Oriente Medio
'Tsunami' Hamás
Por Pilar Rahola
Cuenta mi buen amigo Henrique Cymerman, con su punzante ironía, que los
vendedores de rababas (las lindas guitarras beduinas) tendrán que dejar de
cantar sus tradicionales alabanzas al presidente palestino y empezar a entonar
versículos islámicos. A pesar de la perplejidad de muchos y de la sorpresa de
algunos más, la organización Hamás ha ganado las elecciones con rotundidad
inapelable, y el escenario que se abre ahora es tan incierto como siniestro. No
se me escapan las voces que intentan, apresuradamente, hacer lecturas
posibilistas del éxito islamista, pero creo que se basan más en la necesidad
imperiosa de encontrar motivos para el optimismo que en el contraste serio de la
realidad. Hamás no sólo es una organización integrista islámica cuyo método de
trabajo es el terrorismo y cuya filosofía ahonda en las bases aterradoras del
totalitarismo nihilista. Es que, además, su prestigio se asienta en tres
compromisos innegociables: no a la paz con Israel, sí a la destrucción de Israel
y sí a la creación de una república islámica desde el Mediterráneo al Pacífico.
Ni tan sólo existe en su ideario la voluntad intermedia de un Estado palestino y
sólo hace falta leer su abundante literatura, incluida su acta fundacional, para
saber que estamos ante un fenómeno que usa la causa palestina como dinamita para
una causa superior. Por eso el Irán del enloquecido Ahmadinejad se ha apresurado
a mostrar su euforia y por eso mismo Hamás ha sido nutrido durante décadas con
millonarios fondos provenientes de la revolución jomeinista. Ello sin menoscabar
las ayudas saudíes, en su momento relevantes, y la siempre impagable ayuda siria.
Aconsejo la lectura de los textos que Hamás usa como manual en sus muchas
escuelas de adoctrinamiento, en los que, además de alimentar un discurso de odio
antisemita clásico, alienta el odio global contra Occidente. Por dar detalles
esperpénticos, sólo recordaré que considera que organizaciones "judías y
cruzadas" como el Rotary Club son enemigas del islam. Y por supuesto, en lo que
es un clásico de la teórica fundamentalista, habla de la Carta de Derechos
Humanos como una agresión a la cultura islámica. En las más de 30 páginas del
texto, ni una sola vez defiende la creación de un Estado palestino, pero son
abundantes las retóricas a favor del califato islámico mundial. Ésta es la
organización que ha asesinado a centenares de personas de toda edad y condición,
enviando a Israel a jóvenes adoctrinados en el amor a la muerte. La misma que,
gracias a sus fondos económicos inacabables, ha hecho una labor social siempre
vinculada a una sistemática limpieza de cerebro, y la misma que ni tan sólo
permite que las madres de los suicidas lloren las pérdidas de sus hijos. El
propio Rantisi, líder indiscutible de Hamás hasta que fue alcanzado por un misil
israelí, se jactaba de estar "educando" a su hijo mayor para que fuera un
suicida. Teniendo en cuenta el avance global del integrismo en el mundo, el
papel cada vez más agresivo de Irán y la global indecisión europea, no puedo
entender de dónde sacan municiones para el optimismo algunos analistas del
posibilismo. Hamás es hoy más fuerte que ayer y, desde su perspectiva, debe de
creer que no ha errado el camino. Por tanto, ¿para qué cambiar de objetivos?
Puede que suavice algo la retórica, pero su identidad fundamentalista es
inequívoca y está profusamente alentada desde todas sus plataformas de
influencia.
En esta tesitura cabe preguntarse quiénes son los responsables de haber llegado
a este callejón de difícil salida y de que, lentamente, los palestinos hayan ido
sucumbiendo a la seducción islámica. Sin duda, los primeros responsables fueron
los propios israelíes, que en su lucha contra el terrorismo "socialista" de las
milicias de Arafat permitió que en la década de 1980 apareciera el fenómeno
islámico. En ese momento, extraordinariamente bien nutrido con dinero saudí,
Hamás sólo parecía una organización asistencial opositora al todopoderoso rais,
e Israel cometió el mismo error que cometió Estados Unidos con los talibanes
afganos: creer que era un fenómeno menor y sobre todo controlable. En la
dinámica de guerra fría, nadie podía imaginar que el problema del mundo, en
pocas décadas, se llamaría integrismo islámico. Sin embargo, los grandes aliados
de Hamás han sido muchos y tienen nombres y apellidos. El primer gran aliado fue
durante años la propia Autoridad Nacional Palestina, cuya corrupción monumental,
métodos autoritarios, cultura de la confrontación y enriquecimiento personal
dejaron desamparados a miles de palestinos a su suerte, sobre todo a la suerte
de un Hamás que los cuidaba y los tutelaba. Sin ninguna duda, Hamás es la más
importante y la más pesada herencia de Arafat. Aliados, también, los diversos
países árabes que han financiado sus atentados terroristas, han pagado sus
escuelas de odio y han permitido consolidar su imponente logística. Arabia Saudí,
Siria y, sobre todo, Irán son los países que han desviado millones de dólares,
no para consolidar un escenario de paz en la zona, sino para alimentar el
terrorismo suicida. Y por el camino, para consolidar la visión integrista del
islam. Y por último, aliada de Hamás ha sido Europa, que nunca quiso saber qué
hacía Arafat con los millones de euros que llegaban a sus arcas, nunca se
preocupó de lo que se enseñaba a los niños palestinos y, por la vía de
criminalizar a Israel, perdonó todos los abusos, corrupciones y violencias que
se han cometido durante décadas en nombre de Palestina. Por no permitir, ni tan
sólo permitió la comisión de seguimiento de la ayuda europea a la ANP que pidió
un eurodiputado francés. Y desde luego, siempre minimizó el terrorismo
palestino.
De todos esos huevos ha nacido una serpiente perversa cuyo contundente éxito no
augura nada bueno. Puede que Hamás vea la luz del racionalismo y cambie de
discurso. Pero eso sería tanto como negar su propia identidad, transmutar
radicalmente su discurso y renunciar a sus objetivos. ¿Tiene sentido que lo
haga? ¿Para qué? ¿Para ayudar a una paz que siempre ha combatido? Hamás es un
elemento más de un problema totalitario que reta al mundo libre. En este caso
usa la causa palestina con eficacia probada. Pero su horizonte es mucho más
lejano y no ahonda en las raíces de la libertad, sino en las cavernas siniestras
del fundamentalismo. Quienes lo ven como posible aliado quizá acaben durmiendo
con su enemigo. Quienes lo consideran el triunfo de la resistencia tienen un
problema con la inteligencia. Y quienes no lo consideran un problema, el
problema lo tienen con ellos mismos.
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Article enviat per : artículo de la periodista P.RAhola sobre Hamás.