe apellidado Rojana de su
viaje en complicidad con Pedro I El Ácido (como seguramente lo
hubiesen llamado, vista la acritud de su cara, de haber pertenecido
a las cortes francesas del siglo XVII).
En principio el ilustre de las letras se mostró abundoso en
denuncias, pero de esas que normalmente se leen en los diarios
antisemitas y antisionistas. Nada nuevo, salvo porque aseguró,
enfática y enojosamente, que Pedro I y él las vivieron en carne
propia. Teniendo de fondo la única fotografía que aparentemente
poseen donde el muro de cemento de escasos kms. bordea una ciudad
árabe cisjordana, demonizó a la cerca en su totalidad que es casi
toda de alambre y se manifestó atormentado por las largas esperas en
los retenes del ejército israelí, montados en centenares si no miles
de sitios para hacerle la vida imposible a los palestinos y quedarse
con sus propiedades, como aseguró.
Y tras ello, siguió con una andanada de mentiras, de esas que ya ni
siquiera el diario El País de España se anima a publicar… y esto ya
es mucho decir. P.Ej.: Que no se deja pasar a las ambulancias, ni a
las mujeres embarazadas, ni a… etc… etc… y más etc.; ahh, y como no
podía faltar, también citó la disconformidad de “todo” el pueblo
israelí, globalmente favorable a las demandas palestinas, a través
de la opinión del profesor de la Universidad de Haifa, Ilán Pappe,
individuo al que no se sabe como aún no ha sido expulsado del país a
patadas en el tujes o encarcelado por traición a la patria.
Cosas de la democracia, digo yo, aunque ciertamente mal entendida. Y
una y otra vez, siguió aludiendo a los “genocidas” israelíes, que
matan sólo civiles de su pueblo y por gusto nada más. Por último y
esto es una evidente invitación al ya de por sí latente crimen de
cualquier ciudadano judío de estos pagos cisplatinos a manos de
algún fundamentalista, cosa que debería poner en alerta a nuestra
dirigencia, lanzó al aire la acusación de que los ciudadanos
argentinos que emigran a Israel en verdad no son inmigrantes
“genuinos” (linda la palabrita ésta y que bien que suena en la boca
de quien sea) a aquel país, sino mercenarios a los que los israelíes
traen, ponen un uniforme y mandan a masacrar palestinos.
Bien, como muestra de mala fe, tendencia a la patraña y otras
añagazas del enemigo árabe, con esto “nos” tendría que alcanzar y
sobrar. “Nos”, digo, pero no es suficiente, lo que necesitamos es
que “les” aclare el panorama a quienes están desorientados por tanta
y tan mentirosa propaganda y no saben qué o a quien creer. Porque
todas estas acusaciones, falsas en la mayoría de los casos así como
bélicamente justificadas en los demás por ser la respuesta lógica de
un país atacado por terroristas, deben ser bien publicitadas para
contrarrestar estas farsas montadas ya desde antes de la creación
del Estado de Israel.
Porque ante la queja de que Israel construyó un muro que en realidad
es una cerca para evitar la entrada de esos terroristas
(“liberadores” para Rojana), cosa que ocurre desde su emplazamiento,
queda evidenciado que con apenas unos cuantos alambres y un poco de
separación en el terreno, deja de haber atentados en el país hebreo
y de ahí su utilidad y justificación.
Que, tal como ellos cuentan llorando, si los israelíes ponen puestos
de control donde sea, es para detectar a quienes portan bombas y
resulta para bien no sólo para las potenciales víctimas judías,
sino, inclusive, también para los palestinos mentalmente sanos.
Que si los “sionistas” detienen y demoran ambulancias y mujeres
embarazadas, es porque en ambulancias entraron bombas a Israel y las
embarazadas no lo estaban con un crío en la panza, sino que ese
abultamiento buscaba disimular una generosa cantidad de explosivos
destinados a la perpetración de atentados.
Que Israel sí detuvo y encarceló a un terrorista (héroe para los
palestinos por esa acción) que mató a un padre israelí frente a su
hijita de 4 años y enseguida despenó a la nena aplastándole el
cráneo contra una roca, además de a 2 policías y que también es
cierto que detuvo y encarceló a cantidad de otros criminales
palestinos por todo tipo de vejámenes a judíos (los que en canje por
cadáveres salieron de la cárcel haciendo la V de la victoria, bien
comidos y afeitados), cuando en contrapartida (véase la diferencia)
dos soldados israelíes que equivocaron el camino fueron linchados
por una multitud de salvajes de los que apadrinan Rojana y Brieger,
destripados, y sus órganos usados como pelota de fútbol. (¿Fueron
tomando nota, Awad, Rojana, Brieger y locutora?).
Y queda por último el profesor Ilán Pappe, desgraciado individuo que
tiene la suerte de vivir en Israel (en descompensación deplorable
suerte la de Israel de que allí viva semejante traidor que la pasa
denostando al país y dándole la razón en todo a los palestinos). Y
digo que tiene la suerte, Rojana, porque en Israel sigue trabajando
de profesor y haciendo su vida, cuando, en territorio palestino, al
que simplemente se lo “sospecha” de traidor (sin pruebas ni nada de
nada), se lo ata, apalea, y luego se lo arrastra amarrado a un
vehículo por todo el pueblo, hasta que es cadáver.
Vistos y oídos todos estos despropósitos en “Desde el Aljibe”,
productos de una campaña perfectamente organizada, poco queda por
agregar y nada para sorprenderse. De modo que presidentes,
secretarios, tesoreros etc. de Amia, Osa, Daia y demás, los invito a
presenciar Amia para Todos, el programa que le sigue, para comprobar
vuestra respuesta a los frecuentes y solapados ataques de quienes
persisten en ser enemigos en vez de mejorar las relaciones y laborar
por un futuro mejor entre nuestros pueblos.
Pero… ¿qué vemos en pantalla? ¿qué perciben nuestros oídos? Abrazos,
besos, intercambio de plaquetas, medallas y diplomas, una comisión
que se va y otra que entra, reportajes a uno y otro, seguramente
sendos banquetes para despedir a los idos y recibir a los venidos.
¿Y mientras? ¿nadie le contesta a quienes nos terminan de atacar?
¿qué pasa?, transcurrió todo el programa… y nada. Nada.
Absolutamente nada.
Desilusionado me despido de mis invitados, apago el televisor y me
pongo a pensar sobre cómo cada vez más nos vamos convirtiendo en ese
monigote del parque de diversiones, que recibe los pelotazos que
lanzan niños traviesos. Y me pregunto: ¿dónde fue a parar esa
altivez del pueblo hebreo que emergió en su seno paralelamente a la
refundación definitiva del Estado de Israel? Como no obtengo
respuesta, decido esperar una semana más. Seguramente en el próximo
programa de Amia vendrá una contestación contundente a Desde el
Aljibe, me esperanzo. Es en vano, al domingo siguiente sucede lo
mismo: nada, mientras los de Desde el Aljibe siguen tirándonos con
más pelotas.
En definitiva, cada día me convenzo más que no tenemos quien nos
represente, quien nos defienda, salvo que me demuestren lo
contrario. Las instituciones, sus dirigencias al menos, están
convencidas que tienen un rol que cumplir y ninguna, aparentemente,
está dispuesta a salirse un ápice de lo que el libreto les marca. Y
entretanto seguimos esperando y mirando por sobre el hombro, con la
incertidumbre de no saber cuando y de donde vendrá el próximo golpe
que, como en 1994, segará vidas y futuros y nosotros sin saber a que
atenernos vista la pasividad de nuestras instituciones
representativas.
Liberada Ingrid Betancourt en Colombia, en la cantidad de reportajes
que le hicieron, deslizó la grandiosidad de la maniobra realizada
por el ejército colombiano, cosa que solamente los “israelitas” (por
israelíes) son capaces de hacer. Seguramente recordó el operativo de
Entebbe. Oído esto, que emitieron pocos medios pero que salió al
aire, resulta que se valora la política judeo-israelí, solamente
cuando se está en una situación límite. Pero, señores de Amia, Osa,
Daia, Cuja y demás, estas palabras de Ingrid son verdadera hasbará
(esclarecimiento, publicidad y contrapropaganda a la del enemigo),
esa que ustedes ignoran porque están enfrascados en dirimir
cuestiones políticas pequeñas y de reparto de poder. También hasbará
por extensión fueron las palabras que como insulto lanzó el
judeófobo venezolano Chávez si alguno de los nuestros las sabe
utilizar, cuando acusó a “Colombia de ser la Israel de Sudamérica”.
Caso contrario “quien calla otorga” y toda la gente sin excepción se
convencerá que lo que se dice en Desde el Aljibe es la verdad pura e
indiscutible, ya que nadie la enfrenta o desautoriza con argumentos.
De modo que los compelo a que tomen en serio la tarea de la
propaganda y, si ustedes se sienten incapaces, simplemente
fináncienla y pónganla en manos de gente competente, que la hay y
mucha y que de una vez por todas tengamos una voz institucional que
se haga oír como se debe y no dejar todo en manos de esfuerzos
individuales que si bien hacen lo que pueden, para nada es
suficiente.
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