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MASSADA SHALL NOT FALL AGAIN Masada no caerá otra vez
Por Rafael T.Perez
Si tienes una voz dulce y una mano suave, con un hilo conducirás a un elefante. Proverbio hindú
Hablábamos en el artículo anterior, los efectos secundarios del odio, que, en términos de antisemitismo y judeofobia, que este y la estupidez se encuentran estrechamente vinculados el uno al otro, unidos entre sí de tal manera que no es fácil determinar si la estupidez del que odia es un efecto secundario de ese odio o si tal vez sea el odio el efecto de la estupidez misma, lo cierto es que ambos son causa y efecto de una acción-reacción circular. En cualquier caso aquellos no son los únicos efectos secundarios del odio, puesto que, finalmente, el sujeto que se entrega al odio total termina siendo devorado por su propio afán de odiar. El odio es un mal amo, te ofrece las extensas llanuras de la victoria a cambio de tu sometimiento absoluto para al final descubrir que esas extensas llanuras no son nada más que angostas y sombrías gargantas donde ni el más leve rayo de luz puede entrar, es en ese momento cuando ese amo cruel se apresura a cobrarse el precio sobre el pobre infeliz que aceptó convertirse en su más fiel siervo, perdida la razón, y habiendo renunciado a toda dignidad humana. Como hemos comentado en otras ocasiones y en otros despachos, el odio termina siempre por consumir y destruir a quienes viven, crecen, trabajan, educan, actúan, piensan y en definitiva habitan bajo su negro manto y se nutren de su hálito. Este es el auténtico efecto secundario que no solo es observable en el comportamiento de quienes odian al pueblo judío, sino que el fin que les aguarda es absolutamente predecible, ha sido el mismo fin logrado por todas aquellas sociedades y todos aquellos individuos, que a lo largo de la historia supusieron que su odio bastaba para aniquilar al pueblo judío.
El odio es ciego, pero su derrota es para los ojos del mundo perfectamente visible.
Lo que ocurre con el presunta identidad "palestina" es tan solo el efecto, el entreacto de lo que le espera, primero a esa presunta identidad extraída del imaginario islámico, y segundo al mundo entero, puesto que en "palestina" las naciones occidentales pero también las orientales, y las del norte y las del sur, obtienen una visión panorámica del escenario en el cual el mundo entero va a ser actor. Ya que lo que el pueblo judío vive al tiempo presente, hostigado por el odio y el terrorismo surgido de ese odio, es lo que todo el planeta va a poder degustar con el mismo agrio sabor de la desesperanza, Ahmadinejad vaticina la desaparición de Israel como hecho que traerá al fin la paz en todo el planeta, el presidente iraní no dice nada que no haya sido escuchado antes, se ha convertido tan solo en la voz de toda una sociedad, la islámica, que desde tiempos pretéritos ansía la muerte física de Jacob. Ahmadinejad es pues el portavoz de ese sueño casi cuatro veces milenario, como lo son sus comparsas Nasrala y Meshal y lo fueron antes que él Arafat, Nasser, Hitler, Stalin, los zares, reyes y demás huesos inútiles que se pudren en las profundidades de la tierra. Pero si Israel desapareciera, como tanto anhelan quienes nos odian, en vez de paz mundial se produciría un vacío tan abismal en el planeta que Marte aprovecharía insano el momento para rellenarlo de sí mismo.
Quizá la mejor manera para comprobar que estamos en lo cierto sería esta precisamente que el pueblo judío desapareciera de la faz de la tierra, entonces toda celebración y alborozo inicial dejaría paso al instante en que se transformaría en un grito de espanto, al comprobar que la paz propuesta por cualquiera que sea el Ahmadinejad de turno se descubriera como una falsa promesa de esperanza. Atención a los enemigos de Israel sí, pero sin dejar de observar que detrás de todo César, siempre puede haber un bruto. ¿Y qué tiene que ver el irracional y profundo odio que albergan hacia el pueblo judío e Israel quienes se hacen llamar así mismos "pueblo palestino" con Masada? ¿qué tiene que ver con Israel?. En las guerras de los judíos, Flavio Josefo nos ofrece la inquietante respuesta, independientemente de que algunas de las fuentes talmúdicas atribuyan la caída de Jerusalén y la destrucción de Israel a manos de Tito a una simple gallina mal repartida, lo que Flavio Josefo advierte es que en el Israel del año 70 además del odio común hacia la dominación romana también existía el odio entre sí, tres grupos, dice Flavio Josefo, había en Israel que se odiaban entre sí y se combatían con tanto ímpetu como juntos combatían contra el Imperio romano, y fue en el sitio a Jerusalén donde los odios particulares causaron una mayor tragedia que la que pudieran causar las legiones enviadas por Roma una vez tumbadas las murallas. La gallina de la que habla el Talmud quizá sea el relato simbólico que refiere un hecho real, el hecho de que el pueblo judío estaba dividido en tres grupos que se odiaban entre sí y en vez de luchar juntos contra ese enemigo común, se dedicaron a luchar entre ellos y a negarse el pan, el reposo, y la recuperación de fuerzas entre asalto y asalto de las legiones imperiales. Jotapata cayó, en Cirene se produjo una masacre, Galilea sucumbió bajo el asfixiante peso de la bota romana, los muros de la ciudad no resistieron más, cayó también la torre Antonia desde donde hacían huir a los legionarios y Jerusalén fue destruida, tal vez Tito no reparó en ello, pero tuvo en el odio que se manifestaban entre sí los diferentes grupos judíos a un poderoso aliado, todavía no había entrado el último soldado en la ciudad y aun se estaban matando entre sí los resistentes mientras procuraban salvar sus vidas intentando escapar por entre las ruinas.
Es un juramento, Masada no caerá de nuevo, pero no caerá si el pueblo judío de hoy no consiente caer en los errores del pasado ni en los errores de los irracionales primos árabes, ¡que haya debate, que surja la discusión, que se discuta, se dialogue y reflexione!, pero que nunca el pueblo judío caiga en el horror y en la trampa del odio, sea este presentado como una idea política, como una esperanza religiosa, o como una gallina esperando ser, esta vez, mejor repartida. Que Masada no caiga de nuevo depende únicamente de que el pueblo judío en su conjunto no pierda la esperanza de sobrevivir al Faraón de este siglo, pero sobre todo de que por mucho que discuta entre sí, nunca llegue a la división que causa el odio. Ese es el error grave, y del todo predecible que han cometido y al que están destinados, aquellos que proclaman ser el orgulloso "pueblo palestino" el cual, según afirma Ismail Haniye líder de la organización terrorista hamas, el cual destruirá a Israel y verá ondear la bandera verde del islam en Jerusalén.
Debemos aprender de los errores ajenos, para no caer en ellos, porque si al final cometemos sus mismos errores, no solo compartiremos el error sino también su fracaso. Solo así Masada no caerá de nuevo.
Rafael T.Perez 27 diciembre 2006 |