Centenares de miles de musulmanes se echan a las calles de Oriente Próximo

 

JUAN CIERCO. CORRESPONSAL   http://www.abc.es/internacional/noticia.asp?id=221937&dia=hoy

sábado 22 de noviembre de 2003
 

Las consignas que proclaman la muerte y destrucción de Israel, Estados Unidos y sus aliados fueron coreadas ayer en muchas capitales islámicas
 

JERUSALÉN. Los brutales e injustificables atentados terroristas acaecidos en los últimos días, en las últimas semanas, en Turquía y Arabia Saudí, y los ataques de la resistencia iraquí contra las tropas estadounidenses, británicas e italianas desplegadas en territorio iraquí han conmocionado a una opinión pública internacional que, de paso, se vuelve hacia Israel y los Territorios Ocupados Palestinos para buscar una salida al sempiterno conflicto que invalide coartadas, excusas y argumentos utilizados por los radicales islamistas para explicar su Guerra Santa contra Occidente.

«La raíz del mal»

El epicentro de la crisis perpetua en Oriente Próximo se ubica en tierras israelíes y palestinas y su radio de acción va mucho más allá de lo que muchos querrían. De ello se encargan de recordarlo de manera permanente los países islámicos que tienen entre ceja y ceja a Israel y a su aliado norteamericano.

Ayer, viernes 26 de Ramadán, día más sagrado en la religión mahometana, con lo que ello significa en el mundo musulmán; Día Internacional de Jerusalén, con lo que ello supone en la conciencia de millones de árabes y persas, centenares de miles de personas se tiraron a la calles, apenas 24 horas después de los brutales atentados que sacudieron Estambul, para denunciar a Israel, a Estados Unidos, a Gran Bretaña; quemar efigies y retratos de George W. Bush y Ariel Sharón; clamar por la muerte de Londres, de Washington, de Tel Aviv; instar a la Guerra Santa, a la Yihad Islámica; demostrar su apoyo y solidaridad a los palestinos, y echar más leña a un fuego que no ha dejado de arder en la región en los últimos 55 años y que amenaza ya con quemar millones de hectáreas más allá de sus fronteras.

Manifestaciones multitudinarias

Centenares de miles de iraníes desfilaron por las calles de Teherán, encabezados por el presidente reformista, Mohamed Jatamí. Decenas de miles de libaneses se concentraban en Beirut para escuchar los furibundos mensajes del líder de Hizbolá, el jeque Hassán Nasrallah, que amenazaba con atacar el corazón mismo de Israel con el largo brazo de la resistencia y culpaba a Estados Unidos de los últimos atentados en la región; quince mil nigerianos musulmanes paseaban por la ciudad de Kano su ira contra Israel y Occidente; diez mil habitantes de la tranquila capital de Bahrein, Manama, se sumaban a las protestas en la distancia; como también lo hacían por primera vez miles de chiíes iraquíes en Nayaf, bajo la no muy lejana mirada de las tropas españolas.

Manifestaciones que también tuvieron lugar en otras capitales árabes y, por supuesto, en los Territorios Ocupados Palestinos, donde los dirigentes de Hamás y el Yihad Islámico aprovecharon la ocasión para encender ánimos y denunciar asimismo los llamados «Acuerdos de Ginebra» que se abren paso, poco a poco, por los corredores políticos y diplomáticos internos y foráneos. En medio de este grito común de odio, ira, sed de venganza, siempre hacia los mismos destinatarios, siempre con los mismos objetivos, siempre cercano a un terrorismo despiadado que no apoya pero dice comprender, Ariel Sharón salía a la palestra, acosado por diversas iniciativas de paz y una presión interna de sus propios servicios de seguridad, cada vez más fuerte, para amenazar con poner sobre la mesa su propia y particular «Hoja de ruta».