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Ceder ahora sólo aumentará la
inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en
Oriente Medio. Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice
como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso.
El presidente Obama y su Administración no se engañan sobre el reto
que el islam plantea hoy a la estabilidad global ni sobre la
dificultad de resolver alguno de los frentes abiertos, como Irak,
Irán o Afganistán. Están convencidos de que la política seguida por
Bush fue un error y tratan, con mejor o peor éxito, de establecer
una nueva.
Los obamitas tienen una gran fe en la comunicación y en la fuerza de
voluntad. A diferencia de los clintonitas son idealistas en su
visión de la política exterior. Su punto de partida fue ¡cómo no! un
discurso, que indudablemente es lo que mejor saben hacer. Con todas
sus contradicciones y ambigüedades, las palabras de Obama ante la
comunidad académica de El Cairo intentaron ser un punto de partida
para establecer un nuevo entendimiento con el islam en general y el
Mundo Árabe en particular. Para los musulmanes el discurso fue una
rectificación de la política norteamericana y eso les parece muy
bien.
Para una sociedad que ha crecido en la idea de que la
responsabilidad de sus problemas es siempre de los demás el que un
presidente norteamericano se desplace hasta Egipto para entonar un
mea culpa es un gesto apropiado. Pero no sólo de palabras vive el
hombre. Es tiempo de obras, de demostrar con actos la buena
disposición de la nueva Administración norteamericana.Obama quiere
contar con el bloque árabe para gestionar los tres frentes
territoriales abiertos –Irak, Irán y Afganistán– así como el
problema general del terrorismo yihadista y para eso tiene que
demostrar su buena disposición allí donde los intereses de las
partes chocan abiertamente: Palestina.
Obama ha pedido a Netanyahu que congele las construcciones en los
asentamientos.
El hecho es en sí enormemente sintomático. Hasta la fecha la
diplomacia occidental se había concentrado en lograr concesiones
paritarias. Clinton intentó un acuerdo total y fracasó. Bush, desde
la experiencia de su predecesor, optó por una aproximación por
etapas, en las que las mutuas concesiones debían general confianza y
facilitar nuevos avances. También fracasó.
Ahora Obama opta por un nuevo enfoque: primero debe ceder Israel y
luego ya veremos.
La nueva filosofía parte de dos ideas importantes: que el problema
es Israel y que la cuestión palestina es instrumental.Naciones
Unidas ofreció a judíos y musulmanes la posibilidad de disponer de
un Estado en la Palestina Occidental o Cisjordania al mismo tiempo.
Unos lo aceptaron y los otros no. Desde entonces Israel ha sufrido
seis guerras, dos intifadas y una actividad terrorista constante,
todo ello por ejercer el derecho a ser un Estado democrático. El que
los palestinos vivan en peores condiciones que los israelíes es
responsabilidad propia, la consecuencia de errores, de "no perder la
oportunidad de perder una oportunidad" en célebre frase de Abba Eban.
Su rechazo a la creación de Israel, su intento de aniquilar el nuevo
Estado por la fuerza, la falta de grandeza de Arafat en Camp David,
el desprecio de sus dirigentes por su propio pueblo al que utilizan
como moneda de cambio, el absurdo mantenimiento de campos de
refugiados en Estados árabes... todo ello ha abocado a la presente
situación.
Ante ello Obama rompe el principio de paridad y no sólo no se ocupa
de la víctima sino que presiona sobre ella para que dé el primer
paso. Israel es presentado a la comunidad internacional como el
obstáculo que impide avanzar hacia la paz, cuando la realidad es
exactamente la contraria.El gesto de Obama es racional, aunque
profundamente inmoral. Israel es más vulnerable a su presión que
Arabia Saudí y, sobre todo, ya cuenta con su alianza. El gobierno de
Jerusalén necesita de la ayuda que le suministra la Administración
de Washington para sobrevivir. A corto plazo la amenaza iraní es
capital y sólo Estados Unidos está en condiciones de hacerla
desaparecer o de fortalecer la capacidad defensiva del estado judío.
La dependencia israelí de la ayuda norteamericana le hace potencial
objeto de abusos.
La "congelación" de los asentamientos en Cisjordania es un gesto que
esconde la gravedad de la situación. El problema que bloquea hoy el
proceso de paz no es la posición de firmeza del gobierno Netanyahu
sobre este tema sino dos hechos evidentes a todo el mundo: la falta
de autoridad del gobierno palestino para participar en una
negociación definitiva y el rechazo a aceptar la existencia de
Israel por parte de Hamás. Una vez más la pelota está en el campo
palestino, pero ahora la situación es mucho más complicada que en
los días de Arafat ante la fractura provocada por el auge del
islamismo.
No hay una posición palestina. ¿De qué valdrían los gestos de
Netanyahu? Sólo para facilitar los intereses de la Administración
Obama en la región y ésta sí es la clave de los movimientos
diplomáticos a los que estamos asistiendo.Donde la racionalidad
norteamericana no se hace tan evidente es en el plano estratégico.
El Mundo Árabe es cualquier cosa menos un bloque, por lo tanto hay
que ser muy escéptico a la hora de buscar su colaboración. El hecho
determinante de la situación actual es el descrédito de los llamados
gobernantes moderados y el auge del islamismo. Los radicales crecen
por el desprestigio de sus rivales, pero también porque cuentan con
ayudas importantes.
Los Hermanos Musulmanes reciben fondos de Arabia Saudí con los que
desarrollan su actividad. El gobierno egipcio ha iniciado una nueva
campaña para perseguirlos y debilitarlos. El director de los
servicios de inteligencia marroquíes, Yassine Mansouri, ha
reconocido públicamente que la estabilidad de su país está amenazada
por Arabia Saudí e Irán, a través de la acción de los wahabitas y de
Hizboláh, los mismos que están detrás de Hamás en Palestina.
A pesar de todo ello, Washington trata de calmar al gobierno de
Israel explicándole que las concesiones que se le solicitan
facilitarán la consecución de un objetivo esencial para su
seguridad, el buen entendimiento con sus vecinos árabes. Pero, ¿hay
alguien en Israel capaz de creer algo así? Cualquiera sabe que
Egipto o Jordania pueden convertirse en estados islamistas en
cualquier momento, que acuerdos supuestamente estratégicos pueden
trasformarse en humo en muy poco tiempo. Por otro lado, ¿de qué
valen esos acuerdos si Hamás sigue recibiendo ayuda y bloqueando el
proceso negociador? La paz en la región pasa por combatir el
radicalismo y fortalecer las instituciones representativas y los
procesos de modernización.
Obama ha optado por el atajo de facilitar el diálogo, pero no es
bueno confundir medios con fines. Está muy bien hablar francamente
con Arabia Saudí de los problemas regionales, pero mientras la Casa
de Saud continúe facilitando la llegada de fondos ingentes a
formaciones radicales a lo largo y ancho del planeta sólo se estará
perdiendo el tiempo. Arabia Saudí no es parte de la solución sino
del problema palestino, pero cuando las prioridades son otras,
cuando se quiere contar con Riad para tratar de resolver otros
problemas este hecho deja de ser determinante.
Las presiones norteamericanas sobre Israel, tal y como han sido
planteadas, son un ejemplo de apaciguamiento ante el Mundo Árabe que
el gobierno de Jerusalén debe rechazar de plano. No se trata ahora
de resolver si el crecimiento de determinados asentamientos es
correcto, legítimo o legal. Por mi parte no he tenido nunca duda en
afirmar que la creación de asentamientos ha sido el error más grave
que ha cometido el estado de Israel a lo largo de su corta historia.
Pero ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la
inseguridad de la única democracia en Oriente Medio.
Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de
cambio en una estrategia condenada al fracaso. Sharon le tuvo que
recordar en cierta ocasión a Bush que Israel no era Checoslovaquia.
La situación debió ser violenta, pero el tiempo demostró que aquél
comentario era oportuno.
Autor: Florentino Portero
Fuente:
http://www.libertaddigital.com
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo,
incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este
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