Israel y Palestina
Pedro Schwartz

La anécdota: reunida la Comisión Trilateral en Varsovia, habla Kissinger
sobre la política del gobierno Bush. La categoría: examinada la situación
palestina, decepcionan las propuestas "progresistas". Es un debate que
interesa, pues el nuevo ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel
Moratinos ya mostró simpatías vehementemente palestinas como representante
de la Unión Europea en Oriente Medio.

Kissinger, lejos de adoptar el tono soberbio de un gurú de fama mundial,
habló con inusitada modestia sobre el gobierno de su presidente George Bush.
Se quejó de la caricatura que circula sobre la presente administración
norteamericana: se la presenta como dirigida por un guerrero agresivo,
asesorado por maníacos fundamentalistas. La realidad, dijo con su voz grave
y rasposa, es otra: el actual gobierno norteamericano, cometa errores o no,
es un grupo de personas serias, enfrentado con graves problemas, a los que
quiere aplicar soluciones eficaces.

Es curioso que, para conseguir la paz entre Israel y sus vecinos musulmanes,
los pacifistas de la izquierda europea propongan con característica
suficiencia soluciones inaplicables. Mantienen que deben obedecerse al pie
de la letra las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, si es
necesario imponiéndolas EEUU a sus clientes israelíes por la razón o por la
fuerza: vuelta a las fronteras de 1967, desmantelamiento de todos los
asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza, y el retorno de los refugiados
palestinos a su tierra de origen, todo ello a cambio del reconocimiento de
Israel por sus vecinos árabes.

Ninguna persona responsable puede creer que las fronteras de 1967, que no
eran sino una línea de alto el fuego, sean sostenibles. La razón no es sólo
la exigua distancia al mar, sino convicción de que la retirada de Israel
sería interpretada por muchos árabes como el primer paso de la total
eliminación del Estado de Israel. Por otra parte, son muchos los israelíes
que comprenden que no pueden incluir dentro de su territorio una grande y
creciente población palestina. La propuesta de Sharon de abandonar la franja
de Gaza, tan fuera de lo que acostumbra y tan controvertida en su partido,
señala un primer paso de vuelta al Plan de Camp David, que Clinton
promocionó con ahínco y Arafat saboteó con saña: la disposición a aceptar un
Estado palestino de territorio coherente, a colaborar en el asentamiento de
los refugiados en territorio palestino, a intercambiar territorios para que
las poblaciones de Israel y Palestina pudieran vivir en paz al lado la una
de la otra y no en explosiva mezcla.

Todo esto se encuentra aún lejos, mas es posible acercarlo si nos dejamos
los europeos de incantaciones legalistas de la Resolución 242. La división
entre los otrora aliados atlánticos da alas a los extremistas de ambos
bandos. Al igual que la distancia entre europeos y americanos ha
envalentonado a los terroristas de Al Qaeda y ha alimentado el fuego de la
resistencia anti-democrática en Irak. Las propuestas europeas de ceder en
todo a las peticiones palestinas alejan la paz más que la acercan. En fin de
cuentas, ¿de quién somos más amigos?, ¿de la democracia israelí o de las
satrapías árabes?

© AIPE

Pedro Schwartz es profesor de la Universidad San Pablo CEU y académico
asociado del Cato Institute.