Conflicto
en Oriente Medio
El cuarteto islamista del terror
Julián Schvindlerman
Jueves 27 de Julio de 2006
Israel hoy está batallando en sus fronteras no
solamente por su propia seguridad, sino por la
de todas las naciones amantes de la paz. Los
fanáticos musulmanes lo comprenden. Es
lamentable que muchos en Occidente aún no. Sin
proponérselo, Hamas y Hezbolá han validado las
aprehensiones de los israelíes y sus seguidores
en la diáspora escépticos de la fórmula "paz por
territorios". Al atacar al estado judío desde
zonas no ocupadas en el norte y en el sur, estas
agrupaciones terroristas han arruinado
definitivamente la ilusión de que la paz
regional fuera asequible mediante la concesión
territorial. Los israelíes se habían retirado
unilateralmente de la totalidad de la Franja de
Gaza y de la zona de seguridad del sur libanés
privando así de la excusa retórica de la
"ocupación" a la "resistencia islamista". No
obstante, los misiles ("artesanales" según la
graciosa adjetivación del diario argentino
Clarín) y las matanzas y los secuestros de
soldados y civiles israelíes persistieron. ¿Por
qué?
La causa esencial yace en el rechazo
–persistente y contundente– del Islam radical y
el panarabismo a la existencia soberana judía en
la tierra de Israel, o en lo que ellos llaman la
"Palestina histórica", que en realidad equivale
a decir en cualquier parte del Medio Oriente que
es exclusivamente árabe/musulmán. La causa
coyuntural se apoya en el interés estratégico
regional iraní. Este país está determinado a
convertirse en una potencia nuclear y hará lo
que sea necesario para lograrlo. Las bandas
asesinas islamistas libanesas y palestinas son
funcionales a una política iraní decidida a
dominar el Medio Oriente como preludio a la
hegemonía mundial. Esto que puede sonar
fantástico a oídos occidentales es, no obstante,
tomado muy en serio por los ayatolás de Teherán,
lugar en el que la política belicosa y la
teología fundamentalista convergen. En todo
caso, ello es comprendido por varios actores
mesorientales y explica la razón por la que
voces de condena al ataque antiisraelí del
Hezbolá se oyeron en Ryhad, El Cairo y Ammán.
Tanta atención mundial centrada en la
posibilidad de que Estados Unidos o Israel
atacaran a Irán, y finalmente esta nación golpeó
primero. Lo hizo de manera indirecta y
contenida, activando a sus lacayos en Gaza y
Beirut y eligiendo como objetivo, cuando no, al
estado judío. Pero el mensaje estaba dirigido a
la comunidad internacional: no se entrometan con
nuestro programa nuclear o incendiaremos la
región. No olvidemos el timing: Irán repudió la
oferta del grupo 5+1 (los miembros del consejo
de seguridad de la ONU más Alemania) sobre el
affaire nuclear al día siguiente de que la
cúpula de Hamas en Damasco admitiera la autoría
del secuestro del soldado Gilad Shalit y un día
antes del secuestro efectuado por Hizbollah. Tal
como señaló un editorial del Wall Street Journal,
"Irán está poniendo a prueba al mundo en este
momento. Y si se quiere mantener alguna
esperanza en una solución diplomática a su
programa nuclear, los mulás deben ver que su
opción militar no será tolerada".
Para ello se le debe permitir a Israel –la
nación atacada y en primera línea de la batalla
islamista imperial– defenderse. Imponer un cese
de fuego prematuro (o "inmediato" según
reclamara el secretario general de la ONU) sería
contraproducente en las circunstancias
presentes. Equivaldría a arrojarle un salvavidas
político a un movimiento terrorista cuya
contención es imperativa para la tranquilidad
regional. Significaría dejar activa una carta de
agresión en la manga del expansionismo iraní. Y,
sobre todo, prácticamente garantizaría nuevos
ataques una vez que el grupo islamista
recompusiera su organización y se rearmara
militarmente. Nadie espera que el mundo libre
envíe tropas para la defensa de Israel frente a
esta agresión foránea, pero sí cabe esperar de
la familia de las naciones que por décadas
presionó al estado judío a que asumiera "riesgos
por la paz" que al menos no obstaculice su
legítima autodefensa cuando tales riesgos
teóricos se materializan en amenazas prácticas.
Particularmente, las protestas de
"desproporcionalidad" en el uso de la fuerza
israelí lucen desubicadas, en el mejor de los
casos, y viles, en el peor, dado que darían la
impresión de encubrir una condena no a la manera
en que Israel se defiende, sino al derecho mismo
a la defensa.
Tiene razón el analista norteamericano Robert
Satloff al indicar que el cuarteto islamista del
terror –integrado por dos estados (Irán y
Siria), un semi-estado (la Autoridad Palestina
liderada por Hamas) y un estado dentro de un
estado (Hezbolá)– podría lograr lo que Yasser
Arafat no logró con dos intifadas: regionalizar
el conflicto palestino-israelí y alterar de
manera radical el balance estratégico. Este
cuarteto reúne a extremistas sunitas y chiítas
con seculares baasistas en una conspiración de
agresión islámica anti-occidental en la que
Israel es la primera, más cercana, y más directa
línea de ataque, pero de ninguna forma la única
o la última. Los islamistas se han envalentonado
a partir de una sucesión histórica de hechos que
ellos ven con óptica triunfalista. La expulsión
de los estadounidenses y franceses del Líbano en
1984, de los soviéticos de Afganistán en 1989,
de los israelíes del Líbano en el 2000, de los
españoles de Irak en el 2004, y de los israelíes
una vez más, esta vez de Gaza en el 2005, ha
consolidado en círculos islamistas una imagen de
un Occidente débil y dominable.
Esta impresión ha de ser corregida si el mundo
libre aspira a derrotar alguna vez al Islam
fundamentalista y a su ideología autoritaria y
beligerante. Ni la concesión territorial, ni el
repliegue de tropas a destiempo, ni ceses de
fuego forzados, ni el aislamiento de una
democracia bajo fuego apaciguarán jamás a este
enemigo decidido. Israel hoy está batallando en
sus fronteras no solamente por su propia
seguridad, sino por la de todas las naciones
amantes de la paz. Los fanáticos musulmanes lo
comprenden. Es lamentable que muchos en
Occidente aún no.
Julián Schvindlerman es escritor y comentarista
político. Autor de "Tierras por Paz, Tierras por
Guerra".
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_32597.html
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