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Hay que liberar
a los palestinos de Hamas
Por BERNARD-HENRI LEVY
Dado que no soy un experto militar, me abstendré
de juzgar si los bombardeos israelíes de Gaza habrían podido ser más
precisos y menos mortíferos.
Dado que, desde hace décadas, jamás pude distinguir entre buenos y
malos muertos o, como decía Albert Camus, entre «víctimas
sospechosas» y «verdugos privilegiados», también yo me siento
horrorizado antes las imágenes de los niños palestinos asesinados.
Dicho esto y teniendo además en cuenta que un viento de locura
parece haberse instalado en algunos medios de comunicación, una vez
más y como siempre cuando se trata de Israel, me gustaría recordar
algunos hechos:
1.
Ningún gobierno del mundo, ningún otro país más que este
vilipendiado Israel, arrastrado por el fango y demonizado, habría
tolerado ver miles de obuses caer, durante años, sobre sus ciudades.
Y por lo tanto, lo más importante del caso, el auténtico tema de
sorpresa no es la «brutalidad» de Israel, sino su enorme moderación.
2.
El hecho de que los cohetes Qasam de Hamas y, ahora sus misiles Grad,
hayan ocasionado tan pocos muertos, no demuestra que sean
artesanales o inofensivos, sino que los israelíes se protegen, que
viven enterrados en los sótanos de sus casas en una vida de
pesadilla, siempre en vilo, siempre atentos al sonido de las sirenas
y de las explosiones. Yo estuve en la ciudad israelí de Sderot y lo
pude comprobar.
3.
El hecho de que, en cambio, los obuses israelíes provoquen tantas
víctimas no significa, como bramaban los manifestantes de este fin
de semana, que Israel se haya lanzado a una «matanza» deliberada e
indiscriminada, sino que los dirigentes de Gaza optaron por la
actitud inversa: exponer a su población. La vieja táctica del
«escudo humano» que pone en práctica Hamas, tal y como hiciera
Hizbulá hace dos años, instalando sus centros de mando, sus stocks
de armas y sus búnkeres en los sótanos de edificios, hospitales,
escuelas y mezquitas, es una táctica eficaz pero repugnante.
4.
Entre la actitud de unos y de otros hay, dígase lo que se quiera,
una diferencia esencial y que no pueden ignorar los que quieran
tener una idea justa y cabal de la tragedia y de los medios para
ponerle fin: los palestinos disparan contra las ciudades, es decir
contra civiles (y eso, en el derecho internacional, se llama «crimen
de guerra»), mientras los israelíes apuntan a objetivos militares y
ocasionan, sin quererlo, terribles daños civiles (es lo que, en
lenguaje militar, se llama «daño colateral», una palabra que, a
pesar de ser odiosa, remite a una auténtica disimetría estratégica y
moral).
5.
Dado que hay que poner los puntos sobre las íes, es necesario
recordar un hecho del que la prensa francesa apenas se hizo eco y
del que, sin embargo, no conozco precedente alguno, en guerra alguna
ni por parte de ningún ejército del mundo. Y es que, durante la
ofensiva aérea, las unidades del Tsahal llamaban por teléfono
sistemáticamente (la prensa anglosajona habla de 100.000 llamadas) a
los habitantes de Gaza que vivían en los alrededores de los blancos
militares, para invitarlos a evacuar el lugar. Es evidente que eso
no evita la desesperación de las familias sin hogares, ni a las
vidas truncadas, ni las matanzas. Pero que el hecho sea así no deja
de ser un detalle significativo.
6.
Tampoco es totalmente real ni exacto el famoso bloqueo integral,
impuesto a un pueblo hambriento, al que le falta de todo y que lo
hunde en una crisis humanitaria sin precedentes (sic). Los convoyes
humanitarios nunca dejaron de pasar hasta el comienzo de la ofensiva
terrestre. Por el control de Kerem Shalom, sólo el día 2 de enero,
fueron 90 los camiones de víveres y de medicinas que, según The New
York Times, pudieron entrar en Gaza. Y sólo evoco, para recordárselo
a algunos (porque es algo habitual, aunque, escuchando a esos tales,
no lo parezca), que los hospitales israelíes siguen recibiendo y
curando, todos los días y al menos hasta el momento en que yo
escribo, a los heridos palestinos.
Esperemos que los combates cesen cuando antes. Y esperemos que,
cuanto antes también, los comentaristas vuelvan en sí. Ese día
descubrirán que Israel cometió muchos errores durante estos últimos
años (ocasiones fallidas, largo rechazo a la reivindicación nacional
palestina, unilateralismo), pero que los peores enemigos de los
palestinos son esos dirigentes extremistas que nunca quisieron la
paz, que jamás quisieron un Estado y que sólo pensaron para su
pueblo en un Estado concebido como un instrumento de secuestro.
Lo demuestra la siniestra imagen de Jaled Meshaal del sábado día 27
de diciembre, que, ante la inminencia de la respuesta israelí tan
deseada, sólo sabía exhortar a su «nación» a «ofrecer la sangre de
más mártires». Y lo decía desde su confortable exilio, desde su
cueva de Damasco.
Hoy en día, una de dos. O bien los Hermanos Musulmanes de Gaza
restablecen la tregua que rompieron y, al mismo tiempo, declaran
periclitada y sin efecto un acta fundacional basada en el rechazo de
la «entidad sionista». En ese caso, se unirán al amplio frente del
diálogo que, gracias a Dios, sigue creciendo en la zona, y vendrá la
paz. O bien se obstinan en seguir viendo en el sufrimiento de los
suyos únicamente un carburante para sus pasiones recocidas, su odio
loco, nihilista y sin argumentos. Y en ese caso, habrá que liberar
de las sombrías garras de Hamas no sólo a Israel, sino también a los
palestinos.
Bernard-Henry Levy es uno de
los más importantes filósofos contemporáneos.
Profesor en la Universidad de Paris.
Fuente:
El Mundo
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