LA CANCIÓN DE LITVINENKO

Por Rafael T.Perez

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Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás

                                                                              W.Faulkner

 

 

                                         En los años sesenta la serie "Misión Imposible", que casi tres décadas después saltaría de la pequeña pantalla al cine, se inspiraba en las acciones que los Servicios de Inteligencia de los EE.UU realizaban por medio planeta, operaciones, algunas de ellas, consideradas de alto secreto, para desarrollar las tramas de los guiones que posteriormente representarían los actores. No obstante las películas de "espías" han captado siempre la atención de los incondicionales de este género.

Y, en cualquier caso, cada una de estas películas, como cada uno de los episodios de aquella serie, reflejan el oscuro mundo que se mueve justo al lado del nuestro sin que nos demos cuenta de que mientras los gobiernos de la tierra estrechan sus manos en pomposas conferencias internacionales y rubrican con sus firmas alianzas y proyectos comunes, en el interior de las cloacas de ese mundo invisible, un ejército de individuos sin nombre combate silenciosamente.

Un silencio roto, únicamente, cuando en esa guerra imperceptible, merced a la ausencia de grandes carnicerías y titulares de espanto, se producen los tan inquietantes "daños colaterales" de una guerra convencional a la luz del día.

 

         Es lo que ha sucedido, una vez más, con el asesinato del ex espía ruso Alexander Litvinenko. ¿Se pueden considerar daños colaterales el hecho de que extensas zonas de Londres, incluso el avión utilizado para introducirlo en Inglaterra, y por cuestión de itineraio de la compañía aérea, también ciudades como Barcelona, y de que ciudadanos de varios países hayan sido afectados? nos referimos al hecho de que para asesinar a un solo hombre no se haya tenido en consideración los más que previsibles "daños colaterales" de esa guerra de sombras, ya que utilizando una pequeña cantidad de Polonio 210, estaríamos hablando de una diminuta partícula, han sido afectadas y están siendo estudiadas 1.325 personas, y los servicios de inteligencia británicos temen que el avión que sirvió como inconsciente transporte de tan peligrosa mercancía, y solo en dos días de vuelo habitual por media Europa, se hayan podido contaminar 33.000 personas, para un elemento radioactivo cuya vida se calcula que es de 138 días, en ese tiempo el número de afectados acabaría siendo preocupante, tal vez los efectos serían padecidos por cuatro millones de europeos.

El radioisótopo empleado es un  material altamente tóxico si es ingerido o inyectado en el cuerpo y que puede producir tan elevado nivel de contaminación radioactiva que la persona afectada padece una leucemia fulminante y le sobreviene la muerte en pocas horas, o en apenas unos días.

Los expertos intentan tranquilizar a todas aquellas personas que hayan podido estar justo en los lugares en los que estuvo o paso el ex espía Alexander Litvinenko con la evidencia científica de que este elemento únicamente es nocivo en caso de ingesta o por inyección, pero no por un supuesto contagio derivado del contacto físico.

 

         Hasta aquí los hechos, a partir de ahora la canción de Litvinenko resonará por toda Europa como una letanía de muerte que advierte del serio peligro que corre el mundo libre si permite que un país como Irán, con un presidente como Ahmadinejad logra hacerse con el poder de la energía nuclear. Decía Aristóteles; Según hagas tu cama, así dormirás, Europa, mucho más que los EE.UU, debería replantearse su conducta en el contubernio iraní por la energía nuclear antes de que sea demasiado tarde para hacer nada, los apaños de última hora tienen el inconveniente que al final siempre ponen sobre la mesa demasiados féretros cuya madera podía haberse empleado para construir escuelas, sinagogas o iglesias.

 

         La letra de esta canción que nos ha dejado el ex espía ruso, Alexander Litvinenko, es muy clara y Faulkner lo expresó de una manera que hasta el más tonto de los europeos puede comprender, "Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás", Si Rusia, un país supuestamente aliado de Europa y, presuntamente, compañero de viaje, a pesar de las diferencias, de los EE.UU, es capaz de permitirse el delirio de introducir un elemento radioactivo en un núcleo de población ajena a cualquier guerra, visible o invisible, y no siente el menor impulso de arrepentimiento, si quiera de reflexión antes de desatar el drama, ¿qué no serían capaces de ordenar Ahmadinejad, Nasralla, Haniye, o Mashal, y no solo contra Israel y el pueblo judío, sino también contra la indefensa Europa, todavía nada acostumbrada a combatir al enemigo continuo que es el terrorismo islámico? si Rusia ha podido hacerlo, colarle a los ingleses un elemento altamente tóxico, ¿cree Europa que un Irán nuclear necesita realmente poseer enormes y afilados misiles con cabezas nucleares hasta por debajo de las aletas de posición? Esta es la canción de Litvinenko, la canción que nos ha dejado como advertencia "colateral" a una muerte que en absoluto tiene nada que ver con el terrorismo islámico y, sin embargo, los hechos que se han sucedido deberían de servirle a Europa para despertar de su sueño antes de que se transforme en pesadilla.

 

    En esa guerra invisible, que libran los ejércitos de la noche, la realidad se transforma en las letras frías de una advertencia hecha canción póstuma, Litvinenko con su muerte le ha podido decir a Europa lo malo que es Putin, pero también, y tal vez sin quererlo, ha advertido a los europeos que si hay un hombre que ha podido hacerlo, transportar e introducir la muerte, es porque se puede hacer.

Como reza un dicho popular; Sólo hay tres cosas que no pueden volverse atrás : las flechas, las palabras y las oportunidades perdidas. Mientras el pueblo judío no puede permitirse perder una sola para sobrevivir a los carniceros de cada generación, Europa las está perdiendo todas.

 

Rafael T.Perez

02 Diciembre 2006

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