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Siria e Irán siguen controlando el LíbanoPor Walid Phareshttp://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276231724 8 de mayo de 2006
Mientras los controles sirios se han desvanecido en Beirut y las diversas regiones del Líbano, en las mentes de la mayoría de los libaneses y de sus amigos en todo el mundo rondan muchas preguntas. La verdad, toda la verdad, no es aún de dominio público. ¿Qué causó la abrupta retirada siria? ¿Fue completa? ¿Qué provocó el no cumplimiento de la resolución 1559 de la ONU, que pedía la liberación y el desarme? ¿Qué pueden hacer Estados Unidos, Europa y la comunidad internacional para ayudar a la sociedad civil libanesa, un año después de su supuesta emancipación, a conservar su lugar entre las democracias?
Cuando se revisan los
sucesos que llevaron a
Siria a salir del Líbano
en abril de 2005, así
como los que se han
venido registrando desde
entonces, pueden
constatarse las
siguientes realidades:
– Fue gracias a los
esfuerzos de los grupos
de presión de la
diáspora libanesa y a
las fuerzas de la
sociedad civil del país
que las democracias
occidentales, lideradas
por Estados Unidos y
Francia, decidieron
acudir al Consejo de
Seguridad de Naciones
Unidas y promover la
resolución 1559, en la
que se demandaba al
régimen sirio que
retirase sus fuerzas del
Líbano, desarmase a las
milicias y promoviera la
democracia.
– Fue gracias a la
resolución 1559 y a la
valiente respuesta de
las masas libanesas, el
14 de marzo de 2005, al
asesinato del ex primer
ministro Hariri (14 de
febrero) y a la
manifestación prosiria
de Hezbolá (8 de marzo)
que la Revolución de los
Cedros rompió la barrera
del miedo de la
represión siria: un
millón y medio de
personas inundaron el
centro de Beirut.
– Fue gracias a las
vigorosas advertencias
(en respuesta a la
Revolución de los
Cedros) del presidente
de EEUU, George Bush,
del presidente de
Francia, Jacques Chirac,
y de otros líderes
mundiales al régimen de
Bachar Asad, durante los
meses de marzo y abril
de 2005, que las fuerzas
sirias comenzaron a
retirarse del país.
La retirada siria fue
producto de los
esfuerzos combinados de
la presión
internacional, liderada
por Estados Unidos, y el
levantamiento popular de
la Revolución de los
Cedros. Sin embargo, un
año después del
redespliegue, el Líbano
está aún lejos de
recobrarse:
– Recordemos que las
elecciones legislativas
de mayo de 2005 tuvieron
lugar antes del desarme
de Hezbolá y las otras
milicias yihadistas y
prosirias; los
ciudadanos tuvieron que
votar mientras la
influencia siria en el
Gobierno y las fuerzas
de seguridad era aún
predominante. Anotemos
también que el
presidente prosirio del
Líbano, Emile Lahoud, no
fue desalojado del
cargo. Por tanto, a
pesar de la nueva
mayoría antisiria en el
Parlamento y a la
formación de un nuevo
Gabinete, encabezado por
M. Fuad Saniora, aliado
del difunto Hariri, la
alianza libanesa
auspiciada por sirios e
iraníes ha tenido éxito,
desafortunadamente, a la
hora de bloquear la
ejecución completa de la
resolución 1559 y
empantanar la Revolución
de los Cedros.
– Una campaña terrorista
ha logrado asesinar,
desde mayo de 2005, a un
buen número de
personalidades, como el
político de izquierda
George Hawi, el
periodista liberal Samir
Qassir o el líder
parlamentario Jebran
Tueni, e intentado
asesinar a figuras
mediáticas como May
Chidiac.
– El líder de Hezbolá,
Hasán Nasralá, y los
aliados de Siria en el
Líbano han amenazado con
violencias cualquier
intento de desalojar a
los restos de la
ocupación siria, de
desarmar a las milicias
o de desplegar al
Ejército libanés en el
sur del país o a lo
largo de la frontera
sirio-libanesa.
– Funcionarios y
observadores
internacionales,
norteamericanos y
europeos, han concluido
que el personal de
seguridad sirio
permanece, a lo largo de
las fronteras, dentro
del territorio libanés.
Grupos de derechos
humanos han descubierto
fosas comunes en las
antiguas sedes libanesas
del Mujabarat [1] sirio;
y organizaciones no
gubernamentales, en
representación de las
familias de los
desaparecidos bajo la
ocupación siria,
informan de que
centenares de personas
siguen desaparecidas o
sometidas a tortura en
cárceles sirias.
De ahí que, un año
después de la retirada
oficial del Ejército
sirio, sea justo decir
que en el Líbano hay más
libertad. Pero, al mismo
tiempo, otro "ejército",
bajo control
sirio-iraní, permanece
en el país y está
bloqueando su
recuperación. Por tanto,
en el primer aniversario
de la retirada oficial,
la comunidad
internacional debería
comprometerse a otra
serie de esfuerzos,
quizá más difíciles,
encaminados a la total
ejecución de la
resolución 1559.
En estos tiempos tan
peligrosos, mientras el
régimen de Ahmadineyad
desafía la seguridad
regional e internacional
con sus ambiciones
nucleares, mientras el
régimen de Asad continúa
interfiriendo en el
proceso político de
Irak, apoyando a los
terroristas en las
fronteras, y mientras
Hezbolá continúa
proporcionando
asistencia a grupos
radicales como Hamas o
la Yihad Islámica
palestina, es crucial
permitir a la sociedad
civil libanesa
desarrollar una
democracia completa en
el país.
Es, por tanto,
perentorio que la
comunidad internacional
aumente su apoyo a las
fuerzas de la sociedad
civil, el Gobierno y el
Ejército libaneses en
demanda de un Líbano
soberano, democrático y
plural.
[1] Servicio
secreto sirio.
Depende
directamente de Bachar
Asad.
Hay que desmantelar la Autoridad PalestinaPor P. David Hornikhttp://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276231723 8 de mayo de 2006
Si a lo largo del último medio año hubiera habido seis atentados suicidas en Dinamarca, cuya población es similar en número a la de Israel, la reacción sería una sensación de calamidad y urgencia. El asesinato de una sola persona, Theo van Gogh, por un yihadista sacudió profundamente Holanda y provocó un estado de crisis.
El de la semana pasada
en Tel Aviv fue el 82º
atentado suicida
palestino contra Israel
desde la firma, el 13 de
septiembre de 1993, de
la Declaración de
Principios Israel-OLP.
Sólo en 2006, las
fuerzas israelíes han
capturado a más de 90
palestinos que se
encontraban planeando
atentados o a punto de
cometerlos; esa cifra es
más de la mitad de la
registrada en todo 2005.
Otra analogía: en partes
de New Hampshire, que
tiene aproximadamente el
mismo tamaño que Israel,
un grupo étnico
extranjero reclama la
independencia. New
Hampshire les concede un
alto grado de autonomía,
a falta únicamente de la
independencia, sobre la
base de un acuerdo que
estipula que las
reclamaciones
adicionales se
solucionarán por medio
de negociaciones si se
abandona completamente
la violencia. Pero los
atentados suicidas, los
disparos, los
apuñalamientos y hasta
los ataques con misiles
contra New Hampshire
desde las zonas
autónomas se convierten
en la norma; doce años
después, las fuerzas de
seguridad trabajan en
labores defensivas las
24 horas al día, pero la
gente sigue siendo
asesinada o herida y la
ciudadanía se encuentra
en constante peligro.
El escenario de arriba
es, por supuesto,
inconcebible; en lugar
de dejar que la
situación se prolongase
durante una docena de
años, sin horizonte
visible de solución, New
Hampshire, o cualquier
otra entidad política,
habría reconquistado
tiempo atrás las zonas
autónomas, movida por el
imperativo de proteger a
su ciudadanía de la
muerte y la mutilación.
Cualquier otra entidad
política en el mundo,
excepto Israel.
El motivo de la
estrafalaria contención
de Israel no es ningún
misterio: la entidad que
le ataca, la Autoridad
Palestina, es el ojito
derecho del mundo.
Incluso –en realidad,
particularmente– en los
más posmodernos,
relativistas y
moralmente blasés
países occidentales, la
existencia de esta
entidad se considera tal
absoluto moral, su
desmantelamiento tan
inconcebible, que la
noción de que Israel
haga lo necesario para
salvar las vidas del
próximo grupo de
israelíes que
inevitablemente saldrá
volando por los aires ni
siquiera se contempla
como posibilidad
política, incluso entre
gran parte de la
"derecha" en el propio
Israel.
Desmantelar la Autoridad
no conllevaría una
reocupación israelí
permanente de los
centros de población
palestinos, igual que el
desmantelamiento del
régimen talibán en
Afganistán y el de Sadam
Husein en Irak no
supusieron una ocupación
extranjera permanente de
dichos países.
Significaría reconocer
que la creencia de que
la OLP y los palestinos
en general estaban
preparados para un
compromiso pacífico ha
sido un error, y que
intentar solucionar el
problema basándose en
esa premisa equivocada
ha demostrado ser
demasiado costoso.
Dado que actualmente no
hay, entre los
palestinos y, en
general, en los mundos
árabe y musulmán, una
voluntad de hacer la paz
con Israel, la
reocupación de los
territorios por parte de
Israel sería
probablemente larga y
entrañaría costes. El
precio de no desmantelar
la Autoridad Palestina
es su existencia:
continuos ataques,
continuas carnicerías y
continuo peligro para
Israel.
Hoy queda claro,
asimismo, que todas las
tentativas de Israel por
cuadrar el círculo
–mantener la Autoridad
Palestina y, a la vez,
alcanzar su propia
seguridad– han
fracasado. Las ofertas
de crear
infraestructuras de
Estado, las incursiones
militares limitadas, la
construcción de una
barrera de seguridad,
las retiradas
territoriales parciales,
todo ha dado el mismo
resultado: el terrorismo
continúa. Lo único que,
hasta la fecha, ha
disminuido
sustancialmente la
exitosa escalada
terrorista, el
incremento de la
actividad militar
israelí desde 2002, ni
se ha aproximado a poner
fin al terror.
Incluso si la tentativa
de presionar al régimen
de Hamas hasta que
colapse tuviera éxito,
tampoco sería la
solución, ya que los
demás grupos con poder
político-militar en la
AP (Fatah y sus
secuaces, el Frente
Popular, los Comités de
Resistencia Popular, la
Yihad Islámica y demás)
comparten la misma
naturaleza terrorista y
el objetivo de atacar y
destruir a Israel.
Cualquier recambio de
Hamas mantendría,
asimismo, el sistema
educativo, que adoctrina
a las generaciones
palestinas en el odio
antisemita y antiisraelí.
Algunos creen que la
solución pasa por
completar de una vez la
barrera de seguridad
israelí. Pero mientras
que la incomparablemente
menor y más defendible
barrera entre Gaza e
Israel ha puesto fin, de
momento, a las
infiltraciones, las
tentativas –incluidas
las que se sirven de
túneles– son constantes.
Incluso si se completa,
la barrera de la Margen
Occidental será mucho
más larga, accidentada y
difícil de defender;
además, no representa
solución alguna a los
ataques con misiles.
La verdadera disyuntiva
es, pues, clara: o se
permite que continúe la
matanza de israelíes,
trabajando para
rebajarla pero no para
erradicarla, o se
emprende la única acción
militar que puede
ponerle fin. Cualquiera
que crea que los
israelíes tienen el
mismo derecho a la vida
que los daneses, los
holandeses, los
americanos o
cualesquiera otros
debería respaldar la
segunda alternativa. El
hecho de que los propios
israelíes, cansados y
aturdidos, hayan elegido
ahora un Gobierno
blando, y ya no insistan
en su propio derecho a
la vida como lo hacían
en los primeros años de
la era de Oslo, no
significa que otros
deban aplaudir su
suicidio.
[1] Este
artículo fue
publicado en
Front Page
Magazine el
pasado 28 de
abril.
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