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NACIONES DEL MUNDO: ¡APOYAD A ISRAEL! 1. El imperativo a las naciones: apoyar a Israel. …Benditos sean los que te bendicen, malditos los que te maldicen. – Números 24:9 Apoyar a Israel en la escena internacional no es un mero capricho. El profeta Isaías (42:6) llama a Israel la “luz de las naciones”, y este es en verdad el rol designado al pueblo judío. Durante veinte siglos de exilio el pueblo judío ha sido continuamente la luminaria de la humanidad, desde los sabios judíos de Alejandría que escribieron la Septuaginta y le permitieron así al mundo gentil el acceso en lengua griega al Libro de los Libros, hasta los laureados del Premio Nobel, de los cuales los judíos conforman el porcentaje más grande de todos los grupos humanos en relación a la fracción de la población general que ellos representan. El mismo profeta nos enseña que “desde Sión saldrá la ley, la palabra Divina desde Jerusalén” (2:3), la luz de las naciones debe pues iluminar desde la tierra de Israel, y es la voluntad Divina que el pueblo de Israel retornase a su tierra ancestral para que desde allí pudiese cumplir con su rol y responsabilidad frente a la humanidad: “Las naciones andarán en tu luz, los reyes al brillar de tu levantar.” (60:2-3). Hace casi un siglo el ilustre rabino Avraham Yitzjak haKohen Kuk escribió en su obra maestra Orot que el moderno movimiento sionista, aunque tenga el aspecto de un mero nacionalismo laico, se trata en realidad de la realización de la voluntad Divina expresada por los profetas de Israel hace más de dos milenios. Apoyar a Israel en principio y en acción significa para las naciones del mundo el aportar al fin arriba mencionado. El bienestar de Israel y el bienestar de las naciones del mundo está intimamente relacionado el uno con el otro. 2. Amistad y apoyo a Israel en la práctica. Si bien la labor de ser una luminaria frente a las naciones le corresponde a Israel, el permitir y asistir a esta función sería un gran mérito para el resto del mundo. Lo opuesto es también verdad, el oponerse y presentar obstáculos a Israel es moralmente incorrecto para el mundo, ya se ha incurrido en esto demasiadas veces en la historia. El resultado de la enemistad contra Israel – el pueblo y el país – ha sido siempre el caos y la desgracia de las naciones. El mundo, sin embargo, aun no parece haber aprendido esta lección. Todavia se le cuestiona a Israel su derecho a existir, a la soberanía sobre su territorio, al estatus su ciudad capital Jerusalén. En la asamblea general de las Naciones Unidas se condena a Israel por su derecho a defenderse, se iguala el sionismo – la ideología que el define como nación soberana – con la ignominia del racismo. En el mundo se escucha continuamente el eco del llamado de los enemigos de Israel a su destrucción y reemplazo por un país árabe. A los enemigos de Israel se les glorifica, se les otorga legitimidad, se les permite abrir oficinas y obtener inmunidad diplomática (a pesar de no representar a ningún país real) desde las cuales se recaudan fondos y se contrata a mercenarios para el terrorismo, y se divulga el mensaje del odio judeofóbico. Una nación verdaderamente amiga de Israel no tomará parte en tales acciones, y se opondrá fervientemente a ellas. Hacia tal fin apuntan los objetivos de Juntos por Israel. Exhortamos a las naciones del mundo a apoyar efectivamente a Israel: .- Solo tres paises apoyan siempre a Israel frente a la asamblea general de las Naciones Unidas. Las naciones deben empezar a votar a favor de Israel sin temor alguno, en vez de abstenerse. Se debe luchar especialmente contra las continuas condenas que el bloque árabe emite contra las gestiones de Israel. Esto incluye votar en contra de proclamaciones como la infame resolución 3379 “Sionismo es Racismo” o como aquellas que llaman a Israel a “terminar la ocupación” de los territorios israelíes liberados en 1967. .- Seteintaitrés (2) paises en el mundo reconocen diplomáticamente a Israel y mantienen embajadas allí. Pero solo dos de ellos las establecieron en Jerusalén. Ha llegado la hora de cambiar esto. Todos los paises deben reconocer expresamente el estatus de soberanía plena y legítima que Israel ejercita sobre su ciudad capital, y transferir allí sus embajadas. .- La OLP y sus organizaciones aliadas mantienen oficinas y cuentan con organismos de apoyo en muchos países. En algunos lugares hasta se les concede el estatus de “embajada” y se les otorga la inmunidad diplomática plena. Es hora de reconocer lo que realmente es la OLP: una organización terrorista cuyo propósito de existencia es “Liberar Palestina”, eufemismo que en realidad significa eliminar a Israel como país. Las naciones del mundo deben aplicar sus leyes contra las agrupaciones terroristas y clausurar las oficinas internacionales de la OLP y cualquier grupo similar que predique y promueva la violencia y el odio contra Israel y el pueblo judío. .- El reconocimiento de Israel como una Luz a las naciones debe hacerse en forma legal y formal. El legado universal del judaismo, el credo de las Siete Leyes Universales de los Hijos de Noé debe ser reconocido por los gobiernos del mundo. Los organismos legislativos de cada país deben incorporar las Siete Leyes Universales en el cuerpo de leyes básicas. 3. Presión negativa de los países enemigos ¿Por qué se amotinan las naciones, y los países traman en vano? – Salmos 2:1 Los países adversos a Israel ejercen presión sobre el mundo en contra de los objetivos arriba mencionados. Los organismos internacionales están influenciados por el lobby antiisraelí. Es preciso que los gobiernos libres coordinen estrategias para defenderse de la manipulación de los enemigos de Israel. 3.1 El asunto de la transferencia de embajadas El temor a una reacción negativa del mundo árabe a la transferencia de las embajadas no debe dominar las decisiones políticas de los gobiernos. Si la transferencia de embajadas es realizada en conjunto, con un bloque de varios países participando al mismo tiempo, esto habría de aminorar el factor de la reacción árabe, pues ningún país tendría que cargar solo con las consecuencias de ser el blanco de ataques diplomáticos – y probablemente económicos – por parte de los países árabes y sus esferas de influencia. Tampoco deben las naciones del mundo sentarse a esperar por un acuerdo diplomático entre países árabes e Israel. Los acuerdos de la década de los años noventa de Madrid, Oslo y de la plantación Wye entre Israel y la Autoridad Palestina/OLP probaron la falacia de tal concepto. La oferta del entonces presidente Clinton de los Estados Unidos de realizar la transferencia de todas las embajadas en Israel a Jerusalén estaba destinada al fracaso: ¡Los acuerdos de paz explícitamente evitaban discutir el estatus de Jerusalén! La transferencia de las embajadas debe ser realizada de manera independiente, proactiva, e incondicional. 3.2 La difamación: oscureciendo la imagen y el rol de Israel Porque he aquí que la oscuridad cubrirá la tierra, las tinieblas se cernirán sobre las naciones… – Isaías 60:2 La propaganda de los países enemigos de Israel se vale del engaño para manipular la opinión pública, difamando a Israel y al pueblo judío. El creciente patrón de violencia y odio antijudío en el mundo está diréctamente ligado al incremento de actividad propagandística designado a manchar el buen nombre de Israel en el mundo. Israel, desde sus inicios, ha realizado una intensa labor de beneficio a la humanidad. Esto ha de ser destacado, cada nación debe honrar públicamente a Israel por la contribución específica de Israel hacia ese país. Ciertamente los ejemplos abundan. Es difícil encontrar país que no se ha beneficiado de la asistencia agrícola, tecnológica, médica, o militar prestada por Israel. Desiertos en el mundo entero han sido cultivados, grupos subversivos radicales han sido combatidos exitosamente, sistemas de comunicaciones y de seguridad desarrollados por Israel benefician a muchísimos países. Israel ha respondido a numerosos desastres naturales en todo el mundo con pronta asistencia humanitaria, proporcionalmente mayor a la de ningún otro país. Mas aún, la misión del pueblo judío en el mundo, en la diáspora o en la tierra de Israel, es la de ser una luz a las naciones. La tradición y ley judía nos aclara que el mundo debe aceptar el mensaje de Israel y alejarse de la idolatría, y andar a la luz de la enseñanza y guía moral de la Voluntad Divina, ateniéndose al pacto de Noé, que la tradición judía enseña consiste en los Siete Preceptos Universales y en las leyes que de estos se derivan. Es la responsabilidad de toda la humanidad el evitar que la luz del rol de Israel sea oscurecida por prédicas de odio y manipulación. Junto con el antisemitismo ha de lucharse por erradicar todo odio por condición innata contra seres humanos. 3.3 Defensa de Israel frente a los organismos internacionales Por la causa de Sión no callaré, y por la de Jerusalén no he de parar, hasta que salga como resplandor su justicia… – Isaías 62:1 Cada año la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas presenta propuestas de condenas provenientes del lobby árabe, enemigo declarado de Israel. Muy pocos países tienen el coraje de levantarse y declarar abiertamente y sin escrúpulos su oposición a tales maniobras. Escudándose tras formalidades diplomáticas, muchos países se limitan a abstenerse a votar. El bloque enemigo, sin embargo, no se detiene con formalismo alguno y se declara vociferante y lleno de odio pronunciando condenas que tienen por meta el delegitimizar el derecho de Israel a existir como nación digna y soberana. En algunas ocasiones estas condenas han llegado a ser aprobadas por la asamblea, aunque en la mayoría de los casos esto no sucede solamente gracias al poder de veto estadounidense. Una nación arcáica, que ha recobrado la soberanía territorial y nacional hace mas de medio siglo después de haber sobrevivido dos milenios de penurias y humillaciones, sostiene su legitimidad legal frente al mundo pendiendo de un hilo. Es la obligación de las naciones el acabar con esta infamia. La hora ha llegado para que las naciones se pronuncien abiertamente a favor de Israel. Aquellos que insiten en delegitimizar a Israel son en realidad quienes se valen de métodos ilegítimos, de mitologías y propaganda difamatoria para perpetrar sus ataques. Son ellos, y no Israel, quienes merecen la condena del mundo. 3.4 El mito de la nación árabe expatriada y el asunto de las embajadas del terror … vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalén. – Nehemías 2:20 Nunca ha habido tal cosa como un país árabe independiente llamado “Palestina”, o con cualquier otro nombre, en las fronteras de lo que hoy es Israel. Jamás hubo una nación árabe consistente de los pobladores de la tierra de Israel y exclusiva de estos. Aunque algunos soñadores propusieron tal cosa en la década de 1920, el mito no se vino a propagar entre los própios árabes hasta unas cuatro décadas mas tarde. La así llamada Organización para la Liberación de Palestina se fundó en 1964, cuando los territorios de Judea, Samaria y Gaza estaban bajo la ocupación de dos países árabes, y la susodicha Palestina que se pretendía liberar era el estado propio de Israel. La esencia y razón de ser de la OLP es simplemente la destrucción de Israel por vía de la violencia. La OLP es en realidad una organización terrorista. Entendemos por terror la imposición de una agenda política por vía de la violencia y la paranoia, impuesta según mitos e ideologias ilegítimas. La OLP cumple así con los requisitos que la definen como organización terrorista. Sin embargo el mundo ha venido paulatinamente a ceder frente a la impostura de la mitología propagandística. Incluso líderes políticos dentro de Israel han cedido y le han concedido a la OLP y a su líder y fundador, Yasir Arafat, una legitimidad indebida. Valiéndose de esto la OLP se ha transformado en nombre y apariencia, convertiéndose en la Autoridad [Nacional] Palestina, para preparar y desatar una nueva ola de violencia conocida como la segunda Intifada. El mundo continúa otorgándole reconocimiento. La OLP/AP cuenta con oficinas e incluso embajadas en muchos países. Valiéndose de apoyo amplio y de inmunidad diplomática, la OLP prosigue hacia su el desarrollo de su objetivo final: la destrucción de Israel, mediante la violencia y la difamación. Cada país debe procurar evitar que tal objetivo destructivo sea llevado a cabo. Toda concesión otorgada a esa organización terrorista debe ser derogada. Se debe clausurar las embajadas del terror, y aplicar el peso de la ley contra quienes den apoyo al terrorismo y a la violencia. La legislatura contra el terrorismo existe ya en la mayoría de países, y solo hace falta su aplicación. 3.5 La impostura de lo absurdo Los árabes definen al conjunto de sus países como “el hogar nacional árabe”, y a si mismos como “la nación árabe”. Las ideologías políticas predominantes en los países musulmanes, en general y árabes, en particular, define a los árabes y/o musulmanes como la ummá o gran nación. Resulta obviamente contradictorio que aquellos que predican la unidad de sus pueblos y países hagan al mismo tiempo distinción de una nación árabe palestina entre ellos. A los kurdos, por ejemplo, se les ordena integrarse a los países que ocupan su territorio: los kurdos de Irak deben ser iraquíes, los de Irán deben ser iraníes, lo de Siria sirios y los de Turquía turcos. Mientras tanto, a los palestinos, aún a una seguna y tercera generación nacida en el Líbano, en Jordania, Irak o donde sea que fuere, se les sigue distinguiendo como palestinos. Nunca hubo un país árabe independiente llamado Palestina, o con cualquier otro nombre definido de manera siquiera aproximada por las fronteras del actual Estado de Israel. Kurdistán, en cambio, disfrutó de independencia temporal en 1945 en su sección sudoriental, bajo el nombre de República Kurda del Majbad. ¿Hállase visto en el mundo caso similar al del pueblo de Israel, que tras dos milenios en el destierro no pierde ni su identidad, ni su lenguage, ni si vínculo a su patria? ¿Hállase visto caso tal en el mundo como el de los refugiados árabes palestinos, a quienes se les mantiene artificialmente con ese estatus con el solo propósito de perpetuar el mito del pueblo palestino desplazado? La lógica simple reclamaría la legitimidad de aquellos que tuvieron un país y lo perdieron. De mucho mas base histórica que el caso de los kurdos es el derecho del exiliado pueblo de Israel, el pueblo judío. Sin embargo, los portavoces de la propaganda difamatoria insisten proclamar el derecho territorial de una nación cuya base de existencia independiente ellos mismos niegan, la así llamada nación árabe palestina; e insisten al mismo tiempo en negar el derecho existencial de la nación mas legítima del mundo, aquella que, a pesar de un largo exilio, desde la mismísima Biblia y hasta nuestro días mantiene un vínculo indeleble con su patria eterna. 4. Redefiniendo la imagen de Israel ¿Es acaso Israel un esclavo, un sirviente doméstico? ¿Por que ha sido despojado? – Jeremías 2:14 En 1947 la asamblea general de las Naciones Unidas votó por la “partición de Palestina” y el establecimiento de un estado judío en la Tierra de Israel. En aquel entonces el pueblo judío había recién sido víctima de un genocidio bestial que no conoce paralelo en la historia moderna. Más de la mitad de la población judía de Europa había sido aniquilada de manera cruel y sistemática, y los sobrevivientes se hallaban desamparados, viviendo precariamente en campos de personas desplazadas. El clamor frente al mundo al ver al pueblo judío en tales condiciones despertó la compación de los pueblos y una mayoría de los representantes de los países de las Naciones Unidas se manifestó a favor de la causa sionista. El retorno de los judíos a la Tierra de Israel fue visto como una mera acción de caridad para con los desposeídos, y no como el derecho innato de un pueblo con su tierra ancestral, Divinamente concedida. El día de hoy la propaganda manipuladora antiisraelí juega con esa imagen. Se habla de un pueblo empobrecido y desposeído, que sufre la grave calamidad de haber sido exilado de su tierra y de vivir bajo la ocupación ilegítima de un invasor. En otras palabras, se nos quiere hacer creer que el retorno del pueblo de Israel a la Tierra de Israel fue meramente un reemplazo de una víctima por otra, que fue un error, y que debería ser revertido. Todo esto dificilmente podría estar más alejado de la realidad. 4.1 El verdadero rol de Israel Haya paz en tu antemuro, serenidad en tus palacios – Salmos 122:7 Israel no necesita ser un desvalido que da pena para poder legitimizar su existencia. Su significado como nación es mucho mas elevado, su rol frente al mundo demasiado importante para ser reducido a una nación mendiga, dependiente de la caridad y compasión de las naciones que se apiaden de ella. Israel es un país digno, soberano, de derecho pleno, cuyo rol es el de iluminar a la humanidad con el ejemplo y la doctrina del bien. Se debe luchar contra los obstáculos que hoy le impiden el desarrollar su papel frente al mundo: el odio, el terrorismo, la violencia, la imposición de la mentira. Israel no ha usurpado territorio ajeno, sinó recobrado el propio. No ha despojado a los poseederes legítimos, por el contrario les ha devuelto lo perdido. Israel no vive a expensas de la humanidad, sinó que provee a la humanidad de asistencia más valiosa que ningún otro país. Israel no es un violador de derechos humanos, por el contrario, es la nación que ha enseñado que los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza Divina – y que poseen por lo tanto derechos inalienables innatos. Aún si Israel hoy libra una guerra defensiva, su meta será dar el shalom, la paz verdadera, a la humanidad. En el medio de las tinieblas Israel ha de ser la luz de las naciones. 5. Consideraciones finales El apoyo a Israel debe pues corresponder a su derecho pleno como nación. El apoyo a Israel ha de ser de beneficio a la humanidad. La meta de acabar con el odio y el terror presenta una aspiración al mejoramiento de la humanidad. Todos los pueblos se han de beneficiar del final del odio y la violencia. Esta, sin embargo, ha de ser una lucha continua. Aun después de superados los obstáculos de hoy nuevos problemas han de presentarse, y las naciones del mundo deben luchar contínuamente para resolverlos. Las metas de Juntos por Israel apuntan hacia la solución de problemas actuales y el establecimiento de pautas para confrontar los que se presenten en el futuro.
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