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De primeras, el halcón Netanyahu recordó que Israel lleva 63
años tendiendo la mano en son de paz; desde su mera fundación,
pues, que pudo conllevar la del Estado palestino pero no lo
quisieron así los líderes árabes, empezando por
el muy nazi muftí de Jerusalén, Haj Amín el Huseini, que en
aquel 1948 desataron una guerra de exterminio con la consigna de
arrojar a los judíos al mar. Los judíos no se dejaron
y, desde entonces, cuando en Israel celebran el Día de la
Independencia los palestinos lloran la Nakba, como
catastrófico rememoró Abbás.
Acto seguido, el premier israelí expresó sus mejores deseos
para con los pueblos de Egipto y Jordania –los únicos países
árabes que, a día de hoy, han firmado acuerdos de paz con el
Estado judío–; Turquía –con "respeto" y la "buena voluntad" que
le falta a
Recep Tayyip Erdogan–; Libia y Túnez –con "admiración hacia
aquellos que tratan de construir un futuro en democracia"–, el
resto del norte de África y la Península Arábiga –"con los que
queremos forjar un nuevo inicio"– y Siria, el Líbano e Irán,
"impresionado con el coraje de quienes luchan contra la brutal
represión".
Pero, muy especialmente, tiendo mi mano al pueblo
palestino, con el que pretendemos alcanzar una paz justa y
duradera.
Abbás, en cambio, aparte de hacer la pelota a Ban Ki Moon y
al presidente de la asamblea que le estaba escuchando, sólo tuvo
palabras para el pueblo y el Gobierno de Sudán del Sur, por la
"merecida" admisión de su país en la ONU como miembro de pleno
derecho. En Sudán del Sur, aquel día,
festejaron con banderas de Israel, no de Palestina. Por
alguna razón sería.
El siguiente objeto del interés de Netanyahu fue la afición,
esa Asamblea General tan encantada de haberse conocido, a pesar
de tener un pedigrí democrático y liberal que haría palidecer a
un perro mil leches. El primer ministro de Israel afeó a la
Asamblea estupenda su infame
Resolución 3379, que consideraba al sionismo una forma de
racismo y equiparaba a Israel con la Sudáfrica del apartheid
–palabro que volvió a infligir Abbás al Estado judío en su
discurso mentiroso, donde en cambio nada dijo de sus planes para
erigir una
Palestina
Judenrein,
como Judenrein son ya
Gaza, Jordania y Arabia Saudí–; su rechazo al primer plan de paz
árabe-israelí, los Acuerdos de Camp David firmados por Anuar
Sadat –asesinado por ello por los suyos– y Menahem Begin; su
contrastadísima israelofobia ("Veintiuna de las 27 resoluciones
de la Asamblea General condenan a Israel, la única democracia
auténtica del Medio Oriente") y el abominable doble rasero
onusino:
Esto es el teatro del absurdo. No sólo se asigna a Israel
el papel de villano; es que a los auténticos villanos se les
confiere roles protagónicos: la Libia de Gadafi presidió la
Comisión de Derechos Humanos, y el Irak de Sadam encabezó el
Comité de Desarme.
Puede que ustedes digan: eso es cosa del pasado. Pero
veamos qué está pasando ahora mismo, hoy. Pues que el Líbano
controlado por Hezbolá preside el Consejo de Seguridad. Lo
cual significa, en efecto, que una organización terrorista
preside el organismo encargado de velar por la seguridad
mundial.
Fue poco después cuando dijo aquello que no parece se le
pasara siquiera por la cabeza a su homólogo Abbás:
He venido aquí no para cosechar aplausos. He venido aquí
para decir la verdad.
(¿"Homólogo"? Benjamin Netanyahu es el primer ministro de
Israel, así que su semejante sería en todo caso Salam Fayad, que
no está lo que se dice entusiasmado con el plan
unilateralista de Abbás. Éste, por su parte, desde 2007 no puede
pisar Gaza, tomada por los golpistas de Hamás, y desde 2009 es
presidente de la Autoridad Nacional Palestina sin mandato
alguno: por lo visto, le da pereza convocar elecciones. Así que
no, no son homólogos. Ni por el forro).
Y como su objetivo era decir verdades, habló y no paró de la
amenaza islamista y del riesgo de que, si no se hace frente a
los ayatolás, la Primavera Árabe acabe derivando en el Invierno
Iraní.
Eso sería una tragedia. Millones de árabes han tomado las
calles para reemplazar la tiranía por la libertad, y nadie
podría obtener más provecho que Israel si quienes están
comprometidos con la libertad y la paz acabaran
prevaleciendo.
Del futuro promisorio, conjugado en condicional, hubo de
pasar al presente, bronco y peligroso, repleto de desafíos.
Sobre todo para su país:
El islam millitante se ha hecho con el Líbano y Gaza, y
está determinado a echar abajo los tratados de paz suscritos
entre Israel y Egipto y entre Israel y Jordania. Está
emponzoñando la mente de muchos árabes contra los judíos y
contra Israel, contra América y contra Occidente. Y rechaza
no sólo las políticas, sino la mera existencia de Israel.
¿Moraleja? Que para el Estado judío la seguridad sigue siendo
crucial, no en vano está en juego su supervivencia.
Llegados a este punto, Netanyahu cargó, con firmeza e ironía,
contra los aconsejaores carraca que piden siempre a Israel que
haga ofertas tan generosas que los capos palestinos no puedan
rechazarlas. Lo malo, lo pésimo es que las rechazan siempre,
recordó el mandatario israelí. Por eso se les conoce como los
tipos que jamás aprovechan una buena oportunidad. ¿Sirvió para
algo la generosísima oferta de Barak en 2000? Sí, para que el
sanguinario Arafat desatara la Segunda Intifada. ¿Sirvió para
algo la retirada israelí de Gaza? Sí, para que la Franja se
convirtiera en Hamastán ("El satélite de Irán expulsó a la
Autoridad Palestina enseguida. La Autoridad Palestina se vino
abajo en un día; en un solo día"). ¿Sirvió para algo la retirada
israelí del Líbano? Sí, para que Hezbolá reforzara su dominio
sobre el País del Cedro y se convirtiera en referente para
numerosos liberticidas del Medio Oriente. ¿Sirvió para algo la
oferta de Ehud Olmert en 2008, "aun más amplia" que la de Barak?
Sí, para que Abbás diera la callada por respuesta.
Israel está preparada para tener un Estado palestino en
la Margen Occidental, no una nueva Gaza. Y por eso es por lo
que necesitamos llegar a auténticos acuerdos de seguridad,
que los palestinos simplemente rehúsan negociar.
Tampoco aquí vibraron los corazones de Jiménez & Co.
Israel recuerda las amargas lecciones de Gaza. Muchos de
los críticos de Israel las ignoran. Irresponsablemente, le
aconsejan que vuelva a transitar ese peligroso camino.
Atiendes a lo que esa gente dice y es como si nada hubiera
ocurrido; repite los mismos consejos, las mismas fórmulas
como si nada hubiera ocurrido.
Netanyahu prosiguió poniendo ejemplos bien gráficos de lo
determinante que es para Israel el disponer de "profundidad
estratégica" en términos territoriales ("Exactamente por eso la
Resolución 242 del Consejo de Seguridad no exige a Israel
que se retire de todos los territorios que capturó en la Guerra
de los Seis Días"; que capturó a los ocupantes Egipto y
Jordania, no a la inexistente Palestina, conviene aclarar, ya
que nadie lo hace), y hasta dando lecciones de geopolítica e
historia a Abbás, sobre qué se puede hacer cuando uno tiene
voluntad de ir de la mano de su otrora enemigo, como hicieron
Estados Unidos y Japón (y Alemania) después de la Segunda Guerra
Mundial. Fue entonces que insistió: primero hay que firmar un
acuerdo de paz y después, y sólo después, poner en pie el Estado
palestino. (¿Pero no están haciendo los palestinos lo mismo que
hicieron los israelíes en el 48? No, no están. Atiendan a
este extraordinario artículo de Efraim Karsh).
Los palestinos deben firmar la paz con Israel, y entonces
tendrán su Estado. Pero además quiero decirles otra cosa:
cuando ese acuerdo se firme, Israel no será el último país
en saludar a Palestina como nuevo miembro de la ONU. Será el
primero.
Netanyahu no aprovechó el momento propicio –aquí sí cosechó
aplausos– para recogerse y devolver palmaditas. Sino que siguió
hablando, porque aún le quedaban verdades que exponer: el
cautiverio inhumano del soldado Guilad Shalit a manos de la
organización terrorista Hamás ("Todas y cada una de las naciones
aquí representadas deberían exigir su inmediata liberación. Si
ustedes quieren... si ustedes quieren aprobar hoy una resolución
sobre el Medio Oriente, debe ser ésta"), el trato que da Israel
a sus minorías frente a lo que pasa y –si no se le pone remedio–
pasará en los Territorios ("El Estado judío de Israel siempre
protegerá los derechos de todas sus minorías, incluidos los de
sus ciudadanos árabes, que son más de un millón. Me gustaría
poder decir lo mismo del futuro Estado palestino, pero
funcionarios palestinos dejaron claro el otro día [...] que no
permitirán que haya judíos en él. Será un Estado libre de
judíos, Judenrein. Eso es limpieza étnica. Hoy en día
hay leyes en Ramala que castigan con la muerte el vender tierras
a judíos. Eso es racismo. Y ustedes saben a qué legislación
evoca") o la letal ambigüedad de Abbás en asuntos donde la
claridad es imprescindible ("El presidente Abbás [...] ha dicho
que el núcleo del conflicto son los asentamientos. Qué extraño.
Nuestro conflicto crepita desde casi medio siglo antes de que
hubiera un solo asentamiento israelí en la Margen Occidental.
Así que, si lo que dice el presidente Abbás es cierto,
entonces... me pregunto si cuando habla de "asentamientos" se
refiere a Tel Aviv, Haifa, Jaffa, Beersheva. Quizá fue eso lo
que quiso decir cuando el otro día afirmó que Israel llevaba 63
años ocupando Palestina. No dijo desde 1967, sino desde 1948").
En el cierre, y ya con la misión cumplida, el halcón
Netanyahu se convirtió en alba paloma e incluso se dejó atrapar
en las redes de la cursilería; para que luego digan que no está
dispuesto a hacer concesiones dolorosas.
Hay un viejo dicho árabe que dice que no puedes aplaudir
con una sola mano. Es un dicho igualmente cierto para la
consecución de una paz verdadera. No puedo hacer la paz sin
usted. Presidente Abbás: tiendo mi mano, la mano de Israel,
en son de paz. Espero que usted la tome. Los dos somos hijos
de Abraham. Mi pueblo lo llama Avraham. Su pueblo lo llama
Ibrahim. Compartimos el mismo patriarca. Habitamos la misma
tierra. Nuestros destinos están entrelazados. Permitamos que
se haga realidad el sueño de Isaías: "La gente que camina en
la oscuridad verá una gran luz". Permitamos que esa luz sea
la luz de la paz.
Autor: Mario Noya jefe de
Suplementos de LIBERTAD DIGITAL
Fuente:
Libertad Digital |