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Líbano
Gracias, Israel
Brigitte Gabriel
Miércoles 19 de Julio de 2006
En representación de miles de libaneses, te pedimos que abras las puertas del
Aeropuerto Internacional Ben Gurión de Tel Aviv a los miles de voluntarios de la
diáspora que están dispuestos a coger las armas y liberar su patria del
fundamentalismo islámico Texto de la carta que ha enviado la Fundación Libanesa
por la Paz al primer ministro de Israel, Ehud Olmert. La versión en inglés ha
corrido a cargo de Walid Phares, de la Fundación por un Líbano Libre.
Te animamos a golpearles duro y a destruir su infraestructura terrorista. No es
sólo Israel quien está harto de esta situación, sino la mayoría silenciosa de
los libaneses, harta de Hezbolá pero incapaz de hacer algo por miedo a las
represalias de los terroristas.
En representación de miles de libaneses, te pedimos que abras las puertas del
Aeropuerto Internacional Ben Gurión de Tel Aviv a los miles de voluntarios de la
diáspora que están dispuestos a coger las armas y liberar su patria del
fundamentalismo islámico.
Te pedimos apoyo, facilidades y logística para ganar esta batalla y lograr
juntos los mismos objetivos: la paz y la seguridad para el Líbano, para Israel y
para las generaciones futuras.
Los una vez predominantes libaneses cristianos, responsables de brindar al mundo
"el París de Oriente Medio", como solía ser conocido el Líbano, han sido
asesinados, masacrados, expulsados de sus hogares y dispersados por el mundo,
mientras el Islam radical declaraba la guerra santa y tomaba el control del
país, en los años 70. Los cristianos libaneses manifiestan la opinión de que
ellos e Israel han aprendido de la experiencia, que ahora descubre a
regañadientes el resto del mundo.
Mientras el mundo protegía a aquella OLP que se retiraba del Líbano en 1983, con
Israel pisándole los talones, nacía otra organización con una ideología más
volátil y religiosa: Hezbolá, "el Partido de Alá", fundado por el ayatolá
Jomeini y financiado por Irán. Fue Hezbolá quien voló por los aires los
barracones de los marines norteamericanos en el Líbano, en octubre de 1983,
matando a 241 americanos y a 67 paracaidistas franceses. El presidente Reagan
ordenó en febrero de 1984 la retirada de las unidades de la Fuerza Multilateral
de EEUU, y pasó página tanto a la matanza de los marines como a la implicación
norteamericana en el Líbano.
El mundo civilizado, que erróneamente vilipendió entonces a los cristianos y a
Israel y que hoy sigue vilipendiando a Israel, no prestaba atención a los
acontecimientos. Mientras Estados Unidos y el resto del mundo andaban
preocupados por el conflicto Israel-OLP, los regímenes terroristas de Siria e
Irán alimentaron el fundamentalismo islámico en el Líbano y en todo el planeta.
Los extremistas chiíes de Hezbolá comenzaron a reproducirse como conejos,
desbordando a los cristianos y a los sunníes moderados. Veinticinco años
después, han producido el suficiente número de gente como para hacerse
electoralmente con 24 escaños del Parlamento libanés. Desde la retirada israelí,
en el año 2000, el Líbano se ha convertido en una base terrorista gestionada y
controlada por Siria, con su presidente local marioneta, Lahoud, y el "Estado
dentro del Estado" de Hezbolá.
El Ejército libanés dispone de menos de 10.000 efectivos. Hezbolá cuenta con más
de 4.000 milicianos entrenados, y en el sur del Líbano y el Valle de la Bekaa
hay alrededor de 700 miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. ¿Por qué,
pues, no se ocupa de solventar la situación el Ejército? Porque una mayoría de
libaneses musulmanes supone que se dividirá y que una parte se unirá, siguiendo
patrones religiosos, con las fuerzas islámicas, tal y como ocurrió en 1976, al
inicio de la guerra civil libanesa.
Todo se reduce a una guerra que enfrenta a la ideología yihadista con el
occidentalismo judeocristiano. Los musulmanes, que hoy son mayoritarios en el
Líbano, apoyan a Hezbolá porque forman parte de la Umma, la nación islámica. He
aquí el tabú que todo el mundo pretende pasar por alto.
Los recientes ataques contra Israel han sido orquestados por Irán y Siria, si
bien ambos países tienen intereses distintos. Damasco considera el Líbano parte
de la "Gran Siria". El joven presidente sirio, Bachar Asad, y sus lugartenientes
en la Inteligencia militar baazista se sirven de este último estallido de
violencia para demostrar a los libaneses que necesitan de la presencia siria
para protegerse de la agresión israelí y estabilizar el país. Irán utiliza
convenientemente a su ejército títere libanés, Hezbolá, para distraer la
atención de los líderes mundiales en la cumbre del G-8 de sus intentos de
hacerse con armamento nuclear. El apocalíptico presidente iraní, Mahmud
Ahmadineyad, y los mulás de Teherán pretenden hacerse con el dominio hegemónico
del mundo islámico bajo el demencial estandarte del chiísmo mahdista.
Ahmadineyad quiere consolidar su posición como principal yihadista de Alá
cumpliendo con su promesa de "borrar a Israel del mapa".
Por mucho que quiera evitar hacer frente a la realidad del extremismo islámico
en Oriente Medio, Occidente no puede ocultar que Hamás y Hezbolá, contra los
cuales lucha Israel, comparten la misma ideología islámica radical que ha
fomentado el terrorismo contra el que luchan América y el mundo. Es el mismo
Hezbolá con el que Irán amenaza a América, en forma de atentados suicidas, si
ésta le impide desarrollar armamento nuclear. Mantiene células en más de diez
ciudades de Estados Unidos. Hamás, por su parte, cuenta con la mayor
infraestructura terrorista en suelo americano. Esto es lo que pasa cuando
cierras los ojos ante el mal durante décadas, con la esperanza de que
desaparezca.
El jeque Nasralá, líder de Hezbolá, es un agente iraní. No es un actor
independiente en esta pantomima. Lleva implicado en el terrorismo más de 25
años. Irán, con su visión islámica de un Oriente Medio chií, tiene agentes,
tropas y dinero en Gaza, los territorios palestinos, el Líbano, Siria e Irak.
Detrás de esto se encuentra la concepción que impulsa al presidente iraní, que
se cree "el instrumento y el catalizador" de Alá para poner fin al mundo tal y
como lo conocemos y abrir el camino a la era del Mahdi. Ahmadineyad tiene una fe
ciega (y mesiánica) en la tradición chií del duodécimo, u "oculto", salvador
islámico, que emergerá de un pozo de la ciudad sagrada de Qum (Irán), después
del caos, las catástrofes y las matanzas globales, y establecerá la era de la
Justicia Islámica y la paz duradera.
El presidente Ahmadineyad ha declinado responder a las propuestas de Estados
Unidos, la UE, Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU para que Irán
detenga su programa de armamento y enriquecimiento de uranio hasta el 22 de
agosto. ¿Por qué esta fecha? Porque el 22 de agosto coincide con el 28 de Rajab
del calendario islámico, el día en que el gran Saladino conquistó Jerusalén.
Existe una enorme preocupación en la comunidad de Inteligencia por el Armagedón
que podría desencadenar la ideología extremista de Ahmadineyad.
El mundo civilizado debe unirse en la lucha contra quienes anegan Israel y el
mundo en terrorismo. Tenemos que dejar de analizar lo que distingue al Hamás
sunní del Hezbolá chií y comenzar a poner el énfasis en lo que los une en su
lucha contra nosotros: el Islam radical.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_32500.html
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