Prensa española

Otra vez el odio a Israel

Juan Carlos Girauta

Domingo 16 de Julio de 2006


La nación que nuestra prensa odia está, por pura lógica, más interesada que ninguna otra en una paz estable y duradera. Pero no esperen que nadie se lo cuente en las columnas racistas o en las viñetas de judíos bestializados. Que nadie espere una condena a Hezbolá, cuyo líder amenaza con nuevos ataques indiscriminados a Israel. Corresponsales, profesores de Derecho Internacional, humoristas gráficos y columnistas patrios tienen clarísimo quién es el culpable de todo: "La crisis, conviene recordarlo, tiene una causa y un origen: Israel. (…) Es Israel el que (…) tiene que poner fin a una política basada en el uso criminal de la violencia." ("Detener a Israel", Augusto Zamora en El Mundo). "[Los judíos] siguen quejándose de que les echan de todas partes. Incluyendo los Reyes Católicos y la Alemania nazi. (…) Vuelven a estar en todas partes, desde Wall Street a toda caja viviente (?). Con ese juramento de sangre que impide cualquier tipo de generosidad con otras razas. Hasta que el espíritu sinuoso y ladino se les escapa y se ponen broncos, cargando su munición de victimismo para entregarse a la matanza vengativa." ("Judiadas", Jorge Berlanga en La Razón).

En el análisis reciente de la crisis, se obviará que el detonante fue el secuestro de un soldado israelí. Se ignorará que el líder de Hamas Jaled Meixaal se encontró acto seguido con el embajador de Irán en Siria para recabar su apoyo. Se olvidará que Hezbolá, siguiendo instrucciones de Irán, entró entonces en territorio israelí, mató a ocho soldados y secuestró a otros dos coincidiendo con el vencimiento del ultimátum estadounidense a Teherán para que cesara en sus planes nucleares. No se admitirá que este trágico final de ciclo tiene un responsable llamado Irán, ni que el problema entero gira en torno a su decisión de enriquecer uranio.

En el análisis remoto del problema, se hurtarán las razones por las que el sionismo, hasta entonces minoritario, se convirtió tras el Holocausto en el motor existencial de los judíos (la Alemania nazi no "echó" a los judíos, Berlanga: los exterminó). Se eludirá la historia de la creación de dos estados por parte de las Naciones Unidas y el inmediato ataque a Israel por parte de todos sus vecinos árabes. Se pasará por alto que la única democracia de la región sigue existiendo porque ha ganado todas las guerras desde entonces; basta con que pierda una para que desaparezca del mapa. Se negará que las potencias musulmanas han utilizado obscenamente a los refugiados palestinos manteniéndolos en su triste condición, en tanto que Israel –que contaba con el mismo número de refugiados judíos tras la primera guerra, y con muchísimos menos recursos que sus enemigos– dio a los suyos hogar y trabajo.

Hay que lamentar profundamente la muerte de civiles y presionar para que se investiguen, corrijan y penalicen los excesos en el uso de la fuerza por parte de cualquier estado. En realidad, el único país de Oriente Medio donde tal cosa es posible es ese Israel que ha desalojado a sus colonos para conseguir la paz. Seis millones de ciudadanos rodeados de cientos de millones de súbditos. La nación que nuestra prensa odia está, por pura lógica, más interesada que ninguna otra en una paz estable y duradera. Pero no esperen que nadie se lo cuente en las columnas racistas o en las viñetas de judíos bestializados.
 

fuente: http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_32444.html


CHÁVEZ Y CASTRO COINCIDEN CON EL PRESIDENTE ESPAÑOL
Todos los líderes occidentales excepto Zapatero condenan los ataques terroristas de Hezbolá sobre Israel

Los líderes del G8 han pedido la liberación de los soldados secuestrados por los terroristas de Hezbolá y el final de sus ataques terroristas contra Israel. Desde George Bush a Chirac pasando por Blair, Merkel, Koizumi, Putin o Prodi han coincidido en la necesidad de aplicar la resolución 1559 de la ONU que reclama la retirada siria del Líbano y el desarme de todos los grupos terroristas, incluida Hezbolá. El ministro francés del Interior, Nicolas Sarkozy, ha dicho que el agresor en la actual crisis es Hezbolá y que por tanto "Israel tiene derecho a defenderse". Solo Zapatero ha arremetido contra Israel y le ha acusado de "imponer el orden unilateralmente". Hubo dos personas que han coincidido con las críticas del presidente español: Hugo Chávez y Fidel Castro.



L D (EFE) De entre todos los líderes occidentales que han condenado al grupo terrorista Hezbolá, destaca el ministro francés del Interior. Nicolas Sarkozy ha dicho que el agresor en la actual crisis en Oriente Medio es el grupo terrorista libanés Hezbulá y que por tanto "Israel tiene derecho a defenderse", pero pidió al Estado judío "sangre fría".

"En la actual situación hay un agresor y es Hezbolá, que se comporta de forma inverosímil", ya que con su acción amenaza la integridad y la independencia a laque tiene derecho el Líbano, ha dicho Sarkozy en una entrevista a la cadena de televisión TF1. También ha subrayado que Irán, sobre el que señaló sus "vínculos" con Hezbolá, con esta crisis "se pone un poco más al margen de la comunidad internacional. El número dos del Gobierno francés ha indicado que "la situación es dramática porque hay un riesgo de escalada", y junto a la crisis iraquí, este conflicto en Oriente Medio es la cuestión fundamental en la situación internacional.

Por su parte, el alto representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común, el socialista Javier Solana, ha asegurado en Beirut que la UE está tratando de encontrar una solución a esta "guerra sin lógica". En declaraciones a la prensa, tras reunirse con el primer ministro libanés, Fuad Siniora, Solana ha subrayado que hay que actuar conforme a la legalidad internacional y que las provocaciones no son aceptables.

Los países del G-8 coinciden en pedir el desarme de Hezbolá

Los países del Grupo de los Ocho (G8) han aprobado este domingo una "declaración unánime" sobre la crisis en Oriente Medio. Según el presidente de Francia, Jacques Chirac, los líderes han coincidido en la necesidad de aplicar la resolución 1559 de Naciones Unidas que reclama la retirada siria del Líbano y el desarme de todas los grupos terroristas, incluida Hezbolá. También han pedido la liberación de los soldados secuestrados por los terroristas de Hezbolá y el final de sus lanzamientos de cohetes contra Israel. "Es totalmente inaceptable que un gobierno no tenga plena autoridad sobre la totalidad de su territorio", dijo el presidente francés en relación a Líbano, lo que a su juicio constituye un importante factor de desestabilización.

Según Chirac, en la declaración los líderes del G8 recomiendan que se aplique en su totalidad y en el plazo más breve la resolución 1559 de Naciones Unidas, que reclama la retirada siria del Líbano y el desarme de todas los grupos terroristas, incluida Hezbolá. Al referirse al final del lanzamiento de los cohetes contra Israel, Chirac advirtió que es igual que sean los que se lanzan desde Líbano o los que se arrojan desde Gaza.

"El objetivo del G8 era poner fin a la escalada", ha dicho Chirac, y "la declaración indica a la vez nuestra reprobación y nuestra voluntad de estabilizar la situación y conseguir un alto el fuego duradero tanto en Gaza como en Líbano". Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, ha confirmado a la prensa la aprobación de la declaración y ha dicho que es un "fuerte mensaje con un claro contenido político".

El conflicto en Oriente Medio ha condicionado la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los Ocho, cuya primera jornada de trabajo ha finalizado este domingo. Desde este sábado y durante todo este domingo, las diferencias entre los Estados se hicieron patentes e incluso se temió que no hubiera una declaración final.

 


Israel
Las razones de un ataque
GEES
Afirmar, como se viene haciendo, que la respuesta israelí al asesinato y secuestro de unos soldados es una reacción desmedida es un acto de ignorancia o de cinismo. Los acontecimientos se han precipitado una vez más en Oriente Medio. Israel se encuentra de nuevo en guerra, en un ejercicio de legítima defensa que casi nadie niega pero que muchos matizan por la intensidad de la respuesta.
Las milicias de Hamas en Palestina y las de Hezbolá en Líbano han actuado de forma coordinada para atacar a Israel primero desde el sur, en la frontera con Gaza, y luego en la frontera norte, con Líbano. Esta acción conjunta responde a un conjunto de razones de orden estratégico fáciles de señalar, que empujaban a ambos grupos, más por necesidad que por deseo, a reabrir el conflicto armado.


Hamas ganó inesperadamente las pasadas elecciones legislativas y asumió la responsabilidad de gobernar. Su negativa a reconocer el derecho a existir de Israel y a condenar y prohibir el ejercicio del terrorismo abocó a una pérdida de la ayuda internacional proveniente de Europa y Estados Unidos. Sin esa ayuda la viabilidad de Palestina era muy limitada. Al Fatah, el perdedor de las elecciones, aprovechó la situación para intimidar al gobierno mediante acciones de fuerza y, finalmente, con la amenaza de convocar desde la Presidencia un referéndum para que la población se pronunciara sobre su disposición a reconocer la existencia de Israel. De haberse convocado, los dirigentes de Hamas se habrían encontrado deslegitimados por la población al mismo tiempo que incapaces para mantener los servicios del estado por insolvencia financiera. Los islamistas palestinos tenían que bloquear un proceso que se volvía contra ellos y en favor de sus rivales nacionalistas. ¿Qué mejor que provocar una campaña militar contra Israel para evitar el referéndum y hacerse de una vez para siempre con la bandera del nacionalismo árabe al oeste del Jordán?


Hamas carece de la capacidad suficiente para mantener una campaña prolongada. Necesita sumar fuerzas y éstas tenían que llegar de fuera. Hamas lleva años recibiendo protección y ayuda de Irán y Siria. Hezbolá, el grupo terrorista chiíta libanés, y multinacional del terror al servicio de los intereses del régimen teocrático iraní, ha sido hasta la fecha el encargado de formar y dotar de medios a las milicias al-Qasam, brazo armado de Hamas. De esta colaboración proceden los ya conocidos misiles caseros al-Qasam, con los que se bombardean las ciudades limítrofes israelíes.
El ataque de Hezbolá, calcado del realizado previamente por Hamas –penetración en territorio israelí, ataque por sorpresa a una pequeña unidad militar y secuestro de soldados– no es sólo el resultado de un acto de solidaridad islamista. Hezbolá es parte del entramado político libanés, particularmente afectado por la presión franco-norteamericana para expulsar a las fuerzas militares sirias del suelo libanés y permitir el libre ejercicio de las instituciones democráticas. Desde el primer momento se hizo patente que tanto Siria como sus aliados islamistas estaban dispuestos a impedir la normalización del país mediante la reapertura de la Guerra Civil, como ya indicamos desde estas páginas. Al final, el primer paso se ha hecho en clave palestina, aunque las consecuencias pueden ser las mismas.


Siria, con este paso, trata de recuperar su influencia en Líbano y superar la humillación a la que fue sometida. El régimen baasista ha rechazado el proceso de paz y ve con alivio como se abren nuevos frentes para Israel, sometiendo al pequeño estado judío a un desgaste –económico y psicológico– que espera sea fatal. Lo acontecido también supone un mensaje para Estados Unidos. Las continuas amenazas de Bush se ven respondidas con la apertura de nuevos conflictos, mientras el de Irak no remite. El gobierno de Damasco no tiene capacidad militar para enfrentarse al gigante norteamericano pero quiere dejar claro a Estados Unidos que sí la tiene para encender cuantos fuegos considere necesarios.


Irán actúa desde una posición de fuerza, incomparable con la de Siria. Con las segundas reservas de petróleo y de gas más importantes del planeta e importantes recursos minerales, cuenta con el respaldo de Rusia y China para seguir adelante con su programa nuclear y de misiles. Su principal ambición es convertirse en el centro del Islam, desplazando a la corrupta monarquía saudita y colocando a la Chía, a la comunidad de los chiítas, en el puesto central que nunca debieron perder. Esta ambición hegemónica va indisolublemente unida a una interpretación islamista del credo musulmán. De ahí su estrecha colaboración con Hamas, a pesar de ser ésta una organización sunita estrechamente vinculada a los Hermanos Musulmanes. El ayatolá Jamenei mide sus pasos y con esta reapertura del conflicto israelo-palestino trata de minar la resistencia israelí, fortalecer la causa islamista en Palestina y Líbano y enviar un nuevo y desafiante mensaje a Estados Unidos para que acabe de aceptar el papel que, en su opinión, corresponde a Irán.
Afirmar, como se viene haciendo, que la respuesta israelí al asesinato y secuestro de unos soldados es una reacción desmedida es un acto de ignorancia o de cinismo. Estamos ante una ofensiva islamista en toda regla dirigida tanto a salvar los intereses de organizaciones radicales en peligro como a debilitar a Israel y la influencia occidental en la región.


El planteamiento primero de intercambiar secuestrados por prisioneros, en cantidades desiguales, ya lo conocíamos de anteriores campañas. De haber entrado Israel en este juego sólo había logrado minar su seguridad hasta límites extremos. Un secuestro cobrado lleva a otro y otro. Al final, las cárceles israelíes quedarían vacías de terroristas palestinos, dejando en un esfuerzo estéril el excelente trabajo que vienen haciendo el conjunto de organismos que en Israel tienen como cometido la seguridad interior y situando al país en una situación de extrema vulnerabilidad. El gobierno de coalición presidido por Olmert ha hecho bien rechazando el chantaje islamista y yendo directamente contra sus responsables.
Tampoco es aceptable afirmar, como se está haciendo, que es sólo la acción de dos grupos. Ambos son instrumentos, en mayor o menor medida, de la acción concertada de Siria y, sobre todo, de Irán. Se puede afirmar sin temor a errar que el doble ataque sufrido en los primeros momentos por Israel es responsabilidad de estos dos países.


Un tercer argumento que leemos u oímos con facilidad es el referido a la inocencia de palestinos y libaneses. Durante años se ha exigido a Yaser Arafat que desarmara los distintos grupos terroristas, empezando por los que él directamente controlaba, y siempre se negó. El terrorismo ha sido una táctica conscientemente asumida por los dirigentes palestinos de al-Fatah y de Hamas. Si en su momento los hubieran combatido y exterminado no nos encontraríamos todos, y ellos particularmente, en la situación en la que tristemente nos hallamos. Lo mismo podemos decir de Hezbolá. El grupo está condenado expresamente por el Consejo de Seguridad, que ordenó su disolución. Distintos gobiernos han evitado el enfrentamiento y ahora se encuentran con el resultado de sus actos.


Israel ha sido atacado injustificadamente en su territorio de soberanía y ha reaccionado penetrando en Gaza, Cisjordania y Líbano en busca de los responsables de esos actos. Puesto que tanto Siria como Irán son parte de la coalición atacante, es posible que se lancen operaciones contra territorio de estos dos estados. La campaña no debería parar hasta que la seguridad en ambas fronteras haya sido restablecida, lo que implica un serio debilitamiento de las capacidades de Hamas y la desaparición de las milicias de Hezbolá del sur del Líbano. Al mismo tiempo, la comunidad internacional debe castigar severamente a Siria e Irán por su complicidad en estos hechos de enorme gravedad.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.