¿ANTES O DESPUES?

 

        Frente al brutal atentado en España, la herida sangra y tardará en coagular. La herida fue a su vez manoseada por la ambición de retener el poder y acusar al que está en capilla. Pero, fue diferente aunque no dudado de que el enemigo por algún lado fuera a atacar a quienes lo atacaron. Y este es el gran dilema que padece tanto Europa como EE.UU. y es que en medio de bombas, nube tóxica de los detonantes y muertos, muchos muertos, decenas, centenas, la multitud no razona.

Haciendo memoria, la Unión Europea olvidó que en 1972, cuando los terroristas islámicos de ayer, los fundamentalistas de hoy, atacaron la Villa Olímpica de Munich, los deportistas árabes e israelíes compartían sin problemas ese maravilloso predio donde los hombres y mujeres de mundo fueron a disputar sus capacidades físicas y no sus odios.

Pero el enemigo siempre atento desató, por primera vez en Europa su táctica, su técnica, su objetivo. Los terroristas no tenían ningún problema con el gobierno alemán como para atacar su territorio y aprovechando el esfuerzo que significa albergar a miles y miles de personas de todo el mundo hirió su buena fe.  Alemania, a partir de ese luctuoso asesinato de 11 deportistas israelíes creó una fuerza de elite antiterrorista como consecuencia de lo ocurrido y a partir de ese ataque Europa no descansó más de la sospecha y el miedo.

Y Europa siguió codeándose con los capitales árabes que redituaban muchos beneficios a sus arcas y más allá de los bancos los árabes encantados con el confort, la belleza, el sol, las casas, el mar, las mujeres y ropas y joyas invadieron a la Europa Occidental. Las mujeres de los jeques con sus escoltas y alforjas llenas de dólares se compraron todo para lucir en sus palacios. Se las podía ver desfilar por la Rue Saint Honoré con sus tapados de visón, sólo para el clima de Europa y con los brillantes relucientes a pleno día. Las mujeres árabes comunes vaciaron los estantes de Mark and Spencer de Londres, de capitales judíos, y se las podía ver en la puerta con tijeras cortando las etiquetas para llevárselas a sus países enemigos de Israel.

Y así como la gastronomía habla de delicatessen centro europea en sus menús, tratándose de comidas típicas judías que son digeridas por más de un antisemita mientras es un xenófobo declarado, miles de árabes se excitaron con los corpiños, bombachas, portaligas, corsés y otros diseños en encaje y seda natural de sus mujeres propias y compradas vendidas por capitales judíos.

Esto y mucho más, desde ser dueños de hoteles y casinos hasta de los más grandes negocios, han funcionado a petróleo y fortunas, en estas últimas décadas cambiando la identidad de una Europa que lo aceptó a cambio de mercados y dinero. Entre todo ese lujo y democracia se infiltraron ideologías también financiadas por esos exóticos visitantes y residentes que terminaron por hacer de Europa lo que es: una atmósfera enrarecida de odio al Occidente que les dio confort y al que envidian teniendo la posibilidad de progresar pero no el propósito de emprenderlo para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos.

La paradoja de todo esto es el olvido al que me referí de la convivencia a base de la conveniencia durmiendo con el enemigo, como reza el título de aquella famosa película.

Si España hubiera sufrido el desgraciado ataque del que fue víctima el 11 de marzo sin haber entrado en la Guerra de Irak por decisión unilateral de su gobierno como sucedió, hoy la multitud que grita en contra pediría que se enviaran tropas para defenderse del terrorismo.

¿Es que el Gobierno de Aznar no fue elegido por el pueblo? ¿Qué pasó con su Congreso y sus representantes que no lo impidieron? ¿El reciente Presidente electo Zapatero después de las consecuencias sufridas debatirá qué con los separatistas vascos y los catalanes si lo único que quieren es su independencia? ¿Le hará frente a los Estados Unidos? ¿Debilitará la presencia de las tropas de los países que se involucraron? Esto y mucho más es en lo que hay que pensar a partir de ahora. Antes o después tanto el hombre como sus dirigentes deben tomar una posición ante la crítica situación que vive la humanidad. Después del 11 de septiembre el mundo se dividió o lo dividieron en dos: Occidente y Oriente, o se pertenece a una cultura u a otro bando. Personalmente soy occidental, democrática y judía y lo que vi y viví en todos mis viajes a Europa me llevaron a todas estas reflexiones. Es que todavía la sangre de la industria y el consumo es la sangre negra de los pozos de petróleo pero cuidado, que cuando se derrama destruye y su brea queda impregnada en todos y mata.

MARTHA WOLFF

 

Fuente: www.porisrael.org