ENTREVISTA ARIEL SHARON

                                                         Primer Ministro de Israel “Reconoceremos un
                                                         Estado palestino sin definir aún fronteras”

                                                                     HENRIQUE CYMERMAN - 16/11/2003
Tel Aviv. Corresponsal

LA VANGUARDIA, el diario más vendido en Catalunya
ENTREVISTA ARIEL SHARON, primer ministro de Israel “Reconoceremos un
Estado palestino sin definir aún fronteras”
DEPORTAR A ARAFAT “Arafat es un gran obstáculo para el proceso de paz y
tiene que ser alejado”
ANTISEMITISMO “El antisemitismo crece en Europa y se orienta a negar el
derecho de Israel a defenderse”
EL MURO “No es una barrera política, ni va a establecer cuál será la
frontera final con los palestinos”
LA “HOJA DE RUTA” “Está viva, pero hay que hacer que los palestinos
cumplan lo que han prometido”
ABU ALA “Lo conozco desde hace años; es un hombre de negocios de éxito,
y un político agudo”
LOS ASENTAMIENTOS “Estoy dispuesto a hacer concesiones dolorosas; y digo
dolorosas porque es la cuna de los judíos”
El primer ministro israelí, Ariel Sharon, reconoce que “para alcanzar un
acuerdo de paz verdadero y que dure generaciones, no hay duda que
tendremos que hacer concesiones y compromisos territoriales, y yo creo
que esto incluirá parte de los asentamientos”, según declaró en una
entrevista a “La Vanguardia”, la primera que concede a un diario de
lengua hispana.

Nos recibe en el histórico y viejo edificio de la presidencia de
Gobierno, en Tel Aviv, rodeado por decenas de agentes de seguridad, y
que habitualmente es una fortaleza inalcanzable, dentro del complejo del
Ministerio de Defensa. Sharon nos habla en la sala donde el fundador de
Israel, David Ben Gurion, dirigió la guerra de Independencia, en la que
el actual primer ministro resultó gravemente herido a los 20 años.
“Nunca pensé que 55 años más tarde aún estaríamos en guerra”, y nos
entrega una hoja en la que se señala las víctimas israelíes durante la
“intifada” y la compara con otros países: “Teniendo en cuenta que España
tiene ocho veces más población que Israel, es como si en España hubieran
muerto 7.136 personas en tres años de ‘intifada’ y 47.896 resultaran
heridas”, dice, y añade que “hace mucho que no visito España, pero me
gustaría hacerlo”.

–¿Cuál es su visión para esta zona dentro de cuatro años, cuando acabe
su legislatura? ¿Un Estado palestino al lado de Israel? ¿Cuál es el
precio que está dispuesto a pagar por la paz?
–Yo espero que pueda cumplir tanto mi visión personal como la visión de
Israel y llegar a la paz, una paz con seguridad. Israel desea paz, esta
comprometido con la paz. Nosotros hemos aceptado el plan “hoja de ruta”
con los 14 puntos que el Gobierno añadió. Me gustaría de verdad empezar.
Yo he repetido muchas veces que a cambio de una paz auténtica, una paz
duradera, estoy dispuesto a hacer concesiones dolorosas. Y digo
dolorosas porque hablamos de la cuna del pueblo judío. Y teniendo en
cuenta el hecho de que Israel nunca ha sido derrotado en ninguna guerra.
No conozco ningun país que haya vencido una guerra y esté dispuesto, por
propia voluntad, a entregar partes de su tierra ancestral por la paz.
“Israel es un caso excepcional y lo demuestra su voluntad de conseguir
la paz. Por eso estoy dispuesto a hacer dolorosas concesiones, pero no a
hacer ninguna concesión, ni ahora ni tampoco en el futuro, en todo lo
que concierne a la seguridad de los ciudadanos de Israel y de la
seguridad del propio Israel. Siento que es mi deber histórico
proporcionar defensa a mi pueblo. –Usted conoce al primer ministro
palestino, Abu Ala, desde hace muchos años. ¿Cuál es su opinión que le
merece? ¿Está usted dispuesto a poner fin a las operaciones selectivas
contra dirigentes y activistas palestinos a cambio del fin de los
atentados de los grupos integristas en Israel?
–Sí, conozco a Abu Ala desde hace muchos años. Me he reunido con él
muchas veces, en mi granja, en ocasiones en la residencia del primer
ministro en Jerusalén, o en otros lugares.
“Creo que es un hombre con talento, un político agudo, hecho que le
facilitará su lucha en la escena política palestina. Yo le definiría
como un hombre de negocios de éxito, algo que puede perfilar la forma de
llevar las negociaciones, en las cuales siempre hay que dar a cambio de
recibir. Así hay que llevar los asuntos. Abu Ala tiene capacidad de
supervivencia, pero sus éxitos dependerán del cumplimiento de la “hoja
de ruta”: ejecutar reformas auténticas, controlar todos los organismos y
fuerzas de seguridad, organizar una guerra contra el terror, desmantelar
las organizaciones terroristas, poner fin a la incitación, confiscar sus
armas y su entrega a una tercera parte. Si todo esto se lleva a cabo,
creo que se puede progresar y tengo interés en avanzar. Ahora tengo por
delante cuatro años y en este tiempo quisiera acabar las negociaciones y
alcanzar un acuerdo.
–¿Usted ve posible que en su legislatura se declare un Estado palestino?
¿Cuándo va a reunirse con Abu Ala?
–Esta fue una proposición mía. Creo que hay que progresar de forma
gradual y, antes de llegar al acuerdo definitivo, propongo que Israel
reconozca un Estado palestino, sin establecer aún sus fronteras
definitivas. Opino que esto daría la sensación de que las intenciones de
Israel son serias. Yo estoy dispuesto a reemprender las conversaciones
de forma inmediata. Abu Ala había pedido que se aplazara la reunión de
primeros ministros hasta que él creyera que su posición estaba más
consolidada. Hay contactos a escala inferior y por eso di claras
instrucciones de que los oficiales israelíes en el terreno estén en
contacto con sus homólogos palestinos para reducir tensiones.
“Pienso que la ‘hoja de ruta’ no está muerta. Esta viva, pero lo que hay
que hacer es que los palestinos cumplan aquello a lo que se han
comprometido. Tampoco los acuerdos de Oslo, que fueron un error en mi
opinión, no hubieran sido firmados por Yitzhak Rabin, que en paz
descanse, si Arafat no se hubiera comprometido a que no hubiera terror.
El problema aquí, en Oriente Medio, es que no hay que dar importancia a
las palabras, las declaraciones e incluso las firmas, sólo hay que darla
a una cosa: los hechos.
–Usted fue el primer líder en el sector de la derecha israelí que habló
del Estado palestino como final del proceso. ¿Cómo llegó a esa conclusión?
–No es algo nuevo. Ya en 1988 sugerí dividir el territorio y fui muy
criticado por mis compañeros de partido. Pero, pese a ello, llegué a la
conclusión –y no porque fuera el sueño de mi vida– de que Israel debe
permanecer en las zonas del territorio que son básicas y vitales para
nuestra seguridad y existencia, y permitir a los palestinos establecer
una autoridad independiente. También dije en ese momento que si no lo
impedimos, habrá esfuerzos para arrinconarnos a las fronteras del 67,
fronteras que no garantizan la existencia y seguridad de Israel.
“No es algo nuevo, empezó hace tiempo; por eso nunca temí en épocas
electorales, ni siquiera en primarias, decir cómo veo yo la solución.
Porque quería que todos lo supiesen y nadie viniera tras las elecciones
a decirme que no sabía a qué me refería. Todos sabían qué quería decir,
y de forma clara. Quería llegar a un acuerdo político, y siempre tuve
claro que no se puede llegar a un acuerdo político sin la creación de un
Estado palestino. Por eso fui adelante con este plan, y eso tuvo una
gran influencia sobre la ‘hoja de ruta’. Este documento incluye aspectos
como el Estado palestino, la solución en etapas, el fin del terror, la
violencia e incitación al odio, como posibles puntos para entablar
negociaciones. Estos aspectos ya los hablé con Abu Ala, así que no es la
primera vez que él oye estas ideas.
–¿Es cierto que, como dicen los palestinos, usted intenta marcar las
fronteras de Palestina con lo que ellos definen como el nuevo muro de
Berlín? Hay más de 200.000 palestinos que estarán atrapados en
Cisjordania entre el muro y las líneas del 67; Europa critica duramente
a su Gobierno e incluso Estados Unidos se opone.
–En primer lugar, hay que aclarar el motivo de la construcción de la
verja. Esta barrera no es política, ni va a establecer cuáles van a ser
las fronteras entre Israel y los palestinos cuando lleguemos al acuerdo
de paz. La verja no determinará por dónde pasará la frontera. Esta
barrera es un medio más en la lucha contra el terror, que pretende
dificultar la entrada de los terroristas árabes, palestinos que son
enviados a cometer atentados en Jerusalén, o en las otras grandes
ciudades del país. No es una respuesta definitiva y absoluta, pero sí un
medio que nos ayuda a luchar contra el terror. Si hay terror, no hay
acuerdo político. Por eso, la verja debe ser también del interés de los
palestinos.
“Por otra parte, la verja impide la entrada ilegal de decenas de miles
de palestinos en Israel que vienen de territorio palestino y que se
mezclan con la poblacion árabe, dentro de Israel. Hablamos de grandes
cantidades de personas y eso provoca también la sublevación en los
palestinos que tienen ciudadanía israelí. Es cierto que hay críticas
contra esta verja, pero recuerde que la responsabilidad recae sobre mí.
Soy yo quien tiene que decidir entre dos opciones: que haya críticas o
que haya terror sin cesar. Y no tardo ni dos segundos en decidir qué
opción escoger. Si tengo que elegir entre dar una defensa más a los
ciudadanos israelíes o recibir críticas, pues prefiero las críticas. Por
un lado, nos gusta que nos abracen y nos quieran en el mundo, pero por
otro hay que asistir diariamente a funerales en los cementerios. Mi
preferencia es clara.
–Una reciente encuesta europea considera Israel la mayor amenaza para la
paz mundial. ¿Qué opina usted?
–Por supuesto que un sondeo depende de qué preguntas se hacen, pero la
encuesta nos provoca una profunda preocupación. Vemos que el
antisemitismo aumenta en Europa y se refiere a Israel. Israel es un
Estado judío, y lo que descubrimos aquí es un antisemitismo moderno.
Antes estaba destinado contra los judíos de Europa y vimos a dónde les
condujo: a un desastre y al holocausto. Hoy en día es el mismo
antisemitismo de antes,pero con una nueva concepción que incluye lo que
hace el Estado judío. Lo veo como algo muy peligroso, no sólo para los
judíos, sino también para los países donde existe antisemitismo. Toda
democracia tiene que luchar contra el antisemitismo y rechazar de la
forma más contundente posible estas acusaciones. De hecho, lo que ocurre
aquí es que intentan negar el derecho de los judíos a defenderse a sí
mismos. Critican que usemos más fuerza en nuestras acciones, diciendo
que al tratarse de judíos, no podemos hacerlo. Esto hay que condenarlo,
porque los judíos tenemos derecho a defendernos como cualquier otro
pueblo normal.
–Primer ministro, yo no le digo nada nuevo, pero creo que usted debe ser
consciente de que tiene una imagen muy negativa en Europa. ¿Cómo se siente?
–Mi objetivo es dar seguridad a los judíos y a los ciudadanos de Israel,
hecho algo que puede facilitarnos llegar a un acuerdo de paz. Sé que hay
acusaciones y críticas contra mí, parte de ellas del propio Israel, como
parte de la lucha política interna. Pese a que es importante, para mí es
mucho menos vital que el dar seguridad al pueblo judío. Si Israel,
esperemos que no, se debilitara, la vida de los judíos en todo el mundo
no sería igual a la que tienen hoy en día. Sobre mis hombros recae una
responsabilidad histórica, defender al pueblo judío. Me gustaría ser
recordado, no es todavía el momento para habar de ello, aún me quedan
años de vida... eso espero... Pero me gustaría ser recordado como quien
defendió la vida de sus hermanos judíos. La paz es algo importante, el
desarrollo del país, la centralidad de Israel como capital del mundo
judío, la llegada de millones de judíos más a Israel son temas
importantes, pero subordinados a lo que estoy comprometido: dar
seguridad y defensa al pueblo judío.
–En el Parlamento, usted habló del fin de la ocupación y los colonos
sintieron que no tienen derecho a existir. ¿Se arrepiente?
–No fue una expresión muy afortunada. Yo me refería a que pienso que
para Israel no es bueno dominar a otro pueblo. Luego salió como salió,
con un eco desproporcionado. Aquí no hay ningun judío que esté
abandonado, y el Estado de Israel se preocupa y se preocupará de la vida
de los judíos y de todos los ciudadanos israelíes, y de la seguridad y
existencia del Estado de Israel.
–Usted se acuerda del desmantelamiento de Yamit , en el Sinaí, que
dirigió personalmente cuando Israel firmó la paz con Egipto. O sea que
tiene experiencia en desmantelar asentamientos...
–En Yamit intentamos quedarnos todo lo que nos fue posible. Incluso
ofrecimos un intercambio de tierras con Egipto, pero los egipcios no
estaban dispuestos. Me acuerdo lo que el presidente Sadat, que en paz
descanse, explicó: que para los árabes el tema de la tierra es sagrado y
por eso no aceptaron hacer el intercambio. Tengo que decir que sentí una
cierta envidia cuando dijo esas palabras. Mi relación con la tierra es
una relación de importancia histórica, de aprecio.
–Le comenté a Arafat que usted podría ser el nuevo De Gaulle, el general
que firma la paz, y el se rió mucho y dijo que no.
–Creo que si alguien puede llegar a un acuerdo de paz con los palestinos
en los próximos años soy yo. Y respecto a la comparación, no creo que
sea acertada, porque la diferencia es que los judíos no tenemos otro
lugar donde ir. Los franceses, con todo su dolor y sus largos años en
Argelia, se fueron y volvieron a Francia. Los judíos no tenemos a dónde
ir. Es nuestra patria desde hace miles de años y nunca se interrumpió la
vida judía aquí; en todos esos años nunca se rompió la relación con
Jerusalén, Hebrón, Carmel, Tabor, Shilo, Bet El y la tumba de Raquel.
Todo es parte de la historia del pueblo judío. Estas comparaciones no
tienen sentido. Los judíos no tenemos a dónde ir, no nos iremos nunca de
aquí. Vivimos aquí desde hace miles de años, tras la gran rebelión y la
destrucción del templo; nunca dejamos de vivir aquí y nunca lo haremos.
–¿Israel todavía se plantea deportar a Arafat?
–Somos conscientes de que Arafat es el obstáculo más grande para la paz.
Tiene una estrategia del asesinato y del terrorismo, como parte incluso
del proceso político. Siempre está incluida la estrategia de usar el
terror en las negociaciones con la esperanza de debilitar a los judíos.
Pero ya se ha dado cuenta de que no le funciona y los judíos, pese a las
enormes pérdidas que hemos sufrido, hemos demostrado una gran
determinación y aguante. Precisamente, las fracturas se han visto en el
lado palestino.
“Por supuesto que Arafat es un gran obstáculo. No solemos hablar de este
tema, pero ya que me pregunta le diré que para avanzar en el proceso de
paz tiene que ser alejado de las posiciones de influencia. Si los
palestinos quieren tenerlo como símbolo, aunque yo entiendo muy bien qué
simboliza... Pero que quede fuera de las posiciones de influencia. Si no
es alejado es muy difícil que el sueño y la visión de paz que todos
tenemos se cumplan.
–Usted participó en muchas guerras y vio cómo morían o eran heridos
compañeros suyos. ¿Cómo influye esta experiencia bélica en su concepción
de la vida y de la política?
–Efectivamente, fui herido en la lucha para la ruptura del sitio a
Jerusalén, y era comandante de una compañía, de la cual todos los
miembros, menos cuatro, murieron o fueron heridos en un combate muy
duro. He de decir que no pensé entonces que, después de 55 años,
nuevamente estaríamos luchando por la defensa de Jerusalén, en una
guerra que no es exactamente igual, pero que supone el mismo frente.
“Desde el punto de vista de un herido que fue dejado atrás, porque no
había quien le recogiera, las probabilidades de salir de allí eran
nulas. Sin duda aprendí la sensación de quedarme solo. De ahí surgió mi
posición en el tema de prisioneros en manos del enemigo. Y,
efectivamente, cuando fui comandante de las fuerzas especiales y luego
de un batallón de paracaidistas y de la brigada de paracaidistas,
hicimos esfuerzos muy grandes para coger prisioneros con el fin de
liberar prisioneros nuestros. El tema de los prisioneros en manos del
enemigo, especialmente si se trata de un país árabe o de una
organización terrorista, siempre ha sido muy, muy duro. Así pues, esto
fue una cuestión que influyó.
–¿En qué influyo, en general?
–Diría que tuve el privilegio de participar en todas las guerras de
Israel, tal vez en las batallas más críticas y centrales, y fui
comandante de las mejores unidades del Ejército israelí. Vi el miedo de
la guerra y su carácter terrorífico, y vi a mis mejores amigos caer en
la guerra, además de ser gravemente herido dos veces. En una ocasión,
como comandante de división y en otra, como comandante del batallón 890.
Sentí los dolores más terribles en los hospitales, y me vi obligado a
tomar decisiones de vida o muerte con respecto a otros y con respecto a
mí mismo.
“Así que, por tanto, creo que entiendo la importancia de la paz mejor
que muchos políticos que hablan de paz, pero nunca estuvieron en estas
situaciones, ni vieron lo que yo vi. Sin embargo, para mí la paz tiene
que proporcionar seguridad, y diría que, sin duda, no se trata de la
lección de una sola batalla, sino de muchas batallas, y esa es mi
convicción: una paz que no proporciona seguridad no es una paz.

Un general y líder arraigado a su tierra

LA VANGUARDIA - 16/11/2003
Fui soldado, agricultor y ahora soy un político. Si tuviera que elegir
lo que más me gusta, creo que sería agricultor. Nací y crecí en la
granja. Incluso fui aceptado en la facultad de Agricultura, en 1948,
pero estalló la guerra de Independencia y me convertí en un combatiente.
Pero la cuestión no es que es lo que yo quiero hacer sino qué es lo que
hoy debo hacer. Cuando acabe, de aquí a unos años, mi función como
primer ministro, no estaré preocupado por lo que haré. Haré lo que
siempre he querido: trabajar en el campo y cuidar el ganado y los
caballos. Mi fuerza no procede del aparato del partido, sino de la
familia, de los campos, de la tierra, las plantas, las flores y los
animales. En este sentido, me considero una persona feliz, porque sé que
lo que haré tras ser jefe de Gobierno es lo que quise toda mi vida.”
Sharon cree que al menos se mantendrá en el poder hasta las próximas
elecciones, que, si no son anticipadas, tendrán lugar en el 2007. Es
consciente de que en Europa y en el mundo árabe muchos le odian y otros
le temen. Según dice, no es algo vital para él “ya que lo más importante
es defender al pueblo judío”. Asegura que “algunos en el mundo niegan a
los judíos el derecho de la autodefensa”. Su percepción de la vida la
recibió en el combate de Latrun, en la guerra de 1948, cuando a los 20
años fue gravemente herido y abandonado en el frente, en medio del caos.
Cree que sólo él en el mapa político israelí tiene posibilidades de
lograr un acuerdo de paz en los próximos años. Y para ello considera al
nuevo primer ministro palestino, Abu Ala, con el que se reunió numerosas
veces en el pasado (tanto pública como secretamente), como el
interlocutor idóneo al que admira como negociador.
Estos días, Sharon está bajo una intensa presión de su principal aliado,
Estados Unidos, para poner fin a las operaciones militares israelíes y
“ser más generoso” con Abu Ala de lo que fue con su predecesor, Abu
Mazen. Sharon dice que ser ministro es una de las tareas más duras del
mundo. A menudo trabaja hasta la una de la mañana y cada día a las 5.15
h, su asesor de prensa, Ra-anan Guisin, le despierta para resumirle los
titulares de la prensa israelí y mundial. “Siempre recuerdo el hecho de
que los judíos sólo tienen un Estado, pequeño, minúsculo –explica–. Sé
que tenemos aquí mucha gente capaz. Estamos en el único lugar del mundo
en el cual los judíos tienen el derecho y la fuerza de defenderse por
sus propios medios. Y esto ha de ser cuidado. Esa es la responsabilidad
que yo siento que tengo.”