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10/3/2004
Antes de nada, un pequeño recordatorio: tras finalizar la
guerra de los Seis Días en 1967, el Consejo de Seguridad de la ONU
aprobó unánimemente (incluido el bloque comunista) la resolución
242, la cual constituye el fundamento de cualquier acuerdo posible
en Oriente Medio. En síntesis, esa resolución dice lo siguiente: la
guerra que en junio de 1967 emprendió Israel contra Egipto, Jordania
y Siria y que acarreó la ocupación de territorios de esos países fue
en esencia una guerra justa, fruto del derecho legítimo a defenderse
ante las amenazas de ataque y la concentración de fuerzas militares
contra Israel.Imagen Javier Aguilar
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La unilateralidad es el nuevo concepto que ahora se está imponiendo en
el ámbito político del conflicto palestino-israelí a raíz de la
construcción del muro de seguridad y los planes del primer ministro de
separarse parcialmente de los palestinos. Desde la guerra de los Seis
Días y durante muchos años, la idea de llevar a cabo una acción
unilateral sin haber llegado a un acuerdo carecía de sentido tanto entre
el bloque de la derecha como entre la mayoría de los sectores
pacifistas.
Antes de nada, un pequeño recordatorio: tras finalizar la guerra de los
Seis Días en 1967, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó unánimemente
(incluido el bloque comunista) la resolución 242, la cual constituye el
fundamento de cualquier acuerdo posible en Oriente Medio. En síntesis,
esa resolución dice lo siguiente: la guerra que en junio de 1967
emprendió Israel contra Egipto, Jordania y Siria y que acarreó la
ocupación de territorios de esos países fue en esencia una guerra justa,
fruto del derecho legítimo a defenderse ante las amenazas de ataque y la
concentración de fuerzas militares contra Israel. Por tanto, el Consejo
de Seguridad no le exige a Israel que se retire incondicionalmente de
los territorios que ocupó, sino que lo haga en paralelo con la firma de
acuerdos de paz con esos países árabes que garanticen la seguridad en
las fronteras de Israel, lo que implica fundamentalmente que los
territorios ocupados se desarmen de armamento pesado y de largo alcance
y se reduzca el número permitido de unidades militares en la zona.
Los países árabes rechazaron al principio dicha resolución del Consejo
de Seguridad y exigieron la retirada incondicional de los territorios y,
por supuesto, se negaron a entrar en negociaciones directas con Israel
para alcanzar nuevos acuerdos relativos a la seguridad. La negativa
árabe sentó la base de años de odio hasta que estalló la guerra de Yom
Kippur, a partir de la cual se dieron los primeros pasos para llegar a
acuerdos parciales con Siria y Egipto, hasta firmarse finalmente el
acuerdo de paz con Egipto, que sigue el modelo que estableció la
resolución 242 del Consejo de Seguridad.
Desde la guerra de los Seis Días se asumió en todos los sectores
políticos israelíes la idea de que no habría retirada parcial o total de
los territorios sin antes negociar directamente con los árabes para
alcanzar acuerdos de paz que garantizasen la seguridad. Una retirada sin
nada a cambio suponía no sólo admitir que la guerra de los Seis Días no
había sido justa, cuando había sido una guerra defensiva, sino que
además animaba a emprender acciones violentas parecidas en el futuro. Y
como en un acuerdo de paz, Israel tendría que devolver territorios,
mientras que los árabes tan sólo deberían firmar una declaración de
intenciones; parecía que el principio de retirarse a cambio de un
acuerdo de paz no sólo era de vital importancia, sino también justo
desde el punto de vista ético.
La mayoría del bloque pacifista (yo entre ellos) aceptó dicho principio
con la excepción de algunos que no creían que los árabes (y en especial,
los palestinos) fuesen capaces de llegar a un auténtico acuerdo con
Israel y reconocerle el derecho a existir, y por ello ya en los años 70
apoyaron una retirada unilateral y el final de una ocupación que podía
envenenar social y moralmente a Israel.
Por supuesto, el sector de la derecha –o nacionalista, tal y como se
define a sí mismo– se opuso a cualquier acción unilateral al respecto.
No sólo porque a fin de cuentas no creía en la voluntad y capacidad de
los árabes de llegar a un acuerdo de paz total, sino también porque
tenía interés en mantener la mayoría de los territorios suponiendo que
la ventaja estratégica que esa ocupación ofrecía a Israel llevaría a una
paz de facto en la zona, lo cual era mejor que cualquier acuerdo. Pero
dado que no se podía justificar una postura política que se negase por
completo a negociar, también la derecha propuso dialogar, pero exigiendo
unas condiciones durísimas, como el cese de los actos terroristas y el
reconocimiento árabe de la legitimidad de la existencia del Estado de
Israel, y todo ello bajo la premisa de que, aunque la otra parte
cumpliera esas condiciones, el alcance de las concesiones israelíes
sería bastante reducido.
En cambio, durante los últimos años ese principio tan sagrado ha ido
perdiendo fuerza, no sólo entre los pacifistas sino incluso en el bloque
nacionalista. La primera retirada unilateral sin acuerdo previo se
produjo en el sur de Líbano en el año 2000, una retirada que ha traído
relativa calma a la zona. Y ahora se empieza a hablar de una separación
unilateral dentro del propio Israel. Es decir, retirarse de los
territorios ocupados en el año 1967 sin llegar antes a un acuerdo con el
otro lado y sin recibir nada a cambio –ni siquiera verbalmente– de los
palestinos.
¿Acaso así se ha acabado con uno de los principios morales fundamentales
durante muchos años en la política israelí? ¿Llevan razón aquellos
–sobre todo entre la derecha, aunque también los hay entre la izquierda,
como Yossi Beilin– que dicen que actuando unilateralmente Israel está en
realidad rindiéndose al terrorismo palestino y animando a que en el
futuro se vuelva a emplear la violencia contra él? ¿Tiene sentido la
previsión de que aunque ahora haya cierta calma ésta será temporal y no
conducirá a ninguna solución a largo plazo?
Primero resumiré mi postura en relación con estas cuestiones y después
intentaré justificarla.
Si el Estado de Israel no hubiera levantado asentamientos en los
territorios ocupados y simplemente hubiese mantenido allí fuerzas
militares, yo seguiría siendo fiel a ese principio del que hablaba
antes, es decir, el de retirarse sólo a cambio de un firme acuerdo de
paz y del compromiso de los palestinos de vivir en buena vecindad con
los israelíes; pero el establecimiento unilateral de asentamientos en
los territorios cambió por completo la concepción de la situación en que
se basaba la resolución 242, y por tanto está justificado moralmente que
ahora una medida unilateral anule aquella otra medida unilateral.
Pues, en realidad, ¿qué es lo que se está queriendo decir con los
asentamientos? Se les está queriendo decir a los árabes que, aunque
reconozcan al Estado de Israel y se comprometan a vivir en paz con los
israelíes, hay parte de los territorios que ya nunca se les devolverá.
Establecer fuerzas militares en el futuro Estado palestino es legítimo
mientras sea para garantizar que realmente se está llevando a cabo el
desarme de la zona y no se está creando una nueva infraestructura
terrorista. Una base militar extranjera ocupa un lugar limitado, tiene
unas misiones concretas y una vez que se alcanza la paz en la zona se
desmantela. Eso fue lo que ocurrió con las bases militares que tanto
Estados Unidos como la antigua Unión Soviética establecieron en
diferentes países. Sin embargo, un asentamiento de civiles es algo
esencialmente distinto, porque, primero: no se puede justificar como
medida defensiva; segundo: no evita el terrorismo sino todo lo
contrario, lo provoca y con ello hace que tengan que instalarse fuerzas
militares para defender a los colonos, y tercero: no es algo temporal,
esto es, los civiles no se instalan en un lugar para abandonarlo cuando
se alcance la paz, por lo que, en definitiva, se les está dando a
entender a los palestinos que, aunque lleguen la paz y la conciliación a
la zona, seguirán pagándolo con parte de su tierra.
La creación de los asentamientos fue una medida unilateral a la que todo
el mundo –incluidos los mejores aliados de Israel– se opuso y que
elimina el fundamento moral en que se basaba el principio sagrado
durante tanto tiempo de “territorios a cambio de paz”, el cual servía de
base a la resolución 242 de la ONU y que era aceptado por el bloque
pacifista israelí.
Así pues, moralmente hablando, Israel debe llevar a cabo una acción
unilateral parcial que implique el desmantelamiento de muchos
asentamientos, y todo ello sin recibir absolutamente nada a cambio por
parte de los palestinos. Pero en el momento en que se complete la
retirada y se establezca una nueva frontera, incluso si no es la
definitiva ni la acordada según los palestinos, Israel recuperará la
legitimidad moral para defenderse con firmeza de cualquier acto
terrorista u hostil.
Por tanto, todos aquellos –tanto entre la derecha como entre la
izquierda israelí– que consideran que hacer concesiones unilaterales en
estos momentos significa “premiar el terrorismo” deben saber que lo que
“manchó moralmente” a Israel no fue la ocupación militar, sino la
creación de los asentamientos de colonos. Y también los palestinos, que
ahora no están dispuestos a llegar a ningún acuerdo por empeñarse en el
derecho de retorno o en otras cuestiones, deben saber que el
desmantelamiento de los asentamientos en Gaza y la retirada del ejército
de allí crean para ellos una nueva situación. Y si pretenden continuar
enfrentándose a Israel también tras la retirada, la reacción israelí se
regirá entonces por reglas totalmente distintas, mucho más duras, por lo
que será mejor que sean prudentes al respecto. No obstante, según las
primeras y prometedoras reacciones en la calle palestina, incluso entre
los extremistas, parece que los palestinos son conscientes del nuevo
equilibrio moral que habrá ahora entre ellos y los israelíes.
Así que, en definitiva, creo que tras el desmantelamiento de los
asentamientos no nos espera un aumento del terrorismo, sino precisamente
un periodo de relativa calma, tal y como ocurre ahora en Líbano.
ABRAHAM B. YEHOSHÚA, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz
Ahora
Traducción: Sonia de Pedro
Fte L.V.D |
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