MITOS Y DOBLES RASEROS
La guerra en los medios
Por Marcelo Birmajer
12 de septiembre de 2006
En una importante proporción, los periodistas e
intelectuales de las democracias occidentales están
viviendo una tortuosa paradoja: por un lado no están
asumiendo un bando determinado en la guerra entre el
terrorismo y las democracias liberales, pero, al mismo
tiempo, el ejercicio de su función requiere de la
victoria de las democracias.
Las investigaciones, el libre ejercicio de la crítica,
el abanico de medios de comunicación, que abarca desde
el oficialismo hasta la oposición en todas sus
vertientes, el acceso libre a internet y a los medios de
todo el mundo no son prerrogativas aseguradas para todos
los habitantes del planeta, sino sólo para aquellos que
viven en las democracias occidentales. Ni en Siria ni en
Irán, por dar dos ejemplos, existe el libre acceso a
internet, ni la posibilidad de leer cualquier prensa
extranjera que uno quiera, ni la libertad de
investigación y expresión. De modo que, en esta guerra
entre el terrorismo fundamentalista islámico y las
democracias occidentales, el ejercicio del periodismo
sería una de las primeras víctimas conceptuales en caso
de que los fundamentalistas resultaran vencedores.
A lo largo de estos sobrecargados días que han
transcurrido desde el ataque de Hezbolá, el 12 de julio,
contra la existencia del Estado de Israel he ido tomando
nota de mitos e interpretaciones amañadas que de algún
modo grafican, bien la neutralidad, bien la franca
simpatía con el terrorismo de una buena parte de la
prensa occidental.
Aunque resulte pueril, no está de más aclarar que la
toma de partido en estos casos no es opuesta a la
transparencia y la verdad. Al menos el 90% de la prensa
española define a ETA como "banda terrorista", y enfoca
todos sus artículos, ya sean informativos o de opinión,
en función de acabar con la violencia; esto no incide ni
positiva ni negativamente en la transparencia y en la
fidelidad a la noticia de cada uno de los medios. Otro
ejemplo: la mitad más de uno de los medios argentinos,
desde el retorno de la democracia en el 83, han
denunciado como nefasta la corrupción estatal. Cada
medio pone mayor o menor hincapié en tal o cual caso,
pero sería muy difícil encontrar uno que sea neutral
ante el concepto de corrupción estatal. Sin embargo,
respecto al terrorismo priva la medianía, el
distanciamiento, la relativización, la minimización.
Pasemos, entonces, a aquellos mitos e interpretaciones.
La historia la escriben los que ganan – EEUU domina los
medios de comunicación
Tal vez la Segunda Guerra Mundial haya sido la última
ocasión en que el Gobierno norteamericano gozó de cierto
consenso favorable dentro de sus fronteras y de buena
parte de los medios independientes del mundo, ya fuera
de la prensa clandestina antinazi en los países ocupados
o de la prensa libre de Inglaterra. Paradójicamente, en
el medio de aquella contienda Norteamérica era una
potencia, por lejos, menos poderosa de lo que hoy la
conocemos: no mostraba con claridad haber superado el
pasado dominio mundial de Inglaterra y Francia, y, aun
en ese caso, se hallaba, en lo que hace a hegemonía,
emparejada con la Rusia soviética.
Pero no acababa de suicidarse Hitler en las ruinas de
Berlín cuando ya los países recién liberados por los
propios americanos comenzaban a hacer oír sus voces
críticas respecto de sus liberadores. De Gaulle y buena
parte de la prensa francesa se cuidaban mucho más de no
ser hegemonizados por los americanos de lo que se habían
cuidado de no ser invadidos por los nazis. La izquierda
del resto de Europa occidental, que le debía a los
americanos tanto el haberse desembarazado de los nazis
como no haber sido ocupados por los rusos, apuntó sus
cañones teóricos –y en ocasiones también físicos– contra
EEUU y sus intereses en el mundo.
En definitiva, desde el papel jugado por la prensa
independiente en la derrota norteamericana en Vietnam
hasta la actual candente hostilidad contra la
Administración Bush, que incluye a los principales
diarios, a los principales canales televisivos y hasta
éxitos de taquilla a nivel mundial, como es el caso de
los films de Michael Moore, podemos decir con certeza
que si bien los estadounidenses ganaron la Segunda
Guerra Mundial, su victoria permitió, precisamente, que
la historia la escribiera cada uno que se le antojara.
Sería necio, miope o tendencioso suponer que la prensa
internacional resulta hoy, hegemónicamente, favorable a
la Administración Bush. Seguramente George W. Bush ha
ganado un lugar en el podio, junto a Nixon y Bush Sr.,
como uno de los tres presidentes más maltratados por la
prensa, los intelectuales y los artistas desde la
segunda mitad del siglo XX.
Interpretación tendenciosa: ¿Por qué Israel no quiso
negociar?
La pregunta es en sí misma tendenciosa. Aun cuando la
efectividad de las negociaciones es siempre discutible
en los secuestros extorsivos por dinero, éste no era en
absoluto el caso. En primer lugar, la muerte de los ocho
soldados israelíes no podía ser respondida por
negociación alguna: no hay concesión que reciba como
contrapartida la resucitación de los soldados
asesinados. Tampoco podía considerarse parte de una
batalla preexistente: Hezbolá invadió Israel y asesinó a
los soldados israelíes sin que mediaran conflictos ni
declaraciones de guerra de ningún tipo. En segundo pero
no menos importante lugar, cualquier país en estado de
amenaza, no reconocido por su vecino, consideraría el
secuestro de sus soldados, el cautiverio de los mismos
en un país enemigo y la complicidad del Gobierno de
dicho país con los secuestradores como una declaración
directa de guerra.
Por el contrario, Israel se mostró mucho más concesivo
respecto al Estado libanés y su ejército, y mucho más
cuidadoso respecto a los civiles libaneses, de lo que
cualquier democracia occidental ha demostrado
comportarse en el pasado o se comportaría en el presente
frente a situaciones similares.
La pregunta que buena parte del periodismo occidental
eludió formular con insistencia fue: ¿por qué Hezbolá no
libera a los soldados para que esto se termine? ¿Por qué
a Hezbolá le interesa más matar israelíes que proteger a
los civiles libaneses? ¿Por qué la ONU no exige que
Hezbolá libere de inmediato a los soldados israelíes?
¿Por qué la ONU no organiza un conjunto de fuerzas de
paz que libere a los dos soldados israelíes?
Esto nos lleva a una tercera interpretación tendenciosa.
Interpretación tendenciosa: Desarmar a Hezbolá derivaría
en una guerra civil libanesa
En primer lugar, el Líbano ha vivido en estado de
guerra, dentro de sus fronteras y contra Israel, desde
el año 48 hasta la fecha. En 1948 fue uno de los seis
países cuyos ejércitos invadieron, sin que mediaran
amenazas de ningún tipo contra sus fronteras, el recién
creado Estado judío, cuando aún no existía ninguna clase
de conflicto territorial. En esa guerra injustificada,
Israel perdió el 1% de su población judía, entre civiles
y soldados.
Fundado el Estado de Israel, también desde el Líbano,
que continuaba sin tener ningún tipo de conflicto
territorial con el Estado judío, se filtraban los
fedayines, que entre 1948 y 1956 se cobraron la cifra de
mil civiles judíos muertos por el único motivo de vivir
dentro de las fronteras de Israel.
En los años 70, la guerra civil libanesa, árabes
cristianos contra árabes musulmanes, e izquierdistas
contra falangistas, se cobró la vida de más de 90.000
seres humanos. En un breve lustro de los 70 murieron más
palestinos masacrados por los sirios y las falanges
cristianas en el Líbano que todos los que han caído
hasta nuestros días luchando contra la existencia de
Israel. Hasta la incursión de Israel en el Líbano, en el
año 82, la OLP se había adueñado de la frontera sur del
país, y desde allí disparaba katiushas contra los
civiles israelíes.
De modo que un intento de desarme del Estado libanés
contra Hezbolá, de haber sucedido, no habría inaugurado
una guerra civil en el Líbano, sino que posiblemente
hubiera iniciado el proceso, por primera vez, para
concluirla.
Pero el segundo término de esta interpretación
tendenciosa nunca fue explicitado, posiblemente por su
mal gusto: para que no haya una guerra civil entre los
libaneses, dejemos que Hezbolá mate israelíes. Los
israelíes, dice esta prensa tácitamente, después de
todo, no se matarán entre ellos. Como mucho, escribirán
en la prensa, harán marchas y votarán a otro Gobierno.
Pero debemos cuidar la armonía entre Hezbolá y el
Gobierno libanés: porque esos no se andan con chiquitas:
se matan entre ellos y, en una de esas, te matan a vos
también. De modo que dejemos que Hezbolá masacre a un
par de israelíes, y todos en paz. No sea cosa que se
arme la gorda. Los judíos ya están acostumbrados a
dejarse matar.
Interpretación tendenciosa: Hezbolá ganó la guerra
Desde el inicio del conflicto, buena parte de la prensa
occidental auspiciaba una victoria de Hezbolá. Israel,
según estas interpretaciones, se había metido en un
berenjenal como el de Vietnam (sin aclarar que jamás un
integrante del Vietcong llegó siquiera a 1.000
kilómetros de la frontera norteamericana ni se le
ocurrió poner en duda un ápice de la soberanía de este
país). Pero detrás de estos análisis supuestamente
neutrales había una tendencia, una voluntad, un deseo.
No era sólo una descripción neutral de los hechos, había
una decisión de, fuera cual fuera el resultado militar y
político de la contienda, leerlo como una derrota de
Israel y EEUU y como una victoria de Hezbolá e Irán.
Estamos condenados al fracaso, suelen decir los
periodistas de las democracias occidentales, nuestras
sociedades son decadentes, injustas, corruptas.
Hezbollah e Irán, continúan, son poderes jóvenes, con
convicciones firmes. A lo máximo que podemos aspirar es
a que no nos ataquen. Pero si nos atacan, debemos hacer
todas las concesiones que nos exijan. Desde vestirnos
como ellos digan hasta permitir que conviertan a
nuestros ciudadanos al Islam, como ocurrió recientemente
en Gaza con dos periodistas, como condición para salvar
sus vidas.
O nos convertimos, o nos matan, repite buena parte de
los periodistas occidentales. Y en esta tesitura,
ocurriera lo que ocurriera, le levantarían la mano del
vencedor a Hezbolá. Por una causa o por la otra.
Mientras que dentro de Israel, como ocurriría en
cualquier democracia, continúan los debates acerca de si
la guerra estuvo bien o mal llevada. No huelga decir que
lo mismo ocurrió en Israel con cada una de las guerras
que este Estado se vio obligado librar por su
subsistencia. Ya fueran las que se consideraron
resonantes triunfos militares (la de los Seis días, en
el 67) como las más onerosas (la de Yom Kippur, en el
73). Siempre hubo críticas, cambios de ministros,
incluso cambios diametrales de la cultura política. Pero
siempre, también, persistió la democracia, la libertad
de expresión y las garantías públicas: antes, durante y
después de cada una de estas guerras por la
supervivencia.
Mientras que a los judíos la guerra les repugna e
irrita, a sus enemigos les pone eufóricos y
triunfalistas.
Resulta penoso, en el mismo sentido, leer las coberturas
de las masacres diarias realizadas por los terroristas
en Irak: contra mercados, mezquitas y edificios
públicos. Buena parte del periodismo o bien minimiza
estas matanzas diarias, que habitualmente alcanzan la
centena de víctimas, y, repito, diariamente, nunca bajan
de la cincuentena, o bien responsabiliza a los
norteamericanos.
Hay que decirlo con todas las letras: los
norteamericanos están tratando de impedir que los
terroristas iraquíes masacren a los civiles iraquíes. No
son los norteamericanos los que ponen las bombas: son
los terroristas iraquíes los que todos los días, todos
los días, desde hace ya prácticamente seis meses,
masacran a su propia gente: niños, mujeres, ancianos y
cualquier criatura viva que se les cruce, sin ton ni
son, sin propósito ni medida. ¿Es que alguien cree que
estas pandillas de asesinos inclementes están luchando
por la independencia, por la libertad, por la paz? ¿No
se va a alzar ninguna pluma de importancia mundial para
denunciar a estos criminales? ¿Seguiremos usando a Bush
para justificar cada uno de los crímenes de estos
ubicuos grupos de terroristas?
Conclusión
Bajo ningún concepto creo que debiéramos reducir nuestro
nivel crítico y nuestros afanes investigativos respecto
a gobiernos democráticamente electos y respetuosos de la
libertad de expresión, como los de EEUU, Inglaterra o
Israel; pero sugiero que si pusiéramos el mismo empeño
en investigar, denunciar y criticar a países como Irán,
Siria y sus organizaciones terroristas aliadas,
seguramente estaríamos prestando un gran servicio para
que las generaciones venideras pudieran gozar de los
limitados espacios de libertad que nuestros padres y
nosotros pudimos llegar a disfrutar luego de la caída
del nazismo.
Fuente:
http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1276232278