EL DERECHO DE ISRAEL
Por HERMANN TERTSCH
Ya se ha producido
la tan temida como
previsible
catástrofe. Después
de la ruptura
unilateral de la
tregua por parte de
Hamás y sus
continuos ataques
con cohetes y
morteros contra el
territorio
meridional israelí,
tras una larga serie
de advertencias a
las autoridades de
la Franja de Gaza
para que pusieran
fin a los ataques
terroristas, el
presidente israelí,
Simon Peres pidió
hace días
encarecidamente a la
población de Gaza
que impidiera a los
terroristas provocar
la situación que lo
hiciera inevitable.
Al final, Israel ha
tenido que
responder.
Y lo ha hecho con
contundencia. Ha
destruido
prácticamente todos
los edificios de la
policía y las
milicias de Hamás,
depósitos y túneles
por los que se
introducen en Gaza
las armas.
Por supuesto que ha
habido víctimas
civiles. Porque
muchos de los
arsenales están en
sótanos de casas de
miembros y líderes
de Hamás. Porque
todo el terrorismo
islamista se arropa
en civiles, cuyas
muertes para ellos
son una bandera.
Pero quien vea el
mapa de las
operaciones
realizadas sabe que
el esfuerzo de las
fuerzas israelíes
por evitar víctimas
civiles palestinas
es tan denodado como
el habitual de los
terroristas de Hamás
por matar al mayor
número de civiles
israelíes. Sólo la
ignorancia, la mala
fe y la militancia
antiisraelí de los
medios de
comunicación -en
nuestro país ya
grotescos- pueden
inducir a hablar,
como se ha hecho, de
«ataques masivos».
Quien conozca un
poco Gaza, una de
las regiones más
superpobladas del
mundo, sabe que un
ataque «masivo»
habría provocado
muchos miles de
víctimas. Y no 280,
en su mayoría
hombres adultos y en
gran parte
uniformados.
Pero esto da igual
no sólo a los medios
de comunicación,
también a las
organizaciones
políticas o
humanitarias y a
tantos políticos de
derechas e
izquierdas, a los
que tan fácil les
resulta condenar un
bombardeo ante la
opinión pública. Eso
siempre confiere
«caché» humanitario.
Han callado durante
todo el tiempo en el
que Hamás ha
generado una
situación que
hiciera inevitable
la tragedia.
Hace tres años
Israel se retiró de
Gaza como acto de
buena voluntad para
intentar dar un
impulso a unas
negociaciones sobre
los dos estados, el
Israel y el
palestino, cuya
existencia hoy es
aceptada por una
abrumadora mayoría
de los ciudadanos
israelíes. En la
otra parte no sucede
lo mismo.
Cada vez son más los
palestinos que
siguen las consignas
de Hamás y Teherán,
rechazan la solución
de dos Estados y
llaman a la
destrucción de la
«entidad sionista».
Hay muchos
responsables de que
así sea. Y no todos
están en la región.
Están ante todo los
terroristas de Hamás
que con la ayuda de
Irán y Siria y la
inapreciable
colaboración de la
corrupción del
aparato de Al Fatah
de la Autoridad
Palestina,
consiguieron ganar
unas elecciones,
liquidar a sus
oponentes y
establecer un Estado
terrorista en la
frontera sur de
Israel.
Mientras desde
Israel, pese a la
confusión y las
convulsiones
políticas internas,
se hacían esfuerzos
por proseguir las
negociaciones con la
Autoridad Palestina
en el poder en
Cisjordania, Hamás y
su patrón iraní
Ahmadineyad han ido
ganando terreno,
comprensión
internacional,
amigos y armas.
No sólo en Rusia,
China o Pakistán,
también en Europa
por supuesto. ¡Qué
confusión de valores
por nuestros lares!
Pocos hechos tan
significativos como
que en el Reino
Unido, donde más
activamente se ha
hecho campaña para
aislar al Estado de
Israel, un canal de
televisión decidiera
estas navidades
emitir un saludo de
Nochebuena del
presidente iraní, el
adalid de la
destrucción del
Estado judío, el
látigo de infieles,
el carcelero de
mujeres
intelectuales, el
verdugo de
homosexuales,
miembro de la
Alianza de
Civilizaciones con
el turco Erdogán y
el español Zapatero,
nuestro hombre de la
Kafiya.
«Comprensión hacia
Hamás», «no aislar a
los islamistas», «no
radicalizarlos».
Este sempiterno
pregón de nuestro
ministro Moratinos
parece ya
omnipresente en el
discurso vacuo e
insensato de gran
parte de la clase
política europea. Y
lo es porque
previamente ha sido
asumido por los
medios de
comunicación y gran
parte de la opinión
pública. Pese a toda
la cultura de
apaciguamiento,
negociación de
principios y
relativismo general
que se nos inocula a
diario, nadie en
España se atrevería
a decir que las
pistolas de ETA son
inocuas porque
tienen menos
capacidad de fuego
que las armas de la
Guardia Civil.
Es la artera forma
de analizar la
realidad comparando
elementos no
comparables. Es la
que lleva a tanto
intelectual y vocero
en nuestros medios a
decir que los
misiles artesanales
de Hamás son poco
más que una broma
pesada y que no
justifican nunca una
acción contundente
del agredido para
acabar con ellos. Es
la que lleva a tanto
idiota a pensar que
las armas son malas
independientemente
de quienes las
tenga.
El hecho cierto es
que el terrorismo ha
tenido un éxito
parcial aquí en
España, como saben
quienes lo
denunciamos, quienes
lo niegan y quienes
directamente se han
beneficiado de ello.
Aquí el éxito del
terrorismo ha
supuesto privilegios
para sus
simpatizantes y
amigos secretos o la
debilidad de la idea
nacional en
beneficio de otros
nacionalistas.
En Israel la amenaza
es directamente
existencial y pone
en peligro su propia
existencia como
Estado.
La creación de un
Estado terrorista en
Gaza en los últimos
tres años y su
creciente capacidad
de paralizar el sur
israelí pone en
cuestión la propia
viabilidad del
Estado de Israel. A
ojos de los
israelíes pero ante
todo a ojos de los
cientos de millones
de islamistas,
árabes o no, que han
convertido la
destrucción de
Israel en el centro
de su existencia.
Israel no puede
vivir con gran parte
de su población
enterrada en
refugios día sí, día
también, porque
Hamás o Ahmadineyad
quiera. Acabaría
toda Israel igual y
ese gran estado no
se erigió en su día
para ser un gran
Lager bajo tierra
con los SS
islamistas
desfilando
encapuchados sobre
sus campos.
Mucho se hablará
ahora durante y
después de esta
campaña militar -que
todos deseamos
corta, pero puede
ser muy larga y
dolorosa para todos-
sobre el papel en su
desencadenamiento
del punto de
inflexión en la
historia de Estados
Unidos que supone la
llegada de Barack
Obama a la
presidencia. Creo
que nadie debiera
sobrevalorarlo.
También creo
desencaminados los
intentos de explicar
la operación militar
israelí como parte
de la dinámica
electoral interna de
Israel. Nada había
más lejos de los
deseos de la
ciudadanía israelí
que entrar ahora en
este conflicto.
Porque conocen la
guerra. Y todos
saben que estos
muertos del fin de
semana no son los
primeros ni los
últimos.
Y que muchos no
serán terroristas
sino también niños y
niñas tanto
palestinos como
israelíes y muchos
soldados israelíes
como la campaña
prosiga por tierra.
Lo que sí debería
estar claro es que
los defensores de
esta operación
militar de Israel
somos los que
sufrimos por todas
las muertes, también
por las ahora
habidas en todos los
bandos.
Y enfrente hay un
enemigo que se
alegra de las
muertes, también de
las propias.
Y las busca en
Israel, en las
Torres Gemelas, en
Londres o Atocha, en
la India o en
Afganistán. Forman
parte de una cultura
de la muerte que es
enemiga de nuestra
sociedad tanto como
del Estado de
Israel. Y que si
Israel fallara en su
autodefensa, por
supuesto que
desaparecería como
Estado democrático
pero todas las demás
sociedades abiertas
perderíamos nuestro
bastión más firme en
la defensa de la
ciudadela de la
libertad.
Una ciudadela que
tiene muchas
murallas minadas o
tambaleantes en
Occidente por el
miedo a luchar, la
falta de voluntad de
ganar, por su
confusión de valores
y su incapacidad
para el sacrificio.
O porque, ilusos,
creen que tratamos
con un enemigo como
nosotros. Esperemos
que esta tragedia
tenga un receso al
menos.
Pero la guerra será
larga y la lista de
víctimas también. La
única nota de
optimismo que tengo
para concluir esta
reflexión está en mi
profunda convicción
de que Israel, con
la sabiduría de
miles de años de
supervivencia y la
memoria de quienes
aun son testimonio
vivo de la última
vez que -ante la
pasividad de todos-
se quiso exterminar
a su pueblo, nos
dará una nueva
lección a la
civilización. A la
única civilización
existente. Israel
sabrá defender,
cueste lo que
cueste, pese a quien
pese, llore quien
llore, su sagrado
derecho a la
existencia en
libertad y dignidad.
Lunes, 29-12-08