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LUDIBRIUM La leyenda Por Rafael T.Perez
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| Se cuenta que un día se reunieron todos los animales del
mundo para discutir quien de todos sería capaz de transmitirle al hombre
un mensaje. A tal fin la convocatoria se llevaría a cabo en un lugar, de
cierto, apartado y seguro en el centro de una selva inexplorada, para
evitar así que el hombre pudiera descubrirlos y destruir todo intento de
comunicación entre las diferentes especies animales con la especie más
animal de todas, el hombre.
El rey de la selva solicitó la colaboración de las aves, a quienes comisionó la trascendencia de comunicar por todos los continentes tan extraordinaria reunión, no era cosa de tomar a la ligera y era menester que aun si no podían asistir todas las bestias, si al menos pudieran enviar a sus representantes. Era una muy importante reunión y nadie debía sentirse ajeno a ella, el futuro del planeta estaba en juego y la inconsciencia del hombre estaba poniendo en peligro la armonía de la naturaleza y la experiencia de la vida. No era la primera vez que el reino animal se congregaba en torno a esta sola idea, salvar el planeta de la irresponsable acción de esa especie que llaman "humana". En cualquier caso ya estaba claro que el orden había sido alterado, los irracionales no eran sino aquellos individuos que andaban a dos patas y construían ciudades infectas que contaminaban el aire y por cuyos sórdidos subterráneos discurrían miles de toneladas de desperdicios transportadas por ríos de excrementos. Ya hubo otros intentos de comunicarse en el pasado, primero enviaron al grillo, pero los insecticidas acabaron con todos los mensajeros, luego enviaron al cerdo, por eso de poseer alguna afinidad en cuanto a ciertas costumbres anti higiénicas, pero lo encerraron en granjas, más tarde enviaron al chimpance pensando en que el parecido les haría recapacitar y escuchar a un primo lejano, y de nuevo el hombre tan merluzo como siempre optó por encerrarlo en zoológicos por eso de que les pareció un bicho simpático. Quizá esta sería la última oportunidad, y por eso el león reflexionó mucho en cuanto al animal que debían elegir, en esta ocasión debería ser alguno que, además de muy capacitado, contara con la confianza del hombre, un animal cuyo mensaje pudiera ser perfectamente entendido y no acabara en equívoco...¿pero quién sería?. Dificil elección, sin duda. No había tiempo que perder y en tan solo un mes todos los animales del mundo, todas las especies, desde la más grande hasta el ser vivo más insignificante en cuanto a su tamaño, tenían conocimiento de la reunión y el motivo de la convocatoria, y todos sin excepción acudirían al llamado del rey...todos menos uno, el cerdo, puesto que ya habitaba entre los hombres y a pesar de haberse convertido en el plato preferido de muchos de ellos, por otra parte sentía que entre los seres humanos estaba como en su propia casa. ¿Quién se ofrece cómo voluntario?- preguntó el león- y tras unos instantes de inusitado silencio, como si ninguno hubiera entendido la pregunta, un enorme alboroto se formó entre los presentes, barritos, gruñidos, mugidos, ladridos, gritos, bufadas, y entre tanto ruído también se escucharon los trinos de los ruiseñores y las algaradas de los gorriones, nadie se ponía de acuerdo y todos tenían algo que decir. El león frunció el ceño pero supo mantener la regia compostura y luego de pedir a todos los allí convocados que guardaran silencio pronunció un solemne discurso. - No es de ley que nos comportemos como los hombres, algunos de vosotros habéis vivido tanto tiempo entre ellos que ya se os han pegado sus malas maneras y pésimas costumbres, ¿acaso no habéis visto que esa raza que llaman humana se comportan como salvajes sin cerebro? - mirando hacia las nutrias añadió- ¿cuándo entre nosotros se ha visto un ejército de nutrias lanzarse en formación contra la nación de los castores?, ¿o cuándo un escuadron de águilas caer en picado sobre las ciudades de los pacíficos topos?, eso es cosa de los hombres pero no es así como nosotros nos conducimos. Bastante desgracia tenemos ya con que ellos nos consideren a nosotros como los seres más irracionales del planeta ¿irracionales? no son los elefantes quienes contaminan los ríos ni vosotras las cigueñas quienes provocáis la lluvia ácida, tampoco sois vosotros los patos quienes inventásteis las guerras...fue el hombre. Sin embargo estamos condenados a convivir con ellos y con sus grandes y perniciosos errores. Y por esta razón tenemos que hacer algo ahora, antes de que no haya más tiempo para el remedio. ¿Quién de vosotros irá hoy a las ciudades y a las aldeas, a las naciones y a los pueblos y les hablará en nombre de todo nuestro reino para que dejen de comportarse como hombres y por una vez comprendan, que si persisten en sus habituales modos, ellos son los únicos irracionales del planeta?. Baaaah -exclamó el macho cabrío- rey, muchos hombres son ya como uno de nosotros. ¿Por qué insistir en que cambien si no van a cambiar?. El hombre -intervino la serpiente- esa bestia que es el hombre sabe arrastrarse para el mal de la manera que nosotras nunca lo haríamos ¿para qué hablarles entonces?. Uno a uno fueron expresándole al rey cuáles eran los temores y cuáles las experiencias ya probadas acerca de que no había forma animal de hacer comprender al hombre que su destino como especie era la extinción, acontecimiento que única y llanamente le llegaría por su increíble propia estupidez. Exclamó el pequeño ratón - ¡Dejemos que se extingan y luego nos comemos todo su queso!. ¡Si! acordaron todos los animales, ¡dejemos que se aniquilen entre ellos y se extingan, eso es lo que se merecen!. Nuevamente el león solicitando el silencio de todos los presentes volvió a hablar y les dijo: Hermanos de todas las naciones del mundo animal, no podemos dejar al hombre a su suerte porque nuestra propia vida depende de la suya, si ellos destruyen finalmente el planeta, también nosotros pereceremos juntamente con ellos. Tenemos que hacer algo y tenemos que hacerlo ahora. Oh rey -intervino seria la lechuza- le enviamos al grillo y lo fumigaron porque les molestaba ¿acaso entendieron su mensaje?, luego le enviamos al cerdo, de eso hace ya tres mil años y hoy no sabemos cuál de los dos ha copiado las caractrerísticas del otro, el cerdo parece un hombre y el hombre se comporta como un cerdo, por lo menos algunos. Más tarde enviamos al chimpance, y al hombre le pareció tan gracioso que hubiera un ser capaz de imitar sus tonterías que lo premiaron secuestrándolo y encerrando a casi toda la especie en circos y en jaulas. Poco después enviamos al elefante y ese fue, me temo uno de nuestros más graves errores, ahora a causa de la ambición del hombre, la nación elefante está al borde de la extinción a causa del marfil de sus grandes colmillos. Y tampoco el ser humano entendió el mensaje y creo que estaba perfectamente claro ¿o no? -preguntó la lechuza mirando a los convocados, los cuales asistieron a cada una de sus palabras-. Y si mal no recuerdo...no mucho después decidimos enviar al loro por eso de que podía articular palabras en su idioma ¿y de que sirvió? lo secuestraron tambien, utilizando el ruín método de la galletita. Más tarde enviamos al pavo real, tu servidor más fiel, pero el hombre no entendió el mensaje y tan solo copió la vanidad. Rey, creo que tenemos un serio problema, a todos los mensajeros que enviamos les ocurre alguna desgracia, y ninguno ha regresado, aquellos que no son encerrados, acaban en sus platos, y los que no acaban en sus platos sirven para cultivar las tristes y macilentas flores morturias de la sabana, de la selva, de los pantanos o de las montañas. Basta rey, que el hombre en su obstinada búsqueda de la autodestrucción se destruya para siempre. Enviemos hordas de mosquitos que les envenenen la sangre, enviemos a la nación blatea para que inunde sus casas desde sus infectas cloacas, enviemos a nuestras aves para que les ataquen, a nuestros hermanos los perros para que estando entre ellos les contagien de rabia... ¡Basta lechuza! replicó airado el rey, ¿acaso somos nosotros todos como esos humanos, expertos en el arte de la guerra? ¿acaso somos nosotros, los animales, tan villanos, rastreros, y ruínes asesinos despiadados como esos que se hacen explotar entre los de su misma especie? ni las hienas ni los coyotes se portaron jamás así ni ninguno de nosotros. Si la humanidad es lo que hace grande al hombre, he aquí que toda la nación presente expresa mayores sentimientos de humanidad que esos que dicen llamarse hombres. Ya sabemos de lo que el hombre es capaz de hacer, puede ascender por las verdes laderas de las montañas hasta alcanzar las más altas cimas de la razón y sin embargo decender estrepitosamente hasta el más profundo de los abismos de la irracionalidad más contumaz ¿no sabemos esto?. Si, todos lo sabemos. Por ello tenemos que persistir hasta que nos escuchen, que escuchen lo que nuestro reino tiene que decirles, navegamos juntos por el universo, todos en el mismo barco que es nuestro planeta, luego estamos concernidos a entendernos y a convivir en paz unos con otros. Cuando hubo concluído, nadie se atrevió entonces a pronunciar palabra, un sentimiento de honda reflexión inundó las mentes y los corazones de todos aquellos a los que el hombre tiene por animales. Entonces de nuevo la lechuza, luego de meditar en la respuesta, rompió la frágil aura de silencio y le habló al león -Rey, considera nuestros muchos fracasos antes de enviar a otro de nuestros hermanos a un futuro incierto, porque ninguno de los que antes fueron lograron hacerse entender por el hombre, quien a la sazón tan solo copió para el mal la presencia de nuestros mensajeros. El hombre es en muchos casos sucio como un cerdo, ruidoso como el grillo, vanidoso como un pavo real, utiliza la lengua como el loro, es peligrosamente imitador de la torpeza como el chimpancé, y devastador como el elefante cuando camina por los angostos senderos de la selva aplastando inconsciente todo lo que encuentra a su paso. ¿A quién enviarás que pueda ser escuchado pero al que el hombre no pueda imitarlo? Y el rey respondió -al asno- ...Y aquellos hombres con los que el asno se encontró por el camino en el cumplimiento de su ardua misión...por supuesto que no entendieron el mensaje del rey ¿alguien creyó lo contrario?, pero aprendieron, eso si, a rebuznar como los asnos. Rebuznos de la derecha del pasado, pero también de la izquierda europea del presente que anima y aplaude el terror cuando las víctimas son judías, rebuznos de todos aquellos antisemitas que por el solo odio al judío, se complacen en el falso propalestinismo de los idiotas, rebuznáis como los asnos cuando en un ejercicio de estúpida incoherencia apoyáis la creación de un estado invisible para la historia pero guardáis silencio ante los terribles delitos que así mismos se causan visitendo de bombas a sus propios hijos. Es igual, seguid rebuznando, la verdad histórica solo tiene un camino y al final os hará testigos directos de vuestros errores y víctimas nescentes de vuestros odios. Rafael T. Perez |
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