|
|
Nueva frontera del conocimiento
El tsunami de Bush
Álvaro Martín
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_22544.html
Mahmoud Bakri, del seminario egipcio al-Uslam, ofrece una teoría plausible sobre el tsunami del Sudeste de Asia: fue causado por pruebas nucleares sionistas. A la vista de los patinazos del último año del New York Times y de la CBS, el prestigioso diario The Guardian y la no menos prestigiosa BBC tal vez quieran hacer alguna investigación más sobre esta revelación antes de ofrecerla como verdad incontrovertible al público. Entretanto, podemos ver lo que da de sí la hipótesis científica admitida por la comunidad del pensamiento occidental de este principio de siglo: el tsunami fue causado por el calentamiento global, a su vez ocasionado por los insaciables intereses de la industria petrolera que colocaron a Bush y Cheney en la Casa Blanca. De hecho, Cheney, si no recuerdo mal, era el causante del final del mundo en la divertida eco-tragedia “El Día Después”, estrenada en la primavera pasada, y que estremeció de placer a la campaña de John Kerry. En el filme, untsunami se llevaba por delante a Nueva York. (En Hollywood, se destruye Nueva York en nueve de cada diez películas de acción, generalmente por causas relacionadas en último término con las maquinaciones del Partido Republicano o con travestidos neonazis de Salzsburgo, pero a las Grandes Conciencias de Beverly Hills nunca se les ocurre un argumento donde los malos sean los que destruyeron de verdad una parte de Nueva York un 11 de septiembre.)
Causado el desastre, las Grandes Conciencias, Sección Naciones Unidas,
pusieron el dedo en la llaga. El funcionario noruego al frente de la Oficina
de Asistencia Humanitaria de la ONU, revestido de la autoridad moral que da
el pertenecer a la organización creadora de los programas “petróleo por
fraude” en Irak o “sexo por comida” en África, acusó a los grandes países
occidentales (vulgo EEUU) de “tacañería”. Es decir, de no contribuir
suficientemente a paliar las consecuencias del desastre. La ONU ha
contribuido generosamente en la forma que lo hace siempre: enviando un par
de burócratas a realizar una “evaluación de las necesidades”, para
“coordinar” y para conferir autoridad moral, por supuesto. Entretanto, los
supervivientes sobrevivían porque el Ejército americano les suministraba
alimentos y medicinas y porque las agencias de este país y de otros estados
de la zona estaban sobre el terreno no “evaluando necesidades” sino
mitigándolas en la realidad. Tan material era la asistencia que las Grandes
Conciencias, sector Humanidades, por boca de la ex-ministra británica Claire
Short, alertaron sobre la deliberada deslegitimación de la ONU por parte de
EEUU y sus aliados (Australia, Japón, Singapur), al operar
independientemente de Kofi Annan. Por supuesto. Habría que esperar el
resultado de la “evaluación” y poner en marcha uno de esos programas
humanitarios con dinero, sexo y buenos sentimientos.
No se puede ganar siempre, sobre todo si se parte de una premisa rígida como
maldecir de EEUU en cualquier circunstancia y operando en condiciones de
casi perfecta ignorancia y/o fanatismo. En la cuestión de la ayuda global
humanitaria, EEUU es, de muy largo, el mayor donante. Más del 50% de ese
tipo de flujos salen del “tacaño” país, eso sin contabilizar las ayudas que
no salen forzadamente de los impuestos de sus ciudadanos –conocidas como
“ayuda oficial”– sino de sus conciencias (con minúscula). Microsoft, Amazon
o Barnes and Noble están muy por encima, en contribuciones al Sudeste de
Asia, de la mayoría de los estados occidentales. Es simplemente otro
concepto: Claire Short y la ONU creen en la presión fiscal a los ciudadanos
y en dar el dinero a la burocracia internacional y otros creen en eliminar
unas cuantas capas “humanitarias” entre la buena voluntad de la gente y los
beneficiarios.
Lo singular de este mundo en que nos toca vivir es la inserción de la
Segunda Gran Teoría Universal por parte de políticos, activistas y medios de
comunicación en cualquier acontecimiento bajo el sol. Venga o no venga a
cuento. Se trate de un tsunami en Asia o de un ataque terrorista en el
distrito financiero de Nueva York, el asunto siempre termina siendo la
depravación de EEUU. Esta Segunda Gran Teoría es por supuesto deudora de la
Primera Gran Teoría Universal –la culpa es del sionismo– y probablemente un
subgénero de la misma, si uno escucha bien a las racionalizaciones de los
“intelectuales” de Quartier Latin sobre el apoyo de EEUU a Israel como
fuente incesante de animosidad a América. Demasiado cómodo, demasiado banal,
demasiado años 30 y demasiado peligroso.
|